Cinco lecciones empresariales de un magnate bananero

abril 26, 2014 · Imprimir este artículo

Cinco lecciones empresariales de un magnate bananero

Por Rich Cohen

Samuel Zemurray, conocido en Estados Unidos como el Hombre Banano, hizo su primera fortuna con bananas maduras, es decir, aquellas que los grandes comerciantes de la fruta consideraban que no llegarían en buen estado a los puntos de venta y que eran simplemente abandonadas.

Cuando Zemurray, un joven inmigrante ruso, notó la primera triste pila de bananas maduras, alrededor de 1895, en el puerto de Mobile, Alabama, advirtió que había una oportunidad. Para 1903, era un pequeño magnate, con US$100.000 en el banco.

A partir de ahí, Sam entró de lleno en la industria bananera. En 1909, se dirigió a Honduras, donde compró y limpió grandes franjas de selva virgen y, más tarde, con la ayuda de un ejército de mercenarios contratados en Nueva Orleans, derrocó al gobierno y lo reemplazó con uno de su mayor agrado. Levantó una empresa bananera de élite y finalmente asumió el control de United Fruit, en 1932. Para cuando murió, en 1961, en la más grandiosa casa de Nueva Orleans, había sido transportista, vaquero, agricultor, comerciante, revolucionario, filántropo y presidente ejecutivo.

De las aventuras de Sam surgen lecciones básicas, reglas que le permitieron ver la mina de oro que había en aquella primera pila de bananas en descomposición.

1. Veálo por usted mismo. Cuando Sam decidió convertirse en productor bananero, se trasladó a la selva en Honduras. Plantó los tallos, caminó los campos y cargó los barcos con bananas. Creía que esa era su principal ventaja frente a los ejecutivos de United Fruit (U.F.), el gigante que lideraba el mercado y contra el que luchó por más de una década. U.F. era más grande, pero era operada desde una oficina en Boston. Zemurray, en cambio, estaba en el campo; entendía a sus trabajadores, cómo se sentían, lo que temían y lo que creían.

2. No trate de ser más inteligente que el problema. A fines de la década de 1920, U.F. y la compañía de Sam buscaban adquirir un mismo terreno fértil en la frontera entre Honduras y Guatemala. Sin embargo, la tierra parecía tener dos dueños legítimos, uno en Honduras y otro en Guatemala. Mientras U.F. contrataba abogados y encargaba estudios con el fin de determinar quién era el verdadero dueño, Zemurray simplemente la compró dos veces, una vez a cada propietario. Un simple problema merece una simple solución.

3. No confíe en los expertos. En los años 30, golpeada por la Gran Depresión, U.F. acudió a expertos para diseñar un plan de acción. Zemurray, quien para entonces era el mayor accionista de U.F., se dirigió en cambio a los capitanes, quienes le contaron que les habían pedido que redujeran la velocidad en sus viajes para ahorrar combustible. Cuando Zemurray asumió el control de la empresa les ordenó que en lugar de reducir la velocidad de sus botes, hicieran menos viajes. En seis meses, las acciones de U.F., que habían bajado de US$100 a US$10, despegaron a US$50.

4. El dinero siempre puede volver, pero la reputación se pierde para siempre. A principios de su carrera, Zemurray se asoció con U.F. Recibió dinero y ayuda para distribuir su producto; él, a su vez, le ofreció a la empresa el uso de sus barcos. Un año, cuando los trabajadores iniciaron una huelga en Nicaragua y bloquearon los ríos del país, U.F. rompió el bloqueo con las embarcaciones de Zemurray, pintadas con el logotipo de su empresa. Eso lo volvió un hombre odiado en Nicaragua y se convenció de que debía disolver su sociedad, sin importar lo mucho que había ganado de U.F. Una persona que no controla su nombre e imagen no tiene nada.

5. En caso de duda, ¡haga algo! Cuando Zemurray compró U.F., en 1932, la empresa estaba al borde del abismo. El precio de su acción estaba casi en cero y perdía a sus mejores empleados. Zemurray viajó a América Central y del Sur, reuniéndose con trabajadores para conocer sus ideas. Los muchachos tienen que saber que hay una persona a cargo. Si piensan que uno sabe lo que está haciendo, entonces te seguirán a cualquier parte, explicó.-
—Cohen es autor de ‘The Fish That Ate the Whale: The Life and Times of America´s Banana King’, que acaba de ser publicado en EE.UU.
Fuente: The Wall Street Journal, 10/06/12.

Samuel Zemurray
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Samuel Zemurray

Samuel Zemurray (18 de enero de 1877 – 30 de noviembre de 1961) fue un magnate estadounidense. Hizo su fortuna en la Banana Trade y fundó la Cuyamel Fruit Company que desempeñó un papel significativo y muy importante en la historia de Honduras. Zemurray después se convirtió en el presidente de la compañía United Fruit Company.

Biografía

Anteriormente hogar de Zemurray, esta mansión en la Avenida St. Charles en Nueva Orleans es ahora la residencia de los presidentes de la Universidad de Tulane.El nombre original de Zemurray era Schmuel Zmurri. Nació en Kishinev, Bessarabia, Imperio Ruso (hoy en día Chişinău, Moldavia). Pertenecía a una familia judía pobre que emigró hacia Estados Unidos cuando Schmuel contaba catorce años de edad. Zemurray no tuvo educación formal. Entró en el comercio del banano en Mobile, Alabama, en 1895, a la edad de dieciocho años. Su riqueza temprana se debió principalmente a una empresa muy exitosa iniciada en Nueva Orleans, Luisiana. Allí compraba los plátanos que habían madurado en los barcos de transporte y luego los vendía a nivel local. Su éxito le valió el apodo de «Sam el Hombre Banana». A la edad de veintiún años ya había producido US 100.000 dólares. Más tarde compró un barco de vapor y se fue rumbo a Honduras.

En 1910, compró 5.000 acres (20 km ²) de tierra a lo largo del río Cuyamel. Más tarde se agregó más tierras pero se endeudó mucho.

Honduras y Nicaragua en ese momento estaban negociando sus deudas con EE.UU.; el Secretario de Estado de los Estados Unidos de Norte América, Philander C. Knox estuvo involucrado en las negociaciones, y proponía la presencia de agentes de los bancos JP Morgan y Compañía en las oficinas de las aduanas de estos países, con el fin de recaudar los impuestos necesarios para pagar la deuda. Zemurray temía que iba a someterse a imposición de negocio e hizo un llamamiento a Knox en busca de ayuda. Knox le rechazó por lo que regresó a Nueva Orleans, donde vivía el depuesto presidente hondureño Manuel Bonilla. Zemurray ayudo a Bonilla a regresar a Honduras oculto. Cuando Bonilla arribó a Honduras se libró una revolución que llevó al retorno de Bonilla al poder. Bonilla agradecido con Zemurray le dio concesiones de tierras, exención de impuestos y autonomía propia del estado hondureño, lo que ayudó a salvar su negocio.
Fuente: Wikipedia.

Anteriormente hogar de Zemurray, esta mansión en la Avenida St. Charles en Nueva Orleans es ahora la residencia de los presidentes de la Universidad de Tulane.

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Comentarios

Una Respuesta para “Cinco lecciones empresariales de un magnate bananero”

  1. Fundación Argentina de Networking Cinco lecciones empresariales de Samuel Zemurray | Fundación Argentina de Networking on abril 1st, 2013 09:54

    […] Cinco lecciones empresariales de un magnate bananero […]

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