El Gobierno Argentino y el dólar

junio 4, 2012 · Imprimir este artículo

Máquinas

Por Enrique Szewach

 

Mientras el gobierno plantea una “batalla cultural” para que abandonemos el dólar como reserva de valor. Y mientras el Senador (Aníbal) Fernández reconoce que ahorra en dólares, “porque se le antoja” y que no los piensa vender, pese a que “los necesitamos, porque no tenemos la máquina de fabricar dólares”, los problemas que originaron el actual control de cambios, empeoran.

Me explico. Es cierto, como dice el amigo Aníbal, que no tenemos la máquina de fabricar dólares, pero no es menos cierto que tampoco la teníamos hace tres, o seis años y, sin embargo, se permitía comprar y vender dólares libremente.

Es cierto también, que la situación internacional se está complicando.

Pero no es menos cierto que no está peor que en el 2008 y, sin embargo, en ese momento, tampoco hubo necesidad de prohibir la libre compra venta de moneda extranjera.

Lo que en verdad sucede es que  el modelo de “matriz productiva diversificada con inclusión social” está agotado.

Porque la verdadera máquina de hacer dólares es el saldo del balance comercial; es la inversión extranjera directa; es la venta voluntaria de dólares para comprar pesos, como alternativa de ahorro; o es el endeudamiento.

El gobierno ha descartado, quizás sanamente, el endeudamiento como fuente de dólares. (Aunque aquí también el problema es propio, porque hoy la Argentina tendría que pagar una tasa de interés de más del doble de lo que paga cualquier país de la región, y porque en lugar de cancelar intereses y renovar el capital, como hace cualquier país normal, por nuestro enfrentamiento con el mundo, tenemos que, además, cancelar el principal, obligando a una necesidad de dólares aún mayor).

Decía, el gobierno ha descartado el endeudamiento. Ha espantado a la inversión extranjera directa. Se han destruido los instrumentos indexados y la tasa de interés pasiva es negativa, de manera que, como insistiría el amigo Aníbal, hay que ser “tarado” para vender los dólares y ahorrar en pesos.

Por lo tanto, la única fuente de dólares que quedan son el aumento de las exportaciones o la caída de las importaciones.

Pero el modelo de matriz diversificada no ha logrado un salto exportador del sector industrial, es más, la industria hoy es más deficitaria (impo -expo)  que en la década del 90, y el aumento de los costos en pesos, por encima del ritmo de devaluación, sigue deteriorando la competitividad de los integrados al mundo. Entonces, la oferta de dólares depende, casi exclusivamente, de las exportaciones agropecuarias y sus derivados, y de las mineras. (Dado que el modelo de matriz diversificada también destruyó el mercado de la energía y ahora hay que importar lo que antes se exportaba).

Por lo tanto, lo que se hace es controlar las importaciones y racionar la venta de las reservas acumuladas en el Banco Central.

Pero si se quieren reducir las importaciones, hay que ajustar el consumo interno por un monto equivalente, dado que la industria local producía al máximo y no era «desplazada» por las importaciones, sino complementada, completando líneas de productos y proveyendo insumos y máquinas.

Ese menor consumo, afecta la recaudación impositiva, obligando a más presión impositiva, dado que se quiere seguir con este nivel de gasto y subsidios y a usar más la “máquina de hacer pesos”.

Menor consumo y menor rentabilidad reducen el incentivo para invertir (la inversión en equipos importados cayó más del 35% y en nacionales un 15%).

En síntesis, vedado el endeudamiento. Reducida la inversión extranjera directa. Desalentado el ahorro en pesos, con la industria exportadora limitada por el aumento de costos internos y con la inversión cayendo, en el corto plazo, sólo nos queda apostar a dos “milagros”.

Uno, que el precio de la soja  “vuele”, y dos,  que la producción local de petróleo y gas crezca tanto, que se pueda dejar de importar ya.

No parece ser este el escenario más probable.

Pero si eso no es lo más probable, lo que hay que hacer es agradecerle los servicios prestados al modelo de matriz diversificada, antes que aumente la “exclusión” social, y empezar a trabajar, en serio, en un ajuste macroeconómico ordenado (y no este ajuste amateur y desordenado), y rearmar un escenario creíble de precios relativos pro inversión.

Es decir, reconstruir la verdadera máquina de hacer dólares, en lugar de intentar que los fabrique Ciccone, en forma de pesos de circulación forzada.
Fuente: Perfil, 03/06/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

 

Lectura recomendada:  El asalto al Banco Central argentino

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