Los líderes toman decisiones, no “hacen historia”

mayo 17, 2015 · Imprimir este artículo

Los líderes toman decisiones, no “hacen historia”

Por Juan Carlos de Pablo.

Llama la atención la frecuencia con la cual periodistas y analistas califican ciertas decisiones de “históricas”, “revolucionarias”, “divisorias de aguas”, etc. Los historiadores son más prudentes. Por una parte, se toman su tiempo para que la realidad decante. Por la otra, analizan los datos en busca de discontinuidades, que le den sentido a calificar como históricas algunas decisiones o eventos. ¿Quién tiene razón?

Al respecto consulté con el norteamericano Robert William Fogel (1926-2013), alumno y discípulo de Simon Smith Kuznets. Enseñó en John Hopkins, Rochester, Chicago y Harvard. “Cuando uno interactúa con estudiantes curiosos y brillantes, no está claro quién le enseña a quién”, sostuvo. En 1993 compartió el premio Nobel en Economía con Douglass Cecil North. Ambos fueron pioneros en el desarrollo de la “nueva historia económica”, también denominada Cliometría (Clio, la musa de la historia). En Economía de la esclavitud en Estados Unidos, escrito en colaboración con Stanley Lewis Engerman, mostró que la esclavitud era eficiente y generaba beneficios, particularmente en las grandes plantaciones donde se podían aprovechar las economías de escala. A quienes a raíz de esto lo acusaban de racista, en vez de contestarles les presentaba a su esposa Enid, que era afroamericana.

-¿Qué conciencia contemporánea existió de eventos que luego fueron considerados históricos?

-Según los historiadores, la Gran Crisis de la década de 1930 comenzó el 24 de octubre de 1929, cuando cayeron estrepitosamente los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York. Pero los diarios del día siguiente no titularon: “Comenzó la gran crisis de la década de 1930”. Referido a su país, ¿qué conciencia contemporánea se tuvo el 17 de octubre de 1945 o el 29 de mayo de 1969 [Cordobazo], de que estaban ocurriendo eventos que dividirían las aguas? El paso del tiempo, que calma las pasiones y permite analizar detalladamente la información, es más indicado para calificar de históricos a ciertos hechos y decisiones.

-¿Esto ocurre, también, en el plano académico?

-Así es. En su momento Joseph Allois Schumpeter y Walt Whitman Rostow plantearon que el desarrollo económico derivaba de la introducción de cambios tecnológicos significativos, como por ejemplo, el ferrocarril o la energía eléctrica. Pero en Ferrocarriles y crecimiento en Estados Unidos, que publiqué en 1964, mostré que esto era cuanto menos una exageración. Métodos alternativos de transporte, en particular los canales, hubieran generado resultados muy parecidos. Un gráfico que muestra el producto bruto interno (PBI) de un país, a lo largo de siglos, exhibe una constancia de crecimiento difícilmente compatible con la aparición frecuente de hechos “históricos”.

-¿Cómo actuaron aquellos que la historia considera personalidades sobresalientes?

-Quien ejerce una responsabilidad ejecutiva no tiene tiempo para pensar en “la historia”. El inglés Winston Churchill estaba obsesionado por terminar con la locura desatada por el alemán Adolf Hitler, para lo cual -según lo expresó con sus propias palabras- si para lograrlo hubiera tenido que acordar con el Demonio, hubiera viajado hasta el mismísimo infierno. ¡Y que la historia dijera lo que dijera! Arturo Frondizi no libró la “batalla del petróleo” para pasar a la historia, sino para lograr el ansiado autoabastecimiento de ese producto.

-Lo cual no quiere decir que, para enfrentar un problema, cualquier solución dé lo mismo.

Lectura recomendada:  Las promesas económicas, clave para sumar votos

-Efectivamente. En materia económica, una buena solución tiene que basarse en el hecho de que el mundo no termina hoy por la noche, y que la reposición de lo que hoy se consume, para que mañana se pueda seguir consumiendo igual que hoy, es una tarea humana que tiene que tener sentido para quien la hace. Desde este punto de vista, no tiene sentido discutir el período 2003-2014 en términos de década ganada o perdida. No importa lo que se diga en la campaña electoral, cualquiera que sea el que gane las elecciones presidenciales de octubre próximo tiene que basar sus decisiones en que el período 2003-2014 es una década irrepetible.

-Don Roberto, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 17/05/15.
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Robert Fogel

Robert William FogelRobert William Fogel (Nueva York, Nueva York, 1 de julio de 1926 – Oak Lawn, Illinois, 11 de junio de 2013) fue un historiador y economista estadounidense profesor de la Universidad de Chicago. Fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1993 junto a Douglass North por sus innovaciones en la investigación de la historia económica a partir de la aplicación de técnicas cuantitativas que sirven para explicar los cambios económicos e institucionales. Es uno de los máximos representantes de la “nueva historia económica”.

Fogel estudió en la Universidad Cornell, Universidad de Columbia y Johns Hopkins University. Trabajó en la Oficina Nacional de Investigación Económica y, posteriormente, fue profesor en la Universidad de Chicago (1964-1975), Harvard (1975-1981) y, nuevamente, Chicago (desde 1981).

Frente a la creencia de que ciertas innovaciones tecnológicas tienen un papel clave en el crecimiento económico, Fogel opinaba que tal hipótesis carecía de fundamento. Al aplicar técnicas econométricas nuevas, deshizo el mito de la importancia esencial del ferrocarril para el desarrollo económico en Estados Unidos. Su construcción, según Fogel, no tuvo un impacto tan decisivo como se suponía en el crecimiento de su país. La segunda aplicación de su método fue aún más polémica, pues intentó demostrar que la esclavitud era una institución vigorosa y eficiente, y que su eliminación se debió a la voluntad política, frente a la idea de que estaba en decadencia, de que era ineficiente y de que la Guerra Civil norteamericana sólo adelantó su final unos años. Entre sus principales obras destacan: Los ferrocarriles y el crecimiento económico norteamericano (1964), Tiempo en la cruz: La economía esclavista en los Estados Unidos (1974) y Lecturas sobre nueva historia económica (1977).

Falleció a los 86 años el 11 de junio de 2013 en Oak Lawn (Illinois, EE. UU.).

Obras

  • The Union Pacific Railroad: A Case in Premature Enterprise, 1960.
  • Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History, 1964.
  • Time on the Cross: The Economics of American Negro Slavery, 2 volumes, 1974. (en colaboración con Stanley Engerman)
  • Without Consent or Contract: The Rise and Fall of American Slavery, 2 volumes, 1989.
  • Economic Growth, Population Theory and Physiology: The Bearings of Long-Term Processes on the Making of Economic Policy, 1994.
  • The Slavery Debates, 1952-1990: A Retrospective. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2003. 106 pp. ISBN 0-8071-2881-3.
  • (co-written with Geoffrey Elton) Which Road to the Past? Two Views of History New Haven, CT: Yale University Press, 1983

Fuente: Wikipedia, 2015.

 

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