Padre Alberto Ibáñez Padilla, SJ.

septiembre 9, 2015 · Imprimir este artículo

Murió el Padre Alberto Ibáñez Padilla, introductor de la renovación carismática en el país

Buenos Aires (AICA) – A los 88 años falleció el sacerdote jesuita Alberto Ibáñez Padilla, uno de los introductores de la renovación carismática católica en el país.

padre alberto ibañez padillaA partir de las 13 de hoy, miércoles 9 de septiembre, se realiza el velatorio en la capilla doméstica del Colegio del Salvador, avenida Callao 542.

Mañana, a las 9, se oficiará una misa de cuerpo presente en la iglesia del Salvador, donde durante años y hasta ahora atendía y confesaba a tantos penitentes, ubicada en la esquina de avenida Callao y Tucumán.

Los restos del sacerdote jesuita serán inhumados en el cementario del Colegio Máximo, de la localidad bonaerense de San Miguel.

El padre Ibáñez Padilla nació el 28 de febrero de 1927. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1955. Hubiera cumplido este año sesenta años de abnegado ministerio sacerdotal.

En 1968 inició en el país la Comunidad Convivencia con Dios, dedicada a generar una escuela de espiritualidad que tiende a buscar la unión con Dios, dentro de la modalidad del movimiento carismático.

Fiel al magisterio de la Iglesia, unido de corazón a su autoridad, señalaba: “Nuestro objetivo apostólico es fecundar la Iglesia con las gracias místicas y carismáticas”.

Esta escuela profundiza un itinerario espiritual con retiros de varios días, con una formación sistemática que prepara a los fieles en convivencias con contemplaciones actuadas –representando la compenetración con Jesús, con María, con San Pablo, los apóstoles, los santos- que buscan ayudar a una mejor comprensión del amor trinitario y elevar a las personas.

El padre Ibáñez Padilla fue un infatigable predicador, que difundió con fervor esta modalidad de acercamiento al Señor en muchos países de América y Europa. Empezó en Buenos Aires, pero los dio en lugares tan variados como Lima, Manizales, Guayaquil, Barcelona, y distintas ciudades de Italia o de los Estados Unidos.

Escribió, entre otras obras, “Una reina en el barrio de Congreso” (la historia de la iglesia Regina Martyrum, encomendada a la Compañía de Jesús, y de su zona circundante), “Lenguas I (las enseñanzas de San Pablo); Lenguas II (la historia de un lenguaje espiritual que data de los primeros tiempos; “Lenguas III( un manual para el crecimiento personal), Lenguas IV (una interpretación sociológica y profética del lenguaje espiritual), “Ruáj Santa” (los aspectos femeninos de la tercera persona de la Santísima Trinidad), y “¿Cómo son las misas carismáticas?” (un tratado explicativo del sentido y la particularidad de las misas celebradas según la modalidad del movimiento carismático).

El 5 de agosto último, el padre Alberto Ibáñez Padilla presentó en el colegio del Salvador el libro “Pastoral de nuestra irradiación”, en dos tomos. A la luz de su fallecimiento, puede entenderse como un testamento para quienes participaban con él de la Comunidad Convivencia con Dios, un mensaje lleno de consejos prácticos sobre su responsabilidad de pastores y el sentido de la misión a la que Dios los llama en la transmisión gozosa de la buena noticia de Jesús, el Evangelio.

Fuente: aica.org, 09/09/15 – Jorge Rouillon


 

Las exequias del padre Ibáñez Padilla mostraron el afecto de los fieles

Viernes 11 Sep 2015 | 12:24 pm

Buenos Aires (AICA) – Una gran manifestación de afecto se evidenció en el velatorio y la misa exequial del padre Alberto Ibáñez Padilla SJ, iniciador del movimiento espiritual carismático Comunidad Convivencia con Dios, en cuyos retiros han participado muchos miles de personas. Treinta sacerdotes concelebraron una concurrida misa exequial en la iglesia del Salvador, previa al entierro en el Colegio Máximo, de San Miguel. En la homilía, el provincial de la Compañía de Jesús, padre Alejandro Tilve SJ, dijo que él vivía completamente identificado con el misterio de la gracia del sacerdocio.

Una gran manifestación de afecto se evidenció en el velatorio y la misa exequial del padre Alberto Ibáñez Padilla SJ, iniciador del movimiento espiritual carismático Comunidad Convivencia con Dios, en cuyos retiros han participado muchos miles de personas.

A las 9 del jueves 10, unos treinta sacerdotes concelebraron una concurrida misa exequial en la iglesia del Salvador, donde hasta su fallecimiento confesaba y atendía la dirección espiritual de penitentes.

En la homilía, el provincial de la Compañía de Jesús, padre Alejandro Tilve SJ, dijo que él vivía completamente identificado con el misterio de la gracia del sacerdocio al que fue llamado.

Destacó la bondad, la dulzura y la paciencia como virtudes que supo encarnar y transmitir a los demás. Y ante el pecado de un mundo que miente, condena, oprime, tenía la capacidad de perdonar y mirar esta humanidad con bondad y alegría, con plena confianza en el Espíritu Santo, “dulce huésped del alma”.

Participó en la concelebración de la misa el obispo emérito de Quilmes, monseñor Luis Stöckler.

Al entrar los sacerdotes al templo, desde el colegio del Salvador (donde había sido el velatorio en la capilla doméstica), la gente cantaba “En el cielo todos cantan Aleluya. Acá se siente la presencia de Dios”.

Su vida de entrega en la Compañía de Jesús

El superior de la comunidad de jesuitas del Salvador, padre Daniel Barrera Buteler, leyó una breve reseña de su desempeño en la Compañía, donde ingresó en marzo de 1943, a los 16 años (había nacido el 28 de febrero de 1927 en Quilmes). Hizo los primeros votos el 12 de marzo de 1945, estudió Literatura y Humanidades en Córdoba entre 1945 y 1947 y filosofía en San Miguel entre 1948 y 1950. Y luego Filosofía y Teología en el Colegio Máximo en San Miguel. Ordenado sacerdote en 1955, continuó su formación jesuítica y su labor ministerial en Valencia, España, y en Colombia. En Buenos Aires se desempeñó durante años en la comunidad de Regina Martyrum y fue vicepostulador de los mártires rioplatenses. Era asesor nacional del Movimiento de Convivencia con Dios, que inició en 1968, y asesor del colegio Paula Montal, desde 1979 hasta su muerte.“Si alguna cosa tenía el padre Alberto es que convocó a todos, no hacía acepción de personas, ni de cultura, ni de sabiduría, ni de pobreza o riqueza. Siempre tuvo los brazos abiertos para todos. Estuvo rodeado siempre de gente muy variada”, dijo el padre Tilve al abigarrado público. Observó que tenía pudor para contar su propia oración, su vida espiritual, aunque en sus libros escribía larga y generosamente sobre su experiencia de Dios. Era bastante audaz en su manera de escribir sobre la libertad, el afecto a Dios, la sinceridad en torno al Espìritu.

Precisó que era tremendamente cuidadoso de su ortodoxia. Pedía que se le corrigiera cualquier cosa que estuviera fuera de la doctrina de la Iglesia.

Alabó su fidelidad y constancia. Dijo que se sentía profundamente miembro de la Compañía de Jesús.Y señaló que llevaba con mucha mortificación sucesivos tratamientos contra el cáncer, que no le impidió ejercer activamente su ministerio hasta su último día. La última vez que lo vio, en la tarde, el padre Alberto venía de confesar. Deseó que el padre Alberto, que tenía plena confianza en el Espíritu Santo, guíe en el camino a quienes con tanto cariño se acercaron a las exequias y que “saben mirar este momento con serenidad de la confianza en la resurrección.

También dijo unas breves palabras la superiora de las hermanas de Marta y María, congregación nacida hace 36 años en Guatemala. Había en la misa unas veinticinco religiosas de esa congregación que ese mismo día empezaban en La Plata una convivencia con Dios, retiro dentro de la modalidad iniciada por el padre Ibáñez Padilla. La religiosa dijo que querían poner en el altar un ramillete de obras y oraciones, que ofrecían al Señor todos sus trabajos y esfuerzos junto al ramillete espiritual que entró el Pa (así le llamaban sus seguidores al padre Ibáñez Padilla) al cielo con todas “las obras que realizó durante su peregrinación por esta tierra”.

En la consagración y elevación de la hostia y del cáliz, junto a una música suave, se oía un sereno murmullo de fondo. Reflejaba lo que el sacerdote fallecido había profundizado en sus libros sobre el don de lenguas, significando que el corazón se dirige a Dios expresando su amor en una efusión sin palabras, exultando, como el Espíritu que grita desde dentro del alma con gemidos inenarrables. Al final de la celebración hubo algo similar, con un aplauso para el padre, que coronó, sin alterarla, la solemnidad de la celebración.

Luego hubo un fuerte aplauso en la calle al retirarse el coche fúnebre que llevaría los restos del sacerdote hasta el cementerio del Colegio Máximo de San Miguel, donde reposarán junto a muchos otros miembros fallecidos de la orden de San Ignacio de Loyola. Se habilitaron ómnibus para los fieles que quisieran acompañar la inhumación en San Miguel.

El velatorio

Durante el día anterior, el velatorio fue un incesante acudir de gente, con el rezo continuado del Rosario y la celebración de varias misas en la capilla doméstica del colegio del Salvador. Detrás del féretro había tres coronas que decían “Convivencia con Dios”, “Equipo Timón” y “Casa de retiro Nuestra Señora de la Paz”. A las 20, una decena de sacerdotes concelebraron una misa: jesuitas, de la Renovación Carismática y del clero arquidiocesano.Varios de los concelebrantes dijeron palabras de alabanza a Dios por el testimonio del sacerdote fallecido. Uno de ellos animó a “pedir al Señor que nos llene de fuerzas para ser buenos continuadores y que la obra que él empezó siga dando frutos de ahora en adelante”. El padre Barrera Buteler contó que lo fue a ver a la mañana cuando lo encontró sin vida. Dio gracias a Dios por su consagración, mencionando al padre Alberto como un jesuita entregado a su misión, a su gente, a la búsqueda de entender lo que Dios quiere y vivirlo. Un sacerdote de Avellaneda-Lanús dijo que tenía 16 años cuando conoció al padre Alberto e hizo su primera convivencia con Dios. Y en 1981, a los veinte, entró en la comunidad Convivencia. “Me hizo gustar la unión con Dios. Conocí a través de él la fuerza de los místicos”, dijo el sacerdote.

Varios de los laicos presentes –hombres y mujeres- dijeron algo también, alabando a Dios y agradeciendo lo que aprendieron de la enseñanza y el testimonio del padre Ibañez Padilla. Un señor dijo “Alabado sea Dios porque se cruzó en mi camino y me hizo sentirme incluido en la Iglesia. Aprendí a comunicarme con Dios, a tratar con el Espíritu Santo”. (Jorge Rouillon).

Fuente: aica.org, 09/09/15 – Jorge Rouillon

“Nuestro ideal es convivir con Dios”

Nilda Gil, Jorge Rouillon, el P. Ibáñez Padilla y Vilma Osella.
Buenos Aires (AICA) – “Nuestro ideal es convivir con Dios y puede ser vivido por quienes no podrían hacer seis días de una convivencia con Dios”, dice un nuevo libro del padre Alberto Ibáñez Padilla, iniciador de esta modalidad de retiros espirituales que han hecho miles de personas en la Argentina y en distintos países. El libro “Pastoral de nuestra irradiación¨, en dos tomos, fue presentado el 5 de agosto en el Centro de Espiritualidad Ignaciana de Argentina (CEIA), Callao 542. El padre Ibáñez Padilla, de 88 años, recordó sus comienzos en la renovación carismática y su relación con el entonces provincial jesuita, el padre Jorge Bergoglio.

“Nuestro ideal es convivir con Dios y puede ser vivido por quienes no podrían hacer seis días de una convivencia con Dios”. Así se expresó el padre Alberto Ibáñez Padilla SJ en la presentación de un libro que sintetiza ideas y consejos prácticos para irradiar hacia la sociedad la experiencia de las convivencias con Dios, que inició en 1968. Son retiros espirituales que han hecho miles de personas en varios países de América y en España.

Los tomos I y II del libro “Pastoral de nuestra irradiación” fueron presentados el miércoles 5 de agosto en el Centro de Espiritualidad Ignaciana de Argentina (CEIA), Callao 542.

El padre Alberto Ibáñez Padilla SJ, de 88 años, iniciador y difusor de las Convivencias con Dios, una modalidad de la renovación carismática católica, prefirió no firmarlo, atribuyéndolo a un equipo, pues recibió aportes, correcciones y sugerencias de otros veinte integrantes de esta corriente. Pero todos reconocen en él la inspiración y la redacción de este libro.

Imbuido de un contagioso impulso apostólico a partir de la unión con Dios, el texto busca comunicar esa experiencia a los demás, analizando contextos de aproximación a otros cristianos, a agnósticos y prescindentes, a quienes padecen difíciles condiciones de vida.

Lo publicó la editorial Convivencia con Dios ([email protected]), Pasteur 765 4º “A”, tel. 4802-9299).

Carisma e institución

Abrió el acto de presentación la periodista y poeta Vilma Osella; explicó brevemente qué son las convivencias con Dios.

Habló después el director del CEIA, padre Hugo Pisana S.J., licenciado en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús en San Miguel, provincia de Buenos Aires. El padre Pisana se basó en la Palabra de Dios, en el libro de los Hechos de los Apóstoles (5,1-11 y 2,43-47).”En este libro en dos tomos, encontré expresada la intención de transmitir una experiencia carismática para consolidar la institucionalización de la misma; siguiendo la dinámica de la koinonía que lleva a poner en común, ayudando a las necesidades de otros, lo que se ha recibido y conseguido.” Agregó que institucionalizar el carisma es siempre una tarea necesaria y difícil, porque el carisma es dinámico, adaptable; y las instituciones tienden a estacionarse.

“Es necesaria –apuntó– porque sin la cristalización en la palabra y en la comunidad es difícil la pervivencia de la experiencia carismática. También será necesario que el carisma revise cada tanto la institución, para renovarla o incluso dejarla, si ya no sirve a la transmisión del don recibido.”, dijo

Afirmó que el segundo texto, expresa una experiencia siempre presente de la Iglesia, aunque no se pueda circunscribir a un tiempo y lugar determinados o a personas determinadas. “En esta obra se hace concreta la voluntad de compartir; aún con personas que ustedes no tienen en su horizonte inmediato. Y concluyó: Rogamos que muchos encuentren en estas páginas la expresión de lo que han vivido, y otros muchos un camino para que puedan experimentar lo que aún están deseando” expresó.

“El mensaje debe llegar a toda la Iglesia”

La hermana Yolanda Lourenço, de la congregación conocida como de la Virgen Niña, profesora de Literatura, Lingüística, Latín y Ciencias Sagradas, indicó que “es el Espíritu Santo el que inspiró al Padre Alberto y a hermanos de la Convivencia con Dios para escribir este libro cuya primera conclusión es que está dedicado a los laicos que son los pastores de quienes habla y la segunda, es que todo cristiano puede nutrirse de este libro porque todos lo pueden entender y en muchos casos está escrito en parábolas, como les hablaba Jesús a sus pastores. Esto justifica el título: “El mensaje debe llegar a toda la Iglesia”.

Añadió que “se trata de transmitir el mensaje según el Espíritu nos contagia, para que todos seamos mistagogos, es decir guías y conductores en la contemplación del misterio de Dios”. La hermana es titular de la comisión revisora de los documentos oficiales de la Comunidad Convivencia con Dios, y estimó que el autor verdadero del libro es el Espíritu Santo, que es un buen organizador del trabajo en equipo, al que comparó con una orquesta sinfónica.

Las riquezas del Espíritu Santo

La licenciada en Letras Nilda Gil, ex profesora de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA), presentó el segundo tomo. Expresó que las formas de enseñanza en este libro son “unas de las ricas maneras en que el Evangelio comenzó a propagarse ya en vida de Jesús y en los primeros tiempos de la Iglesia: hacer posible con nuestro testimonio y nuestra palabra en todo momento el amor personal que Dios tiene a cada uno de aquellos a quienes nos acercamos. El cómo: a través del arte de sembrar consejos, la amistad espiritual, el turismo carismático y sobre todo el acompañamiento espiritual, una de las necesidades que el papa Francisco señala en “Evangelii Gaudium”.

Añadió de este libro: “Son páginas muy valiosas, escritas desde la fructuosa experiencia de muchos años, ofrecida a toda la Iglesia.” Agregó que esto se logra con “una variada gama de acciones para la pastoral grupal que propone ante todo estimular el crecimiento de los grupos constituidos como cenáculos de oración y la inserción de nuestros miembros en las diócesis y parroquias: en todos los casos para intercambiar las riquezas que el Espíritu Santo derrama en toda su Iglesia y ofrecer las nuestras que son formación doctrinal, una metodología propia, un estilo de vida comunitaria en el Espíritu, nuestra escuela de oración y nuestro ideal: Tender a la unión con Dios. También se presentan aquí los medios para irradiar en las familias, entre los varones, jóvenes y consagrados.” dijo.

Recordó Nilda Gil que en una reunión que se realizó en 2008, entre los servidores de la Comunidad Convivencia con Dios (CccD), se oyó decir: “Abran las puertas, no sólo las ventanas, también las puertas”, “salgan”, “salgan afuera”. La irradiación hacia diferentes grupos, en especial a congregaciones religiosas, comenzó a partir de allí y lo más importante de esta pastoral de irradiación grupal es lo que el Señor ya nos permite vivir”. Dijo que “no es algo que nosotros nos proponemos; es algo a lo que el Señor nos invita”. Y manifestó. “Me emociona pensar que es algo que venimos viviendo”

Los comienzos y la relación con el provincial Bergoglio

En un diálogo personal, Jorge Rouillon, periodista y abogado, interrogó al padre Alberto Ibáñez Padilla en relación a los albores de su inclusión en la Renovación Carismática Católica. El sacerdote contó cómo hace décadas se llegó hasta Estados Unidos a ver las reuniones conjuntas de católicos y evangélicos que allí se hacían, cómo fue a Colombia a profundizar el aprendizaje y cómo se reunió con evangélicos en Buenos Aires.

También contó cómo el entonces provincial de la Compañía de Jesús, el padre Jorge Bergoglio, al principio lo reprendió severamente por estas experiencias, quedando excluido de toda participación en el nuevo movimiento católico. El superior le indicó que lo propio suyo, su carisma, era la dirección espiritual. Al cabo del tiempo, Ibáñez Padilla estimó que ello fue providencial, ya que al estar él dedicado a la dirección espiritual personal y excluído de la conducción del movimiento, eso hizo que los laicos se comprometieran y lo llevaran adelante. Afirmó que con el tiempo, el mismo Bergolio se acercó a los encuentros carismáticos entre católicos y evangélicos (por ejemplo, los realizados en el Luna Park) y hasta llegó a decirles “Ustedes me han convertido”. Y así como siendo arzobispo presidió en la Catedral de Buenos Aires misas de la comunidad carismática, como Papa se dirigió a 50.000 carismáticos en el estadio Olímpico de Roma, el 1° de junio de 2014. Reconoció allí: “En los primeros años no me gustaban mucho los carismáticos…” Y luego les dijo: “La Renovación es una gracia para la Iglesia… El fundamento de la Renovación es adorar a Dios”.

Siempre contestando preguntas de Rouillon, el padre Ibáñez Padilla afirmó que con el tiempo entendió la sanción y quizá si él hubiese estado en el lugar de Bergoglio habría actuado de igual forma, para poner orden en una Iglesia por entonces muy perturbada, en la cual había que subrayar lo fundamental – el magisterio de la Iglesia, San Ignacio de Loyola, Santo Tomás de Aquino-, en momentos de mucha confusión, en los años 70.

Finalmente Patricia y Daniel Paternó, integrantes del Ministerio de Música de la CccD, y activos participantes de la Pastoral Familiar, cerraron el acto con música inspirada en este movimiento apostólico. El cierre dejó muy complacidos a los casi cincuenta concurrentes a este acto que continuaron festejando en un cálido ágape fraterno.

Fuente: aica.org, 09/09/15 – Jorge Rouillon


 

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