Estados Unidos y la amenaza de una nueva recesión

junio 16, 2011 · Imprimir este artículo

Estados Unidos y la amenaza de una nueva recesión

Por Justin Lahart

 

Para aquellos que temen que una cadena de cifras decepcionantes presagie una nueva recesión de la economía estadounidense, hay buenas y malas noticias.

Primero, las buenas: probablemente hará falta un golpe de gran magnitud para descarrilar la economía, pese a su debilidad. Las malas noticias: en el actual entorno, los potenciales shocks abundan.

La historia no ofrece mucho consuelo. A mediados de 1981, EE.UU. ingresó en el segundo y tormentoso capítulo de una doble recesión. Ahora, cuando han transcurrido casi 30 años, la economía ha disminuido marcadamente la velocidad, aumentando el riesgo de que la historia se repita.

La mayoría de los analistas considera que la economía de Estados Unidos enderezará el rumbo. Lo más probable es que el bache actual sea temporal, sostienen, debido en gran medida a tres factores: las interrupciones en la cadena de suministro causadas por el terremoto y tsunami en Japón; las inclemencias del tiempo y las inundaciones en el sudeste y el centro-norte de EE.UU., y en tercer lugar, los altos precios de la gasolina, que en las últimas semanas han comenzado a ceder.

La historia también indica que cuando la economía está débil, como parece estarlo ahora, seguirá creciendo a no ser que sufra un golpe significativo que complique la situación, dice Bob Hall, economista de la Universidad de Stanford y presidente del comité académico de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EE.UU., la entidad que fecha el comienzo y el fin de las recesiones estadounidenses.

Según el panel, la recesión más reciente se extendió entre diciembre de 2007 y junio de 2009.

«Los sacudones que nos han llevado a la recesión no han sido tan pequeños», indica Hall. «Tiene que haber un impulso adverso significativo», manifestó.

Un shock severo desató la segunda desaceleración en 1981. Luego de que la inflación volviera a subir con rapidez tras la breve recesión de 1980, la Reserva Federal de EE.UU. (Fed) elevó las tasas de interés a corto plazo por encima de 20%, lo que frenó la economía. Millones de personas perdieron sus empleos en lo que era, hasta ese momento, la peor recesión en EE.UU. desde los años 30.

Hoy, incluso si se toman en cuenta los recientes aumentos en los precios de los alimentos y la energía, la inflación es apenas una fracción de lo que era a comienzos de los años 80, y la Fed se ha comprometido a mantener las tasas de interés bajas.

Y aunque la Fed no renueve el programa de compra de bonos por US$600.000 millones, que expira este mes, es improbable que esta medida cause estragos en la economía estadounidense.

Pero la discusión sobre el presupuesto en Washington podría sofocar la economía de la misma forma que un alza de tasas del banco central, afirma Ethan Harris, economista de Bank of America Merrill Lynch. Por un lado, teme que si persiste la parálisis en el Congreso sobre el aumento del límite de la deuda, las calificadoras de riesgo Moody’s y Standard & Poor’s puedan rebajar la calificación de la deuda soberana de EE.UU. Eso, a su vez, sacudiría los mercados de crédito y dificultaría el acceso de las empresas al capital.

Por otro lado, Harris teme que en su celo por reducir el déficit fiscal, el Congreso adopte recortes drásticos del gasto en momentos en que la economía está demasiado débil para absorberlos.

Otro riesgo es un shock petrolero. La cotización del crudo cedió hace poco, pero debido a la constante inestabilidad en el norte de África y Medio Oriente, no se puede descartar un nuevo aumento en los precios.

Ken Rogoff, economista de la Universidad de Harvard, está entre los que cree que una nueva recesión es poco probable. No obstante, su investigación también muestra que luego de una crisis financiera, el camino de la recuperación suele estar lleno de baches. Desde este punto de vista, los actuales problemas que atraviesa la economía no deberían constituir una sorpresa. Tampoco es de extrañar que vuelvan a presentarse.
Fuente: The Wall Street Journal, 15/06/11.

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