¿Nivelar hacia arriba o hacia abajo?

octubre 3, 2016 · Imprimir este artículo

Moral

Por Enrique Szewach.

Enrique SzewachLa incapacidad manifiesta de una parte de la sociedad argentina, para asociar causas con efectos, se ha presentado, nuevamente, en torno a la difusión de la tasa de pobreza de la Argentina por parte del INDEC.

Está claro que estamos ante un “escándalo moral”. Lo que no está claro para los “escandalizados” es que gran parte de ese escándalo se explica por las políticas que han votado, instrumentado y siguen defendiendo.

Me explico.

Primero una perogrullada. La metodología que utiliza el INDEC para la medición de pobreza compara los ingresos de las familias en los estratos más bajos de la distribución con el costo de una canasta de consumo.

En la medida que la evolución del costo de dicha canasta supera la evolución de los ingresos, una familia pasa a ser pobre, por no poder acceder a los bienes y servicios de dicha canasta.

Por lo tanto, en alta inflación, si los ingresos de los “pobres” no se indexan al ritmo de “su” canasta, la pobreza aumenta.

Muchos diputados y senadores y ex funcionarios “escandalizados” han votado y defendido presupuestos deficitarios financiados por el Banco Central (inflación).

Es decir, los mismos que votaron el “impuesto inflacionario” que perjudicó a los pobres, en estas décadas, se sorprenden por al aumento de la pobreza.

En segundo lugar, la Argentina tiene una estructura impositiva nacional y provincial en dónde predominan los impuestos indirectos al consumo.

Como del lado del gasto existen subsidios a los precios de los servicios públicos que reciben la clase media y alta, (energía y transporte aéreo, son los más importantes), además del impuesto inflacionario, los pobres pagan impuestos al consumo para subsidiar a dichos sectores.

Y los sindicatos, en lugar de bregar por una baja de los impuestos indirectos que pagan los pobres en los precios, o de los impuestos al trabajo que condenan a los pobres de baja productividad a la informalidad, piden una reducción del impuesto a las ganancias.

El reciente intento del gobierno nacional por avanzar más rápido en la disminución de esta inequidad, acelerando la baja de subsidios a los ricos, ha chocado con la resistencia de varios sectores, incluyendo el fallo de la Corte Suprema de Justicia.

¿Puede la misma persona que se opuso a un ritmo más acelerado de aumentos tarifarios, es decir que se opuso a terminar más rápido con un régimen en que los pobres subsidian a los ricos, considerar un “escándalo moral” a la tasa de pobreza en la Argentina, sin ser acusado de hipócrita?

Déjenme pasar ahora a temas un poco más técnicos.

Desde el año 2000, el precio mundial de los alimentos, según el Índice que elabora la FAO, casi se duplicó. (Pasando por momentos en que el aumento fue mucho mayor).

La Argentina, como productor y exportador de alimentos se ha beneficiado de este “shock externo positivo”.

Sin embargo, esta suba de los precios de los alimentos afecta los precios internos y, por lo tanto, el consumo de los pobres, intensivo en alimentos.

En otros países de la región estos shocks se han suavizado de dos maneras, una con políticas que alentaron un aumento de la oferta interna de estos bienes y, desde el punto de vista macro, instrumentando políticas de metas de inflación y flotación cambiaria, de manera de adoptar una moneda que fluctúa al ritmo del ciclo comercial.

Es decir que, para ejemplificar, cuando los precios internacionales de las exportaciones suben, aumenta la oferta de dólares en la economía, y el tipo de cambio flotante baja, moderando el costo inflacionario interno de dicho aumento.

Eso pasó en Brasil o en Uruguay o en Chile, exportadores agroindustriales y de commodities, como nosotros, que, pese a recibir el mismo shock externo favorable, no tuvieron el impacto inflacionario de la magnitud que tuvimos nosotros.

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En la Argentina, en cambio, nuestra política se dedicó a desalentar la oferta, prohibiendo exportaciones, con impuestos (retenciones), introduciendo controles de precios y “precios cuidados”.

Dos muestras, la carne y el trigo. En el caso de la carne, el mundo demanda lomo y la demanda local asado. Como las vacas “producen”, simultáneamente, lomos y asados, una buena idea, como la que instrumentó el Uruguay, o el Paraguay, es permitir que el aumento de la demanda internacional funcione a pleno alentando la oferta local.

Se producen más lomos para exportar y más asado para el consumo interno. El lomo es caro, y el asado es barato.

La Argentina, al prohibir la exportación de lomo, dejó de producir lomo y asado. El lomo es caro, el asado también.

Lo mismo sucedió con el trigo, se pusieron tantas trabas a su producción y exportación, alentando la producción de otros cultivos no alcanzados por el consumo interno que, al final del día, se terminó importando trigo y con alimentos caros.

Otra vez, los mismos que alentaron y aplaudieron estas políticas ahora se “escandalizan”.

Respecto de la política cambiaria, dado que la Argentina destruyó, vía inflación y expropiaciones varias, su moneda y su sistema financiero, el déficit fiscal necesita ser financiado o bien con inflación (reitero, impuesto a los pobres) o bien con endeudamiento externo.

Pero aun cuando se recurra al endeudamiento externo para bajar el impuesto a los pobres, ello implica, si se adopta un régimen de metas de inflación y tipo de cambio flotante, que el tipo de cambio no flota con el ciclo comercial, como en el resto de los países que adoptaron este esquema, si no que flota con las necesidades financieras del Estado.

Por lo tanto, el instrumento “tipo de cambio flotante” para suavizar shocks externos de precios de los commodities, no puede ser plenamente utilizado.

Esto impide que la flotación del tipo de cambio, compense en el corto plazo, desajustes de productividad, afectando el empleo en los sectores productores de exportaciones o competitivos de importaciones. Y, por lo tanto, afecta, con el menor empleo, indirectamente la pobreza.  (De ahí la necesidad, simultánea, de alentar el crecimiento del mercado de capitales interno con tasas de interés positivas para los ahorristas y de reducir el déficit fiscal, para independizar la “flotación” del financiamiento al gobierno).

Otra vez, los escandalizados, son los mismos a los que les parece bien cerrar la economía “para no pagar los precios internacionales” desalentando la oferta, o protestan contra el “ajuste fiscal” o consideran “inconveniente” la tasa de interés positiva para desarrollar el mercado de capitales.

Para “disimular” estas barbaridades de política económica, los escandalizados recurren al asistencialismo sin estímulo a la educación y a la capacitación, de manera de mantener “cautivo” su negocio político con los pobres. Y discursean con lugares comunes y vacíos.

Está claro que todo lo comentado desde la economía, requiere un complemento fuerte desde la educación y desde políticas sociales focalizadas y bien diseñadas y mejor aplicadas.

Pero lo que tiene que quedar claro es que el objetivo de “pobreza cero” que persigue el gobierno del Presidente Macri, implica abandonar la visión tradicional del combate a la pobreza y reemplazarlo por políticas a favor de la creación de riqueza.

Desde la macro esto es desinflación, convergencia al déficit cero. Desarrollo del mercado de capitales local. Aliento a la oferta de bienes. Reforma impositiva y del gasto público, eliminando los subsidios a los ricos, replanteando el asistencialismo y con obras públicas que complementen la inversión privada, con mejoras de productividad.

La mejor manera de combatir la pobreza es con crecimiento económico sustentable.

Es hora de dejar de “escandalizarse” y ayudar al gobierno a trabajar en este sentido.

Fuente: Ámbito Financiero, 03/10/16.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

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