BERLÍN — La zona euro aún lucha para salir de un bajón económico que ya lleva seis años, como lo confirma el débil crecimiento que la región registró en el tercer trimestre.

Las expectativas se han vuelto tan sombrías últimamente que los analistas recibieron la tasa de crecimiento anualizada de sólo 0,6% como una sorpresa positiva. Alemania apenas creció, Francia se expandió en gran parte porque las empresas acumularon inventarios e Italia volvió a caer en recesión.

El Producto Interno Bruto del bloque sigue más de 2% por debajo de su nivel previo a la crisis financiera global de 2008, en momentos en que el crecimiento en otras economías avanzadas como Estados Unidos y el Reino Unido finalmente se fortalece.

Lo único rescatable fue Grecia, que desató la crisis de deuda de Europa y ha sufrido la peor depresión de la región. El gobierno informó el viernes que la economía se expandió en los últimos dos trimestres, por primera vez desde mediados de 2008. No obstante, el tamaño de la economía griega sigue siendo aproximadamente 25% más pequeña que hace seis años.

union-europea-logo-01La economía de la zona euro, de US$12 billones —sólo superada en tamaño por la de EE.UU.—, se ve afectada por un crecimiento y una inflación demasiado bajos como para corregir sus desequilibrios, reducir los altos niveles de deuda de los sectores público y privado, o bajar sustancialmente su crónico desempleo.

La incapacidad de la zona euro de recuperar sus niveles de producción, inversión y empleo previos a la crisis, así como la caída de la inflación anual a apenas 0,4%, indican una crónica falta de demanda en la economía europea.

La débil demanda de los consumidores es el problema más urgente que enfrentan las compañías del bloque monetario, según una encuesta del Banco Central Europeo publicada la semana pasada. La consideran más preocupante que otras trabas como los costos laborales, la burocracia y el acceso al crédito.

“Estamos estancados, y no creo que la demanda de productos vaya a aumentar tanto hasta que suban los sueldos”, dice Ricardo Palazuelo, un vendedor español del fabricante de relojes Festina. La compañía tiene sólo la mitad de los vendedores que solía tener en España, agrega.

Muchos líderes empresariales advierten que las débiles previsiones de ventas los desalientan de invertir en la región, lo que socava las esperanzas de los líderes de la Unión Europea de que la actividad privada impulse la recuperación mientras los gobiernos mantienen su austeridad fiscal.

En consecuencia, más compañías europeas están enfocando gran parte de sus inversiones en EE.UU. o en las economías emergentes, donde hay mayores probabilidades de un aumento de las ventas. El conflicto entre Ucrania y Rusia también ha mermado la confianza del sector empresarial en partes del continente europeo.

“El panorama es muy irregular en Europa”, dice el presidente ejecutivo del gigante suizo de ingeniería ABB Ltd. , Ulrich Spiesshofer. El grupo, con sede en Zúrich, está redoblando sus esfuerzos para expandirse en continentes donde las previsiones son más positivas.

En Alemania, muchas empresas, desde el fabricante de productos de consumo Henkel AG  hasta el grupo de construcción Hochtief AG, están registrando una caída en sus ganancias de sus actividades europeas y están destinando más inversiones a los mercados internacionales. “En Europa, proyectamos una economía en dificultades” en los próximos trimestres, con un consumo débil, dijo el jueves a analistas Kasper Rorsted, presidente ejecutivo de Henkel.

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En Francia, que es presionada por Alemania y autoridades de la Unión Europea para que reforme sus regulaciones económicas, 47% de los ejecutivos del sector industrial dijo en una encuesta realizada en octubre por la oficina nacional de estadísticas, INSEE, que la falta de demanda era su principal problema, frente a 40% en julio. Sólo 16% señaló que los problemas del lado de la oferta eran los más importantes, mientras que 11% indicó que los perjudicaban factores tanto de la oferta como de la demanda.

Muchas autoridades de la zona euro, encabezadas por el gobierno alemán, han argumentado que sólo se podrá lograr un mayor crecimiento mediante reformas del lado de la oferta, en particular cambios que faciliten el despido de trabajadores y debiliten el poder de negociación de los sindicatos en las disputas salariales. Berlín y las autoridades de la Unión Europea esperan que Francia e Italia realicen esos cambios, emulando las reformas de España y otros países.

Los economistas dicen que esas reformas de mercado pueden mejorar el desempeño a largo plazo al facilitar el traslado de mano de obra y capital de industrias más viejas a nuevas.

De todos modos, si bien Europa ha lidiado desde hace décadas con normas laborales inflexibles, afirman muchos economistas, la región ahora enfrenta otro problema: una gran cantidad de capital y mano de obra subutilizados debido a la debilidad de la demanda.

“Está claro que son necesarias políticas tanto por el lado de la demanda como de la oferta”, dijo el presidente del BCE, Mario Draghi, en una conferencia de economía en Roma el martes. Sostuvo que el banco central por sí solo no puede impulsar la inversión pública y privada, que continúan muy por debajo de los niveles de 2007.

El BCE está tratando de elevar la inflación a un nivel más cercano a su meta de casi 2% comprando grandes cantidades de activos y podría incluir bonos soberanos si otras medidas no dieran resultados. No obstante, también ha intensificado su campaña para persuadir a los gobiernos financieramente más sólidos de la zona euro, entre ellos Alemania, a que gasten más, argumentando que el estímulo monetario no surtirá efecto si las políticas fiscales son demasiado ajustadas para el actual débil estado de la economía.

“Aunque la política monetaria puede y debería ser usada por completo, es claro que no puede soportar toda la carga de estimular el crecimiento en la región en el contexto de condiciones de demanda agregada débiles”, dijo el viernes en Washington Benoît Coeuré, miembro del comité ejecutivo del BCE.

En un desafío a la receta de Alemania, Coeuré aseguró que una mayor “devaluación interna” —bajar los sueldos y precios en los países del sur de Europa para hacer que sus exportaciones sean más competitivas— “no puede ser la respuesta”, porque no sería de mucha ayuda para impulsar la producción general en el continente con una demanda adecuada.

Funcionarios alemanes y economistas rechazan el creciente consenso que se forma en el resto de la zona euro de que la región se ve afectada por una demanda deficiente además de sus viejos problemas del lado de la oferta.

—David Román, William Horobin, Inti Landauro y Neetha Mahadevan contribuyeron a este artículo.

Fuente: The Wall Street Journal, 17/11/14.

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