La duda es si Grecia evitará la senda argentina de 2001

junio 19, 2011 · Imprimir este artículo

La duda es si Grecia evitará la senda argentina de 2001

Por Dani Rodrik

 

CAMBRIDGE, Estados Unidos.- Grecia ha ganado tiempo con un nuevo paquete de ayuda financiera, pero el país no está fuera de peligro. Aún está por verse si las políticas de austeridad que prometió el primer ministro Giorgios Papandreu resultarán políticamente aceptables y sustentables. En una democracia, cuando las demandas de los mercados financieros y los acreedores extranjeros chocan con las de los trabajadores, los pensionados y la clase media del país, suelen ser los locales los que tienen la última palabra.

La salida de Gran Bretaña del Patrón Oro en 1931 sigue siendo el hito. Tras haber cometido el error de restablecer la paridad con el oro a un nivel que hizo que la economía perdiera competitividad, Gran Bretaña tuvo que luchar durante años contra la deflación y el desempleo. Las industrias como las del carbón, el acero y la construcción de barcos se vieron afectadas, y los conflictos laborales proliferaron. Cuando el desempleo había alcanzado 20%, el Banco de Inglaterra se vio obligado a mantener altas las tasas de interés para impedir una salida masiva del oro. La presión de los mercados hizo que el país abandonara el oro en septiembre de 1931.

No era la primera vez que la probidad financiera había exigido que la economía real sufriera bajo el Patrón Oro. Lo diferente era que Gran Bretaña se había vuelto una sociedad más democrática: la clase trabajadora se había sindicalizado, el sufragio político se había cuadruplicado desde el fin de la Primera Guerra Mundial, los medios publicaban la situación económica del ciudadano común y un movimiento socialista esperaba al acecho. Los banqueros centrales y sus amos políticos entendieron que ya no podían mantenerse al margen de las consecuencias de la recesión.

Los inversores también lo entendieron. Tan pronto como los mercados empiezan a cuestionar la credibilidad del compromiso de un gobierno con un tipo de cambio fijo se convierten en una fuerza de inestabilidad. Los inversores y los depositantes levantan campamento y sacan el capital del país.

Esta es una película que volvió a verse en la Argentina a fines de los 90. El eje de la estrategia de la Argentina después de 1991 fue la ley de convertibilidad, que prohibía las restricciones a los flujos de capital.

El ministro de Economía Domingo Cavallo imaginaba la convertibilidad como arnés y motor para la economía. La estrategia funcionó bien en un principio, ya que trajo estabilidad de precios. Pero a fines de la década la pesadilla argentina había regresado.

La crisis financiera asiática y la devaluación brasileña hicieron que el peso estuviera sobrevaluado. Las dudas sobre la capacidad de la Argentina para pagar su deuda se multiplicaron, la confianza colapsó y la solvencia se derrumbó por debajo de países africanos.

Lo que selló el destino de la Argentina no fue la falta de voluntad política de sus líderes, sino más bien su incapacidad para imponer políticas cada vez más costosas para sus ciudadanos. El Gobierno estuvo dispuesto a derogar contratos prácticamente con todos los electores internos -empleados públicos, jubilados, gobiernos provinciales y depositantes- para cumplir con los acreedores extranjeros.

Los inversores desconfiaban de que el Congreso, las provincias y la gente común fuera a tolerar la austeridad necesaria para seguir pagando la deuda. A medida que se propagaron las protestas, comprobaron que tenían razón.

Quizás haya otro camino. Consideremos el caso de Letonia, que experimentó dificultades similares a las de la Argentina hace una década. Letonia había crecido desde que se sumó a la Unión Europea en 2004 gracias a un endeudamiento de gran escala y a una burbuja inmobiliaria. Había acumulado un déficit de cuenta corriente y una carga de deuda de proporciones griegas.

La crisis global y el cambio de rumbo de los flujos de capital dejaron a la economía de Letonia en aprietos. Conforme los precios de los préstamos y la propiedad colapsaron, el desempleo subió a 20% y el PBI cayó 18% en 2009. En enero de 2009, el país tuvo sus peores disturbios desde la caída de la Unión Soviética.

Letonia tenía un tipo de cambio fijo y flujos de capital libres, como la Argentina. Su moneda ha estado amarrada al euro desde 2005. A diferencia de la Argentina, los políticos lograron capear el temporal sin devaluar la moneda e introduciendo controles de capital.

Lo que parece haber cambiado el equilibrio de costos y beneficios políticos fue la perspectiva de alcanzar la tierra prometida de un eventual ingreso a la eurozona. ¿Grecia será una Argentina o una Letonia? La economía no es alentadora. A menos que se recupere, asumir más deuda es un paliativo temporario que requerirá una austeridad mayor. Y, mientras la demanda doméstica siga deprimida, es improbable que las reformas estructurales -privatización y liberalización de los mercados laborales y los servicios profesionales- ofrezcan el crecimiento necesario. Es la política la que determina el resultado.-
El autor es profesor de Economía Política Internacional en la Universidad de Harvard.
Fuente: La Nación, 19/06/11.

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