Elecciones del 30/10/15

octubre 23, 2015 · Imprimir este artículo

Final incierto que puede traer sorpresas

Por Julio Blanck.

Faltan solamente 48 horas para la votación y los números de las encuestas no le llevan tranquilidad a nadie.

Cierran las campañas. Todo está jugado, puede parecer que ahora es sólo cuestión de esperar. Pero el músculo electoral no tiene descanso. Los candidatos desesperan y sus equipos transmiten esa desesperación. Faltan 48 horas para la votación y los números de las encuestas no llevan tranquilidad a nadie. No le garantizan a Daniel Scioli un triunfo consagratorio para alcanzar sin demora la Presidencia. No le aseguran a Mauricio Macri el pasaporte a la segunda vuelta, aunque esa posibilidad pareció crecer en las últimas horas. Y no ponen a cubierto a Sergio Massa de la sangría final del voto útil en favor del candidato opositor mejor ubicado.

argentina-elecciones-urnaLas operaciones más descabelladas cruzan el aire en los comandos de campaña. Se planean y proponen carambolas a tres bandas para perjudicar a tal o cual candidato –nacional, provincial o municipal– en la suposición que eso podría llevar agua al molino de sus rivales. Que son, por supuesto, quienes deben correr con los gastos del relampagueante emprendimiento. La ansiedad por el poder que parece escurrirse de las manos habilita casi cualquier delirio. Se ofrecen campañas sucias, truchaje de boletas, denuncias inverosímiles, apriete de fiscales, ausencias masivas de autoridades de mesa. Sobran vivillos y vividores. Pero al final hay más fantasía que concreción de semejantes aventuras.

Uno de los encuestadores más escuchado por Scioli le anunció ayer que por primera vez había roto la barrera del 40%. Nada para volverse loco: no llegaba al 40,5%. Al mismo tiempo le confirmaba que, como a otros sondeadores de la opinión pública, sus verificaciones diarias le estaban dando una ligera trepada de Macri en los últimos cinco días. El encuestador tranquilizó al candidato oficialista: le aseguró que Macri aún no alcanzaba el 30%, aunque le avisó que estaba en camino de lograrlo.

No le sobra nada a nadie y, más bien, a todos les está faltando un poco. “Los números hoy no te dan la respuesta, porque las diferencias son mínimas y todo el tiempo los decimales se están moviendo”, asegura el director de una consultora de fama bien ganada. Es una firma que encuesta para el oficialismo y también para la oposición. Los profesionales deben ser capaces de poner la pasión a un costado.

Hay un dato incuestionable para casi todos los consultores: Scioli podría ganar la elección del domingo por alrededor de dos millones de votos de ventaja sobre Macri, una diferencia similar a la que ya había hecho en las PASO si se considera lo que sumaron el Frente para la Victoria y Cambiemos como espacios políticos.

Pero ganar la elección y ganar la Presidencia pueden ser cosas distintas, gracias al engendro que inventaron en la reforma constitucional de 1994 para asegurar la reelección de Carlos Menem. Para ser presidente en la Argentina puede hacer falta pasar el 40% de votos, llegar al 45% o superar el 50%. Esta ambigüedad, potenciada por una campaña que fue como el agua, incolora, inodora e insípida, llevó a este curioso momento de incertidumbre y confusión, en el que los papeles se mezclan.

Consultores razonablemente independientes dijeron que Scioli “los 40 puntos los tiene seguro”. Pero otros impúdicamente oficialistas admitían que el candidato, aún con su robusta ventaja sobre Macri, “no puede romper el techo de los 40 puntos porque Massa no se cayó y no hubo polarización”.

Macri, el que menos había crecido después de las PASO, pareció dar signos de vitalidad en las últimas dos semanas. Su equipo decía que la mejora en imagen iba a trasladarse a la intención de voto. Algo de eso estaría pasando. Los encuestadores de Macri son los más optimistas del mercado: sostienen que Scioli no consigue pasar del 40% y que su jefe ya superó el 30%. Hay que creerles tanto como a los encuestadores de Scioli: poco.

La provincia de Buenos Aires está concentrando a esta hora la porción mayor de todas las incógnitas. Tiene lógica: allí votan 4 de cada 10 argentinos y todo lo que sucede tiene una dimensión colosal. Pero a la vez rompe una lógica: esa incógnita da cuenta de que el voto peronista oficial no logra doblegar claramente a la oposición, y eso le pone luz de alarma a todo el conteo nacional.

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Al empezar la semana Macri decía, ante gente de confianza, que Scioli le estaba llevando de 12 a 14 puntos de ventaja en Provincia –2 ó 3 más que en las PASO–, pero que María Eugenia Vidal estaba más de 8 puntos arriba de Aníbal Fernández en intención de voto a gobernador. En las PASO la suma de Aníbal (21%) y Julián Dominguez (19%) sacó 9 puntos de ventaja sobre Vidal (31%).

“Algo tiene que pasar con esa diferencia”, opinaba Macri, alentando la idea de que, ya no en la encuesta sino en el cuarto oscuro, esa preferencia por María Eugenia sobre Aníbal lo iba a terminar empujando a él mismo 2 ó 3 puntos arriba, más allá de quién terminara ganando la gobernación.

Un hombre de la mesa política de Scioli admitió ayer por la tarde que si se considera la intención de voto del Frente para la Victoria, Aníbal está más de 3 puntos arriba de María Eugenia. Pero que de candidato a candidato, es Vidal la que conserva una ventaja igual o superior a su favor.
También en Provincia el final es incierto, aunque funcionarios del Gobierno y encuestadores oficiales aseguran que “Aníbal está consolidado”. Lo ven recuperando casi todo el voto que en la interna fue de Julián Domínguez. Pero si se mira con más detalle, Aníbal, como Scioli, por ahora tienen el voto que les transfiere Cristina, y poco y nada por fuera de eso.

Sorprendería más que Vidal ganase la Provincia que el hecho de que Macri logre forzar un balotaje con Scioli. Pero si esta hipótesis de cumplimiento tan improbable se concreta, la ruptura de la lógica política y electoral, basada en el dominio peronista en la Provincia, le daría un impulso formidable al sueño presidencial de Macri y su propuesta de cambio.

Sin hacer aspaviento, el trabajo territorial de Cambiemos se concentra en las intendencias de la Provincia. En alianza con los radicales, la conducción del macrismo espera ganar un tercio de los 135 municipios bonaerenses, triplicando los que actualmente gobierna la oposición.
Aseguran estar muy cerca del triunfo en las grandes ciudades: La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. Y en un puñado de intendencias emblemáticas del Gran Buenos Aires, como Lanús, Morón, Tres de Febrero, Luján y Pilar; además de San Isidro y Vicente López donde ya gobiernan. Y también juegan fichas ganadoras en comunas importantes del interior provincial como Junín, San Pedro, Balcarce, Tandil y Olavarría, entre otras.

Macri también confía en dar un salto adelante en Córdoba, donde está creciendo después de las PASO, al igual que Scioli. El comando macrista espera acrecentar la ventaja cordobesa en las primarias, donde le sacaron 20 puntos de diferencia a Scioli. Allí ganó Massa con el 38,8% gracias al voto de José Manuel De la Sota. Pero De la Sota ahora no es candidato.

En Mendoza, con el arrastre del radical Julio Cobos que va como senador, Macri espera también ampliar la brecha sobre Scioli, que fue de apenas 3 puntos en las PASO. Y en las provincias del Noroeste y Noreste confía en que la paliza sciolista de casi un millón de votos en las primarias se achique un poco esta vez.

Mientras la angustia y el malhumor de los candidatos florecen en el final de la carrera, Cristina, la enorme protagonista de la política en los últimos ocho años, camina hacia su retirada.
Seguramente planea los fastos de la despedida. Y en la última semana salió, por primera vez, a apoyar explícitamente a Scioli. Lo presenta como el “continuador de esta gran obra” que ella y Néstor iniciaron. Scioli acepta esa linsonja cargada de compromiso: si gana en primera vuelta será sobre todo con los votos de ella.

Pero la Presidenta parece más preocupada por la suerte que correrán en Santa Cruz su hijo Máximo y su cuñada Alicia Kirchner como candidatos a diputado y gobernadora. Sabe que demasiada gente, incluso en el peronismo, está esperando verlos rodar a todos juntos.
Scioli va a ser el más votado el domingo. Pero si hay segunda vuelta Macri tratará de instalar la idea de que el ganador político de la primera votación fue él. Puede ser sólo una presunción apresurada. O la primera batalla de la campaña que viene, si la definición presidencial se posterga.

Falta poco. No hay que desesperar.

Fuente: Clarín, 23/10/15.

 

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