Argentina: Estancada, pero en un buen nivel

febrero 18, 2013 · Imprimir este artículo

Estancamiento
Por Enrique Szewach

Como usted ya sabe, la producción de una empresa, suponiendo, por supuesto, que no hay dificultades para conseguir insumos, depende de sus máquinas, de sus recursos humanos, y de la productividad con que ambos factores se combinan. Lo mismo sucede en un país.

Para aumentar la producción, o se aumentan los recursos humanos dedicados al trabajo,.o se aumenta el stock de maquinarias y equipos, o se mejora la productividad de lo existente. (O una combinación de todo lo anterior).

La economía argentina ha dejado de crecer, al menos a las tasas a las que lo venía haciendo hasta el 2011. Afortunadamente, este “parate” se ha dado muy cerca del máximo de nuestra capacidad productiva y no en los “pisos” de las crisis que supimos conseguir. Esta es una gran ventaja.

No es lo mismo, por ejemplo, que la producción de autos no crezca cuando se producen 800.000 autos por año, a que se paralice, cuando la producción es de 200.000.

En otras palabras, es cierto que, en promedio, el PBI de la Argentina de principios del 2013, se parece mucho al de la Argentina del 2011, pero no es menos cierto que dicho PBI  es 50% mayor que el del 2001.

Retomo, para producir más, hace falta más inversión, más recursos humanos empleados, o mejorar la productividad.

La inversión está relativamente paralizada. Entre la mala praxis cambiaria, los manejos arbitrarios de precios, la crisis energética, las restricciones a importar y exportar, el aumento de la presión impositiva, etc. etc., sólo invierten las empresas que reciben algún regalo muy grande, o tienen ya mucho capital hundido y les resulta marginalmente más costoso dejar de invertir que hacerlo, o los que tienen mercados cautivos, o los que tienen que invertir relativamente poco, respecto del capital, y pueden recuperar muy rápido su inversión –el sector agrícola por ejemplo-, o las que ven la oportunidad de “comprar mercado barato”, apostando a que las cosas mejorarán.

El empleo privado, por su parte, también ha dejado de crecer, influido por los incrementos de costos laborales, la competencia desleal del empleo público, los cambios regulatorios, y el aumento de la conflictividad gremial.

Finalmente, la productividad de la economía argentina, de por sí bastante baja, ha estado cayendo en el contexto del crecimiento del manejo de recursos productivos por parte del sector público a costa del sector privado. Sumado al deterioro de la infraestructura en general, la caída en la calidad de la educación, los piquetes, los feriados, etc. etc.

En síntesis, esta economía no crece, o crece muy poquito, porque no aumenta la inversión, no aumenta el empleo, no aumenta la productividad, los tres factores que hacen que una economía produzca más que antes.

Si la oferta no crece, todo intento por “alentar la demanda agregada”, se traduce en mayores importaciones, o en mayor presión sobre los precios.

Como no puede haber mayores importaciones, por todo lo que ya discutimos en torno a la combinación nefasta de una fracasada política energética y la mala praxis cambiaria, gran parte de los esfuerzos del gobierno por alentar la demanda con gasto público y déficit fiscal, se “filtra” hacia precios y no hacia cantidades.

Los intentos de “acordar” precios, aún si fueran exitosos, solo logran desalentar aún más la oferta, a menos que los precios se hubieran acordado en un nivel más alto que el previo. Y si se prolongan demasiado, como puede ser el caso, pueden surgir mercados poco transparentes –más bien opacos- que se suman a la ya opacidad de todo el manejo económico, sin reglas, ni normas escritas, y con manejo descontrolado de los recursos. (Dicho sea de paso, sólo como simple ejemplo, y para no olvidar, reconocido por un juez “amigo”, dos personas de antecedentes como mínimo cuestionables, manejaron fondos públicos por 1100 millones de pesos, sin control, sin rendición de cuentas, sin pagos de impuestos, sin balances).

Por lo tanto, algo más del sector agrícola, por mejor cosecha respecto del año pasado.

Algo más del energético, porque le empiezan a reconocer precios.

Algo más de la producción destinada a Brasil.

Estancados, pero en un buen nivel.

¿Y la “fiesta” electoral?

La fiesta electoral es más demanda pero no más oferta, y es financiada con impuestos e inflación.

Por lo tanto es un “pase de manos” orientado a tratar de conservar a los “votantes a favor” y mantener disciplinado al peronismo.

Fuente: Perfil, 17/02/13.

Enrique Szewach

Enrique Szewach

Lectura recomendada:  Las negociaciones paritarias, el costo laboral y los salarios

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