Robert Shiller: palabra de un Premio Nobel de Economía
abril 10, 2014
Robert Shiller: palabra de un Premio Nobel de Economía.
Por David Wessel.
Robert Shiller, el economista de 67 años de la Universidad de Yale conocido por sus predicciones oportunas y certeras de que los precios de los bienes raíces en Estados Unidos eran una burbuja que se disponía a reventar, ha trabajado desde hace mucho tiempo en la intersección entre la psicología y la economía.
Fue uno de los tres ganadores del más reciente Premio Nobel de Economía por su aporte al estudio de las oscilaciones en los precios de las acciones y las viviendas y, en particular, el trabajo que muestra que el movimiento de los mercados es demasiado exagerado para justificarse por las decisiones de inversionistas racionales que reaccionan a los cambios en los fundamentos de los activos en los cuales ponen su dinero.
Shiller, que en una ocasión fue elogiado como «un poeta y un plomero», es decir alguien que articula posturas radicales pero también instala la infraestructura necesaria para ponerlas en práctica, también ha contribuido al desarrollo de productos e índices financieros.
A continuación presentamos extractos de su conversación con David Wessel, quien contribuye con The Wall Street Journal y dirige el Centro Hutchins de Política Monetaria y Fiscal de Brookings Institution, un centro de estudios de Washington.
WSJ: Un tema recurrente en su trabajo es que las personas tienden a cometer errores una y otra vez. Eso es muy diferente de lo que me enseñaron en las clases de economía en la universidad en las que decían que las personas eran racionales. ¿Cómo empezó a pensar sobre las equivocaciones de la gente?
Shiller: Cuando usted asistió a la universidad, la economía como profesión había alcanzado un estado que no era natural. Los modelos matemáticos de comportamiento racional se habían puesto de moda. Fue una época anómala. Yo estaba leyendo en forma más amplia y quería volver a la realidad.
WSJ: ¿Hubo algo que vio en la realidad que lo llevo a esto?
Shiller: Bueno, burbujas. Lo que se decía acerca de las burbujas era que los mercados parecían operar en forma aleatoria, pero eso ocurre solamente porque los mercados reaccionan a la llegada de nueva información, lo que siempre es impredecible. Me parecía algo casi más propio de la mitología. La idea de que la gente siempre está optimizando, calculando y siempre está dispuesta a actualizar su información puede ser correcta para tal vez una pequeña fracción del 1 por ciento de las personas. Eso no va a explicar la conducta de todo el mercado.
WSJ: ¿Son las burbujas siempre perniciosas o también tienen efectos positivos?
Shiller: Primero y antes que nada, todos somos libres de hacer lo que se nos plazca. Lo segundo es que la naturaleza humana necesita estímulos y las personas tienen que tener algún sentido de oportunidad y entusiasmo. Las ganancias son un motivador importante. A largo plazo, cuesta decir que las burbujas sean tan negativas.
Tomemos el caso de la burbuja de Internet en los años 90. Lo que hizo fue generar muchas empresas nuevas. Algunas tenían ideas absurdas, algunas colapsaron, pero otras sobrevivieron. ¿Fue algo tan malo? Me cuesta pensar en cuál sería la alternativa. La Reserva Federal podría haber intentado frenarlo. En última instancia, nuestras políticas económicas son algo intuitivas y nuestros modelos carecen de la suficiente precisión para indicarnos cuál es la política adecuada. Creo que nos podría haber ido mejor si hubiésemos desinflado estas burbujas, pero no hay forma de saberlo a ciencia cierta.
WSJ: Gran parte de su obra se ubica en la intersección entre la psicología y la economía y está casado con una psicóloga. ¿Tuvo eso algún efecto en la forma en que desarrolló su trabajo?
Shiller: Seguro que sí. Este es el principio básico de la psicología. Nadie puede explicar su mentalidad, de dónde proviene. Las personas creen que son pensadores muy originales pero, en realidad, la mayoría de sus ideas les ha sido transmitidas por otras personas.
Los psicólogos han argumentado que existe una base narrativa para buena parte del proceso de pensamiento humano, de que la mente puede almacenar datos en torno a un relato, a historias que tienen un comienzo y un fin así como una resonancia emocional. Todavía podemos memorizar números, por cierto, pero nos hace falta un relato. Los mercados financieros, por ejemplo, generan toneladas de cifras, dividendos, precios, etc., pero no tienen ningún sentido para nosotros. Necesitamos una historia o una teoría, pero primero vienen las historias. La mayoría de las personas no avanza mucho en lo que se refiere a las teorías.
WSJ: ¿Se considera lo suficientemente inteligente para elegir las acciones que tendrán el mejor desempeño de la bolsa?
Shiller: Creo que lo soy. Siempre he creído en invertir en acciones baratas. Se habla mucho de algunas acciones y le gente les presta mucha atención y todos quieren invertir en ellas, lo que hace que el precio suba y dejen de ser una opción atractiva de compra. Otras acciones son aburridas. No generan noticias, fabrican papel higiénico o algo por el estilo y su precio cae demasiado. De modo que en forma rutinaria, uno compra acciones de precio bajo y vende las de precio alto.
WSJ: ¿Cómo le ha ido como inversionista?
Shiller: Nunca he realizado un análisis personal. Tengo que hacerlo. Pero creo que he hecho inversiones oportunas, aunque no perfectas.
WSJ: A fines de los 90, cuando había signos de una burbuja en el mercado, usted hizo una presentación en la Reserva Federal. Su señora dijo posteriormente que a usted le preocupaba haber plantado la idea de «exuberancia irracional» en la cabeza de Alan Greenspan.
Shiller: Tiene toda la razón. Greenspan pronunció las palabras «exuberancia irracional» en un discurso durante la tarde en Washington. La Bolsa de Tokio, que todavía estaba operando, se derrumbó de inmediato y la caída luego se expandió a todas las bolsas del mundo cuando iniciaron sus operaciones. Esa es la razón que explica la fama de la frase «exuberancia irracional». No la acuñó Greenspan, ni yo tampoco. Es una expresión muy antigua. Pero la usó y el mercado se vino abajo de inmediato.
WSJ: ¿Se siente responsable?
Shiller: Llegué a mi casa y le dije a mi esposa: «pude haber iniciado un colapso global de los mercados». Estaba bromeando, pero sólo a medias. Los mercados son así de locos.
El poder no residía en mí, sino en Alan Greenspan, pero él me escuchaba. Hablé ante la junta de la Reserva Federal y luego almorcé con él. Estaba hablando, de manera que es posible.
Es un método muy diferente de pensar acerca de la economía. Hace que la economía parezca inestable y sujeta a la conducta de ciertos individuos.
WSJ: Cuando evalúa el mercado inmobiliario, ¿cree que se ha producido un cambio, en el sentido de que la gente lo dejó de considerar una inversión segura debido a la crisis financiera?
Shiller: Alude a la idea de que una vivienda es una gran inversión. Pero si uno revisa la historia, esa no era la opinión de la mayoría. Si usted detiene a un transeúnte en 1875 o 1950 y le pregunta: «voy a comprar una serie de casas como una inversión. ¿Qué opina al respecto?» Creo que la respuesta más común habría sido ¿está seguro de lo que está haciendo? La mantención es cara y van a pasar de moda. Si puede generar un negocio al arrendarlas, tal vez sea una inversión estupenda, pero no estoy seguro que apostar exclusivamente a un alza del precio sea la mejor idea. Creo que fue una idea que recién se afianzó con fuerza durante los primeros años del siglo XXI. En última instancia, las personas son motivadas por historias de interés humano sobre alguien que hizo algo extraordinario porque tienen una mayor resonancia, generan una sensación de envidia y competencia. Escucho una historia de alguien que compró casas o departamentos y luego las vendió rápidamente y ganó una fortuna y pienso en mi fuero interno, yo también lo podría haber hecho. Creo que eso fue lo que ocurrió en el mercado inmobiliario en los años 2000 y en la bolsa en los años 90.
WSJ: Hemos presenciado un período extraordinario en el que se ha ampliado la brecha entre los ganadores y los perdedores de esta sociedad. ¿Qué se debería hacer al respecto?
Shiller: Deberíamos empezar a prepararnos para un día, tal vez dentro de 10 o 20 años, en el que la desigualdad podría ser mucho peor. Aún no sabemos si va a empeorar, pero deberíamos tener un plan de contingencia ahora. La idea sencilla que tengo es aumentar los impuestos que pagan los más ricos, aunque eso no parece viable desde un punto de vista político en este momento. Pero lo interesante es que cuando se habla de los riesgos en un futuro distante, la gente es más idealista y su actitud es más abierta.
WSJ: ¿Estaríamos hablando de un alza de impuestos sobre los más pudientes que entraría en vigor si algún índice de desigualdad sobrepasa un cierto nivel?
Shiller: Sí. Si los multimillonarios se vuelven multibillonarios, no dejamos que eso ocurra. Si alguien quiere ganar US$10.000 millones y gastarlo solamente en sus necesidades, no dejamos que eso ocurra. Nos quedamos con una buena parte de ese dinero y seguirá siendo multimillonario. ¿Y qué? El otro lado de la moneda es que opino que deberíamos ampliar las deducciones de los impuestos por donar a obras de caridad. Si tiene US$10.000 millones y quiere donar a la caridad el 90%, lo puede hacer y elevar su prestigio.
WSJ: ¿Entonces es partidario de distribuir los ingresos de los más ricos de manera más enérgica?
Shiller: De las más pudientes que son egoístas y no quieren donar su fortuna. Podrían transformarse en un Bill Gates o un Andrew Carnegie. Eso está bien.
WSJ: Obtener un Premio Nobel confiere un cierto estatus: lo que usted dice tendría una mayor validez que la opinión de otras personas. ¿Es algo que le preocupa?
Shiller: Un poco. La economía no es una ciencia exacta. Tiende a politizarse. En entrevistas como esta siento que esperaba que tuviera respuestas para todas sus preguntas. Pero tal vez debiera decir no lo sé con más frecuencia. Durante la ceremonia de entrega de los Nobel este año, me impresionó que Gene Fama, uno de los tres ganadores, reconociera muchas veces que no sabe. También evita los medios, así que tal vez deba seguir su ejemplo.
Fuente: The Wall Street Journal, 06/04/14.
Los ricos tienen más energía que el resto de gente
abril 10, 2014
Los ricos tienen 80% más energía que el resto de gente, dice un estudio
Por Robert Frank
Una cosa que he notado respecto a las personas ricas es que sufren de insomnio. Si el dinero nunca duerme; ¿porqué deberían hacerlo ellos?
El multimillonario Lynn Tilton pocas veces duerme más que unas pocas horas cada noche. John D. Rockefeller, era famoso por sus breves siestas nocturnas. Donald Trump dice que solamente duerme tres horas por noche, mientras que Martha Stewart asegura que solamente necesita cuatro.
Lo que no sabemos es si dormir poco es una causa o consecuencia de la riqueza.
Un nuevo estudio sugiere que puede ser una causa.
De acuerdo a una encuesta de más de 1.400 personas en todo el mundo con un promedio de activos netos de U$S2 millones, las personas más ricas que respondieron tenían 80% más energía que las ubicadas en los niveles más bajos.
La energía, por supuesto, es una cualidad subjetiva. En el sondeo, se les pidió a los encuestados que utilizaran una escala de 1 a 10 para determinar cuánta energía ponían en ciertas tareas. El número 10 correspondía al máximo de energía.
La encuesta encontró que los más ricos del grupo dedicaban 60% de su energía a metas como «hacer que las cosas ocurran» y a «buscar nuevas oportunidades». No solamente concentraban esa energía en esos objetivos, sino que dedicaban un total mayor de energía (80% más) a todos esos objetivos que quienes obtenían menos calificación.
Por supuesto, esto simplemente puede significar que los ricos se dan a sí mismos calificaciones mayores – más ochos, nueves y diez- en vez de implicar que realmente tienen más energía. Sin embargo, los autores del estudio dicen que las calificaciones más altas representan una mayor energía.
«Tienen niveles de energía superiores al promedio para cada una de las cualidades asociadas con el éxito», dice el estudio, realizado por Scorpio Partnership, Standard Chartered Private Bank y SEI. «Aún más, están canalizando esa energía extra fundamentalmente a las tareas de innovación, las cuales tienen más posibilidades de rendir frutos», agrega.
El reporte agrega que los ricos «parecen hacer tiempo» para esas tareas quizás cuando el resto de nosotros estamos durmiendo (aunque puede argumentarse quienes heredaron su riqueza no se molestaron en despertarse).
La investigación encontró una brecha de energía similar entre los propietarios ricos de empresas y los «profesionales empleados». Los dueños de empresas focalizan una gran cantidad de energía (más de 12% por encima del promedio de la encuesta) en «hacer las cosas de forma diferente» en tanto que los profesionales empleados dedican a ello mucho menos, 7% por debajo del promedio.
Claro, eso no quiere decir que una energía prodigiosa asegure la riqueza
Fuente: The Wall Street Journal, 28/02/11.
AML: Investigadores aumentan escrutinio sobre “gatekeepers”
abril 9, 2014
Investigadores aumentan escrutinio sobre “gatekeepers”
Por Brian Monroe.
El gobierno de Estados Unidos anunció que los investigadores centrarán más su atención sobre los “gatekeepers” (“porteros”) financieros y legales relacionados a casos de lavado de dinero, con lo cual también espera motivar a los bancos para que inviertan más tiempo revisando las cuentas relacionadas a estos profesionales, afirmaron algunos expertos de cumplimiento ALD (Anti Lavado de Dinero o AML por sus siglas en inglés).
En un par de ocasiones durante la 16° Conferencia Anual Internacional Antilavado de Dinero, celebrada en Hollywood (Florida), representantes del Departamento de Justicia estadounidense mencionaron tener ahora un mayor enfoque sobre los gatekeepers, entre los cuales se encuentran abogados, contadores, banqueros, agentes de creación de empresas, agencias de viajes, agentes de custodia, transportistas y otros que están “explotando sus relaciones profesionales para fines legales”, indicó Jennifer Shasky, jefa del Departamento de Recuperación de Activos y Lavado de Dinero del organismo.
Los gatekeepers pueden ser contratados por “un traficante de drogas que necesita legitimar sus recursos ilícitos, pero que no puede tener acceso directo” a una institución financiera, dijo Shasky. Una revisión más exhaustiva a estos profesionales “es algo que puede hacer una diferencia”, afirmó la funcionaria. Sin embargo, los representantes del Departamento de Justicia no quisieron revelar detalles sobre cómo están orientando sus recursos y que presión han aplicado a los gatekeepers sospechosos.
Un problema particularmente difícil que el Departamento espera mejorar es la poca información disponible sobre los dueños beneficiarios de las corporaciones, precisó Shasky. “En la gran mayoría de nuestros casos relacionados a shell companies, nosotros nunca llegamos al fondo” y esta falta de información sobre las empresas estadounidenses controladas por compañías de responsabilidad limitada (LLC) extranjeras puede terminar con una investigación.
La funcionaria también precisó que “hay un círculo completo de profesionales y, en el otro lado, hay un pequeño porcentaje de quienes lo supervisan; peor aún es que [los gatekeepers] están activa y conscientemente relacionados” a crímenes financieros, incluyendo lavado de dinero y cleptocracia.
Como resultado de esta iniciativa del Departamento de Justicia, “pudiera haber más presión de los reguladores sobre los bancos para que monitoreen adecuadamente las cuentas asociadas a los gatekeepers”, advirtió un oficial de cumplimiento, quien prefirió que su nombre no fuese revelado.
Los bancos no tienen los sistemas automatizados sofisticados que necesitan para monitorear a los gatekeepers individuales, afirmó el funcionario bancario, quien agregó que es muy difícil para un banco que encuentre una relación entre un abogado y un cliente corrupto o una shell company hacer un adecuado seguimiento.
Según algunos ex funcionarios gubernamentales relacionados a investigaciones de lavado de dinero, no todos los bancos consideran de “alto riesgo” a las cuentas de los gatekeepers. En los bancos pequeños y de mediano tamaño, así como en las agencias de las grandes instituciones bancarias, los gerentes le dan a los abogados y contadores “más credibilidad y menos diligencia debida” que a otros clientes, aseguró un ex funcionario, quien agregó que “estos bancos piensan que ellos tienen un gran cliente que les traerá muchos negocios” y no creen que el dinero relacionados sea sucio.
Para evitar problemas con los investigadores y reguladores, los departamentos de cumplimiento pudieran actualizar la diligencia debida de los clientes y la calificación de riesgo de las políticas aplicadas a los abogados y contadores. Los bancos pudieran hacer más preguntas acerca de qué tipo de cliente tiene el gatekeeper, recomendó el oficial de cumplimiento antes mencionado.
Cuando el gatekeeper tiene clientes corporativos, el oficial de cumplimiento debe ser cuidadoso sobre el beneficiario final de la corporación, el lugar donde ha sido creada y qué tipo de transacciones que pueden estar moviendo través de la cuenta del gatekeeper.
En los casos en los cuales un gatekeepers ha facilitado un crimen a través de un banco, o en los que se relacionó un empleado de la misma institución, el Departamento de Justicia va a preguntar “qué es lo que está pasando”, alertó la investigadora estadounidense. La unidad a la que pertenece Shasky es la encargada de adelantar investigaciones internacionales complejas de casos de lavado de dinero, incluyendo a los relacionados a sistemas de pagos móviles y monedas digitales.
Fuente: Lavadodinero.com – Abril 2011.
Más información sobre AML:
https://www.economiapersonal.com.ar/servicios/servicios-bancarios/

Seguros y Banca: Grandes Diferencias
abril 8, 2014
Seguros-y-Banca-importantes-diferencias_CEA-2010
Margaret Thatcher (13/10/1925 – 08/04/2013)
abril 7, 2014
Margaret Thatcher
Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteven,nota 1 LG, OM, PC, FRS2 (de soltera Roberts; Grantham, 13 de octubre de 1925 – Londres, 8 de abril de 2013)3 fue una política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990, siendo la persona en ese cargo por mayor tiempo durante el siglo XX y la única mujer que ha ocupado este puesto en su país. Apodada «La Dama de Hierro» por su firme oposición a la Unión Soviética, implementó una serie de políticas conservadoras que llegaron a ser conocidas como thatcherismo.4
Ejerció inicialmente como química y luego como abogada. En las elecciones generales de 1959 Thatcher se convirtió en miembro del Parlamento (MP) por Finchley, desde donde juzgó duramente las políticas fiscales del gobierno laborista. Edward Heath la nombró ministra de Educación y Ciencia en 1970. En 1975 venció a Heath en las elecciones del Partido Conservador y pasó a ocupar la presidencia del partido, convirtiéndose en la líder de la oposición y en la primera mujer en dirigir uno de los principales partidos políticos en el Reino Unido.5 Después de triunfar con su partido en las elecciones generales de 1979, Thatcher se convirtió en la primera ministra del Reino Unido.6
Después de llegar al número 10 de Downing Street, Thatcher introdujo una serie de iniciativas políticas y económicas para revertir lo que percibía como un precipitado declive nacional en el Reino Unido.nota 2 Su filosofía política y sus políticas económicas hicieron hincapié en la desregularización (especialmente del sector financiero), la flexibilización en el mercado laboral, la privatización de empresas públicas y la reducción del poder de los sindicatos. Durante sus primeros años de gobierno la popularidad de Thatcher disminuyó en medio de la recesión y el alto desempleo, hasta que la recuperación económica y la victoria en la Guerra de Malvinas de 1982 le brindaron un aumento en su popularidad, que se tradujo en la reelección en 1983.7 8 Llevó adelante una férrea política exterior caracterizada por su oposición a la formación de la Unión Europea y un completo alineamiento con la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, firmó el Acta Única Europea, que establecía formalmente el mercado único y una cooperación más estrecha en Europa.9 Introdujo un cambio socioeconómico radical en Reino Unido, aunque fue criticada por la venta de bienes del Estado y el debilitamiento de los sindicatos.4
Thatcher fue reelegida para un tercer mandato en 1987, pero su impuesto a la comunidad (conocido popularmente como poll tax) fue muy impopular y otros miembros de su gabinete no compartían sus puntos de vista sobre la Comunidad Europea.10 Así, en noviembre de 1990 renunció al cargo de primera ministra y líder del partido, después de que Michael Heseltine desafiara su puesto como cabeza del partido para luego ser sucedida por John Major como primer ministro.4 Obtuvo el título nobiliario de Baronesa Thatcher de Kesteven, en el condado de Lincolnshire, que le otorga el derecho vitalicio y no hereditario de ser miembro de la Cámara de los Lores.11
Fuente: Wikipedia, 08/04/13.
El comercio acelera los cambios geopolíticos
abril 6, 2014
El comercio acelera los cambios geopolíticos.
Por Jorge Castro.
El comercio internacional de México con el resto de América Latina representa 4% del total, y menos del 1% el que mantiene con sus pares de la Alianza del Pacífico (Colombia, Perú y Chile); y sus exportaciones manufactureras (US$ 330.615 millones en 2013) son más del doble que la suma de las ventas industriales del resto de la región y se dirigen en un 92% al mercado norteamericano.
La participación en la Alianza no representa para México una mejora en sus exportaciones, sino un posicionamiento geopolítico/estratégico global, dentro del proceso de integración mundial acelerado de la segunda década del siglo XXI.
Los cuatro miembros de la Alianza tienen acuerdos de libre comercio (TLC) con EE.UU. y Europa, y dos de ellos poseen sendos tratados con China (Chile y Perú). La relevancia de los países de la Alianza del Pacífico no se mide por el PBI, el monto de las exportaciones o la específica inserción internacional, sino por su condición de protagonistas de las redes que constituyen el actual sistema mundial.
La integración del capitalismo representa hoy el marco de lo posible y lo imposible para todos los países y regiones del mundo. El sistema se caracterizó en la década pasada por el traslado del eje del proceso de acumulación desde el mundo avanzado al emergente. En la década actual, el equilibrio internacional se revierte, como consecuencia del despliegue de una nueva revolución industrial en los países avanzados.
La balanza del poder mundial ofrece hoy una doble dimensión: la fijación de las reglas de juego de la economía global (comercio/ inversiones/transferencia de tecnología) y el plano estrictamente geopolítico (estratégico/militar), como ha quedado de relieve con la crisis ucraniana y la contienda estratégico/naval entre China y Japón (Mar del Sur y el Este de China); y por carácter aproximativo con EE.UU., garante de seguridad del ex imperio nipón.
China es la principal potencia comercial del mundo y su industria constituye el núcleo decisivo de las cadenas globales de producción. Esto sucede cuando la República Popular se ha convertido en un actor fundamental de la nueva estructura del poder mundial, en la que EE.UU. no ejerce más la unipolaridad hegemónica que asumió en 1991.
La secuencia de las exportaciones chinas es la siguiente: eran 31% mayores que las de EE.UU. en 2009, crecieron a 62% en 2012 y se duplicarían en 2015. Al mismo tiempo, China aumenta sistemáticamente el gasto militar. En 2013 ascendió a US$ 114.500 millones (+10,7% respecto de 2012) y es el segundo del mundo después de EE.UU.
El gasto de defensa en EE.UU. alcanzó a US$ 577.000 millones el año pasado, cifra superior a la suma de los gastos militares de los 10 países que lo siguen en orden de importancia.
China destina 1/3 de su presupuesto militar al desarrollo de una flota naval de aguas profundas, que ya incursiona en el Índico y en el Pacífico Sur, hasta acercarse a las costas americanas.
La respuesta norteamericana al desafío chino son dos iniciativas de carácter estrictamente estratégico: el acuerdo del Transpacífico, con el que aspira a integrarse con 12 países de la región, incluyendo Japón; y el tratado del Transatlántico, con el que se integraría con 27 países europeos, encabezados por Alemania.
La más relevante es la iniciativa del Transatlántico, porque alberga a los protagonistas de la “nueva revolución industrial”.
EE.UU. y China son aliados estratégicos (Annenberg, California, 3-5 junio 2013) y al mismo tiempo contendientes geopolíticos, que pujan en el mundo entero, pero especialmente en Asia, en las aguas del Sur y Este del Pacífico (poder naval).
La integración no es lo contrario del conflicto, sino una forma sublimada de realizarlo.
Es una contienda que en vez de frenar la globalización, la acelera y profundiza. Todo surge del conflicto y gracias a él.
Fuente: Clarín, 06/04/14.
Números primos, claves y grandes números
abril 6, 2014
Primos, claves y grandes números
Extraído de Selección de textos divulgativos, Ed. Anaya. Vol. IV.
Todos utilizamos claves secretas. Si encendemos el teléfono móvil, nos pide un PIN. Para acceder al correo electrónico, utilizamos una contraseña. Al sacar dinero del cajero automático con una tarjeta, necesitamos teclear un número personal.
Normalmente, las claves no se las comunicamos a nadie que no sea de absoluta confianza. Los bancos toman grandes precauciones cuando envían números secretos a sus clientes; si quieres comprobar cuáles son, no tienes más que preguntar. ¿Imaginas qué ocurriría si la gente tuviera la clave privada de las cuentas del supermillonario Bill Gates, por ejemplo?
Después de los bancos, quienes guardan más secretos son los militares y los espías. Hace dos mil años, cuando Julio César enviaba mensajes a sus generales lo hacía utilizando un código cifrado que había copiado de los egipcios, basado en cambiar unas letras por otras, siguiendo una regla de sustitución que variaba con cada mensaje. Aunque el sistema era bastante primitivo, casi un juego, resultaba eficaz, entre otras cosas, porque entonces no había mucha gente que supiera leer y escribir.
En este código de sustitución, el mensaje «NECESITAMOS REFUERZOS» se convertía, por ejemplo, en «FWUWLAMSEHLSKWXNWKRHL», desplazando ocho lugares a la izquierda la posición de las letras y utilizando la letra S como espacio, para complicar un poco las cosas. Quien recibía ‘el mensaje debía conocer la clave, que podía variar cada poco tiempo.
Con el tiempo, los códigos se hicieron cada vez más complicados y descifrar mensajes secretos comenzó a requerir mucho tiempo y trabajo. A partir del siglo XV, muchos científicos y nobles se entretenían en enviarse mensajes codificados, por el simple capricho de desafiar a los contrincantes. A veces se añadían tintas invisibles, diagramas o dibujos simbólicos, a los que se asignaba un papel especial. Eran tiempos en los que se buscaba la piedra filosofal, que convertiría en oro cualquier metal, y por toda Europa circulaban documentos que solo los expertos en esos símbolos sabían descifrar.
Pero los mensajes secretos más secretos eran los de los militares y los espías. Desde aquella época, raro era el ejército que no contara con encargados que codificaran y descodificaran mensajes, inventando claves cada vez más complejas. Muchos correos, a pie, a caballo o en barco, eran perseguidos para interceptar sus cartas en clave. Algunas tardaron años en descifrarse, y en siglo XIX el escritor Edgar Alan Poe, un experto en criptografía, consideraba que nunca podría escribirse un mensaje que no fuera descifrado por otro ser humano.
La llegada del teléfono y de la radio supuso una ventaja para los espías, pero también para los contraespías. Los primeros podían enviar mensajes secretos a gran distancia e instantáneamente, pero era difícil impedir que los segundos intervinieran la línea u oyesen la radio. Además, quien enviaba los mensajes nunca sabía si el mensaje había sido interceptado.
Eso llevó a buscar códigos y sistemas de cifrado cada vez más complicados, que se hicieron monstruosos. Durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, los alemanes manejaban un diccionario de claves que tenía cerca de treinta y cinco mil palabras y reglas distintas. Incluso cuando se conocían las claves, descifrar un mensaje era una tarea muy costosa. Dependiendo del día, de la hora o de ciertas características especiales, como si el número de caracteres era o no múltiplo de cinco, una frase como «LAS GAVIOTAS VUELAN MUY ALTO» se podía convertir en «MAÑANA ATACAREMOS DESPUÉS DEL BOCADILLO» o «SE HAN ESTROPEADO LOS CAÑONES».
Como siempre, llegan las máquinas
Poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes construyeron una máquina de escribir especial, a la que llamaron Enigma, que convertía un mensaje cualquiera en un código secreto mediante un dispositivo electrónico.
Las claves eran tan variadas y cambiantes que solo había una posibilidad entre muchos trillones de adivinada por casualidad. Comenzó entonces una verdadera batalla en las sombras. Por un lado, los espías ingleses intentaron robar una Enigma. Por otro, los militares pidieron ayuda a los científicos para construir máquinas capaces de descodificar mensajes realizando cálculos y combinaciones miles de veces más rápido que cualquier ser humano. Así es como surgió uno de los primeros ordenadores, llamado Colossus.
Con ayuda de máquinas o sin ellas, descodificar mensajes cifrados fue fundamental para inclinar las batallas hacia uno u otro bando. Los japoneses, por ejemplo, utilizaron un sistema con cuarenta y cinco mil números de cinco cifras, cada uno de los cuales codificaba una palabra, una letra o una frase. A pesar de su dificultad, estos mensajes fueron descifrados por los primeros ordenadores; era una cuestión de potencia y rapidez de cálculo. Gracias a eso, los estadounidenses se anticiparon a uno de los ataques japoneses, lo que decidió el curso de la guerra.
Desde esa época comenzó una guerra sorda entre los espías, diplomáticos y militares, cada vez con ordenadores más potentes y rápidos. Si un bando disponía de una máquina capaz de generar claves complicadas, el otro trataba de hacerse con otra más potente capaz de descifradas. La cuestión que todos los científicos se preguntaban era: ¿Existirá algún procedimiento para codificar un mensaje que no pueda ser descifrado por ninguna máquina, por poderosa que sea, al cabo de un tiempo razonable? (Digamos, ¿mil años?).
Antes de responder esta pregunta, es interesante contar una anécdota para saber cómo funcionan las claves secretas.
Mensajes indios
También durante la Segunda Guerra Mundial, a alguien se le ocurrió una idea genial: pedir ayuda a los indios dakota para codificar mensajes secretos. El asunto era sencillo. Alguien dictaba a un indio dakota una orden como, por ejemplo, «MAÑANA LLEGA EL BARCO CON PROVISIONES». El indio la traducía a su idioma y la dictaba por teléfono. Pongamos por caso, se leía como «DAQ-LABA’NAATAN-DULUQ-CHEETAQ». Al otro lado del teléfono había otro indio dakota que escuchaba el mensaje y lo volvía a traducir al idioma original.
¡Era asombrosamente simple! Ya no importaba que el enemigo escuchara los mensajes, porque solo un indio dakota podía descifrados. La ventaja del lenguaje dakota era triple: solo había indios dakota en Estados Unidos, era un idioma que nunca se había escrito y solo lo conocían los dakota. Esto es lo que se llama un mensaje público: no importa que lo oiga la gente porque casi nadie lo entendería.
Secuestrar a un indio dakota se convirtió para el ejército japonés en algo tan obsesivo como para los ingleses robar una Enigma, porque solo un dakota podía entender ese mensaje público. Curiosamente, gracias a los códigos cifrados esos soldados indios se convirtieron en personas valiosísimas en Estados Unidos, cuando siempre habían estado marginados. Hay una película, llamada Windtalkers, que cuenta precisamente la historia de uno de estos indios.
A través de los indios dakota se comprendió que el meollo del secreto de un mensaje secreto no está en que se intercepte, sino en que no haya nadie (¡ni nada!, ¡ni siquiera una maquinal) que pueda descifrado, a no ser que se conozca la clave. Y aquí es donde volvemos a la pregunta: ¿Es posible codificar un mensaje público que no sea descifrado ni siquiera por un ordenador potente, al cabo de mil años de cálculos super rápidos?
Aquí intervienen las matemáticas
Estamos tan acostumbrados a los números que muchas veces no nos detenemos a pensar en las posibilidades que encierran.
Si diez personas deciden sentarse en un banco del parque con todas las combinaciones posibles, el número de formas distintas en que pueden hacerlo es de 3 628 800. Si lograran hacer un cambio por segundo, sin dormir, comer ni parar por ningún motivo, eso les llevaría nada menos que cuarenta y dos días.
Si en lugar de ser diez, son veinte personas, y deciden hacer todas las combinaciones posibles, llegarán al pasmoso número 2432902008176640000, que los matemáticos leen en notación científica como 2,4.1018 y que los mortales llamamos, sencillamente, «dos trillones y medio». Para que esas veinte personas consigan sentarse de todas las formas posibles, a razón de un cambio por segundo, necesitaríamos 77 146 816 596 años. O sea, ¡unas dieciocho veces la edad que tiene el planeta Tierra!
Si el número de personas asciende a 100, el número de combinaciones posible asciende a 9,33.10157 y el número de años sube a 2,96 1015. Realmente, en este punto hemos perdido toda capacidad de imaginación. No hay nada en el universo, ni siquiera electrones suficientes, que justifique utilizar ese número en algo contable…
A partir de 1015, los matemáticos consideran que ese número es «grande». Es cierto que los superordenadores actuales son realmente potentes y que pueden realizar trillones de operaciones por segundo. Pero aunque una máquina fuera capaz de efectuar sextillones de cálculos por segundo, aun trabajando durante miles de años, no podría encontrar algo que está bien escondido. La clave está en ocultarlo bien.
Las primeras claves numéricas
Si alguien codificara letra a letra El Quijote, siguiendo un sistema como el utilizado por Julio César, descifrado sería un juego largo e incómodo, pero sencillo. También lo sería si sustituyera cada letra por un cierto número. Todos los códigos de sustitución y desplazamiento son fáciles de destripar con solo hacer un análisis estadístico de letras. En español, la E es la que aparece más veces, seguida de la A, por ejemplo.
El asunto se complica si sustituimos y ocultamos siguiendo una clave y una operación. Por ejemplo, la frase «En un lugar… » se puede sustituir por «112028201828133425». Hasta aquí, se ha hecho una simple sustitución, fácil de descubrir. Pero si esa serie se divide en grupos de nueve (11202820828133425) y después se le suma una clave secreta (pongamos por caso 740321821896110942), eliminando la primera cifra de cada grupo si al sumar se obtienen más de nueve cifras, se obtiene el mensaje 852350022724244367.
Aquí ya no hay regla estadística que valga. Si se conoce la clave, lo que hay que hacer para restaurar el mensaje original es primero restar y luego descodificar. Pero si no se conoce la clave, descifrar el mensaje es un quebradero de cabeza. En esta doble operación de sustituir y operar se basaban muchos códigos secretos de la época en que no había ordenadores.
Sin embargo, para un ordenador descifrar este mensaje resulta una tarea relativamente sencilla. Es cuestión de probar miles de millones de combinaciones y aplicar reglas estadísticas, y una máquina suma y multiplica cifras a una velocidad pasmosa, con lo que, al final, destripa cualquier mensaje de este tipo.
Cuando se pidió ayuda a los matemáticos, estos pensaron en una tarea difícil incluso para un ordenador. E inmediatamente recurrieron a los números primos.
La dificultad de los grandes primos
Como es sabido, un número primo es aquel que no tiene más divisores que sí mismo y la unidad. Para saber si un número es o no primo (y son candidatos teóricos los que no acaban en 0, cifra par o 5), un procedimiento eficaz consiste en probar a dividido por todos los números enteros que sean impares y menores que su raíz cuadrada. Para 2011, por ejemplo, habrá que hacer 21 tanteos; al no encontrar ningún divisor, diremos que 2011 es primo.
Hacer 21 divisiones y comprobaciones es muy simple para un ordenador. Tarda apenas un microsegundo. El asunto lo complicamos un poco si queremos comprobar si el número 2467043539 es o no primo, porque habría que hacer 24834 divisiones. Con un número de diecisiete dígitos, el número de divisiones asciende a 150 millones. Y si el número tiene cien cifras, los ensayos son ya 1050. Todavía no entramos en el territorio de los números grandes, pero falta poco…
Con números de 128 o de 256 cifras, el asunto se complicará enormemente. (En realidad, las cosas no son del todo así. Es mucho más sencillo saber si un número es primo que calcular cuáles son sus divisores, porque los matemáticos han desarrollado procedimientos muy poderosos que no viene a cuento describir aquí). Con esos métodos, saber si un número impar de 200 cifras es primo (en caso de que lo sea) requiere varios minutos de tiempo en su superordenador. Pero determinar cuáles son sus dos divisores de 100 cifras requeriría en esa misma máquina ¡varios millones de años de funcionamiento!
A secretos colosales, números colosales
En 1977, el célebre divulgador matemático Martin Gardner propuso un problema que hoy es famoso: encontrar los factores de un número primo de 129 cifras y, con ello, descifrar un mensaje oculto en una clave. Consideraba entonces altamente improbable que alguien lograra factorizar ese número con los métodos de trabajo existentes en la época. Pero diecisiete años más tarde, utilizando la potencia de cálculo de cientos de ordenadores trabajando conjuntamente a través de internet, se logró encontrar sus divisores y descifrar el mensaje original, que tenía cuarenta letras.
Para mayor seguridad, hoy en día las “claves de encriptación” de documentos muy secretos maneja números primos de 230 cifras. Estos números son públicos; es decir, cualquiera (casi cualquiera, podríamos decir) puede utilizarlos para enviar mensajes, pero solo quienes conozcan sus factores pueden descifrarlos. Y se confía en que esos factores no sean calculados ni descubiertos en un plazo de tiempo prudencial.
El código pin de nuestro teléfono móvil suele constar de cuatro cifras; si lo perdemos y alguien intenta ponerlo en funcionamiento, dispone de tres intentos. En caso de no acertar con el pin, el teléfono se bloquea y para reactivado se necesita un código puk que ya tiene ocho dígitos. Es una muy buena medida de seguridad; a menos que nos roben el puk, desbloquear el teléfono resulta casi imposible para un profano.
Pero nuestro teléfono móvil es un pequeño secreto. Las cuentas de nuestro banco están protegidas con códigos de seguridad que son mucho más difíciles de descifrar, porque constituyen un secreto algo mayor. Y los datos o noticias que circulan entre poderosas corporaciones económicas y militares son verdaderamente secretos y sus usuarios consideran que deben ser indescifrables. No es extraño que estén codificados con números de más de doscientas cifras.
Actualmente, con al auge del correo electrónico y de Internet, hay dos rasgos que tienen que ver con el cifrado de datos: la autenticidad y la ocultación.
La autenticidad trata de garantizar que la persona que remite un documento es quien realmente dice ser. Durante siglos, esto se ha conseguido mediante la firma autógrafa; es decir, el conjunto de garabatos escritos con el que nos identificamos al firmar.
Cuando hace años se popularizó el uso del DNI, con un número, cualquiera podía inventarse al instante uno como, por ejemplo, 3602466. Posteriormente, se añadió una letra de control para garantizar que ese número fuese válido, y así se creó el NIF. Esa letra añadida se obtiene haciendo la división entera del DNI entre 23, tomando el resto y asignando a ese resto una letra siguiendo cierto criterio: A=3, B= 11, C=20, D=9, etc. En principio, podría pensarse que cualquiera que sepa dividir y conozca la tabla de asignación podría inventarse un NIF, con un número y su correspondiente letra.
Como el NIF no sirve para identificar a una persona, ya se han puesto en marcha procedimientos para garantizar la autenticidad de los firmantes, sobre todo si operan a través de Internet. Es el caso de la firma electrónica, un código de caracteres generado por procedimientos matemáticos en los que intervienen números primos larguísimos, casi imposibles de factorizar. Es muy probable que, dentro de unos años, tus documentos electrónicos aparezcan firmados con una ristra de letras y números similar a 8026565789035dc927a7428cd1360572fe…, y así hasta 166 caracteres.
El segundo aspecto, el de la ocultación, es el que se refiere al cifrado del contenido de los mensajes. Como es fácil de suponer, disponer de un código secreto indescifrable solo está al alcance de quienes tienen secretos que guardar y disponen de ordenadores muy potentes.
Para acabar, ¿vale tanto un secreto?
Por encima de nuestras cabezas, a la velocidad de la luz, cabalgando por satélites, cables y antenas, viajan billones de datos cifrados que contienen secretos económicos, científicos y militares. Son codificados y descodificados por potentes ordenadores, que operan con números primos titánicos’. Estas máquinas son manejadas por hombres y mujeres muy inteligentes, a veces geniales, que han dedicado parte de sus vidas a esconder una información que consideran muy valiosa, para que otros hombres y mujeres, también geniales, no puedan descifrada en sus vidas, aunque dediquen su existencia a ello.
Desde cierto punto de vista, resulta asombroso que haya seres humanos capaces de plantear problemas que otros humanos no puedan resolver jamás, ni siquiera con ayuda de superordenadores.
Desde otro punto de vista, quizá resulte absurdo. Mientras se construyen mensajes que se consideran invulnerables, estamos indefensos ante el ataque de un virus. Por otra parte, esta batalla resulta tan antigua como la de la espada contra el escudo.
Al escribir estas líneas se tienen noticias de que el número primo más grande conocido hasta la fecha es el 230402457-1, que convierte en liliputienses los números grandes de los que hemos hablado antes y que ha sido obtenido, naturalmente, con ayuda de una máquina. Por otro lado, se habla ya de los futuros ordenadores cuánticos, que aseguran serán capaces de resolver en pocas horas tareas que los superordenadores actuales tardarían miles de años en llevar a cabo.
¿Se podrá descifrar en algún momento un mensaje que en otro momento se considere indescifrable? Quizá la respuesta sea, como diría Julio César si supiera multiplicar, 52443644 2252 7256225254304440 7422 543022384644.
El asunto está en si tanto secreto merece, de verdad, tanto esfuerzo.
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Cambie sus claves periódicamente
La primera medida de seguridad en Internet (y en todo medio electrónico) es la Clave, en otros sitios conocida como el PIN (personal Identificatión Number) o número de identificación personal. Sin embargo, la mayoría de las personas no cambia su clave nunca.
Fórmese el hábito de cambiar su clave con periodicidad. En algunos servicios le «obligan» a cambiar la clave cada cierto tiempo, por lo general en forma semestral. Sin embargo es indispensable que usted forme el hábito de cambiar su clave por lo menos una ves al mes, la de todos sus servicios: bancaria, acceso a Internet, correo, etc.
Use una combinación de letras y números, y tenga en cuenta que en algunos servicios se reconocen y distinguen las mayúsculas de las minúsculas. Si puede, haga uso de caracteres especiales también, como los signos de más y menos.
En el caso de los Pines bancarios, que solo son números, se recomienda cambiarla con mayor frecuencia.
Fuente: DeltaAsesores.com
Comer bien
abril 5, 2014
Fuente: la Nación, 05/04/14.
Longevidad Hispana
abril 5, 2014
La longevidad de los latinos desconcierta a los expertos.
Por Miriam Jordan.
Trinidad de León tiene 93 años. Luego de décadas trabajando en los soleados campos de coliflores y fresas en California, su piel se volvió como cuero, ya no escucha tan bien y su cuerpo se redujo un poco. Sin embargo, según su hija, es más fuerte que sus ocho hijos juntos. «Hace dos caminatas por día» en su barrio de Oceanside, California, agrega su hija de 57 años, María de León. «Solo».
La razón por la que hispanos como de León —muchos de ellos pobres, sin mucha educación formal y sin seguro médico— viven largas vidas y llegan a la vejez fuertes es algo que desde hace mucho confunde a los profesionales de la salud, académicos y otros expertos. La semana pasada, los primeros datos sobre la expectativa de vida de los hispanos en Estados Unidos mostraron que viven en promedio 2,5 años más que los blancos no hispanos y casi ocho años más que los negros.
La expectativa de vida para los hispanos es de casi 81 años, comparada con 78 para los blancos y un poco menos de 73 para los negros. En conjunto, los habitantes de EE.UU. pueden esperar vivir 77,7 años, según el informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
«Los hallazgos pueden implicar que la población hispana es en general más saludable» que la negra y la blanca a pesar de su bajo estatus socioeconómico, explica Elizabeth Arias, principal autora del informe.
Algunos expertos advierten, sin embargo, que a medida que la inmigración se desacelera y la asimilación se incrementa, la ventaja de los hispanos podría no durar para siempre.
Aunque no hay ninguna explicación concluyente para la longevidad de los latinos, posibles razones tienen que ver con la migración, la cultura y el estilo de vida.
Una teoría sostiene que los inmigrantes son un grupo autoseleccionado de personas vigorosas, que están preparadas física y mentalmente para viajar a una nueva tierra y por lo tanto tienden a ser más sanos que sus familias en sus países de origen. De hecho, los latinos de EE.UU. viven cuatro años más que los mexicanos y dos más que los cubanos en sus respectivos países, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. Alrededor de dos tercios de todos los latinos en EE.UU. son de origen mexicano.
Los hispanos son ahora la minoría más grande en Estados Unidos y el grupo de crecimiento más rápido. Representan 15% de la población de EE.UU. y alrededor de 40% de ellos son inmigrantes.
Otra teoría explica que los hispanos en EE.UU. viven más que los blancos y los negros porque es más probable que coman dietas saludables, hagan ejercicio y pertenezcan a redes sociales que los apoyan.
«Muchos hispanos son pobres y no están bien educados, pero normalmente comen comida casera y hacen trabajos físicos«, explica el doctor J. Mario Molina, presidente ejecutivo de Molina Healthcare Inc., de Long Beach, California, que atiende mayoritariamente a pacientes de bajos ingresos.
De León, que vino a EE.UU. con 35 años sin educación formal, subsistió, según su hija, en base a frijoles, maíz y «un poco» de carne durante la mayor parte de su vida. Recoger frutas y vegetales, aunque era arduo, lo ayudó a mantenerse en forma.
El término «paradoja epidemiológica hispana» fue acuñado en 1986 por Kyriakos Markides, un profesor de la faculta de medicina de la Universidad de Texas en Galveston, luego de que encontrara bajas tasas de mortalidad y buenos niveles de salud en los hispanos del sudoeste de EE.UU. Entonces, «parecía paradójico que una población tan desfavorecida pudiera vivir por tanto tiempo y estar relativamente saludable», explicó.
A comienzos de esta década, estudios hechos en California por David Hayes-Bautista, un profesor en el Centro para el Estudio de la Salud y Cultura Latina de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Angeles, encontró patrones similares.
«Por primera vez tenemos estimaciones nacionales aceptables que respaldan lo que sospechamos por mucho tiempo», dice el profesor Markides en referencia a los informes del CDC. «Los hispanos pueden vivir mucho tiempo», aseguró.
Pero el fenómeno quizás no tenga la capacidad de durar. Las ventajas en materia de salud de los latinos por sobre los blancos y los negros en EE.UU. podrían disminuir o desaparecer totalmente a medida que declina la inmigración y las sucesivas generaciones de hispanos se asimilan más y más.
Las investigaciones muestran que los hispanos nacidos en EE.UU. tienen peores resultados en cuanto a su salud que los latinos que nacieron fuera del país, incluyendo una mayor frecuencia de diabetes y obesidad. También es más probable que fumen, beban y utilicen drogas ilegales. El embarazo adolescente es más común entre las latinas nacidas en EE.UU. que entre las inmigrantes.
«A medida que la gente se acultura, adopta el estilo de vida estadounidense: se vuelve más sedentaria y come comida rápida», explica Molina. «La gente se ve más estadounidense cuanto más tiempo su familia ha pasado aquí», agrega.
La esposa de de León, que murió hace cuatro años, vivió hasta los 87 años. Varios de sus ocho hijos tienen diabetes, dice su hija María. Sus nietos disfrutan la comida mexicana, igual que su abuelo.
«Pero aman las hamburguesas y comen comida precocinada», admite María.
Fuente: The Wall Street Journal, 2010.
Trinidad de León, de 93 años, con sus hijas María (izq.) y Ofelia.
¿Jubilarse?
abril 4, 2014
Por qué los ricos nunca se jubilan.
Por Robert Frank.
Para muchos estadounidenses, la idea de jubilarse hace tiempo que pasó al olvido. Los menguantes ahorros, el mínimo crecimiento salarial, las fallidas inversiones y los crecientes precios suponen que muchas personas seguirán trabajando después de los 60 ó 70 años. La Gran Recesión ha hecho el retiro incluso más remoto.
En cuanto a los ricos, bueno, todavía se pueden jubilar a lo grande.
Un estudio reciente de Barclay´s Wealth, titulado «The Illusion: How the Wealthy are Redifining Their Retirement» (algo así como «La Ilusión: Cómo los Ricos Están Redefiniendo su Retiro»), sugiere que incluso los millonarios y los multimillonarios están planificando una vida de trabajo. Y las razones son sorprendentes.
La encuesta, en la que participaron 2.000 personas con al menos US$1,5 millones en activos invertibles, determinó que el 54% de los millonarios afirma que quieren seguir trabajando durante su jubilación. Incluso los más adinerados no quieren dejar de trabajar. En todo el mundo, el 60% de quienes tienen al menos un patrimonio de US$15 millones planean seguir involucrados en el trabajo «independientemente de la edad».
Barclays les llama «Nevertirees» (los que nunca se retiran). Una de las razones es el aumento de la esperanza de vida, además de la creciente incertidumbre financiera. Pero el estudio indica que uno de los principales motivos por los que los ricos quieren seguir trabajando es porque disfrutan con ello.
Greg Davies, director de Finanzas del Comportamiento en Barclays Wealth, dijo que «para muchos, su vida laboral es una parte importante de quiénes son, es algo de lo que obtienen autoestima y valor, y no solamente algo que tienen que hacer hasta que puedan disfrutar de un retiro placentero».
El estudio cita a Dick Pyle, quien lanzó dos negocios cuando tenía más de 60 años, incluyendo truffle-tree.com: «No me podía imaginar a mí mismo sin trabajar y no se me pasó por la cabeza la idea de la jubilación. Cuando cumplí los 60 años, me pareció un buen momento para reevaluar las cosas y comenzar un nuevo negocio al que poder dedicar el tiempo».
Para algunos, esta postura podría parecerles un egoismo sin límites disfrazado de disfrute personal y «pasiones». Para la mayoría de la gente, el trabajo es difícil, estresante y tedioso. ¿No tienen ya suficiente estos millonarios? (A lo cual me gustaría añadir, nunca hay suficiente).
Pero los emprendedores –que representan la mayoría de los ricos— pueden ser diferentes. He entrevistado suficientes para saber que para ellos, el trabajo es su diversión, y su diversión es su trabajo. No calificaría a su trabajo de «divertido». Pero les define. Nunca dejan de buscar la próxima necesidad comercial o de reinventar una industria, o una compañía que reestructurar o un acuerdo exitoso.
Puede que sea trabajo. Pero no se pueden imaginar la vida sin él, no importa la edad que tengan.
Fuente: The Wall Street Journal. 2010.
















