La canasta de los hombres de negocios es de $ 73.556

mayo 5, 2016 · Imprimir este artículo

Los ejecutivos necesitan $ 73.556 por mes para mantener el nivel de vida de marzo de 2008

Por Florencia Carbone.

En la canasta de los hombres de negocios, la inflación le ganó a los sueldos: hace ocho años, un profesional requería $ 11.787; hoy usan ahorros para pagar consumos y recurren a segundas marcas.

argentinaPara mantener el mismo nivel de consumo de marzo de 2008, un ejecutivo que vive en la Argentina tuvo que desembolsar en marzo de este año 528% más. Los datos surgen del relevamiento “Canasta del profesional ejecutivo” que la Universidad del CEMA (Ucema) elabora hace ocho años. En ese entonces los números indicaban que el consumo mensual de un ejecutivo y su grupo familiar (mujer y dos hijos), residente en el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, tenía un costo de $ 11.787. El mes pasado esa cifra trepó a 73.556 pesos.

¿Cómo surgió la idea de construir este índice? “Como universidad dedicada a los negocios, la economía y las finanzas, nos propusimos hacer algo que le interesara a nuestro público, que por tener en general un ingreso diferente del de la media tiene también una canasta de consumo distinta a la de un ciudadano promedio. Queríamos capturar el impacto de la inflación en la canasta de consumo de la economía de altos ingresos”, responde Alejandro Rodríguez, director del Departamento de Economía y del Centro de Economía Aplicada de Ucema.

Mensualmente se evalúan nueve rubros: alimentos y bebidas; indumentaria; vivienda y servicios básicos; equipamiento y mantenimiento del hogar; atención médica y gastos para la salud; transporte y comunicaciones; esparcimiento; educación; otros bienes y servicios.

Uno de los datos que destaca Rodríguez tiene que ver con la ponderación de cada ítem. “Una persona de bajos recursos destina una gran proporción de sus ingresos para alimentos, por eso las canastas que se construyen para medir pobreza o indigencia contienen casi exclusivamente eso. A medida que aumentan los ingresos esa proporción baja, se cambia el tipo de alimentos y bebidas que se consumen, y las marcas. El profesional ejecutivo manda a sus hijos a colegios privados, por lo que la participación de la cuota de la escuela también tiene otro peso. Los ponderadores cambian según la canasta”, explica.

De hecho, cuenta que mientras en el índice tradicional del INDEC el rubro alimentos y bebidas tiene un alza de 33%, en la canasta del profesional de Ucema la cifra baja a 20%. Algo similar ocurre con “esparcimiento”: en el primer caso, la ponderación es de 8% y en el segundo, la categoría trepa a 14 %.

Además de la diferencia en la ponderación, la composición de los rubros también varía. Por caso, “alimentos y bebidas” de la canasta del profesional incluye comidas en restaurantes, ya que no se las considera esparcimiento, como sí lo hace el INDEC. Por razones laborales, un ejecutivo tiene cinco de las 14 comidas semanales en un restaurante.

Camilo Tiscornia, economista y director de C&T Asesores Económicos, tradujo a dólares (según la cotización oficial de cada momento) los valores de la primera y la última canasta del profesional ejecutivo relevada por Ucema. “Mientras en marzo de 2008 era de US$ 3700, en marzo último fue de US$ 4600. O sea, hubo una inflación en dólares de alrededor del 35% (la inflación en dólares en los Estados Unidos para el mismo período fue de 11%, según el especialista). “El alza de precios le pegó a todo el mundo. Es un fenómeno que no reconoció diferencias entre trabajadores de ingresos altos y bajos. Si bien la canasta del ejecutivo parece no alejarse demasiado de la del promedio, y en este período largo el aumento fue parecido al de la inflación, en donde debe haber una diferencia es en lo que el trabajador recibe en mano: el impuesto a las ganancias para una persona de esta categoría pega muy fuerte. Por otra parte, no es que sólo la inflación fue alta, sino que la presión impositiva fue creciendo”, explicó.

¿Cómo fue la relación entre el incremento del costo de la canasta de consumo de un ejecutivo y la recuperación de su salario en los últimos ocho años? Valeria Bohórquez, directora del negocio de Talento de Mercer para la Argentina, Uruguay y Paraguay, explica que los sueldos en las compañías multinacionales con las que habitualmente trabajan suelen seguir el ritmo de los movimientos salariales del mismo mercado y no estrictamente a la inflación, aunque esa variable incide en la determinación de los ajustes junto con otras cuestiones, como la rentabilidad y la capacidad de pago de la compañía.

“Durante los últimos años, la capacidad de ahorro de los ejecutivos disminuyó, dada la evolución de los incrementos salariales, pero, además, por la incidencia de la proporción creciente cada año del impuesto a las ganancias por la falta de actualización de las tablas y montos deducibles”, dice Bohórquez, y añade: “Si tomamos la variación de la canasta del CEMA punta a punta, entre 2008 y 2016, creció 524%, mientras que los salarios de directores aumentaron 484%, con lo que quedaron por debajo en la posibilidad de compra de la canasta medida”.

Tiscornia hace una distinción importante: la brecha entre el aumento de los precios y el de los salarios tiene un impacto muy distinto según la situación económica de la persona. “El tema es común a todos, pero para un ciudadano de ingresos bajos se genera un problema más serio, porque la canasta que consumía y que era casi igual a su sueldo, ahora lo supera. En cambio, lo que ocurre con el empresario es que ve resentida su capacidad de ahorro o de disfrute de ciertas cosas, pero no hay una situación vital comprometida”, comenta.

Desde 2006, Mercer mide la evolución del ahorro y el consumo del salario de un gerente en la Argentina. El análisis de los datos históricos muestra que mientras hace 10 años alguien que ocupaba una posición gerencial podía ahorrar 16% de su sueldo neto (el otro 84% lo destinaba a financiar su consumo), el año pasado vio ese ítem con signo negativo: -6%.

Bohórquez explica que eso significa que “no sólo no pudieron ahorrar, sino que eventualmente pasaron a comprar segundas marcas, cambiaron a sus hijos de colegio o usaron ahorros para pagar consumos actuales”. En síntesis, adaptaron su patrón de consumo a un ingreso algo menor.

Rodríguez cuenta que los dos rubros que mayor aumento tuvieron en los ocho años del relevamiento de Ucema fueron educación (666%) y viviendas y servicios básicos (640%).

A modo de reflexión, Tiscornia concluye: “Lo que es destacable es que cuando se toma un período más o menos largo, las tasas de aumento de todo, de salarios a precios, son una locura. Te das cuenta de que una economía no puede funcionar así, es un disparate. Por eso la lucha contra la inflación debe ser una prioridad real”.

528%

Es lo que aumentaron los gastos mensuales en ocho años; en tanto los sueldos de los directivos tuvieron una recomposición del 484%.

Fuente: La Nación, 02/05/16.

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