Mark Zuckerberg: ¿Filántropo?

diciembre 6, 2015 · Imprimir este artículo

Mark Zuckerberg: la caridad bien entendida empieza por casa

Quién decide qué financiar. Según el diario The New York Times: no es cierto que Mark Zuckerberg haya donado US$45.000 millones a la beneficencia. Lo que hizo, en esencia, fue crear un vehículo de inversión; o sea, trasladar su propio dinero de un bolsillo a otro.

 Por Jesse Eisinger.

Bienvenida Max. Al nacer su beba esta semana, Zuckerberg posteó en Facebook su plan de donar el 99% de su riqueza. ++

Bienvenida Max. Al nacer su beba esta semana, Zuckerberg posteó en Facebook su plan de donar el 99% de su riqueza.

Mark Zuckerberg no donó US$ 45.000 millones a la beneficencia. Puede que eso sea lo que usted oyó, pero no era cierto. Esto es lo que pasó, en cambio: creó un vehículo de inversión. Siento arruinar un buen título.

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Zuckerberg es cofundador de Facebook y un joven megamillonario. Al anunciar el nacimiento de su hijo, él y su esposa, Priscilla Chan, declararon que donarían el 99% de su riqueza, gran parte de la cual está en acciones de Facebook valuadas hoy en US$45.000 millones.

Zuckerberg y Chan no crearon una fundación con el estatus de “sin fines de lucro”. Crearon una sociedad de responsabilidad limitada, una que de entrada ya le ha cosechado enormes beneficios como golpe publicitario de sí mismo. El retorno de su inversión de relaciones públicas deja chiquito al de sus acciones de Facebook. Zuckerberg fue presentado esta semana con calificativos extasiados por algo que, en esencia, consistió en trasladar el dinero de un bolsillo a otro.

tax cutsUna SRL puede invertir en empresas con fines de lucro (quizás éstas se digan socialmente responsables, pero muchas empresas reclaman ese calificativo hoy). Una SRL puede hacer donaciones políticas. Puede hacer lobby para que se reformen leyes. Él sigue plenamente libre de hacer lo que quiera con su dinero. Nada que objetar: esto es EE.UU. Pero como sociedad generalmente no aludimos a ese tipo de actividades como “beneficencia”.

Lo que es más, una fundación está sujeta a reglas y supervisión. Tiene que asignar cierto porcentaje de sus activos cada año. La nueva SRL de Zuckerberg no estará sujeta a esas normas y no tendrá ningún requisito de transparencia.

Al referirse al hecho, muchos comentaristas alabaron el tamaño de la donación y señalaron que Zuckerberg es relativamente joven para estar pensando en donar su riqueza. “El compromiso filantrópico de Mark Zuckerberg sienta un nuevo estándar para la donación” se entusiasmó un cable de Bloomberg. Pocas fuentes noticiosas tuvieron inicialmente en cuenta las implicaciones fiscales del plan de Zuckerberg. Un artículo del The Wall Street Journal no mencionó en absoluto los impuestos.

Tampoco se ocuparon de las implicaciones sociales de las presuntas donaciones.

tax 09¿Cuáles son las implicaciones fiscales? Son muy generosas para con Zuckerberg. Le pregunté a Victor Fleischer, profesor y especialista en impuestos de la Escuela de Derecho de la Universidad San Diego. Explicó que si la SRL vendiera acciones, Zuckerberg pagaría un fuerte impuesto a las ganancias de capital, sobre todo si las acciones de Facebook siguen en alza.

Si la SRL hiciera una donación a una organización benéfica, obtendría una deducción, como cualquier otra persona. No es poco. Pero la SRL probablemente no va a hacer eso, ya que puede hacer algo mejor. Lo más sagaz, explicó el profesor Fleischer, sería que la SRL donara las acciones apreciadas a la benficencia, lo cual generaría una deducción, dado el bonito valor de mercado de las acciones, sin ocasionar ningún impuesto.

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Zuckerberg no creó las leyes fiscales y no se lo puede criticar por querer pagar menos impuestos. Si hubiera creado una fundación, se habría devengado beneficios fiscales similares. Pero lo que esto significa es que amasó una de las mayores fortunas del mundo y probablemente nunca pague impuestos sobre ella. Cada vez que un plutócrata hace una donación, hay que recordarle al público que así es como funciona el sistema tributario de EE.UU. Los superricos compran grandes dosis de relaciones públicas y de adulación por donaciones que minimizan sus impuestos.

filantropiaEn vez de prodigar elogios a Zuckerberg por haber emitido un comunicado de prensa con la promesa, esto debería ser una ocasión para reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos. ¿Quién debe solventar las necesidades sociales y cómo? La filantropía raramente financia necesidades cotidianas que son decisivas. ¿Qué significarían US$40.000 millones para la creación de empleo o la inversión en infraestructura? Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades tienen un presupuesto de alrededor de US$7.000 millones; tal vez debería ir más a eso. La sociedad, a través de sus miembros electos, grava a sus miembros. Y luego los funcionarios electos deciden qué hacer con el dinero.

En este caso, es diferente. Es una persona la que va a tomar esas decisiones.

Por cierto, nadie piensa que nuestros representantes hacen un buen trabajo de asignación de recursos. ¡Los políticos, una manga de vagos! Tal vez Zuckerberg tomará decisiones maravillosas, que a mí personalmente me encanten. Tal vez no. Dilapidó la donación de US$100 millones al sistema escolar de Newark, como Dale Russakoff detalla en su reciente libro, “El premio: ¿Quién decide en las escuelas de EE.UU.” (ver recuadro). Zuckerberg dice que ha aprendido de sus errores. No sabemos si es cierto, porque todavía no ha tomado ninguna decisión con el dinero de su vehículo de inversión.

Pero creo que yo podría hacer un buen trabajo asignando US$45.000 millones. Hasta mejor que Zuckerberg. No se me escapa que muchas personas no estarían de acuerdo con mis decisiones. Puede que a aquellos a quienes les gusta cómo Zuckerberg está prodigando sus fondos no les guste como lo hacen los hermanos Koch, o George Soros.

Las megadonaciones, asumiendo que Zuckerberg sostendrá su promesa, son reconocimientos explícitos de que el dinero debe ser reinvertido en la sociedad. Son reconocimientos tácitos que nadie podría verosímilmente US$45.000 millones en sí mismo o en su familia, y de que el dinero no es realmente “suyo”, en un sentido fundamental. Dado que eso es así, la sociedad no puede depender de que la largueza y esclarecimiento del superrico lo lleve a ser consciente de esto por sí solo. Hace falta tomar una porción uniforme, alguna forma de impuesto a la riqueza.

El punto es que nos estamos convirtiendo en una sociedad de oligarcas. Y yo no estoy tan entusiasmado como algunos en saludar a los nuevos barones de Silicon Valley.

Fuente: Clarín, 06/12/15.

 

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