¿Por qué lo compré?

septiembre 27, 2014 · Imprimir este artículo

Yo sí pagué 700€ por un Gimnasio. ¿Aprendí algo de ello?

Publicado por Alfonso Sainz de Baranda.


El resultado de hacer compras innecesarias…

En Julio del año pasado hice una tonteria. Bueno, tontería pienso que es ahora. Porque en su momento creía que era la mejor decisión de mi vida.

Había salido una buenísima oferta en un gimnasio super “high-end” 😉 al lado de mi casa. El Gimnasio normalmente costaba 150€ al mes pero había una oferta de 7 meses por 700€. ¡Casi un 33% de descuento! Además, el gimnasio tenía SPA, iba Zaplana (en serio 😉 y me quedaba a un tiro de piedra.

Yo hice mis cálculos y me dije: “Alfonso, este es el mejor gimnasio de tu zona y el más cercano. Y tu ahora vas a hacer el firme compromiso de ir al gimnasio para ver si quitamos esos kilitos de más, ¿No? ¿Que mejor manera de motivarte que gastarte unos muy valiosos 700€ en un gimnasio? Si los pagas seguro que acabarás yendo”.

Así que lo hice. Los pague y me apunté al Gimnasio. Y en Julio lo bordé. Fui casi 4 días por semana durante un mes entero, ¡16 días! Estaba en racha y lo sabía. Luego vino Agosto y fuí exactamente 8 días. Pero bueno, era veranito, me había tomado unas cortas (demasiado cortas, ¡Dinaru ocupa toda mi mente ahora mismo!) vacaciones y lo veía normal.

Luego llegó Septiembre… y empezaron a caer las bombas sobre Dinaru y ahí estaba yo, apagando fuegos por todos los lados. Fuí 2 días. 2 DÍAS. J*der.

Y ya os podéis imaginar lo que pasó. En total, he ido 29 días al Gimnasio en estos 7 meses. Lo que significa que cada visita al maldito gimnasio me ha costado la friolera de 24,14€. Vaya pasta. Vaya forma de tirar el dinero.

El tema es… ¿Por qué pasa esto? ¿Es que soy tonto?

Bueno, estoy seguro de que un poco tonto sí que soy, pero en realidad esto me ocurrió por una razón (o sinrazón mejor dicho) muy humana. Se trata de gastar en cosas teniendo en cuenta quien QUIERO ser, no quien soy en realidad.

¿Soy único? ¿O esto le pasa a más gente?

Seguro que a muchos de vosotros os ha pasado algo similar. Queréis empezar a patinar, y para forzaros, os compráis unos patines cojon*dos. O queréis correr, y os compráis una cinta de correr porque es invierno y no vais a correr bajo la lluvia.

¿Y qué pasa luego? Pues que unas semanas o meses después, la cinta de correr tiene telarañas y ni te acuerdas de donde has dejado los patines. ¿Esto os ha pasado alguna vez? 

Decidme que no soy el único Rankiano al que le pasa esto por favor…

¿Por que nos pasa esto?

El tema es, ¿Por qué hacemos esto? Pues por lo que adelantaba antes… porque compro pensando en QUIEN QUIERO SER, no en quien soy. Cuando decidí gastarme esa pasta en el gimnasio, yo quería ser una persona que fuese mucho al gimnasio; pero no lo era. Es más, mi forma física es lamentable (yo cuando me agobio, engordo muchísimo), no voy a engañar a nadie.

En mi vida solo dos veces he conseguido ir al gimnasio de forma regular y siempre ha sido cuando he ido con más gente. Pero esta vez creí que sería diferente. Creí que podría forzar un cambio a golpe de talonario.

Y me equivoqué.

La dura realidad

La dura realidad es que cambiar tus hábitos es increiblemente dificil. Y no hay dinero en el mundo, ni coste gigantesco que te vaya a forzar ese cambio.

Por eso, yo he decidido cambiar una cosa respecto mis compras. Voy a dejar de comprar esperando que yo cambie. Se acabó el decir “Voy a invertir en un Kit de Yoja coj*nudo para ver si así empiezo a hacer meditación”.

Cuando compre algo, lo haré porque lo NECESITO. No para crear una necesidad de la nada.

¿Qué os parece?

Fuente: Thinking Rich, 04/02/14.

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