El Patio Andaluz del Parque Tres de Febrero

diciembre 8, 2015 · Imprimir este artículo

El jardín que llegó desde España

Por Eduardo Parise.

Secreta Buenos Aires. El Patio Andaluz del Parque Tres de Febrero fue una donación que el ayuntamiento de Sevilla le hizo a Buenos Aires en 1929.

Símbolo de Palermo: tiene paredes decoradas con episodios que aluden a la historia de Don Quijote, una fuente y una pérgola apoyada en columnas de hierro. (Luciano Thieberger)

Símbolo de Palermo: tiene paredes decoradas con episodios que aluden a la historia de Don Quijote, una fuente y una pérgola apoyada en columnas de hierro.

“A la caballerosa y opulenta Ciudad de Buenos Aires, en testimonio y comunicación espiritual, Sevilla ofrece esta muestra de la industria de Triana, el barrio de laboriosos alfareros y de los intrépidos navegantes”. La frase está grabada en una fuente del Parque Tres de Febrero, en Palermo, y sirve para graficar cómo se consideraba entonces a la Ciudad. Era 1929 y el mundo, en lo económico y social, no pasaba por su mejor momento. Sin embargo, la Capital argentina se daba ciertos lujos, como el de recibir un regalo tan especial al que aún se conoce como el Patio Andaluz, o también Jardín Español y Glorieta Andaluza.

Los historiadores dicen que la idea primera era instalar un Jardín Español en el Parque Avellaneda. Aquello había surgido por una propuesta del intendente Carlos María Noel al arquitecto francés Jean Claude Nicolás Forestier, a quien habían contratado para que considerara mejoras en los espacios verdes porteños. Cuentan que, en mayo de 1924 y desde París, Forestier envió su propuesta, que no se realizó por una cuestión presupuestaria. De todas maneras, tomando como base aquello, en agosto de 1929 se autoriza la construcción del “Patio Glorieta Andaluza”. Unos estudios afirman que el proyecto definitivo estuvo a cargo de Carlos León Thays, hijo del paisajista que tanto aportó a Buenos Aires.

La inauguración oficial ocurrió el 12 de octubre de 1929. Finalmente se lo ubicó junto al Rosedal y al Jardín de los Poetas. Para instalarlo se demolió el Pabellón de los Lagos, una confitería y restaurante de lujo que funcionó allí durante años. Y aunque en ese terreno se pensaba realizar el “Jardín de los Claveles” (unos canteros similares a los del Rosedal, pero con esas flores) se optó por el Patio Andaluz, que quedó a metros de la avenida Iraola y del cruce de Sarmiento y Del Libertador. La construcción tiene una planta rectangular de unos 25 por 20 metros, que incluye otra de unos 15 por 10 metros. La segunda planta está en un desnivel al que se accede bajando cuatro pequeñas escaleras. El lugar muestra bancos y bajas paredes decoradas con episodios que aluden a la historia de Don Quijote, el mítico personaje de Cervantes. En el centro se ubica la fuente con la inscripción. Y al sitio lo cubre una pérgola apoyada en columnas de hierro fundido y pilares realizados con ladrillos rojizos.

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El Patio Andaluz fue una donación del Ayuntamiento de Sevilla. Los materiales llegaron a Buenos Aires en barco y el traslado lo hizo la fábrica José Laffite, tradicional empresa de artesanos del barrio de Triana. Se cree que eran proveedores de la Casa Real y que el arte de sus cerámicas y baldosas de gran calidad era herencia de los antepasados musulmanes y cristianos de esa familia. Las columnas y las rejas metálicas son de la fábrica Hijos de Manuel Montes, también de Sevilla. Además, hubo aportes de otros lugares: la firma P. Virabian y la Compañía La Fourmi, de Marsella, Francia, proveyeron las baldosas de gres rojo que cubren el patio; y las del borde perimetral llegaron desde Italia. Los bancos revestidos en mayólica que están fuera del patio los donó la sociedad anónima Establecimientos Americanos Gratry.

Con 85 años en el Parque Tres de Febrero, el Patio Andaluz también es un símbolo del arte callejero de Buenos Aires, algo que abunda en esa zona de Palermo. Justamente, en la Plaza Holanda, un área del Parque, hay dos esculturas instaladas para embellecer el lugar. El municipio las compró en 1905, previo a la evocación del Primer Centenario de la Revolución de Mayo. Las esculturas hechas en bronce se titulan Tigresa portando un pavo real para sus cachorros y El león de Nubia y su presa. Son réplicas de la originales que el escultor francés Auguste Nicholas Cain (1821-1894) realizó en 1870 y 1873, respectivamente. Las originales están en el Jardín de las Tullerías y los Jardines de Luxemburgo, ambas en París. Las de Buenos Aires fueron fundidas por la firma Susse Fréres, que tiene una trayectoria de más de dos siglos haciendo arte. Pero esa es otra historia.

Fuente: clarin.com, 07/12/15.

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Buenos Aires. Plaza del Congreso.

 

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