La economía compartida en Europa

julio 26, 2016 · Imprimir este artículo

De Peerby a SnappCar: la economía compartida en Europa

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UBEREn un reciente informe, la Comisión Europea ha dado posiblemente un impulso a la economía compartida de la región con el anuncio de que los países deberían permitir que compañías como Airbnb y Uber prosperaran en lugar de penalizarlas con multas pesadas o prohibirlas por completo. Europa ha abordado de manera ambigua la “economía colaborativa”, pero se ha beneficiado de ella como un participante temprano en sistemas como el de las bicicletas compartidas.

Mediante la emisión de directrices en que se solicita a los reguladores de Europa que no prohiban a las compañías que participan en el sector, startups como Peerby (plataforma holandesa para el préstamo de bienes domésticos sin intermediarios) tal vez tengan por delante menos obstáculos en sus previsiones de crecimiento futuro. En muchos aspectos, los países densamente poblados de Europa son ideales para las startups de economía compartida, que animan a la gente a maximizar el valor de los activos infrautilizados, tales como casas o automóviles, para alquilarlos a otros. Sin embargo, al igual que ocurre en EE.UU., la región ha tenido problemas para crear un medio para regular su funcionamiento y el equilibrio de los intereses de sus competidores, muchos de los cuales temen que la transformación proporcionada por la economía compartida pueda obligarlos a cerrar sus puertas.

“Al final, este tipo de economía revertirá en más beneficios para todos”, dice Daan Weddepohl, fundador de Peerby, uno de los oradores invitados al Foro Global de Wharton en Amsterdam [Wharton Global Forum in Amsterdam]. “Es una brillante manera de unir a la gente y hacer que los objetos se muevan de una manera sostenible”.

Un “vacío normativo”

En 2015, la economía compartida generó un ingreso bruto total de US $ 31,7 millones, según un informe de la Comisión Europea. Este mercado tendrá un valor fabuloso que alcanzará los US $ 644.000 millones. El informe de la Comisión Europea estima que 900.000 personas trabajan en esta economía. Gilles Duranton, profesor de Bienes inmuebles de Wharton, señala que la economía colaborativa “es todavía una parte pequeña” del mercado en su conjunto. “En general, es algo bueno. En la práctica, las cosas están un poco confundidas”, agregó Duranton.

El informe de la Comisión Europea explica que las empresas de la economía colaborativa deben ser tratadas de manera diferente de las empresas tradicionales con empleados y clientes, lo que puede afectar al marco regulatorio al que se ajustan las empresas de economía colaborativa. El informe dice que los países europeos reconocen tres distinciones: entre empleados y operadores independientes, profesionales y proveedores de servicios ocasionales, y entre las plataformas que proporcionan un servicio básico y las que proporcionan información y servicios auxiliares.

“En EE.UU., el crecimiento de diferentes empresas como Uber, Lyft y Airbnb llegó a través de diferentes marcos regulatorios”, afirma Sarah Light, profesora de Derecho y Ética de Wharton. La discusión en torno a la clasificación de los conductores de Uber y Lyft como empleados o proveedores de servicios independientes es un tema que ha surgido varias veces en el país, dijo. El informe de la Comisión Europea también trató de hacer frente a la misma cuestión. La clasificación de los conductores como una cosa u otra tiene implicaciones para el grado de protección de un trabajador. Otra cuestión que persiste es cómo se aplican las reglas de seguros a los conductores y pasajeros de Uber y Lyft, y si necesitan licencias de seguros o comerciales.

“Uber ha estado operando en un vacío normativo y está creciendo lo más fuerte y rápido posible. Cuando los órganos reguladores estén de acuerdo, será demasiado tarde. Esta ha sido una estrategia muy eficaz”, dice Duranton.

En general, las ciudades y países de Europa adoptaron muy rápido los principios de los sistemas de bicicletas compartidas, pero la región ha sido escenario de muchas startups de economía compartida a gran escala, añade Olivier Chatain, profesor de Estrategia y Política en la Escuela de Negocios HEC, de París, e investigador senior en el Instituto Mack de Gestión de la Innovación de Wharton [Mack Institute for Innovation Management]. “En general, las empresas estadounidenses han sido contundentes en su intento de convertir a la economía compartida en un negocio que evolucione y maximice la calidad de las empresas del sector”, dice Chatain. “Para crecer con toda su fuerza, es preciso confiar en el capital riesgo, y las startups de Estados Unidos cuentan con ello, más que sus homólogos europeos”.

“Pivotes” de empresas europeas

Basándose en el modelo desarrollado por empresas estadounidenses como Uber y Airbnb, algunas empresas europeas han creado pivotes [drásticas correcciones de dirección] creativos apropiados para las regiones más densamente pobladas donde las personas no siempre tienen coche y viven cerca unos de otros.

SnappCar, creada en los Países Bajos en 2011, es la segunda más grande comunidad para compartir autos sin intermediarios [peer-to-peer] de Europa. Hoy en día, 200.000 personas utilizan SnappCar en los Países Bajos, Suecia y Dinamarca. Hasta la fecha, la compañía ha recaudado $ 6,28 millones de dólares, y el 50% de los accionistas son también usuarios.

Básicamente, el modelo de negocio es pedir prestado el coche del vecino a precios que van desde $ 11 a $ 560. “El interesado en alquilar el vehículo entra en el sitio y encuentra el coche que desea utilizar en su vecindario. Puede ser cualquier tipo de coche. Tenemos cientos de modelos de coches pequeños en la ciudad, furgonetas, camiones y Porsches. La persona formula una solicitud para alquilar al propietario. El propietario puede o no aceptar la solicitud presentada. El propietario siempre tiene el control y puede decir ‘no’”, explica Pascal Ontjid, uno de los fundadores de la compañía, que asistió al Foro Mundial de Wharton en Amsterdam.

ZipCar opera en Amsterdam desde hace unos diez años, y nos abrió el camino”, añadió Ontjid. En SnappCar, sin embargo, no existe una tarifa anual para los miembros. Por otra parte, Ontjid señala que la duración media del alquiler en Europa es menor que en EE.UU.. “En EE.UU., el promedio es de cinco días, mientras que en Europa es de 1,5 días”, dijo.

“El noventa por ciento de los préstamos sin intermediarios ocurren efectivamente en el vecindario del interesado. Es para aquellos que están interesados en ganar un dinero extra. Son personas que están dispuestas a conocer a otras personas en su área y formar parte importante de un movimiento más amplio que da prioridad a otra forma de consumir”, dice Ontjid. Los miembros de SnappCar no alquilan su vehículo como principal medio para obtener ingresos, pero les gusta la idea de ayudar al medio ambiente mediante la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Desde 2011 hasta hoy en día, los propietarios de automóviles que participan en SnappCar han ganado $ 3,5 millones. La empresa no desvela sus ingresos, pero las ventas en 2016 superarán los US $ 5,7 millones.

“Las ciudades europeas están más densamente pobladas. En América del Norte, no se puede vivir sin un coche”, dijo Duranton. “Esto significa que el mercado de automóviles de uso compartido en América del Norte está posiblemente limitado a cinco o diez ciudades. En Europa, es posible que haya 200 ciudades en las que uno puede moverse sin un coche”.

La densidad también facilita que la gente tome cosas prestadas de los vecinos. Peerby, una startup holandesa que permite a la gente buscar las cosas que necesita, ya sea una moto sierra o un globo de luz, cuenta con 250.000 usuarios en varias comunidades en los Países Bajos, en las principales ciudades de Europa y los EE.UU., dice Weddepohl, agregando que hay alrededor de $ 1.000 millones en productos disponibles en la plataforma.

La construcción de un “inventario de masa crítica”

Rachel Botsman, autora del libro “Lo que es mío es tuyo” [What’s Mine is Yours], escrito en colaboración con Roo Rogers dice que la existencia de un “inventario de masa crítica” en todas las categorías en un nivel hiperlocal es esencial para que este tipo de empresas puedan operar. Sara Light, profesora de Estudios jurídicos y Ética en los negocios de Wharton, añade: “La densidad urbana crea las condiciones para que la economía colaborativa funcione […] La ventaja de esto es que alguien en el barrio puede prestar el objeto deseado de forma inmediata. Si no hay densidad, la posibilidad de conseguir lo que se necesita es menor”.

Peerby es un “modelo de negocio que toma elementos poco utilizados y los pone en uso”, dice Weddepohl. Además, añade: “El intercambio es un principio humano básico”. Él tuvo la idea de crear Peerby cuando, en 2009, un incendio destruyó su apartamento y todas sus pertenencias. “Me encontré básicamente obligado a pedir ayuda”, dijo, y, para su sorpresa, muchas personas estuvieron dispuestas a ayudarle. Antes de eso, había fundado una compañía de software que vendió más adelante.

Y agregó: “La amplia disponibilidad de la tecnología móvil y la conectividad facilita en gran medida la creación de este tipo de plataformas para compartir”. Es difícil decir si este tipo de iniciativas de colaboración han tenido éxito durante 20 años, dice Botsman. “La tecnología ha creado factores de productividad para estos mercados de tal manera que el deseo de un consumidor encontrase satisfacción en otro que fuese dueño del objeto deseado por el primero”.

Sin consenso en Europa

En Europa, las empresas de economía compartida no han llegado a un consenso entre la población: ha habido quienes las aceptaron plenamente y quienes las descartaron por completo. En Londres, por ejemplo, la cultura de la economía compartida ha recibido una acogida mucho mayor que en París.

De hecho, según el Daily Telegraph, el Reino Unido es el hogar de una de cada diez empresas que operan en la economía colaborativa, más que en el total de empresas surgidas en Francia, España y Alemania juntas. Se espera que la industria en el Reino Unido se dispare: de US $ 737 millones pasará a US $ 13.300 millones en 2025.

En Londres, el coche compartido ha florecido. El número de conductores de Uber que utilizan GPS es el mismo que el de taxis negros de la ciudad conducidos por conductores “profesionales” sometidos a una prueba rigurosa de licencia que les obliga a memorizar todas las calles estrechas de la capital londinense.

En mayo de 2015, Londres flexibilizó una ley promulgada hace 40 años para que la gente pudiera alquilar sus casas durante tres meses o menos, posibilitando así que fueran alquiladas por los turistas, según un informe de The Evening Standard. A principios de este año, el Gobierno británico también anunció recortes de impuestos para las personas que quieren ganar un poco de dinero con la economía colaborativa, lo que hizo que la economía británica fuera la primera en el mundo en otorgar dichas exenciones.

Con una industria de servicios financieros dinámica, las startups de alquiler sin intermediarios como Crowdcube, Seeders y Funding Circle han prosperado en el Reino Unido. JustPark, que alquila espacio en el acceso a los garajes de las casas, recaudó $ 5,46 millones de dólares en una ronda record de crowdfunding [financiación colectiva] en 2015. Mientras tanto, otros países europeos se han resistido a la expansión de la economía colaborativa a la espera de un mayor grado de supervisión reguladora.

Los tribunales en Bélgica, Francia, Alemania, Italia y Holanda declararon ilegal la oferta de carreras por parte de los conductores no profesionales. UberPop fue creado para que cualquier persona que tenga licencia de conducir pueda ofrecer un servicio. Los tribunales penales franceses multaron a Uber, así como a dos de sus ejecutivos, según Bloomberg. En París, los taxistas se opusieron a la competencia de Uber persiguiendo los autos de la compañía, quemando llantas y bloqueando carreteras.

Sin embargo, Uber continúa en funcionamiento siempre y cuando haya conductores registrados. Duranton explica que “los taxis tienen que pagar una cuota mensual del préstamo que hicieron para comprar su ‘medallion’, o licencia de explotación. Por lo tanto, pagas 300.000 euros por una licencia en 2010, y ahora, en 2016, te dicen que la misma licencia cuesta un 50% menos y pronto su valor puede llegar a cero pero tendrás que seguir pagando unos pocos miles de euros mensualmente por el préstamo, y sin ‘alquileres’ del taxi que te permitan pagar lo que debes porque la industria se ha vuelto mucho más competitiva”. Chatain añadió que las empresas de taxis en París tuvieron que innovar, y ahora tienen su propia aplicación a través de la cual se puede pagar por adelantado y controlar la proximidad del conductor solicitado, al igual que hace Uber.

Aunque París es uno de los mayores mercados de Airbnb, el alcalde creó un equipo de 20 agentes para investigar el intercambio ilegal de alojamiento e impuso fuertes multas a 20 propietarios. Para entender el tema de los impuestos, Airbnb comenzó a recaudar impuestos de ocupación en París. “Si usted es el propietario de un hotel en París, está sujeto a las regulaciones y los impuestos. Con Airbnb, los requisitos son mucho menos estrictos. Tiene que haber una igualdad de condiciones”, dijo Duranton.

Amsterdam es otra ciudad en Europa donde Airbnb comenzó a subir los impuestos turísticos en febrero de 2015 para cumplir con las regulaciones fiscales.

En Berlín, no se puede alquilar un apartamento entero en Airbnb sin permiso de la ciudad. Desde el 1 de mayo hay un esfuerzo por mitigar el aumento de los alquileres. Sin embargo, todavía es posible alquilar una habitación.

Según las normas europeas, un propietario que alquile una propiedad durante todo el año se clasifica como “distribuidor” y necesita una licencia para operar, además de obligaciones y el cumplimiento de las normas como dueño de un negocio. En un estudio realizado por la Universidad de Pennsylvania, las personas que alquilan varias casas representan el 40% de los ingresos de Airbnb, según Bloomberg. En Europa, donde hay una escasez de alojamiento, los gobiernos temen que los anfitriones conectados a Airbnb esquiven los impuestos, la seguridad y otras regulaciones.

Weddepohl cree que la economía colaborativa es “una fuerza desestabilizadora que dará lugar a un modelo económico más eficiente […] Algunos Gobiernos están restringiendo esta economía, mientras que otros la están alentando”, dijo.

Fuente: knowledgeatwharton.com.es, 12/07/16.

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