La inflación en Argentina

abril 30, 2011 · Imprimir este artículo

Un 38% de emisión vs. Carne para Todos

Por Roberto Cachanosky

 

Mientras el Banco Central viene emitiendo a tasa del 38% anual, el Gobierno insiste en negar la inflación y se limita a formular afirmaciones contradictorias, como que hay dispersión de precios o que, en vez de invertir, los empresarios ajustan por precio, al tiempo que afirma que la Argentina tiene inversiones de más del 20% del PBI. Pregunta: si hay tantas inversiones, ¿por qué aumentan los precios? ¿No se contradice el discurso de fuertes inversiones con el aumento de precios por falta de oferta?

El proceso inflacionario que genera la avalancha de emisión monetaria trata de esconderse detrás de un IPC que nadie cree, presiones burocráticas sobre las empresas y, además, han lanzado programas como Merluza para Todos, Carne para Todos y ahora el secretario Guillermo Moreno lanzaría una red de mercados para abastecer a la población al menor costo posible. Si como sostiene el Gobierno, aquí no hay un aumento generalizado de precios, sino dispersión de precios, donde unos venden más caro que otros, no haría falta que Moreno se tomara la molestia de malgastar los recursos de los contribuyentes en las mencionadas redes de mercados. ¿Por qué? Porque el mercado siempre arbitra.

En efecto, un tiempo atrás Amado Boudou afirmó que Mercedes Marcó del Pont compraba la palta a $ 1 en el Mercado Central, cuando en la Capital se vendía a 6. ¿Qué indica la teoría económica? Que si hay tal disparidad de precios, alguien la descubre, alquila un local al lado del que vende la palta a 6, va a comprar la palta al Mercado Central a 1 y la vende en su local a 4, quitándole clientes a su vecino. La teoría económica también indica que, al aumentar la demanda de palta en el Mercado Central, el precio subirá, mientras que el que vendía la palta a 6 tendrá que bajar el precio si no quiere quedarse sin clientes por la nueva competencia. Así la dispersión irá desapareciendo porque el precio de la palta en el Mercado Central subirá por más demanda y en el barrio bajará por mayor oferta. Este proceso se producirá gracias a que alguien estuvo dispuesto a invertir en un local para competir con el que vendía la palta a 6.

Si se entiende el proceso de la palta, entonces no hace falta que Moreno comience a destinar a una red de mercados los impuestos que tenemos que afrontar los sufridos contribuyentes. Alguien tan despierto como Moreno advertirá que puede vender más barato lo que sus competidores venden más caro y hará las inversiones necesarias para aprovechar ese nicho del mercado, salvo que? nadie se anime a invertir dada la arbitrariedad en las reglas de juego que imperan en la economía.

Si Moreno es economista, antes de crear la red de mercados tendría que preguntarse: ¿por qué nadie invirtió en el magnífico negocio que yo descubrí? Dos respuestas posibles pueden encontrar frente a este interrogante: a) creer que él es un ser superior al resto de los argentinos o b) descubrir la desagradable realidad que sus medidas, más las arbitrariedades económicas que comete el gobierno que integra, espantan a cualquier inversor. Y si profundizara un poco más el tema, también advertiría que sus medidas contra la inflación no han logrado frenar la suba generalizada de precios o, mejor dicho, evitar que el peso pierda poder de compra. Mi canasta familiar indica que en 2010 gasté un 39% más en alimentos que en 2009 y con calidades menores, y que en marzo de este año, contra marzo del año pasado, alimentar a mi familia me exige desembolsar un 30% más de pesos de mi bolsillo. Pero, al mismo tiempo, tengo que entregar un 23% más para comprar medicamentos y atención médica sin que nadie se haya enfermado gravemente, un 21% más de billetes para la educación, etcétera. En promedio, hoy tengo que usar un 25% más de pesos para comprar casi lo mismo que compraba el año pasado.

Si el problema no está solamente en la palta ni en la carne para todos, además de redes de mercados, habría que crear redes de universidades, colegios, negocios de ropa, lugares de esparcimiento (con el Fútbol para Todos y Pakapaka no alcanza), hospitales, mantenimiento de edificios, etcétera, porque la realidad es que, salvo que yo esté muy distraído, en promedio todos me pegan un tarascón de más del 25% en cada cosa que voy a comprar.

La realidad que el Gobierno se niega a reconocer es doble. En primer lugar, el Banco Central está haciendo una fiesta de emisión monetaria con la teoría de que la riqueza no se produce sino que se imprime. Con esta teoría sólo genera un agudo proceso inflacionario que Moreno quiere frenar con la red de mercados y con los camioncitos de Carne para Todos. Una tarea realmente titánica considerando la emisión del Central y, encima, la restricción de la oferta con el cierre de las importaciones. En segundo lugar, el Gobierno no para de adoptar medidas para que cualquier inversor medianamente sensato piense en cómo fugar sus capitales.

Si la oferta no aumenta por falta de inversiones, además se cierra la economía y encima el Central empapela el mercado con billetes impresos, no hace falta ser economista para saber cómo termina esta historia.
Fuente: La Nación, 30/04/11.

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