Estados Unidos: Eje del sistema global

octubre 19, 2014 · Imprimir este artículo

El sistema global, con eje en EE.UU.

Por Jorge Castro.

usa-bandera-02La crisis financiera internacional de 2008 (caída de Lehman Brothers) fue una crisis global, y como tal desató la primera recesión de la economía mundial desde la década del 30 y trasladó el eje del proceso de acumulación de los países avanzados a los emergentes: de Estados Unidos/Europa/Japón a China/Asia. Seis años después, ha emergido un nuevo sistema global cuyos principales protagonistas son también Estados Unidos y China.

La crisis de 2008 surgió del siguiente contexto: el superávit comercial chino ascendió a 44.000 millones de dólares en 2002 y llegó a US$250.000 millones en 2007. En 2002, representaba 2,4% del producto y cinco años después llegó a 11% (330.000 millones de dólares), que era 14% si se le adicionaba la inversión extranjera.

China se transformó así en la principal exportadora mundial de capitales y devino en responsable del financiamiento en el capitalismo avanzado, ante todo Estados Unidos.

En ese período (2002-2007), el déficit de cuenta corriente norteamericano alcanzó a -6,5% del producto (era -1% en 1990 y -4% en 2000); y la República Popular cubrió 70% de esa brecha financiera, que trepó a US$800.000 millones en 2007.

EE.UU. atrapó en esta etapa más de 75% del flujo global de capitales (aproximadamente US$2 billones por año). Esta inmensa masa de capitales fue atraída por la superior productividad estadounidense (el producto por hora trabajada creció 4% anual en los 5 años previos a la crisis), resultado de su conversión en una economía de la información.

De ahí que los activos norteamericanos comprados por extranjeros se multiplicaron por 5 a partir de 2000 (US$833.000 millones por año).

Este fenómeno de financiamiento global de EE.UU., ante todo proveniente de China, fue eufemísticamente denominado “macrodesequilibrios globales”, y se convirtió en la causa eficiente e inmediata de la crisis financiera de 2008, que modificó la historia del mundo.

En EE.UU. se desató en los últimos seis años una nueva revolución industrial, que obliga al resto del mundo –en primer lugar a China– a aceptar forzosamente los nuevos estándares de productividad.

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Lo que ocurrió en EE.UU. se puede resumir en estos términos: la tasa de ganancia de las firmas estadounidenses aumentó 23% entre 2003 y 2007, y su capital líquido ( cash flow ) alcanzó a US$2,1 billones, más US$1,7 billones en el exterior, consecuencia de un arduo proceso de reestructuración que incluyó el recorte de 30% de la fuerza de trabajo.

La nueva revolución industrial que se ha desencadenado intensifica esta tendencia al impulsar un cambio sistémico, de tipo disruptivo y alcance global, que abre una nueva etapa en la historia del capitalismo.

En el sistema capitalista, el último y decisivo instrumento de primacía es el nivel de incremento de la productividad de sus protagonistas.

Por eso alumbra en el horizonte un nuevo eje de la acumulación global con epicentro en EE.UU. (y también en Alemania y Reino Unido), que inaugura una nueva división internacional del trabajo, con su distinción raigal entre núcleo central y periferia.

Todos los países del mundo, comenzando por los emergentes, deben reestructurarse ineludiblemente de acuerdo a las condiciones establecidas por el nuevo sistema de acumulación, históricamente más avanzado.

De ahí el nuevo ciclo de reformas lanzado por la República Popular (3° Plenario, 18 avo. CC, PCCh, noviembre 2013), con el objetivo de desatar los bolsones clausurados de productividad.

En primer lugar en el sistema financiero, que incluye la conversión de Shanghai en una zona de libre comercio, la aceleración de la libre convertibilidad del renminbi (RMB) y la plena integración del sistema productivo con el capitalismo más avanzado (principalmente a través del Acuerdo de Inversiones con Estados Unidos).

En el capitalismo, y en general en la modernidad, el futuro se vuelca al presente, y al hacerlo lo transforma. El presente ya se ha reconvertido en EE.UU. y ahora arrastra, por necesidad, al resto del mundo.

Fuente: Clarín, 19/10/14.

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