La absurda estrategia de ‘desendeudamiento’ de Cristina Kirchner

noviembre 5, 2012 · Imprimir este artículo

Desendeudamiento
Por Enrique Szewach

Permítanme comenzar esta nota recordando el viejo chiste (dado que es machista, pueden leerlo cambiando los roles), en dónde un señor le pregunta a una señorita si se acostaría con él por un millón de dólares y ésta responde afirmativamente. Luego le consulta si lo haría por 100 dólares, y ella, indignada, le contesta -¿Pero usted cree que soy una prostituta?. Y el señor contraataca –Eso ya no está en discusión, ahora estamos discutiendo el precio.

Con el fallo de dos tribunales de New York, respecto de un fondo tenedor de deuda argentina, que no entró a los canjes, ocurre algo similar.

Ya no está en discusión si la Argentina debe pagar o no, lo que ahora se discute es cuánto y cuándo.

De poco sirve, en la práctica,  acusar a estos fondos de “buitres”, dado que ni en los bonos emitidos antes del canje, ni en los que emitió el gobierno después del canje, se califica la calidad del acreedor, para decidir si se le paga o no. (Aunque los bonos post canje, sí tienen cláusulas que obligan a los minoritarios, a aceptar decisiones de la mayoría, en casos de canjes o incumplimientos).

Por supuesto, la Argentina puede apelar el fallo, una vez que se concrete, ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, y dilatar algo el momento de cumplir con la sentencia, (resulta difícil, aunque no imposible, suponer que esa Corte acepte tratar el tema, o que falle contra la opinión de dos tribunales inferiores), o puede desconocer el fallo y tratar de seguir discriminando, pagando sólo los instrumentos del canje,  y no pagarle a los “buitres”.

Pero eso debería hacerlo fuera de los Estados Unidos y “en desacato” ante la justicia norteamericana.

¿Qué hará el gobierno argentino?. Según el Ministro de Economía, “jamás le pagaremos a los buitres”. Según la Presidenta, “tenemos los dólares para pagar y lo vamos a hacer”.

Dados los antecedentes, se podría superar esta aparente contradicción, deduciendo que se tiene la intención de pagar en tiempo y en forma, sólo a quienes no son buitres.

Pero, de ser correcta esta deducción, ello implica, en la práctica, cerrar aún más el financiamiento externo para el país, y dificultarlo severamente, para provincias y empresas. Y esto es así, porque los acreedores externos, en general, prefieren (no sé por qué) instrumentos emitidos bajo la jurisdicción de tribunales extranjeros. Pero, si el gobierno argentino no está dispuesto a aceptar eventuales fallos adversos en dichos tribunales, difícilmente alguien quiera comprar un bono cuya probabilidad de cobro depende sólo de la voluntad del deudor.

O, alternativamente, la tasa de interés resultante para una colocación exitosa sería usuraria.

Y esto me lleva a otro debate, que está en el fondo de esta cuestión, la estrategia de “desendeudamiento” del gobierno argentino.

En efecto, tanto el oficialismo, como una parte de la oposición, han decidido que es mejor para la Argentina, cancelar deuda con acreedores extranjeros, contrayendo deuda con acreedores locales.

Pero esta decisión tiene consecuencias que merecen, al menos, ser discutidas.

“Vivir con lo nuestro” tiene sentido cuando se es muy rico, y uno se puede dar todos los gustos sin endeudarse, o cuando no se consigue financiamiento a tasas y plazos, acordes con los proyectos que esos fondos van a financiar. La Argentina no entra, por desgracia, en el primer conjunto y hoy el contexto internacional ofrece fondos a muy largo plazo y a tasas lo suficientemente bajas, como para convertir en rentables muchos proyectos de infraestructura que nuestro país necesita.

Y esta estrategia no sólo limita el financiamiento de la inversión pública, sino también el de la inversión privada, por la “pesificación forzada” de los flujos de las empresas y particulares, que, por lo tanto, sólo pueden acceder al limitado mercado de capitales local, con plazos cortos y costos inciertos (colocaciones atadas a la tasa de devaluación, o a tasas de interés que son negativas este año, pero podrían ser fuertemente positivas dentro de tres o cuatro).

Finalmente, como el desendeudamiento externo se paga con reservas, o con superávit comercial surgido de la limitación de importaciones y por lo tanto de la actividad, y se compran los dólares con emisión monetaria, la deuda se paga con sacrificio del empleo y del salario real de los argentinos.

Extraña forma de política nac & pop. Ajuste interno para cancelar deuda externa. ¡Y eso que los asesora Stiglitz!.

Fuente: Perfil, 04/11/12.

Enrique Szewach
Enrique Szewach

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