Universidad, ideología y captura institucional

enero 16, 2026

Las leyes de Robert Conquest y las advertencias de Roger Scruton: dinámica ideológica, captura institucional y defensa de la civilización occidental

Por Gustavo Ibáñez Padilla.

El análisis del comportamiento de las instituciones modernas se ha convertido en una cuestión central para comprender la crisis contemporánea de la enseñanza superior. Lejos de tratarse de una mera desviación coyuntural o de un fenómeno atribuible a factores externos, la degradación intelectual observable en numerosas universidades occidentales responde a dinámicas estructurales profundas. Estas dinámicas afectan la relación entre conocimiento, poder, ideología y tradición, y comprometen la función civilizatoria de las instituciones educativas.

En este marco, las denominadas tres leyes de Robert Conquest ofrecen una herramienta analítica particularmente fecunda. Formuladas por el historiador británico-estadounidense a partir de su estudio de los totalitarismos y de las burocracias modernas, dichas leyes describen regularidades persistentes en el comportamiento institucional. Aunque enunciadas en forma aforística, su capacidad explicativa ha sido confirmada por la experiencia histórica reciente, especialmente en el ámbito universitario.

Roger Scruton, filósofo inglés y uno de los observadores más lúcidos de la cultura europea contemporánea, retomó estas leyes y las integró en una reflexión más amplia sobre la erosión del pensamiento académico y la pérdida de sentido de las instituciones educativas. Para ambos autores, el problema no es primordialmente político-partidario, sino epistemológico y moral: se trata del modo en que las instituciones se relacionan con el conocimiento, la autoridad intelectual y la herencia cultural.

Antes de abordar cada ley en particular, conviene recordar que los términos “derecha” e “izquierda”, utilizados por Conquest, no deben interpretarse en su acepción política contemporánea. Surgidos en la Revolución Francesa, estos conceptos han perdido gran parte de su significado original y hoy funcionan, en este contexto, como indicadores de una oposición más profunda: la que existe entre una actitud conservadora, prudente y atenta a la experiencia, y una actitud progresista, orientada a la transformación abstracta del orden existente.

La primera ley de Conquest sostiene que “Todos son de derecha en los asuntos sobre los que están bien informados”. Leída superficialmente, la afirmación puede parecer provocadora; analizada con detenimiento, revela una intuición fundamental sobre la naturaleza del conocimiento humano. Allí donde existe experiencia directa, responsabilidad concreta y comprensión profunda de un fenómeno, emerge una disposición espontánea a la prudencia.

El conocimiento auténtico no simplifica la realidad: la complejiza. Revela límites, consecuencias no intencionales y equilibrios frágiles que las construcciones ideológicas tienden a ignorar. Como advertía Edmund Burke, “la sociedad es un contrato no solo entre los vivos, sino entre los muertos, los vivos y los que aún no han nacido”. Esta conciencia de continuidad histórica es inseparable de una actitud conservadora del saber.

En el ámbito universitario, esta ley se manifiesta con particular claridad. Las disciplinas donde el error tiene consecuencias inmediatas —medicina clínica, ingeniería, ciencias aplicadas— suelen mostrar mayor resistencia a la ideologización extrema. En cambio, cuanto mayor es la distancia entre el discurso académico y la realidad empírica, mayor es la tentación de sustituir el conocimiento por consignas. Scruton sintetizó esta deriva con una fórmula lapidaria: “la ideología comienza donde termina el conocimiento”.

Esta observación permite comprender por qué buena parte de la radicalización intelectual contemporánea se produce en espacios donde la responsabilidad es difusa y las consecuencias del error recaen sobre terceros, nunca sobre quienes formulan las teorías.

Facultad de Ingeniería, UBA. Av. Las Heras, CABA. El proyecto original del ingeniero y arquitecto Arturo Prins (1877-1939) se asemejaba a una catedral.

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La segunda ley de Conquest profundiza este diagnóstico al afirmar que “Cualquier organización que no sea explícitamente conservadora se volverá progresista con el tiempo”. El núcleo de esta tesis reside en la falsedad de la neutralidad institucional. Ninguna institución es axiológicamente neutra; toda organización encarna valores, prioridades y supuestos antropológicos, aun cuando no los explicite.

La asimetría entre actores institucionales resulta decisiva. Quienes adoptan una actitud conservadora tienden a respetar las reglas existentes y a no politizar espacios funcionales. Los activistas ideológicos, en cambio, conciben toda institución como un instrumento potencial de transformación social. Esta diferencia de intensidad y persistencia explica por qué las organizaciones “neutrales” terminan siendo capturadas.

En el ámbito universitario, este proceso se manifiesta en la progresiva politización de programas de estudio, criterios de evaluación y políticas de contratación. Lo que comienza como una preocupación moral legítima deriva, con el tiempo, en una ortodoxia que penaliza el disenso. Scruton observó que la universidad dejó de concebirse como una comunidad dedicada a la búsqueda de la verdad para convertirse en un espacio de legitimación ideológica, donde enseñar y adoctrinar se confunden.

La tercera ley de Conquest introduce una dimensión organizacional decisiva: “La forma más simple de explicar el comportamiento de una burocracia es asumir que está controlada por una cábala de sus enemigos”. Conquest aclara que no se trata de una conspiración real, sino de un patrón funcional. Las burocracias desarrollan intereses propios que tienden a desplazar la misión original de la institución.

Max Weber ya había advertido que la racionalidad burocrática transforma los fines en medios y los medios en fines. En el caso de la universidad, esto se traduce en la primacía de procedimientos, indicadores y discursos administrativos sobre la transmisión efectiva del conocimiento. Las decisiones dejan de orientarse por criterios académicos y pasan a responder a incentivos internos: expansión presupuestaria, protección corporativa y alineamiento ideológico.

El resultado es una paradoja inquietante: instituciones pobladas por individuos bien intencionados terminan produciendo efectos culturalmente destructivos. No por malicia personal, sino por la lógica impersonal del sistema. La universidad, llamada a formar inteligencias libres, se convierte así en un dispositivo de conformidad intelectual.

Las tres leyes de Conquest convergen de manera especialmente clara en la universidad contemporánea. La combinación de abstracción teórica, falsa neutralidad y burocratización crea un entorno propicio para la captura ideológica. En este sentido, la crisis universitaria no es accidental, sino estructural.

Scruton insistió en que el problema central no es la presencia de ideas progresistas, sino la desaparición de las condiciones que hacen posible el pensamiento crítico genuino: pluralismo real, autoridad intelectual basada en el saber y continuidad cultural. Cuando estos elementos se erosionan, la universidad deja de cumplir su función civilizatoria.

Universidad de Columbia (Nueva York), marchas pro palestina 2024. Cultura de cancelación.

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Frente a este diagnóstico, Scruton propuso un conjunto coherente de respuestas. La primera es la explicitación de valores fundacionales. Las instituciones que declaran abiertamente sus principios generan defensas naturales frente a la captura.

La segunda es la subsidiaridad radical: descentralizar decisiones para vincular conocimiento y responsabilidad. La tercera consiste en la creación de instituciones paralelas, capaces de preservar y transmitir el saber cuando las estructuras tradicionales han sido comprometidas. Finalmente, Scruton subrayó la necesidad de cultivar virtudes contraculturales —paciencia, humildad intelectual, respeto por lo heredado— sin las cuales ninguna institución puede perdurar.

Las leyes de Conquest no describen un destino inevitable, sino una tendencia que puede ser comprendida y, por tanto, enfrentada. La crisis de la universidad no se resolverá mediante reformas administrativas ni mediante nuevas consignas morales, sino a través de una recuperación consciente de su misión original.

Defender la universidad implica hoy asumir una responsabilidad intelectual y civilizatoria. Significa reconstruir instituciones que respeten el conocimiento, la tradición y la libertad de pensamiento; formar docentes y estudiantes capaces de resistir la simplificación ideológica; y comprender que la civilización occidental no se preserva por inercia, sino por decisión consciente.

Como recordaba Scruton, una cultura sobrevive únicamente mientras existen personas dispuestas a amarla lo suficiente como para transmitirla. La universidad sigue siendo uno de los espacios privilegiados para esa tarea, siempre que se recupere su razón de ser.

Fuente: Ediciones EP, 16/01/26.

Universidad en Estados Unidos con currícula tradicional.

Información sobre Gustavo Ibáñez Padilla


Robert Conquest (1917-2015)

George Robert Ackworth Conquest CMG fue un historiador y escritor británico, célebre por sus obras relacionadas con la Unión Soviética y en especial por la publicación en 1968 de El Gran Terror, una síntesis de la Gran Purga de Stalin en la década de 1930. Desde 1981, fue investigador en la Universidad de Stanford.

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Roger Scruton (1944-2020)

Roger Vernon Scruton fue un filósofo y escritor británico especializado en la estética y la filosofía política, particularmente en la defensa del tradicionalismo político. Fue editor desde 1982 hasta 2001 de The Salisbury Review, una revista política conservadora.


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La construcción del conocimiento en la Universidad

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