El Euro del futuro

agosto 8, 2012 · Imprimir este artículo

Euros

Por Enrique Szewach

 

La política europea está entrando, después de muchas idas y vueltas,  en la discusión  final que determinará los próximos años del Viejo Continente.

Lo que se está delineando no es el futuro del Euro, si no el Euro del futuro.

En su momento, los alemanes  “donaron” una moneda y un Banco Central prestigioso, a una Europa Mediterránea con monedas inflacionarias y Bancos Centrales dominados por la política doméstica.

De esta manera, los integrantes del Club Med, accedieron a crédito barato e ilimitado, mientras Alemania se aseguraba un gran mercado de demanda para sus bienes y servicios de alto valor agregado.

Una especie de proveedor que se asegura el “control” de su cliente dándole crédito ilimitado, con tal de que le compre mayoritariamente a él.

Pero las graves fallas de diseño, regulatorias y de normas prudenciales hicieron que entrara por la ventana del endeudamiento, y de burbujas varias, lo que se quería evitar, al cerrar la puerta de la emisión y la devaluación sistemática.

Se pensaba que el efecto “disciplinador” del mercado de capitales, bastaba para obligar a los países mediterráneos, al ajuste fiscal y a las reformas estructurales de sus inviables Estados del Bienestar.

En otras palabras, una política monetaria dura, un Euro fuerte, y un mercado de capitales con buen análisis de riesgo, obligarían a realizar los cambios que hacían falta, a costos más bajos.

Pero la capacidad disciplinadora del mercado de capitales depende de las normas prudenciales y las regulaciones vigentes.

Normas y regulaciones impuestas por la propia política, en complicidad con muchos actores que hacían su negocio de corto plazo.

El resultado está  a la vista. Fracasaron los incentivos para las reformas, de la mano de políticos narcotizados por bajas tasas de interés y crédito ilimitado, entes reguladores que no se animaron a frenar la fiesta a tiempo, y actores privados que maximizaron el corto plazo.

El dilema, ahora, después de meses de discusiones, cumbres, reuniones, análisis, etc. Y sobre todo de explosión del riesgo, y corridas bancarias, ha quedado claro: O la Europa Mediterránea se pone “a la altura” de una moneda fuerte y un Banco Central que sólo defiende la estabilidad financiera y de precios como buen heredero del Bundesbank, o los donantes aceptan que su criatura, la gran moneda, que aspiraba a ser  competidora del Dólar –como alguna vez intentó ser el Yen, o  alguna vez intentará ser el Yuan- sea una moneda más débil respaldada por un Banco Central más flexible y menos pretencioso.

Es probable que la solución de compromiso a la que se llegue sea la de una moneda que “retrocede para tomar impulso”, para permitirle al BCE financiar, en el corto plazo, la deuda de España e Italia, mientras esos países hacen las reformas y el ajuste fiscal necesario, en un plazo políticamente más tolerable o vendible.

En otras palabras, los alemanes aceptando que el Euro no sólo sea el implacable Marco Alemán, sino que también tenga algunos rasgos de la peseta, o la Lira, o el Franco Francés, sujeto a estrictas condiciones fiscales y de reforma estructural supervisadas y controladas por ellos.

Mientras se corrigen los problemas de diseño y regulatorios, y se modifican normas prudenciales y de riesgo.

 

Permitiendo al BCE comprar deuda de corto plazo, emitiendo euros, resignándose,  por lo tanto, a un Euro débil, por un tiempo, hasta que se pueda reabsorber el exceso de moneda a crear y se consiga el marco institucional fiscal y normativo, ahora sí, “ a la altura” de un Euro y un BCE como alguna vez lo soñaron los alemanes.

Los riesgos de esta operación son varios.

Primero, no está claro si los alemanes aceptarán que también circule por las venas del “nuevo” Euro, sangre griega.

Segundo, tampoco está ya definida la magnitud de los condicionamientos que se impondrán a España e Italia, para que Alemania acepte, transitoriamente,  este Euro de menor calidad y un BCE con menos “reputación” de inflexible.

Tercero,  tampoco se conoce cuánto durará esa “transitoriedad”.

Cuarto, cómo será la convivencia de un Euro débil, con un dólar débil, un Yen débil, y un Yuan inconvertible.

Los mercados parecen apostar y anticiparse a un final feliz, pero, dado que, como siempre, el diablo está en los detalles, habría que esperar todavía mucha volatilidad y cierta dosis de morbo, antes de cantar victoria.
Fuente: Ámbito Financiero, 08/08/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

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