Lecciones de economistas nacidos hace un siglo

abril 5, 2015 · Imprimir este artículo

Lecciones vigentes de economistas nacidos hace un siglo

Por Juan Carlos de Pablo.  

Hace exactamente 100 años nacieron economistas que dejaron huella en la profesión. Hugh Gardner Ackley, Walter Wolfgang Heller, Albert Otto Hirschman, William Arthur Lewis, Paul Anthony Samuelson y Anna Schwartz son algunos de ellos.

Para saber más sobre la vida y obra de Samuelson y Hirschman, entrevisté al norteamericano Robert Louis Heilbroner (1919-2005), quien en 1953 publicó Filósofos mundanos, según Mark Skousen la más popular historia del análisis económico escrita hasta ahora.

En 1992, Heilbroner confesó: «El éxito de la obra sorprendió a todos, al editor y particularmente a su autor». Fue traducida a 15 idiomas.

-¿Qué otras cosas tienen en común Samuelson y Hirschman?

-Los dos fueron grandes economistas, los dos eran judíos, los dos perdieron a su papá siendo jóvenes y de ambos hay mucho que aprender.

-Pero sus vidas también registran diferencias importantes.

-La de Samuelson fue lineal. Nació en Gary, Indiana, Estados Unidos, estudió en Chicago y en Harvard, y enseñó en el MIT, ¡porque el antisemitismo le impidió a Harvard retener a su graduado más brillante! Desde 1946 vivió en la misma casa.

-La de Hirschman, por el contrario, fue bien sinuosa.

-Así es. Nació en Berlín. En 1933 migró a Francia. Estudió un año en la Escuela de Economía de Londres y se doctoró en Trieste. Colaboró con Varian Fry, ayudando a quienes huían del nazismo a cruzar los Pirineos. Participó como soldado aliado en la Segunda Guerra Mundial y comenzó una vida «normal» recién a los 31 años. Trabajó en el FED y luego en Colombia. Empezó su vida académica en 1956 y enseñó en Yale, Columbia, Harvard, Stanford y Princeton.

-¿En qué medida sus vidas influyeron en sus obras?

-Difícil decir, pero ciertamente que sus aportes son bien diferentes y complementarios. Samuelson nos dejó su maravilloso libro de texto, su tesis doctoral [Fundamentos del análisis económico], siete gruesos tomos que recogen lo mejor de sus escritos técnicos. Escritos en un estilo juguetón, que recuerda la música de Wolfgang Amadeus Mozart. Hirschman nos dejó más de una docena de libros, entre los que más se destacaron se puede mencionar Estrategia del desarrollo económico, Inspección de proyectos de desarrollo y Salida, queja y lealtad.

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-¿Qué tenemos para aprender de uno y del otro?

-Como dije, sus aportes son complementarios. De Hirschman, la importancia de entrar en contacto directo con la realidad, para después teorizar sobre bases relevantes. En Colombia, descubrió que, en algunos países en vías de desarrollo, el talento empresario podía ser más escaso que el capital; analizando proyectos de inversión financiados por el Banco Mundial, la importancia de que quien está a cargo pueda resolver de manera satisfactoria miles de imprevistos, y la necesidad de integrar el análisis de la protesta y la movilidad, a la luz de la frustración.

-¿Y de Samuelson?

-Que muchos análisis que lucen diferentes son casos particulares de un principio general, el de la maximización de una función sujeta a restricciones, y modelar las condiciones bajo las cuales ciertas afirmaciones son rigurosamente ciertas o falsas. Ejemplo: él no probó la igualdad internacional del precio de los factores, en un mundo donde sólo existe movilidad de bienes, sino las condiciones requeridas para que ello sea cierto. La lectura de esas condiciones ayuda a entender por qué los salarios son diferentes en los Estados Unidos, la Argentina y Sri Lanka, aun con perfecta movilidad internacional de bienes.

-¿Cuál de los dos fue mejor economista?

-Pregunta tonta. De ambos tenemos mucho que aprender, sus escritos tienen que formar parte de las lecturas indispensables de cualquier economista bien formado. Y luego de leerlos lo que hay que hacer es pensar, para adecuar lo aprendido a las circunstancias concretas en la cual toca operar. Esto último es crucial. El comunista Paul Marlor Sweezy decía de su profesor, el conservador Joseph Allois Schumpeter, que «a él no le importaba lo que pensáramos, mientras pensáramos».

-Don Robert, muchas gracias..

Fuente: La Nación, 05/04/15.
Juan Carlos de Pablo

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