Argentina: Proponen otro absurdo impuesto

julio 5, 2011 · Imprimir este artículo

Avivada

Por Enrique Szewach

 

Imagine usted que a un gobierno cualquiera se le ocurre introducir un gravamen al precio de las armas, y repartir esos fondos extras, a través de una organización privada, entre las potenciales víctimas del delito, con algún criterio arbitrario.

Imagine usted que a ese mismo gobierno, o a otro, se le ocurre introducir otro gravamen –no un impuesto- al precio de los encendedores,  y repartir ese dinero recaudado,  a través de una organización privada, a los potenciales fumadores, también con algún criterio discrecional.

Imagine, ahora, que  a ese mismo gobierno, o a otro, se le ocurre introducir un canon a las copas de vidrio que se usan para tomar vino, para combatir el alcoholismo, y repartir el producido por ese sobreprecio, entre los potenciales borrachos, siempre a través de una organización no gubernamental, con algún criterio arbitrario.

.Imagine, por último, que a un grupo de senadores, tanto del oficialismo, como de la oposición, se les ocurre introducir un canon al precio de venta de los pen drives, CDs, discos rígidos, teléfonos celulares, y otros aparatos por el estilo, para combatir la piratería de material audiovisual, y entregarle el producido del mismo a sociedades de compositores y afines, para que lo repartan entre sus asociados, con algún criterio particular.

Bueno, esto último no lo tiene que imaginar, está ocurriendo en la Argentina de hoy.  El proyecto de ley correspondiente no se votó esta semana, pero tiene fecha de tratamiento para el 12 de julio.

La idea detrás de este proyecto es que, dado que no se puede impedir que alguien “copie” un CD musical en un pendrive, o “baje” una película de Internet, para su uso personal, se le hace pagar a todos los que compren los elementos que permiten una eventual copia, un sobreprecio.

Lo recaudado con ese canon, se destina a compensarle, de alguna manera, a autores, compositores, productores cinematográficos, etc. el hecho que no puedan ejercer plenamente sus derechos de propiedad intelectual.

Obviamente, este es un mecanismo muy imperfecto (por decir algo) de recompensa para quienes se sienten damnificados por la copia no autorizada de su material.

Es, como mínimo, imperfecta, porque no se puede determinar quién o qué efectivamente es copiado y que no. Por ejemplo, yo puedo estar copiando una canción de los Beatles, mientras que el dinero que yo pagué de más por el pen drive en el que lo estoy copiando irá a parar a una sociedad de compositores argentinos.

 Y es como mínimo imperfecta,  por esto último, que el dinero cobrado compulsivamente por el Estado, es administrado por  organizaciones  privadas, que reciben esos fondos para repartir, no se sabe cómo, entre sus asociados.

Lo paradójico, es que este mecanismo no combate la piratería, ni siquiera la reduce un poquito.

Piratería no es bajar una canción a mi pen drive para escuchar mientras corro en la cinta por una hora diaria (ya sé, ni yo me lo creo), piratería son los miles de CDs, películas truchas, y demás, que se venden diariamente en las calles de Buenos Aires, y otras ciudades argentinas, a la vista de todo el mundo, en pleno centro, y con la policía y la justicia caminando al lado.

Como ni los senadores, ni los diputados, ni los gobiernos, en general, se animan a combatir, en serio, este ataque a los derechos de propiedad intelectual y de la otra, de autores, compositores, productores, etc., han encontrado este pésimo sustituto, obviamente, con nuestro dinero.

Y unos cuantos vivillos, van a aprovecharse de su condición general de “víctimas”, para recibirlo, independientemente del verdadero daño que pudieran haberle ocasionado.

Pero así funciona esta Argentina.

Cualquiera que se siente perjudicado por alguna situación (y por supuesto que estoy a favor de la defensa de la propiedad intelectual, ¿Qué otra cosa tengo yo?), en lugar de presionar y exigir porque se ataquen las causas verdaderas de su problema, busca algún “curro”, alguna forma de “cobrarse” aunque sea algo, obteniendo una prebenda, un regalito, algo pagado por todos los demás, que sea lo suficientemente poco para cada uno, como para que no le moleste demasiado, y lo suficientemente importante sumado, como para que valga la pena.

Y así seguimos, tratando de vivir de “ventajitas” sin que los demás se “aviven” y disfrazando la estafa de “legítima defensa de nuestros derechos”.
Fuente: Perfil, 02/07/11.

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