Chris Gardner: La búsqueda de la felicidad

junio 5, 2012 · Imprimir este artículo

Chris Gardner: De vagabundo a estrella de Wall Street y Hollywood

Por Nicolás Billia

Este acaudalado emprendedor, retratado en la película y best seller literario La búsqueda de la felicidad, es conocido por haber alcanzado la fortuna luego de haber llegado a vivir en las calles.

Luego de dos meses de traerles perfilados no exactamente reconocidos por actos bondadosos o dignos de admirar en el mundo de las finanzas –Frank Quattrone, unos de los principales artífices de la burbuja puntocom y Kautilya Nandan Pruthi, el “Bernie Madoff británico”-, es momento de dar vuelta la página y volver a la senda de personajes merecedores de halagos.

En este sentido es que le traemos a Chris Gardner. Nacido el 9 de febrero de 1954 en la ciudad de Milwaukee, en Estados Unidos, este hombre es un icono importante de la historia de Wall Street no sólo por los millones que ha ganado sino por la historia de vida detrás de su éxito a nivel profesional.

Si bien su madre tuvo muchos problemas a nivel personal –tres matrimonios donde fue sistemáticamente maltratada y abandonada por sus maridos-, fue ella la principal fuente de inspiración, fuerza y autoconfianza para Chris, motivándolo para que confiara en sí mismo mas allá de lo que pasara en su vida. “Uno sólo puede depender de sí mismo” fue una frase que le inculcó su progenitora, que posteriormente lo iba a ayudar a sortear obstáculos antes de su arribo a Wall Street.

Cuando terminó el secundario se enlistó en la marina estadounidense y fue asignado como asistente de los médicos, tras lo cual un cirujano cardiólogo le ofreció trabajar con él en el Centro Médico de la Universidad de California. Aceptó la propuesta y de a poco de iba adentrando en el mundo de la medicina; al cabo de dos años manejaba un laboratorio y sabía varias técnicas de cirugía médica.

No obstante, a pesar de su experiencia de diez años en el mundo de la medicina, los cambios tecnológicos dentro del campo estaban a la vuelta de la esquina. Esto hizo poner a Gardner en duda de si debía seguir por esta senda o virar. A pocos días de su cumpleaños le avisó a su esposa que iba a abandonar el sueño de volverse doctor.

Luego de algunos años se juntó con otra mujer, tuvieron un hijo y la paga como asistente de laboratorio no alcanzaba para afrontar los gastos de una familia. Así fue como empezó a ser vendedor de máquinas para medicina.

Un lento camino hacia Wall Street

Decidido a cambiar su suerte para construir su patrimonio financiero, Gardner se mudó a San Francisco, donde iba a tener uno de los puntos bisagra en su vida. Cuando se encontraba yendo al hospital de esta ciudad a vender máquinas, vio que un hombre se bajó de una Ferrari roja. Intrigado por el auto, se le acercó para preguntarle cuál era su profesión. ”Soy un bróker financiero” le dijo el hombre, quien iba a ser su pionero en el mundo de las finanzas. Bob Bridges, el hombre del Ferrari, arregló entrevistas entre Chris y varias firmas prestigiosas de inversión que llevaban a cabo programas de entrenamiento para personas que querían convertirse en agentes bursátiles. Tuvo encuentros con ejecutivos de Merrill Lynch, Paine Webber, E.F Hutton, Smith Barney y Dean Witter Reynolds, la firma que finalmente lo tomó.

No obstante, su primera experiencia no iba a ser nada positiva. Fue aceptado en E.F Hutton pero el día que iba a empezar el programa de entrenamiento se dio cuenta que el gerente que lo había incorporado había sido despedido. Sumado a esto, su situación económica ya era precaria dado que había renunciado a su puesto de vendedor de máquinas para dedicarse full-time a su entrenamiento financiero.

Esto no le hizo bien en primera instancia. Su esposa lo dejó y se llevó al hijo del matrimonio con ella, dejándolo sólo a Chris con una montaña de deudas y sin rumbo económico. Para seguir sumando malos tragos, lo llevaron preso por tener una deuda que no podía pagar, de US$ 1.200 por mal estacionamiento. Cuando volvió a su casa se dio cuenta que su ex mujer, además de su hijo, se había llevado toda la ropa y las pertenencias de él para venderlas, por lo que su única indumentaria era la que había tenido en la cárcel –una musculosa manchada y un pantalón roto.

Ante todos estos percances, se le sumaba que al día siguiente tenía una entrevista en Dean Witters Reynolds y no tenía siquiera una remera para usar. Después de tantas piedras en el camino, Gardner finalmente obtuvo un puesto temporal de pasante en esta firma de inversión. No obstante, su sueldo era de US$ 1.000 y, sin ahorros, se le hacía muy difícil llegar a fin de mes.

Ante esto no dudó en recordar el consejo de su madre, que siempre le decía que en la vida nunca hay que rendirse. Durante su pasantía Chris llegaba antes a la oficina y se iba después del horario laboral para empezar a hacer llamados y cumplir su objetivo diario de 200 llamadas. Para no perder tiempo, Gardner decía que nunca debía colgar el tubo, porque perdía milésimas de segundos que lo alejaban de su objetivo.

De mendigo a millonario

A pesar de que todo se encaminaba de a poco, los obstáculos volvieron a aparecer en el camino. Luego de desaparecer cuatro meses, la mujer de Chris volvió y le dejó al hijo del matrimonio a su cuidado. El aceptó la tutela de su descendiente. No obstante, mientras trabajaba en Dean Witters -había conseguido el empleo fijo- pagaba una pequeña renta en un albergue para indigentes que no le permitía vivir con niños.

Ante este contratiempo, Chris y su hijo no tuvieron otra salida que dormir en la calle, porque Gardner estaba ahorrando para comprar una casa donde pudieran vivir sin problemas. Sus colegas sabían que él vivía en la indigencia -dormía en la oficina, en albergues para indigentes, en parques y hasta en los baños del subterráneo cuando hacía frío-.

A pesar de todo, las cosas mejoraron. En 1987, Gardner finalmente había logrado comprar su vivienda, un pequeño departamento en el complejo Presidential Towers. No obstante, todavía no era un hombre que tuviera un bolsillo holgado. Con un capital inicial de US$ 10 mil y un solo mueble, fundó su firma de inversión, Gardner & Rich. Esta empresa ejecutaba transacciones bursátiles o de derivados financieros de grandes empresas, fondos de pensión y sindicatos. Chris tenía el 75% de la participación accionaria de la firma mientras el otro 25% era posesión de un hedge fund.

Le fue muy bien y luego de vender su participación de Gardner Rich en una suma multimillonaria en 2006, fundó un holding de empresas llamado Christopher Gardner Internacional, con sedes en Nueva York, Chicago y San Francisco. Y en cierta forma cumplió el sueño que lo motivó a entrar al mundo financiero: compró la Ferrari de Michael Jordan y se encargó de poner una patente que dijera “NOT MJ” (no soy Michael Jordan).

Luego de esto, en una visita a Sudáfrica por el aniversario de la abolición del apartheid, Gardner tuvo una reunión con Nelson Mandela para planear inversiones en el mercado bursátil de este país y crear un venture capital para crear miles de puestos de trabajo e inyectar dólares en la economía sudafricana. Obtuvo tal apoyo que los tres sindicatos más importantes de Sudáfrica le confiaron su capital y al cabo de un año, el fondo de Gardner tenía US$ 1.000 millones bajo su tutela.

Hoy maneja éste y otros fondos, y trata de devolver a la sociedad a través de su fundación, The Christopher P. Gardner Foundation. Un hombre admirable y ejemplo tanto para inversores como para cualquier ser humano. Este individuo demostró que, aún sin tener recursos ni conocimiento en el mundo de las inversiones, la tenacidad y la perseverancia son condimentos fundamentales para triunfar en el mundo financiero.
Fuente: Inversor Global, 04/06/12.
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Entrevista Chris Gardner

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