El chiste políticamente correcto que no ofende a nadie

marzo 3, 2017 · Imprimir este artículo

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Ver: Todos los chistes van a ofender a alguien

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“La corrección política es, al final, la muerte de toda verdad y toda libertad de pensamiento, pero antes que nada es la muerte del periodismo.”
Hermann Tertsch

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marxismo cultural politicamente correcto

El Marxismo Cultural (…) es un conjunto de ideas y actitudes que se ejecutan en oposición directa de los principios y valores básicos o fundamentales de la sociedad occidental y la religión cristiana mediante su rechazo como atrasados, obsoletos u opresivos. Este programa sería presuntamente el verdadero propósito detrás de la corrección política y el multiculturalismo, que se identifican con el marxismo cultural. (…) Fuente: Wikipedia, 2017.

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Corrección política

La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. El término se aplica también en un sentido más amplio para describir la afiliación con la ortodoxia política o cultural; en forma similar, describe aquello que podría causar ofensa o ser rechazado por la ortodoxia política o cultural de un determinado grupo.

La locución y su uso es altamente polémico; suelen utilizarlo en sentido peyorativo o irónico quienes manifiestan su preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinados postulados.

Antecedentes filosóficos

El movimiento del lenguaje políticamente correcto tiene sus bases filosóficas en el antidualismo y por tanto se sitúa en contra de la concepción del conocimiento como universal, objetivo e independiente del contexto. Por otro lado, se basa en la hipótesis de Sapir-Whorf según la cual el lenguaje actúa como creador de realidades y no sólo como herramienta descriptiva. Por tanto, el lenguaje es entendido como equiparable a la acción, y con base en su capacidad constructiva se convierte en una herramienta de exclusión social de minorías en manos de los poderosos, ya que estos controlan los medios a través de los cuales se difunde el mensaje, la información, y se modifican las realidades. Por tanto, el movimiento del lenguaje políticamente correcto considera que, si se llegasen a modificar los términos “clásicos” impregnados de connotaciones, se podrían llegar a cambiar las ideas preconcebidas y, como consecuencia, conseguir una mayor integración de los grupos con poco poder social. Esta concepción del lenguaje pone en duda el propio concepto de la verdad, ya que —como dice S. Fish, importante representante de este movimiento— no existe distinción entre el reflejo del mundo real y los juicios, por lo tanto toda descripción constituye en sí misma una interpretación de la realidad, detrás de la cual se esconde una valoración[cita requerida].

Historia

Uno de los primeros usos conocidos de la expresión en la forma «no es políticamente correcto» proviene de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso Chisholm v. Georgia de 1792, donde claramente refiere que la frase citada no era lingüísticamente correcta debido al estado político del país en aquel entonces. El término «corrección política» proviene del Marxismo-Leninismo y describe a la línea partidaria apropiada. Luego, se adoptó con significados relacionados en algunos partidos de la izquierda política de Estados Unidos. Un ejemplo citado por Ruth Perry en 1970: «Un hombre no puede ser políticamente correcto y también chauvinista»; este ejemplo ilustra el uso posterior del término enfocado en temas de género e identidad más que de ortodoxia en general. Sin embargo a los pocos años el término fue redefinido por la izquierda estadounidense como una forma sátira de criticar ideas demasiado rígidas o intransigentes. De acuerdo con Debra Shultz, entre los 70 y los 80, la nueva izquierda, los movimientos feministas y los progresistas usaban la expresión «políticamente correcto» en forma irónica para referirse a su propia ortodoxia en su intento de realizar cambios sociales. De este sentido derivó su uso actual.

Ellen Willis proporciona un ejemplo del uso clásico en la izquierda estadounidense: «A comienzos de los 80, cuando las feministas utilizaban el término “corrección política” era para referirse con sarcasmo a los esfuerzos del movimiento antipornográfico de definir una “sexualidad feminista”». El uso del término se expandió desde Estados Unidos hacia muchos otros países. Por lo general, su uso tiene connotaciones despectivas, aunque algunos autores lo adoptan para describir el lenguaje inclusivo o la civilidad.

Fue después de 1980 que la expresión adquirió en EE. UU. una carga peyorativa y sarcástica con que se manifestaba que la corrección política la adoptaban sectores autodenominados progresistas pero que en la práctica sólo pretendían cambios muy superficiales en la sociedad estadounidense, o buscaban imponer un criterio único de ideas propias como “correctas” ante toda la opinión pública. En el terreno del lenguaje ocurrió la mayor sátira contra la corrección política, debido su práctica de utilizar palabras recién construidas para sustituir vocablos que podrían considerarse racistas, machistas, o socialmente ofensivos hacia algún grupo (por ejemplo, exigir el uso de «afroamericano» o de «persona con discapacitad cognitiva» para las expresiones «negro» y «retrasado mental» respectivamente).

La ironía al respecto cuestionaba que este cambio en el lenguaje no implicaba un cambio en las ideas y costumbres del grupo humano, pues la discriminación o el prejuicio no desaparecerían con sólo una nueva expresión verbal, sino que constituía una mera fórmula superficial que no modificaba la realidad sustancialmente mas inducía al autoengaño.

marxismo cultural politicamente correctoOtros cuestionaban que en nombre de la corrección política un grupo cultural intentase imponer el uso masivo de términos lingüísticos que en sí mismos contradecían las creencias de otro grupo (por ejemplo, la negativa de muchos sectores religiosos de usar el término «opción sexual» para referirse a la homosexualidad, pues tales grupos religiosos niegan que esta sea una “opción”). Hoy día, hay prensa y políticos neoconservadores de la derecha política de EE. UU. que suelen declararse políticamente incorrectos; pero sus adversarios los acusan de usar tal calificación sólo para justificar conductas xenófobas, machistas u homófobas.

Por tradición, la derecha estadounidense había usado este término para minimizar el impacto de ideas socialistas, a las cuales atacaba por superficiales y basadas en apariencias verbales. El fenómeno inverso de satirizar frases de líderes derechistas estadounidenses por políticamente correctas ha ocurrido también en los últimos años desde la invasión a Iraq de 2003, identificando la corrección política como un simple eufemismo o sofisma que ocultaría una realidad desagradable como la guerra misma y la muerte de soldados estadounidenses. Otro cuestionamiento de los críticos es que la corrección política podría dejar fuera del debate público diversos temas sujetos a fuertes polémicas (eutanasia, pena de muerte, prostitución) presuponiendo la existencia de un consenso que impida abordarlos de forma diferente a la fijada por un grupo cultural dominante.

Características del léxico políticamente correcto

En la lengua inglesa y más concretamente en la sociedad estadounidense las modificaciones propuestas por el lenguaje políticamente correcto actúan principalmente sobre adjetivos y sustantivos: Se pretende, en general, crear nuevos términos con un carácter más técnico y científico, y por otro lado eliminar lo referente al género. Así algunos ejemplos de este nuevo léxico son términos ya muy conocidos como “African American” por “black” (negro).

Bibliografía relacionada

Bethell, Tom (2006). Guía políticamente incorrecta de la ciencia. Ciudadela Libros. ISBN 978-84-934669-9-2.

Horner, Christopher C. (2007). Guía políticamente incorrecta del calentamiento global. Ciudadela Libros. ISBN 978-84-96836-17-4.

López Schlichting, Cristina (2005). Políticamente incorrecta. Ediciones Temas de Hoy. ISBN 978-84-8460-500-3.

Alonso Barahona, Fernando (1998). Políticamente incorrecto: ensayo de pensamiento para el final del milenio. Ediciones Internacionales Universitarias. ISBN 978-84-89893-38-2.

Guitart Escudero, M. Pilar (2005). Lenguaje político y lenguaje políticamente correcto en España ( con especial atención al discurso parlamentario). Servei de Publicacions de la Universitat de Valencia. ISBN.

Fuente: Wikipedia, 2017.

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La ideología del progresismo hace metástasis en una generación de idiotas biempensantes

Lectura recomendada:  El libro negro del comunismo

Por Orlando Avendaño.

Dice Slavoj Žižek —uno de los pocos marxistas que me atrevería a citar—, acertadamente, que la “corrección política es una forma más peligrosa de totalitarismo” [ver video].

progresismoEsta infamia, el pensamiento débil o el buenismo, se está propagando por las sociedades occidentales de una forma realmente alarmante. Hemos visto cómo una plaga, parecida a un cáncer, ha hecho metástasis en la civilización. Una epidemia se ha ido esparciendo en las sociedades para imponer la tiranía del progresismo que está arrinconando a nuestra humanidad hasta lanzarla por el acantilado.

Hace unas semanas, luego de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, vimos como varias universidades importantes tomaron la decisión de cancelar sus exámenes a los estudiantes que estuviesen “traumatizados” por la victoria del magnate, por lo que profesores decidieron “extenderle una mano a aquellos alumnos que estén experimentado dificultades en este momento”.

“Una elección de Trump atenta directamente contra todos los alumnos de la Universidad Bryn Mawr que son personas de color, homosexuales, que no son cristianos o mujeres”, escribieron unos estudiantes a su casa de estudios en ese momento.

Hemos presenciado, además, el surgimiento de los denominados safe-space —zonas en las que no son toleradas retóricas ofensivas— en las instituciones académicas más prestigiosas del mundo.

Hay varios casos realmente dantescos en, también, casas de estudio: el reconocido economista Lawrence Summers, quien fue secretario del Tesoro de Estados Unidos y presidente de la Universidad de Harvard, tuvo que renunciar tras publicar un riguroso estudio en el que mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una diferencia con el de las mujeres. Según el estudio planteado por Summers, esto podía influir en la asignación de puestos de trabajo. Bueno, crítico error. Inmediatamente Summers fue acusado de machista y, luego de una férrea campaña en su contra, debió renunciar en 2006.

En otra oportunidad, un video en el que se ve a una chica negra, de la Universidad de San Francisco, increpando a un joven blanco por utilizar dreadlocks, se volvió viral. La chica lo acorrala porque, según ella, que una persona blanca utilice el cabello de esa manera es una ofensa hacia los descendientes africanos y es una “apropiación de su cultura”.

Los accidentes son cientos, y estos solo son en la Academia.

Una generación se está erigiendo. Un grupo de idiotas está imponiendo una tiranía que coarta, directamente, la valiosa libertad de expresión.

No solo ocurre en las universidades —que ya es gravísimo— sino que lo vemos en todos lados. La ideología del progresismo —que ni siquiera es la estupidez de la izquierda, sino la corrección política— está dominando nuestras sociedades y, con ello, nos está sentenciando.

Jefes de Estado; sociedades enteras asisten a la democracia para alzar al pensamiento débil. Está en boga. Y todo esto sucede en una sociedad, como muy bien dijo Clint Eastwood hace unos meses —y por lo cual fue, por supuesto, criticado— de maricas.

El totalitarismo del buenismo se ha impuesto —aquel del mayo francés. La ofensa se ha convertido en el último de los deslices y, el que lo cometa, es decir, el que acuda a la libertad de expresión para decir lo incómodo, será quemado en la hoguera por toda una generación de idiotas biempensantes.

Ahora, el mayor de los problemas está en que la tiranía ahora impera, no solo en la sociedad, ni en los políticos, sino en la prensa. Decía Tocqueville que la virtud de la prensa está, no en los beneficios que produce, sino “en los males que evita”. Sin embargo, ahora, se está volviendo cómplice de ese totalitarismo opresor. Lo deprimente no es que la corrección política domine la política, sino que impere en los medios. Por voluntad. Ahí es, realmente, una tragedia.

Señala el imprescindible periodista y escritor Hermann Tertsch: “La corrección política es, al final, la muerte de toda verdad y toda libertad de pensamiento, pero antes que nada es la muerte del periodismo”.

La prensa se ha vuelto, de esta manera, partidaria del buenismo. El establishment de los medios se prometió la labor de impedir, a toda costa, que la ofensa tuviese un espacio. No importa si el ofendido es algún agresor. Es capaz de llegar hasta el punto en el que la insolente progresía defienda la falta de libertad, solo, claro, por no incomodar.

El New York Times, El País de España, el Huffington Post y otros grandes medios se han convertido en panfletos de propaganda y de una tiranía mortalmente peligrosa.

Fue esta tiranía la que, cuando asesinaron a los dibujantes de Charlie Hebdo en enero de 2015, salió a condenar al semanario por ofender, y no a los terroristas. Fue esta tiranía la que tapó estatuas desnudas en Italia para ‘no ofender’ al presidente de Irán. Es esta tiranía la que ha obligado violentamente a las sociedades a recibir inmigrantes. Es esta tiranía la que aplaude agresiones a mujeres, mentiras y manipulaciones en diversas sociedades. Es esta tiranía la que obliga a los líderes a ser incapaces de llamar las cosas por su nombre y, por ello, recurrir a puros eufemismos. Es esta tiranía la que, cuando el atacante de la discoteca de Orlando cometió la masacre, salió a justificarlo porque “sufría de racismo”. Es esta tiranía la que ha impuesto la ideología de género y el relativismo. Es esta la tiranía que ha forjado una sociedad de indignados. Incapaces de recibir verdades y protegidos bajo una cobija de medios y políticos.

Es este progresismo la muerte de la sociedad libre y abierta. Es un suicidio de la civilización. Una imposición de la mordaza. A veces, ciertamente, el sadismo que se esconde detrás de la corrección política es mucho peor que la crueldad de la confrontación.

“La tiranía de la corrección política es una forma insidiosa de censura y de muerte civil para los disidentes”, apunta el presidente del Freemarket Corporative Intelligence, Bernaldo de Quirós.

Todo esto está derivando en sociedades lamentables, hipócritas, mojigatas y pacatas que imponen la censura y dilapidan cruelmente la valiosa libertad de ofender e incomodar. Es el progresismo, aquel que es inquisidor de la verdad, que censura el pensamiento, el que impone el totalitarismo de la corrección política que evade la ofensa a cambio, claro está, de la libertad.

Mientras no seamos capaces de llamar las cosas por su nombre, de identificar los males, estaremos condenados. Por nuestra debilidad, los enemigos están ganando espacios y los extremistas se están haciendo con el poder.

Es la victoria del terrorismo nuestra incapacidad —como la de Obama— de identificarlo correctamente. También es la victoria del extremismo aquel pensamiento blandengue que impera en Occidente. Es, asimismo, la sentencia y la perversión de nuestra humanidad la tolerancia con la inmoralidad, por miedo a incomodar.

Ya usted sabe a quienes culpar por la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, o por el próximo auge de Marine Le Pen, o de Nigel Farage y Geert Wilder en Holanda. También sabe a quienes culpar por la expansión de los intolerantes en Europa, en Medio Oriente y en nuestras sociedades. Se ha alzado una impunidad de los biempensantes que está gestando los grandes males de estos tiempos.

Ahora una generación de biempensantes está condenando a Occidente y, decir esto, implica pedir disculpas —como muy bien espetaría Salvador Sostres en su artículo—, de lo contrario uno sería devorado por la horda de buenistas ofendidos. Como asumo que va a pasar.

Fuente: factormm.com, 24/11/16.

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Comentarios

Una Respuesta para “El chiste políticamente correcto que no ofende a nadie”

  1. La Tolerancia represiva, una estrategia de izquierda | Economía Personal on mayo 3rd, 2018 15:22

    […] El chiste políticamente correcto que no ofende a nadie […]

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