Argentina: Los superavits gemelos en problemas

mayo 29, 2011 · Imprimir este artículo

Gemelos: Dos pilares del modelo, en problemas

Por Diego Cabot

 

Los superavits mellizos están en riesgo; el resultado fiscal ya es deficitario y se lo maquilla con los aportes de la Anses y del Banco Central; el saldo comercial pierde relevancia y hay cada vez menos dólares que entran a la economía y que ayudan a paliar las eventuales crisis

 

 

Bien podría tratarse de un test. ¿Qué familia no estaría preocupada si los gastos crecen más que los ingresos del hogar? ¿Quién no miraría con zozobra a su alrededor si para soportar esos gastos debiera recurrir cada vez con más frecuencia a todas las reservas que encuentre a su paso? ¿Qué comerciante no se alarmaría si siempre vende lo mismo, aunque sea más caro, pero necesita comprar más para vivir? ¿Cómo reaccionaría ese empresario si toma conciencia de que tiene serios problemas en su estructura productiva y que, tal como está la cosa, deberá comprar cada vez más bienes? Las respuestas seguramente serán tan variadas como gente se pregunte. Más allá de eso, es posible que haya un común denominador: nadie se quedará quieto, salvo que pretenda caminar hacia la autodestrucción.

Algo de esto le pasa a la Argentina. Por un lado, el ritmo de los gastos crece de tal forma que ya no hay billetera que aguante. De hecho, el país está en déficit y para maquillarlo recurrió al Banco Central (BCRA) y a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses). Dicho de otro modo, se habla de superávit primario (antes del pago de los intereses de la deuda), pero para que eso ocurra se descapitalizan dos organismos. Uno, encargado nada más y nada menos que de mantener el valor de la moneda, y el otro, de asegurarles la jubilación a varias generaciones.

Y si se llevara el caso del comerciante a la Argentina, la cosa no estaría mejor. Las ventas al exterior están quietas. Los volúmenes no crecen, aunque sí el monto de lo que se vende. Todo, gracias a los extraordinarios precios de las commodities . Sin embargo, a poco de mirar hacia adentro, hay algunos factores que preocupan, como, por ejemplo, la limitación de la capacidad instalada -energética, por caso- o la falta de crédito para inversiones, que permitirían ser más agresivos en las ventas externas. Como si fuera poco, las compras al exterior crecen y crecen. Un cierto atraso del tipo de cambio, producto de la inflación, torna cada vez más conveniente comprar bienes terminados en las góndolas del mundo que producir en el país.

Dos pilares del modelo económico que gobierna desde 2003 están en problemas: los superávits comercial y fiscal, también llamados gemelos. Y si ese proceso sigue, las consecuencias para la economía argentina pueden ser traumáticas. Sin ahorro y sin ingreso de dólares, los caminos se estrechan a la hora de dar respuestas a crisis, corridas o a impartir certezas en momentos de desconfianza.

Las dos formas de ahorro que instaló el kirchnerismo desde 2003, y por primera vez en los últimos 50 años, crujen por estos días. El resultado fiscal es deficitario y la balanza de pagos ha iniciado un camino de difícil retorno hacia el deterioro. El primero ya dejó sin ahorro al sector público. Según datos de la Fundación Siena, el resultado financiero (cuenta todos los ingresos menos los egresos, incluidos los intereses) pasó de un superávit de $ 6751 millones en 2007 (equivalente al 0,8% del PBI) a un déficit de 5338 millones en 2010 (0,4% del PBI), si el Gobierno no hubiese incluido en esta cuenta los giros del Central y de la Anses.

Según las proyecciones que maneja el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), si el gasto público no afloja, cosa que parece poco posible en un año electoral, 2011 terminará con un resultado negativo del sector público de un 1,1% del PBI, o lo que es lo mismo, un déficit anual de $ 21.653 millones. Esto siempre que el gasto público aumente al mismo ritmo que en 2010 (29,7%). Y si ocurre lo que estiman la mayoría de los analistas que miran las cuentas públicas -que las erogaciones del Estado aumenten alrededor de un 35%-, pues entonces en rojo se anotará un déficit de 37.738 millones, algo así como dos puntos del PBI.

«La situación fiscal es preocupante -dice Eduardo Fracchia, director del Area Economía de la escuela de negocios IAE-. El superávit primario de 2010 fue del 1,7% del PBI, pese a la fuerte recuperación de la economía. En tanto, el superávit financiero oficial fue de 0,2% del producto. Lejos quedaron los números de, por ejemplo, 2007 (superávit financiero del 3,2% y 1,1%, respectivamente). Pero la situación es más compleja de lo que estos números indican. En 2010 la llamada contabilidad creativa habría aportado al Tesoro $ 29.600 millones mediante el giro de utilidades contables (no realizadas) del BCRA y de la Anses. Así, el resultado primario real de 2010 fue deficitario en 0,3% del PBI, y el financiero lo fue en 1,8% del producto.»

La «contabilidad creativa» a la que se refiere Fracchia no es ni más ni menos que otra de las innovaciones que el kirchnerismo alumbró en su afán de maquillar cifras y crear ficciones efectistas. Fue en 2009, después de agitar la billetera a los cuatro vientos en medio de una campaña electoral que terminó con la derrota de Néstor Kirchner como candidato a diputado nacional bonaerense a manos de Francisco de Narváez. Entonces, el Ejecutivo decidió contabilizar como propio dinero ajeno. Fue cuando se tomaron las ganancias cambiarias del BCRA como dinero para gastar.

¿Qué significa esto? Pues que el dólar varió su cotización en pesos en ese año. Por caso, pasó de valer $ 3,45 a principios de año a 3,80 a fines de 2009. Esos $ 0,35 por cada uno de los dólares de reservas que existen dan una ganancia cambiaria que ese año se transfirió al Tesoro. «Eso, además de las transferencias de la Anses, son las dos razones que el Gobierno usa para mostrar un superávit que no existe. A estos ingresos se los denomina «rentas de la propiedad»», dice Nadin Argañaraz, director del IARAF. Argañaraz sostiene que en 2010 el artilugio contable llevó un déficit primario de 0,4% a un superávit de 1,4% del PBI con un aporte de $ 29.877 millones. «Este año habrá menos transferencias [de la Anses y el Banco Central]. Estimamos que serán $ 18.700 millones. Por lo tanto, el resultado fiscal será un déficit de 21.650 millones y si no se contaran las rentas de la propiedad, sería de 40.353 millones.»

Gisell Cogliandro, directora ejecutiva de la Fundación Siena, dice que las empresas públicas son grandes aportantes a la suba del gasto. «En 2007, las empresas públicas tuvieron un resultado financiero deficitario de $ 370 millones, mientras que en 2010 el déficit llegó a 3.407 millones, es decir, 10 veces más. En los próximos años habrá que mirar con atención el desempeño de las empresas públicas«, dice la economista.

Alquimistas de las cuentas

El ex gerente general del BCRA en épocas de Martín Redrado, Hernán Lacunza, es tajante. «De los superávits gemelos, pilares del programa económico entre 2002 y 2007, queda poco. El superávit fiscal se perdió en 2009. La explicación es que el gasto público emprendió una carrera desenfrenada, más acentuada en los años impares, que son electorales, que transformó el excedente en déficit«, dice. Según su visión, la contabilidad oficial «disimula» esta realidad con ingresos extraordinarios de la Anses y del BCRA. «No son sostenibles en el tiempo y descapitalizan a ambas instituciones», sostiene.

Luciana Díaz Frers, economista del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), vislumbra cuentas en equilibrio para este año. Y se apoya en sus números: en los primeros meses del año los ingresos crecieron 33% y los gastos, 23%. «Las elecciones acelerarán el ritmo del gasto, pero el bache podrá ser cubierto con transferencias del BCRA y otras herramientas de contabilidad creativa -dice-. El problema más grave es la falta de un presupuesto nacional, que implica que no hay contra qué contrastar la ejecución del gasto. Entre la falta de presupuesto y la existencia de superpoderes, el Ejecutivo puede disponer libremente de una parte cada vez más importante del presupuesto.»

Para Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica, el Gobierno aplicó una política expansiva en 2009 para paliar la crisis internacional, que fue «oportuna», y con eso perdió tres puntos de superávit primario. «El tema es que con la recuperación económica y de la cosecha nunca se propuso recuperarlo», sostiene.

Dice que sin superávit fiscal, el Gobierno pierde la principal herramienta para sostener el tipo de cambio sin endeudar al BCRA ni condicionar la política monetaria. «Se vuelcan más pesos al mercado, que terminan estimulando el crecimiento, pero también la inflación. Dicho de otra manera, sin superávit fiscal, finalmente se pierde el superávit de la balanza de pagos», agrega.

Problemas de hermanos

Y no sólo en lo deportivo «todo tiene que ver con todo». El otro gemelo, el comercial (lo que se vende al exterior menos lo que se compra) también sufre cuando su hermano criollo se resiente. Para Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb.com, el crecimiento de los costos, el agotamiento de ciertas capacidades instaladas, energéticas, por ejemplo, hace que se deje de exportar y que se deba importar. «Si no hay un efecto mundial que beneficie al país, especialmente por el techo que podrían estar encontrando los precios de las commodities , empieza a haber un problema que va limando el saldo positivo. No es alarmante, simplemente hay menos capacidad para soportar tanta salida de capitales o, por ejemplo, buscar financiamiento internacional», explica.

Fracchia afirma que aunque las exportaciones crecen (25% en el primer cuatrimestre), las importaciones están desbocadas, con una suba de casi el 40%. «La caída del tipo de cambio real y el crecimiento a marcha forzada de la economía explican la tendencia al cierre de la brecha comercial en el mediano plazo.»

Lacunza también ve nubarrones en el frente externo, aunque están atenuados por la ayuda externa. «El superávit de cuenta corriente habrá caído de 3% del PBI en 2009 a un resultado neutro en 2011. El desempeño sería menos favorable de no haber llovido del cielo la suba de precios y la apreciación del real brasileño. Si este año se mantuvieran los precios internacionales de 2010, el superávit comercial sería nulo, y si percibiéramos los precios promedio de 2003-2009, tendríamos un déficit comercial de US$ 10.000 millones», agrega.

Así las cosas se empieza a transitar por un año electoral. Lleno de sueños de reelección. Y de presiones para que la billetera lubrique la insaciable maquinaria electoral.
Fuente: La Nación, 29/05/11.

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