Estados Unidos: La revolución de lo intangible

agosto 11, 2013 · Imprimir este artículo

La innovación arrastra a EE.UU. fuera de la crisis
Por Jorge Castro

La recuperación de la economía norteamericana supera las previsiones más optimistas, y tras dejar atrás la crisis desatada en septiembre de 2008 (caída de Lehman Brothers) y sus consecuencias -nueve meses de recesión y tres años posteriores de bajo crecimiento económico-, ha comenzado a crecer acercándose a su promedio histórico de expansión potencial de largo plazo (3% por año).

La industria manufacturera, que encabeza este restablecimiento de la economía estadounidense, creció en julio a la tasa más elevada de los últimos dos años, con un índice del sector (ISM) que trepó a 55,4, el mayor desde junio de 2011, tras superar en 5 puntos (50,9) el nivel del mes anterior, y orientarse a alcanzar en la segunda parte del año el récord histórico de la actividad.

Lo actual se acercaría a lo posible en el tercer trimestre de este año, con una expansión que alcanzaría a 2,5% anual, después de haber logrado, en los 3 meses previos, un nivel de 1,7% en el año.

No solo la manufactura ha adquirido niveles récord. Las exportaciones (bienes de equipo y de capital en sus 3/4 partes) aumentaron 2,2% en junio con respecto a mayo (22% anual) y alcanzaron un pico histórico de US$ 191.200 millones.

La expansión industrial se sustenta en un factor disruptivo de extraordinaria intensidad, y es que la revolución del shale gas ha adquirido un carácter explosivo.

La agencia de energía estadounidense (USEIA)  ha duplicado el stock de reservas de gas del campo de Marcellus (Pennsylvania, Dakota del Norte),  el mayor reservorio de shale (gas/petróleo) de EE.UU., al tiempo que comunicó que su producción aumentó 45% este año. Por eso, el precio del gas cayó 30% en lo que va del año y las tasas de retorno de las firmas que explotan Marcellus superaron 120%. Lo que sucede en EE.UU. anuncia uno de los grandes cambios estructurales de su historia, superior en intensidad a los 30 años posteriores a la Guerra Civil (1861-1865), o a la formidable explosión de productividad de la Segunda Guerra Mundial.

El gobierno norteamericano informó que ha incluido al gasto en investigación y desarrollo (I&D) como parte integrante de la tasa de inversión, y ha descartado su condición de costo de la producción. El resultado es que el PBI ha aumentado 3%, proveniente de una inversión en I&D (capital intangible) de US$ 550.000 millones en 2012 (2/3 obra del sector privado y 1/3 del Estado).

Más de la mitad de la tasa de inversión en EE.UU. se realiza en capital intangible (innovación tecnológica, científica y organizativa); y en la etapa de crisis, en que la inversión en capital fijo (tangible) cayó 30%, el gasto en I&D aumentó más de 40%.

De ahí que ese período haya sido al mismo tiempo una etapa de extraordinario auge de la productividad de todos los factores (PTF), que revela una de las más gigantescas olas de innovación de la historia de EE.UU.

Así, la productividad, tras crecer 3,57% anual entre 1997 y 2003, y caer luego a 1,62% de 2004 a 2009, aumentó — PTF mediante — a 3,8% anual en el período 2009-2012, con un pico de 6,1% en el primer trimestre de 2010.

El predominio de la inversión en capital intangible revela que el capitalismo se ha transformado en un proceso de acumulación que se confunde con el conocimiento; y donde el actor relevante ya no es la fuerza de trabajo, ni siquiera el capital, sino la “inteligencia colectiva” (stock de conocimiento acumulado, intensificado por la multiplicación incesante de los protagonistas).

El capitalismo avanzado se torna cada vez más un sistema “liviano”, en el que “todo lo que es sólido se desvanece en el aire”, que se aleja de la inversión en toneladas, metros cúbicos y maquinarias pesadas (capital tangible) y se vuelca al dominio de lo cualitativo, de lo nuevo y de lo sorprendente, que se reencuentra con la magia (capital intangible). El dominio del capitalismo no es más el de las pesas y las medidas.

Fuente: Clarín, 11/08/13.

Jorge Castro

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