El BCRA no puede definir solo el nivel de reservas

abril 1, 2012 · Imprimir este artículo

El BCRA no puede definir solo el nivel de reservas

Por Juan Carlos de Pablo

 

Menudo encargo recibieron los directores del Banco Central (argentino), como consecuencia de la modificación de la Carta Orgánica. Porque a las tareas que tenían que cumplir deben sumarle la de determinar el nivel óptimo de las reservas de divisas que debe mantener el banco.

Para ayudarlos entrevisté al alemán Karl Gustav Adolf Knies (1821-1898), profesor en las universidades de Friburgo y Heildelberg, quien, según Julio Hipólito Guillermo Olivera, fue pionero en la aplicación de nociones probabilísticas para determinar el efectivo que por razones precautorias tienen que mantener los bancos como proporción de sus depósitos.

-¿En qué consistió su aporte?

-Mostré que el aumento de las reservas no debía guardar relación con el aumento de los depósitos, sino con la raíz cuadrada de ese aumento. Encaramado en mis hombros, Francis Ysidro Edgeworth transformó este resultado en un teorema. En 1971, en una tormentosa sesión de la Asociación Argentina de Economía Política, que ninguno de los presentes podrá olvidar, Olivera mostró que este enfoque también se puede aplicar a las mercaderías, las reservas internacionales, etcétera.

-En la Argentina, hoy, se plantea la cuestión de la determinación del nivel óptimo de reservas que debe tener el Banco Central.

-El cálculo de las reservas precautorias sobre la base de los teoremas de la raíz cuadrada sirve para el caso en el que las personas adoptan sus decisiones sobre la base de consideraciones individuales, en el ejemplo de un banco, tanto cuando depositan como cuando retiran fondos. No sirve cuando, al decir de Guillermo Antonio Roberto Calvo, alguna noticia [o la anticipación de que algo puede llegar a ocurrir], genera comportamientos de manada, que dan lugar a corridas bancarias o cambiarias.

-¿De qué depende, entonces, el nivel óptimo de reservas de un banco central?

-De la relación [o falta de ella] que existe entre las políticas fiscal, monetaria y cambiaria. Por lo cual, no sólo no puede definirse un único nivel óptimo de reservas, sino que el valor óptimo según cierto punto de vista puede ser muy diferente de los que surgen según otros puntos de vista. Ejemplo: en un país donde el tipo de cambio es libre y el Tesoro nacional no está endeudado, o no recurre al Banco Central para pagar sus gastos en moneda extranjera, el nivel óptimo de reservas es ¡cero! En el otro extremo, durante la convertibilidad, el Banco Central tuvo que mantener, como mínimo, reservas equivalentes a la base monetaria.

-¿Por qué también depende de las políticas fiscal y monetaria?

-Porque si para financiar el déficit fiscal, o alentar el crédito bancario, el Banco Central aumenta la oferta monetaria más allá de la cantidad de dinero que la población desea mantener líquida en sus bolsillos o como depósitos, ésta intentará sacarse de encima el excedente comprando dólares. Si las autoridades no desean que el tipo de cambio nominal aumente, tendrán que sacrificar reservas, para lo cual tienen que tenerlas o adquirirlas.

-¿No está usted mezclando stocks y flujos?

-Los estoy combinando, pero por las dudas, aclaro, porque es muy importante. La emisión monetaria, como el déficit fiscal, son flujos; mientras que las reservas son un stock. Si año tras año continúan los desequilibrios fiscal y monetario, no hay nivel de reservas que alcance. De la misma manera que si de la heladera lo único que hacemos es sacar, llegará el día en que la habremos vaciado.

-Ninguna de estas políticas está en manos del directorio del Banco Central.

-Efectivamente. El cálculo que les encargaron a los directores depende de variables que están fuera de su control, de modo que realizarán la tarea de la misma manera que dentro del sector privado la realizarán los consultores para satisfacer las preguntas que les planteen sus clientes.

-¿Y si emitimos, pero introducimos el control de cambios y las licencias de importación?

-Demorará en aparecer el momento en que el sistema dejará de ser viable, pero si no se atacan los desequilibrios fundamentales, el encontronazo será inevitable.

-Don Karl, muchas gracias.
Fuente: La Nación, 01/04/12.

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