Le Economía de Kristina

diciembre 2, 2013 · Imprimir este artículo

Trinidad
Por Enrique Szewach

Desde su inicio, y siguiendo una larga tradición de la política argentina de querer agrandar las bonanzas, sin mirar los costos de largo plazo, el kirchnerismo se planteó el objetivo de maximizar el crecimiento derivado del extraordinario escenario de precios internacionales de los commodities, evitando que esos precios se reflejaran en el mercado interno.

Dicho intento dio lugar a una maraña de subsidios, prohibiciones de exportar, retenciones e impuestos varios, distorsiones e intervenciones en los mercados, controles de precios, etc. etc., generando, en consecuencia, la destrucción de la oferta, en muchos productos, (dada la lógica resistencia de los productores a recibir “precios razonables” en lugar de “precios verdaderos”). Y una explosión de gasto público, por los subsidios a los consumidores y empresas industriales.

A su vez, esto obligó, primero, a un récord de presión impositiva para tratar de financiar dichos subsidios y pagar, además, incrementos de salarios, empleo público, jubilaciones, más el subsidio a la vejez, disfrazado de moratoria previsional.

Complementariamente, se instrumentaron después, las sucesivas “tomas por asalto” de los stocks de los ahorros privados en las AFJP y de las Reservas del Banco Central. A lo que hay que sumarle el uso de “stocks ocultos”, desde la degradación de suelos por la sojización, hasta el deterioro de la infraestructura de energía y del transporte (con asesinatos incluidos).

Por supuesto, la realidad terminó imponiéndose, mostrando que es insostenible lograr los beneficios de la mejora de los términos del intercambio, sin pagar sus costos.

Ahora, para “solucionar” las consecuencias de estas acciones, la política se ha planteado una trinidad de objetivos, que sólo pueden concretarse “de a pares”.

Me explico.

El gobierno pretende transcurrir sus últimos dos años, frenando la caída de reservas del Banco Central (para no tener una explosión macroeconómica, derivada del descontrol cambiario). Sosteniendo el nivel de actividad (para tener alguna chance de imponer un candidato K. en las elecciones presidenciales). Y sin hacer un ajuste violento del gasto público (para no afectar a sus clientes directos, ni presionar sobre la ya elevada tasa de inflación y los costos empresarios, reduciendo demasiado los subsidios).

Pero, como ya les explicara, estos tres objetivos son imposibles de conseguir, simultáneamente.

Van de a dos.

Si quiere mantener las reservas y el nivel de actividad, tiene que ajustar el gasto público que se financia emitiendo pesos. (De lo contrario, esos pesos “excedentes” presionan sobre la demanda de dólares).

Si quiere mantener el nivel de actividad y el gasto público, pierde reservas. (Por aumento de importaciones).

Y si quiere mantener reservas y el gasto público, se cae el nivel de actividad (por límites a las importaciones).

Por supuesto que una alternativa para salir de esta encerrona, sería poder aumentar dramáticamente las exportaciones.

Pero el único sector superavitario en materia de comercio exterior, mal que le pese a este entorno «industrialista», es el complejo agroindustrial y minero, con poca respuesta en el corto plazo, por restricciones externas, por costos internos, o dependientes adicionalmente, de factores exógenos, como el clima.

En el corto plazo, entonces, solo queda una forma de superar esta diabólica trinidad: endeudarse en dólares. Es decir, mantener el nivel de gasto público y el nivel de importaciones, y financiar la resultante caída de las reservas con deuda externa.

Y eso lo que se está tratando.

Por eso, el intento por mejorar las relaciones con el FMI y los Estados Unidos. Un eventual arreglo con los buitres. Algún avance con el Club de París y el anunciado pago de una indemnización a Repsol, por la confiscación de parte de sus acciones en YPF, de manera que, luego, YPF pueda ir al mercado a obtener dólares contra su concesión en Vaca Muerta. (Para lo cual hay que dar marcha atrás con la regulación que obliga a las empresas petroleras a vender sus dólares de exportación al Banco Central).

El economista Nicolás Gadano, me recordaba que la última dictadura militar, tratando de prolongar al vida útil de la tablita, terminó endeudando a YPF, allá por principios de los 80.

Como les dije la semana pasada, no me extrañaría ver a la Revolución haciendo el ajuste.

Por ahora, trata de hacer el endeudamiento.

Fuente: Perfil, 01/12/13.

Enrique Szewach

Enrique Szewach

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