Argentina según Enrique Szewach

abril 23, 2012 · Imprimir este artículo

Autoabastecimiento

Por Enrique Szewach

 

Le propongo el siguiente test: Usted gana 10.000 pesos, y gasta 9.000. Lo que gana le alcanza para vivir y hasta puede ahorrar 1.000 pesos.  Suponga que alguien le ofrece 15.000 pesos para hacer el mismo trabajo en otra empresa. Usted se dirige a su empleador y le plantea que, o le aumenta el sueldo a 15.000 pesos o se va, y su empleador le responde “¿Por qué te voy a aumentar el sueldo, si con lo que ganás te alcanza, y encima te sobra el 10%?”.

Todo lo demás igual ¿Usted que haría, cambia de trabajo o no? Apuesto a que respondió que sí.

Bueno, el gobierno argentino intenta hacer  lo mismo que ese empleador ficticio.

Me explico. Para los hacedores de política económica, las empresas no tienen que maximizar sus ganancias, deberían conformarse con ganar “lo suficiente” y entregar el resto al gobierno, a los consumidores, o a otros empresarios que usan su producto o servicio como “insumo crítico”.

Por ejemplo, cuando el precio de la carne en el mercado internacional empezó a subir, el gobierno, para proteger la mesa de los argentinos,  y que los consumidores estén contentos a la hora de votar, decidió prohibir la exportación de carne, de manera que el productor local tuviera que vender al precio vigente en el mercado interno.

Muchos, que no pueden hacer otra cosa, siguieron produciendo carne, pero los que sí pueden, decidieron “cambiar de trabajo”, y se pusieron a producir soja u otros productos.

Se criaron menos vacas, cayó la oferta de carne, el precio interno explotó, cayó el consumo, y muchos frigoríficos cerraron por falta de materia prima.

En lugar de permitir, como en el resto de la región, que rigiera el precio internacional, maximizar la producción, el nivel de actividad y los ingresos de los productores y, en todo caso, “ayudar” , con subsidio directo, al segmento de la población que no podía consumir carne a los nuevos precios, se pretendió que el subsidio al consumo de carne lo dieran los productores de vacas y estos, -como usted, en el ejemplo del principio- se negaron, dado que podían “cambiar de trabajo”.

En el caso de la energía sucedió algo similar.  El gobierno pretendió  aislar a la Argentina de la suba de los precios internacionales del petróleo y derivados. Para ello, les congeló los precios a los productores de gas y petróleo, y  pagó, con fondos públicos, a los  generadores y distribuidores de electricidad y gas, la diferencia entre el precio congelado a los consumidores y los aumentos de costos –salarios y otros rubros diferentes al del combustible-, lo mínimo necesario para mantener el servicio funcionando.

Al igual que los productores de carne o trigo, aquéllos productores de petróleo y gas que pudieron, decidieron invertir en otro lado. Hubo otros productores locales que, como no pueden irse a otro lado, ni tienen capital o tecnología, no hicieron nada, a la espera de revender las concesiones cuando los precios mejoraran, o hicieron lo que pudieron. (Todo esto con la connivencia y aceptación de las provincias que dieron las concesiones. Y con la presión del gobierno central, que favoreció a sus amigos en este negocio).

Los generadores y distribuidores, por su parte,  o vendieron sus participaciones a quienes apostaron a que las cosas cambiarían, o entraron en problemas con sus acreedores, o “aguantan”, mientras pueden, a la espera de mejores momentos.

Pero producción en caída y demanda creciendo, resultado, el Estado importa, a precio internacional, lo que falta. Ahora, entonces, no sólo hacen falta pesos, para subsidiar los costos internos, (para eso es la maquinita del Central/Ciccone) si no que, también, hacen falta dólares para pagar las importaciones. (De allí el control).

Solución, la expropiación de la “caja” de YPF para usar esos pesos para acelerar producción, en el corto plazo,  agotando más rápido las reservas, cosa que no haría una YPF “profesional”.

También se busca la asociación con empresas internacionales para lograr el autoabastecimiento.

Pero ésta depende de concesiones bien hechas, precios internacionales y libre disponibilidad de parte de  las divisas.

Mientras la Argentina tuvo eso, exportábamos y las reservas crecían.

Cuando empezamos a vivir la fantasía populista de precios alejados de los internacionales, nos quedamos sin reservas e importando.

Lo curioso es que a este ¨zafarrancho¨,  lo llaman, todos los que apoyan, “recuperación de la soberanía”.
Fuente: Perfil, 22/04/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

 

Lectura recomendada:  Modelo K agotado

Comentarios

Algo para decir?

Usted debe estar logueado para escribir un comentario.