La absurda pesificación

junio 11, 2012 · Imprimir este artículo

Pesificados

Por Enrique Szewach

 

Un señor se acerca al rabino del pueblo con “la solución para el problema de la pobreza”: “Que los hijos de los ricos se casen con las hijas de los pobres y que las hijos de los pobres se casen con las hijas de los ricos”. ¡Excelente idea!- responde el Rabino- “Yo me encargo de convencer a los pobres, usted vaya, y convenza a los ricos”.

No sé por qué, el tema de la pesificación de las operaciones de compra venta de bienes muebles e inmuebles, que intentan imponer algunos legisladores, me recordó esa vieja historia.

Aquéllos que quieren comprar un bien, no tienen problema en pagarlo en pesos, una vez acordado precio y condiciones. El problema es de aquéllos que venden y sólo desean recibir dólares, dada la dificultad que existe hoy para cambiar pesos por dólares, sin infringir, supuestamente, la ley, además de la volatilidad en torno a la cotización del dólar no oficial.

En otras palabras, las operaciones de compra venta de inmuebles y otros bienes están dolarizadas, porque quién vende quiere recibir dólares, y no porque el que compra quiere pagar con dólares. Pero como el que vende no tiene acceso libremente a esos dólares, si recibe pesos, vende en dólares, o no vende. De manera que las operaciones de compra venta de inmuebles han caído drásticamente, porque no existe un mercado libre de compra venta de dólares. Cualquier ley de pesificación, no modifica este escenario, al contrario, al obligar a cancelar en pesos, cierra la única posibilidad que aún existe para realizar este tipo de operaciones: que un tenedor de dólares, en un Banco, en una caja de seguridad, o en su casa, pueda pagar con esos dólares a  quien desea vender. (Y aquí no existe la “excusa” de combatir dinero ilegal, dado que se trata de bienes registrables, en dónde intervienen profesionales obligados a denunciar cualquier anomalía).

En cuanto a los contratos de alquiler o de otro tipo, están estipulados en dólares, porque, prohibida la indexación, y siendo de relativo largo plazo, es una manera que tienen los firmantes de “simular” una indexación, aunque el precio del dólar no haya evolucionado al ritmo de la inflación interna.

De manera que, pesificar esos contratos, en la práctica, implica obligar a las partes a “adivinar” la evolución futura de la inflación o de la cotización del dólar, y siempre y cuando se esté dispuesto a recibir pesos. Entonces, lejos de pesificar ciertas  transacciones, se trata casi de impedirlas.

La economía argentina ya está bastante trabada por las restricciones a exportar e importar, y por los controles sobre el mercado de cambios, como para frenarla aún más, con intentos de convencer a los ahorristas de que ahorren en pesos perdiendo valor (por la tasa negativa) o que demanden pesos con una inflación superior al 20% anual. O que reciban pesos y no dólares.

Y una economía trabada implica menor nivel de actividad, menor recaudación, mayor déficit fiscal, menor empleo, etc. etc.

Ninguna de las restricciones que hoy rigen en torno a la economía argentina soluciona el problema de fondo, el desaliento a la producción local de energía, lo que obliga a importar más.

La pérdida de competitividad de las exportaciones, o el aislamiento del mercado de capitales global.

Los controles, y asustar a la gente con la pesificación forzada,  no aumentan la oferta de dólares (por el contrario, incitan a la caída de los depósitos en moneda extranjera en el sistema financiero local) y reducen aún más el nivel de actividad, porque una parte del consumo y la inversión se hacía “desahorrando” dólares y ahora no se desahorra por miedo a no poder recomponer ese ahorro en dólares en el futuro, o por miedo a que esa recomposición cueste mucho más caro.

Es  por eso, que el escenario de desaceleración que se preveía hace unos meses, se está transformando, sin prisa pero sin pausa, en un escenario moderadamente recesivo.

En síntesis, contrariamente a lo que piensan sus entusiastas, la pesificación “por las malas” es recesiva.

Los gruesos errores de política económica de los últimos años, exacerbados en los últimos meses, sumados a un escenario internacional menos favorable, se están haciendo notar.

Todavía se está a tiempo de revertir la tendencia, sin medidas “heroicas”.

Pero la solución pasa muy lejos de imponer un peso inflacionario, o de fusionar todos los ministerios en el Ministerio del Interior.
Fuente: Perfil, 10/06/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

Lectura recomendada:  Argentina en cuenta regresiva

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