Grecia sigue amenazando el euro

mayo 10, 2012 · Imprimir este artículo

Después de dos años, Grecia sigue amenazando el euro

Por Marcus Walker

 

ATENAS—Dos años después de que Europa rescatara a Grecia para proteger al euro, la operación se ha convertido en una debacle que amenaza con aniquilar la moneda común.

Después de que las elecciones del 6 de mayo en Grecia dejaran a los partidos a favor del rescate en una posición demasiado débil para formar gobierno, es probable que se celebren nuevos comicios en junio, pero no hay garantía de que surja un gobierno estable. Para el mes que viene, Atenas debe identificar nuevos recortes presupuestarios del orden de los 11.500 millones de euros, unos US$15.000 millones, o arriesga la suspensión de los préstamos internacionales que necesita para pagar las pensiones y administrar las escuelas. Si no consigue el dinero, no tendrá más remedio que imprimirlo.

La crisis griega representa la culminación de un experimento radical de austeridad y reforma económica que han dejado al país al borde del colapso social y político. La historia del fallido rescate sugiere que imponer políticas de austeridad severa sobre los países de la zona euro no salvará la moneda y puede agravar la crisis.

El ejemplo griego ilustra la contradicción entre la disciplina exigida por Alemania, a cambio de ayudar a otros miembros de la zona euro, y el sufrimiento económico que otras sociedades pueden soportar. Grecia demuestra que lo que es necesario para justificar un rescate ante el escéptico electorado alemán puede constituir una calamidad política en la endeudada periferia de Europa.

«El programa es un suicidio, no sólo para Grecia sino también para el euro», dice Louba Katseli, ex ministra de Finanzas de Grecia. «En España, Portugal, Italia, en todas partes se está cometiendo el mismo error», afirma en alusión a la insistencia de la Unión Europa en recortar el gasto en medio de una recesión.

Alemania reiteró el miércoles que Grecia debe cumplir sus promesas de austeridad. Los gobiernos de la zona euro decidieron aplazar parte del próximo tramo del rescate como una advertencia a los políticos griegos.

El rescate de Grecia orquestado por la UE y el Fondo Monetario Internacional fue el mayor paquete de ayuda financiera otorgado a un país de la historia, con un total de 245.000 millones de euros en préstamos pagados o prometidos. También ha involucrado la mayor cesación de pagos de la historia, eliminando de un plumazo 100.000 millones de euros de deuda soberana griega.

No obstante, la reestructuración de la deuda griega dejó dos grandes desafíos pendientes: controlar una deuda creciente que ya es 1,5 veces el tamaño de la economía y forzar una rebaja de los salarios y los precios para impulsar la competitividad del país.

Para mantener a Grecia a flote, la UE y el FMI duplicaron su apuesta en marzo, expandiendo el paquete de asistencia pese a la creciente parálisis política del país.

Según varias fuentes cercanas, la responsabilidad del desastre recae sobre una clase política que no pudo o no quiso reformar el país, un programa irrealista que asumía un rápido repunte económico pese a la austeridad draconiana y el peso de la deuda, y la desconfianza entre Grecia y sus acreedores.

«Era casi una misión imposible», asegura George Papandreou, ex primer ministro de Grecia que negoció el rescate original y luego abandonó el cargo el año pasado tras una revuelta en su partido.

Papandreou relata que cuando le pidió a Angela Merkel condiciones más llevaderas en 2010, la canciller alemana respondió que el programa de ayuda tenía que ser doloroso. «Necesitamos asegurarnos de que nadie más quiera esto», contestó Merkel. La economía griega se ha contraído 14% en los últimos tres años y el FMI pronostica, en privado, un retroceso de 6,5% este año.

Europa teme que una salida de Grecia del euro podría desatar una fuga de capitales de Portugal, España y otras economías alicaídas del bloque. Algunas autoridades europeas argumentan, en privado, que el euro podría soportar la salida de Grecia porque los mercados entienden que su crisis es especialmente severa.

A otros les preocupa que al provocar corridas contra los bancos y los mercados de bonos soberanos, la salida de Grecia podría hacer peligrar el euro. Eso colocaría a Alemania y el norte de Europa ante un dilema: ver cómo colapsa la pieza central de décadas de integración política en Europa o apresurarse a formar una unión fiscal más profunda, incluyendo una emisión de bonos comunes, para salvar al euro.

Cuando el FMI y los países de Europa le ofrecieron a Grecia en mayo de 2010 un paquete de rescate de 110.000 millones, pensaron que habían actuado en forma decidida para evitar una calamidad.

El acuerdo exigía que Grecia pusiera en orden sus finanzas públicas y modernizara un sobrecargado sistema burocrático y un enjambre de leyes que habían hecho que su economía fuera poco competitiva.

Si bien todos concordaban en que Grecia necesitaba controlar el gasto fiscal, el FMI esgrimió que los cambios estructurales deberían tener prioridad y los recortes de gasto serían paulatinos, con el fin de proteger la economía.

Pero Alemania se opuso. Las reformas estructurales tendrían que hacerse al mismo tiempo que la implementación de un drástico plan de austeridad para reducir el déficit fiscal de 15,8% del Producto Interno Bruto en 2009 a menos de 3% para 2014. El cronograma fue poco realista. Los recortes de gastos y alzas de impuestos arrastraron a la economía a una recesión tan severa que el déficit se estancó en alrededor de 10% del PIB.

Normalmente, cuando el FMI impone medidas de austeridad, obliga al país a devaluar su moneda, con el objetivo de abaratar sus exportaciones y, de este modo, compensar la caída de la demanda interna. Pero Grecia no tiene una moneda propia que devaluar. Su espiral descendente se parece más al que sufrió Argentina hace una década, cuando intento mantener un tipo de cambio fijo frente al dólar a pesar de que la austeridad del FMI acentuaba la recesión, lo que desembocó en una crisis social y política.

Pese a sus dudas sobre el plan, Grecia empezó con paso firme a imponer medidas. Las encuestas mostraban un sólido apoyo público a los esfuerzos por reducir la burocracia, la corrupción y la evasión de impuestos, y eliminar los privilegios de algunos grupos de interés. Abogados, taxistas, empleados ferroviarios y otros grupos contaban con protecciones contra la competencia o ventajas fiscales, causando la creación de carteles y mucho despilfarro.

El ministro de Finanzas George Papaconstantinou, atacó el déficit público. Sus medidas redujeron la deuda a 10,6% del PIB en 2010. Pero la disciplina pronto se volvió víctima de la política.

En el segundo trimestre de 2011, las políticas de austeridad y el colapso de la confianza de las empresas los consumidores precipitaron a la economía a una caída libre. Las manifestaciones sacudieron el centro de Atenas. En junio, Papandreou reemplazó a su ministro de Finanzas con su mayor rival, Evangelos Venizelos. Descrito como uno de los oradores más elocuentes de Grecia, Venizelos aceptó el puesto reacio, temeroso de echar por tierra sus ambiciones políticas, según fuentes cercanas.

Muchos griegos esperaban que fuera un duro negociador con Europa y el FMI. Venizelos intentó en un par de ocasiones conseguir un relajamiento de las condiciones del rescate. Pero la UE y el FMI lo presionaron para despedir a más funcionarios y cerrar empresas estatales poco rentables. El ministro se negó. Al ministerio de Finanzas le quedaba menos de 1.000 millones de euros en sus arcas. La cuenta mensual para pagar salarios públicos y pensiones cuadruplicaba esa cifra. Grecia evitó la bancarrota simplemente al no pagar a sus proveedores.

Venizelos tuvo que volver a recurrir a los ministros de Finanzas europeos, que se reunieron en Cracovia, Polonia, a mediados de septiembre. Venizelos se mostró más cooperativo, pero el programa griego iba mal encaminado. En octubre, el FMI, ahora bajo el liderazgo de Christine Lagarde, obligó a Europa a reconocer la realidad: las cifras no cuadraban.

Eso forzó a los líderes europeos a concederle a Grecia un nuevo paquete de asistencia. Una cumbre de la UE el 26 de octubre llevó a que los acreedores asumieran una pérdida de 53,4% en sus bonos soberanos griegos y más préstamos. Pero esta vez, la mayoría de la deuda griega estaba en manos de autoridades de la zona euro y el FMI en vez de inversionistas privados. La deuda de Grecia cayó de 356.000 millones en 2011 a una proyección de 327.000 millones para este año.

Merkel y otros líderes europeos pensaron que el arreglo zanjaba la crisis griega de una vez por todas. El gobierno de Atenas, sin embargo, se estaba cayendo a pedazos.

Los partidos tradicionales, el socialista Pasok y el conservador Nueva Democracia, fueron duramente castigados en las elecciones del domingo. Los electores los culpan de haber sumergido a Grecia en la crisis de la deuda y, posteriormente, de haberla destruido en su intento por sacarla del atolladero. de la crisis de la deuda.
Fuente: The Wall Street Journal, 09/05/12.

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