Argentina: El país que falsea su historia

octubre 29, 2012 · Imprimir este artículo

Pulseada
Por Enrique Szewach

La opinión generalizada es que la economía argentina parece estar rebotando contra el piso de actividad que se dio promediando el año.

Como la caída no fue demasiado fuerte –aunque si lo fue la desaceleración del ritmo de crecimiento- la recuperación tampoco mostrará demasiado. Es decir, la situación no empeora, pero tampoco mejora mucho.

Este ciclo coyuntural, que puede ser determinante para las aspiraciones electorales de oficialismo y oposición (no es lo mismo estar votando el próximo año, con la economía cayendo al 2-3% anual, que creciendo al 2-3% anual), convive con el agravamiento de los problemas estructurales que ya se manifiestan con toda su crudeza.

Estas cuestiones estructurales surgen, por un lado, de la “larga marcha populista” iniciada hace décadas, pero profundizada, con recursos abundantes, en los últimos años, (le recuerdo siempre que el populismo es una enfermedad “por acumulación”, como el tabaquismo o el alcoholismo) y, por el otro, a partir del giro de política económica protagonizado por el gobierno en este último año.

Dentro de los primeros –problemas estructurales consecuencia de la acumulación de populismo- aparecen los vinculados a la quiebra del sector energético, al deterioro generalizado de la infraestructura de transporte y comunicaciones, y a su reflejo más directo, (además de las muertes, el aspecto más dramático y grave) la maraña de subsidios, fondos públicos, intervenciones, etc. que se propagan, a su vez, hacia la situación fiscal y la coyuntura.

Dado que el desorden fiscal, pese al récord de ingresos que se bate mes a mes, termina en el desorden monetario que obliga al abuso del impuesto inflacionario y a las restricciones a la compra de dólares para evitar que los tenedores de pesos lo eludan.

Se contabiliza también, en este rubro, la distorsión de otros mercados, relacionados con la agroindustria o la producción de bienes en general. Por ejemplo, hoy México exporta más carne vacuna que nosotros.

En el otro conjunto, el relacionado con el giro dado a la política económica, se destaca el fin del “capitalismo de amigos”, para avanzar con un estatismo que convierte a todos, amigos y no tan amigos, en “empleados” al servicio del interés general.

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Obviamente, esto último puede sonar a exageración, porque todavía estamos en un marco relativamente híbrido, en dónde persisten “islas” del antiguo régimen, pero exagerado o no, lo cierto es que el entorno regulatorio, en general, se está modificando sustancialmente y no se trata de retoques menores, si no de verdaderos cambios de fondo que, desde la perspectiva del gobierno, pintan para irreversibles.

Es por ello que los pronósticos sobre el futuro cercano y no tanto, no pueden basarse, exclusivamente, en el ciclo coyuntural descripto al inicio de estas líneas.

El ciclo de corto plazo se mueve en torno a una tendencia de largo.

Paradójicamente, dicha tendencia luce objetivamente positiva. La Argentina puede ser, sin dudas, un eficiente proveedor de bienes agroindustriales, servicios sofisticados, recursos mineros, y energéticos, en un mundo con demanda creciente de estos bienes y servicios, inserto en una región que se ha convertido en un “buen vecindario”.

Y aquéllos sectores con mayor atraso relativo, o que requieren extremada protección, podrían, con incentivos adecuados, en su mayor parte, adaptarse o cambiar sin demasiados traumas y con un balance general de más ganadores que perdedores.

Sin embargo, para concretar esta tendencia positiva, los problemas estructurales arriba señalados, tanto los que responden a la acumulación de malas políticas, como los derivados del giro militante impuesto desde el comienzo del segundo período presidencial, deberían ser enfrentados con cambios drásticos, en algunos casos de ciento ochenta grados.

Como difícilmente esto pase, al menos en el corto plazo, la “pulseada” entre una coyuntura relativamente mejor, Dios soja, mediante, y esperando que la pesificación forzada no “explote”, y los crecientes problemas estructurales definirá el escenario futuro.

Pero a la larga, como lo demuestra la historia local e internacional, lo estructural siempre se impone Y le pone un techo a la tasa de crecimiento.

Se dice que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla.

Pero no se sabe qué les pasa a los pueblos que, en lugar de ignorarla, la reescriben, la reinventan o la falsean.

Fuente: Perfil, 28/10/12.

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