Trabajadores llenan una barcaza con carbón en Pittsburgh. Bloomberg News

La economía mundial nada como nunca antes en la abundancia, no sólo de materias primas como petróleo, algodón y mineral de hierro, sino también de capital y mano de obra. Este exceso de oferta plantea varios desafíos a los responsables de política económica que intentan reavivar la demanda.

“Lo que estamos viendo es un entorno de bajo crecimiento, baja inflación (y) bajas tasas”, señala Megan Greene, economista jefe de John Hancock Asset Management. Greene considera que la economía global podría pasar la próxima década resolviendo esta situación.

El actual estado de abundancia genera confusión en varios frentes. El exceso de commodities deprime los precios y alimenta el temor de una deflación. Credit Suisse estima el total de riqueza mundial en alrededor de US$263 billones, más del doble de los US$117 billones de 2000. Esta suma representa una vasta oferta de ahorro y capital que ayuda a mantener bajas las tasas de interés, lo cual socava el poder de la política monetaria. Asimismo, el excedente de trabajadores deprime los salarios.

Mientras tanto, el endeudamiento público en Estados Unidos, Japón y Europa limita la capacidad de los gobiernos para impulsar el crecimiento a través del gasto fiscal. Eso deja en manos de los bancos centrales la tarea de suministrar a la economía tanta liquidez como sea posible, a pesar de que las últimas rondas de flexibilización cuantitativa no han ni remotamente acercado dichas economías a sus anteriores niveles de crecimiento.

“La noción clásica es que no se puede tener una condición de exceso de oferta”, afirma Daniel Alpert, un banquero de inversión y autor de “The Age of Oversupply” (algo así como La Edad de la sobreoferta), un libro sobre el significado de esta abundancia. “La ciencia de la economía se basa en la escasez”.

El colapso de la Unión Soviética y el ascenso de China agregaron más de mil millones de empleados a la fuerza laboral internacional, lo que significa que los trabajadores enfrentan hoy una mayor competencia global por empleo y salarios. Muchos de los nuevos países emergentes tienen superávits fiscales y sus ciudadanos ahorran más que los de los países desarrollados, contribuyendo así a lo que Alpert describe como un exceso del capital.

Ejemplos de sobreoferta abundan.

En Cushing, Oklahoma, uno de los mayores centros de almacenamiento de petróleo de EE.UU., el crudo está llenando los tanques hasta el borde. Hace poco, el inventario de crudo en ese país se elevó a 489 millones de barriles, el máximo histórico desde que se empezaron a contabilizar estos datos en 1982.

Al final de esta temporada, se estima que unos 110 millones de fardos de algodón estarán apilados en fábricas textiles o depósitos estatales de todo el mundo, un récord desde 1973, cuando EE.UU. comenzó a publicar datos sobre existencias de esta materia prima.

commoditiesA medida que la abundancia se propaga a lo largo de la cadena de suministro, los grandes excedentes se observan también en muchos mercados de bienes terminados. En febrero, los inventarios totales de bienes manufacturados duraderos en EE.UU. crecieron a US$413.000 millones, el nivel más alto desde 1992, cuando la Oficina del Censo comenzó a divulgar esos datos. En China, los concesionarios de automóviles registran sus mayores inventarios de vehículos no vendidos en casi dos años y medio.

Un elemento central de este problema es la combinación del enfriamiento de la economía china con la tibia demanda de muchos países desarrollados. A medida que China deja atrás su dependencia de industrias intensivas en commodities tales como la siderurgia y la textil, la demanda de muchas materias primas se ha desacelerado y en algunos casos contraído.

“Esta caída de la demanda de bienes básicos contradice la lógica, y sólo hemos visto la punta del iceberg”, afirma Cynthia Lim, economista de Wood Mackenzie.

No hay exceso en todas las materias primeas. El voraz apetito de China por cobre, gasolina y café mantendrá la oferta ajustada en estos mercados.

Durante casi una década, los productores se esforzaron por mantenerse al día con la robusta demanda de China. Sin embargo, ante la desaceleración de su producción —se prevé que su Producto Interno Bruto se expanda 7% este año, frente a 10,4% hace cinco años—, ninguna otra economía ha surgido para llenar el vacío.

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La desaceleración ha sorprendido a muchos productores con la guardia baja, mientras los inventarios siguen creciendo.

Esta acumulación causa revuelo en muchos mercados conforme los productores se pelean por encontrar dónde almacenar sus excedentes, lo que presiona a la baja los precios de los commodities en todos los ámbitos y presagia dolorosos recortes de producción en algunos sectores. Durante los últimos 12 meses, el S&P GSCI —un índice amplio de los precios de materias primas a nivel mundial— ha caído 34%, dejando los precios a los niveles de 2009.

“Estos inventarios tienen que bajar, al menos hasta cierto punto. Entonces, los precios volverán a subir”, dice Jeff Christian, director gerente de CPM Group, una consultora de commodities.

Los países que enfrentan un déficit de la demanda a menudo recurren al gasto deficitario para estimular sus economías, especialmente con tasas de interés tan bajas. No obstante, muchas naciones son reacias a aumentar su carga de deuda.

En los años transcurridos desde la crisis de crédito, las principales economías del mundo han seguido endeudándose, según cálculos de Greene. Desde 2008, la deuda combinada del gobierno, empresas y consumidores de EE.UU. ha aumentado de US$17 billones a US$25 billones, un salto de 167% del PIB a 181%. En Europa, la deuda ha subido de 180% del PIB a 204% y en China de 134% del PIB a 241%, indica Greene.

Aunque hay gobiernos que tienen la capacidad de proveer más estímulos fiscales, pocos tienen la voluntad política de hacerlo. Por lo tanto, los únicos que pueden ocupar ese lugar son los bancos centrales. La Reserva Federal y el Banco de Inglaterra han ampliado sus balances de cerca de 6% del PIB en 2008 a alrededor de 25% hoy. El Banco Central Europeo lo ha incrementado de 14% a 23% y el Banco de Japón de 22% a casi 66%.

En tiempos más normales, esto habría sido suficiente para hacer que las economías se echaran a andar de nuevo. Sin embargo, Lawrence Summers, economista de la Universidad de Harvard, es uno de los expertos que dicen que las tasas de interés tienen que caer aún más para que los abundantes ahorros disponibles se interesen por las limitadas oportunidades de inversión. Este escenario, denominado “estancamiento secular”, implica una disminución del potencial de crecimiento.

No todos están de acuerdo. El ex presidente de la Fed, Ben Bernanke, escribió recientemente que EE.UU. parece estar encaminándose a una situación de pleno empleo con mercados laborales más constreñidos e inflación acorde.

Una economía cercana al pleno empleo en EE.UU. podría ayudar, así como el crecimiento de la demanda de los mercados emergentes podría compensar la menguante influencia de China. Esto es precisamente lo que representa India: la demanda de energía y materias primas del segundo país más poblado del mundo ha estado creciendo rápidamente.

Algunos analistas son escépticos acerca de si el aumento de esa demanda es suficiente para llenar el vacío dejado por China.

La reciente abundancia pone también de manifiesto los riesgos que enfrenta el comercio global a medida que el dólar se aprecia contra casi todas las demás divisas. Los exportadores de países como Brasil y Rusia están produciendo azúcar, café y petróleo a un ritmo más rápido, ya que pueden ganar más en términos de moneda local luego de convertir sus ganancias en dólares.

Los productores tienen su propia parte de culpa. En un entorno de menores precios de los bienes básicos, aquellos suelen ser reacios a recortar la producción en un esfuerzo por mantener sus cuotas de mercado. En algunos casos, incluso aumentan su producción para compensar las pérdidas de ingresos que sufren debido al descenso de los precios, lo que agrava el problema de exceso de oferta.

“Por lo general, esto crea un ciclo de retroalimentación donde los precios caen aún más debido al exceso de oferta”, sostiene Dane Davis, analista de materias primas de Barclays.

Fuente: The Wall Street Journal, 27/04/15.