Cómo no resolver una crisis

junio 17, 2012 · Imprimir este artículo

Cómo no resolver una crisis

Por Joe Nocera

 

Las reacciones de EE.UU. y Europa frente a sus crisis son casos a comparar. En un caso es un país y en el otro son 17.

 

Hay un momento delicioso en la película Malas noticias, de HBO, en que Christine Lagarde, entonces ministra de Economía de Francia, llama a Hank Paulson, secretario del Tesoro de EE.UU. Es septiembre de 2008 y Lehman Brothers acaba de implosionar después que el gobierno no lo rescató. Hay pánico en el aire.

“Hank ¿cómo dejaste que cayera Lehman? ¿Qué diablos estabas pensando?”, lo reta. Le pide que salve a AIG, que parece ser el próximo en desplomarse. “Esto no es sólo un problema de Estados Unidos”, concluye Lagarde. (Nota: fui asesor en la película) ¡Qué ironía! Aquí estamos, más de tres años y medio después, y en ese tiempo la zona del euro coqueteó con la catástrofe financiera. Hoy Lagarde lidera el FMI, que existe, en gran parte, para ayudar a los países a sobrevivir a esas catástrofes. Sin embargo, ni ella ni nadie en Europa está dispuesto o es capaz de hacer más que usar curitas para parar el desangre.

Un colapso de la eurozona, si sucede, sería devastador para las economías ya castigadas de Europa, y llevaría a una contracción crediticia generalizada, desempleo masivo y economías deprimidas en todo el Viejo Continente. Pero afectaría también a la economía de EE.UU. y sería un golpe fuerte a las perspectivas de reelección del presidente Obama. Parafraseando a Lagarde, esto no es sólo un problema europeo.

Las reacciones de EE.UU. y Europa frente a sus respectivas crisis son casos a comparar. El gobierno de Bush y la Fed aunaron esfuerzos: no sólo salvaron a AIG y recapitalizaron los bancos, sino que compraron miles de millones de dólares de hipotecas subprime que estaban intoxicando al sistema bancario y garantizaron casi toda la deuda de los bancos. Uno podrá decir lo que quiera sobre el riesgo moral que implica el rescate de bancos, pero la estrategia funcionó. Con el anuncio al mundo de que sería el prestamista de última instancia, Washington evitó un colapso bancario y, muy posiblemente, una depresión.

En la zona del euro no hay prestamista de última instancia. Alemania, que tiene el dinero y el poder para desempeñar ese papel, se niega a hacerlo. El Banco Central Europeo está condicionado por la política y por su escaso sentido de misión. Apenas la semana pasada, no quiso bajar las tasas de interés, en buena medida, según su presidente, Mario Draghi, porque “No creo que sería correcto para la política monetaria contrarrestar la inacción de otras instituciones”.

En la crisis del euro, la reacción de los gobernantes europeos ha sido tibia, reticente y poco convincente. Quieren jugar a las escondidas, y nada más. La decisión que se tomó en el fin de semana de prestarle a España US$125.000 millones para apuntalar su sistema bancario es típica . Por un lado, es improbable que alcance. Por otro, servirá de muy poco para mejorar los problemas de fondo españoles, que incluyen un 25% de desocupación, una economía en franco declive y un déficit federal en alza que puede requerir su propio salvataje. ¿Usted se pregunta por qué la gente ya especula con que la siguiente será Italia? Porque los inversores no confían en que el problema se haya solucionado. ¿Por qué tendría que haber confianza? No la hubo en todo este tiempo.

Una diferencia grande entre EE.UU. y la eurozona es que EE.UU. tiene un gobierno y ellos 17. Los alemanes están hartos de que se les pida que salven a quienes para ellos son los inútiles griegos. Los griegos están igual de hartos de los planes de austeridad que los alemanes les imponen. Y así, interminablemente.

Se dice que Europa necesita una integración fiscal y política para salvar al euro, pero no hay voluntad política para ello, y es probable que nunca la haya. Sucede que los gobiernos soberanos no ceden de buena gana su soberanía. Si la eurozona debe ser salvada, los europeos tendrán que salvarla.

Todo lo que han hecho durante el último año sugiere que prefieren arriesgarse a un desastre financiero que casarse con países con costumbres y políticas muy diferentes de las propias. La razón que explica por qué Europa no tiene un prestamista de última instancia es que sus ciudadanos no lo quieren.

En cuanto a EE.UU., todo lo que podemos hacer es observar y esperar lo mejor. Pero no se sorprenda demasiado si Obama llama a Angela Merkel y le pregunta: “¿Cómo dejaste que cayera el euro? ¿Qué diablos estabas pensando?”.

Joe Nocera es escritor y columnista de The New York Times.

Fuente: Clarín, 17/06/12.

Lectura recomendada:  La eurozona avanza a paso muy lento

Comentarios

Algo para decir?

Usted debe estar logueado para escribir un comentario.