El combo socialista

julio 5, 2018 · Imprimir este artículo

El “combo” y la decadencia intelectual del izquierdista moderno

Al igual que en un restaurant de comidas rápidas, el socialista de hoy tiene un combo para ofrecer: un menú único de consignas repetidas que invita al bostezo.

El combo del socialista moderno: el feminismo, el pseudoantiimperialismo, la desigualdad como problema, el rechazo a los países civilizados y la distancia de los libros, la cultura y la originalidad.
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La discusión en Argentina en base al aborto y la agenda de género me ha dejado una curiosa reflexión: ¿Por qué los socialistas modernos están de acuerdo en todos los tópicos? Aunque discutan electoralmente por frentes y partidos que proponen exactamente lo mismo (cabe recordar la batalla judicial en la última elección, donde se pelearon por el nombre los de la “Izquierda al Frente” con los del “Frente de Izquierda”) es muy difícil encontrar a dos socialistas por estos días que difieran en algo.

Los jóvenes de izquierda de hoy parecen haber comprado un combo de una cadena de comida rápida. Como se despacha la bebida, la hamburguesa y las papas fritas, el manual de la izquierda contemporánea vende un discurso que parece ser adoptado en general y sin críticas por los entusiastas partidarios.

Aunque algunos tengan más formación que otros, el “combo” es inevitable: el rechazo a Israel y a los Estados Unidos, la explicación de la explotación actual, que cuando no se puede justificar con individuos se explica con colectivos como países, la agenda de género, la defensa del aborto, el discurso de la redistribución y la desigualdad, etcétera. Siempre es lo mismo. Uno discutió con uno, y en lo concreto, es como si lo hubiese hecho con todos.

Esto que hoy es moneda corriente, no fue siempre así. Hace unas décadas, los jóvenes militantes de izquierda (a pesar de los errores conceptuales) se caracterizaban por un buen nivel cultural. Por estos días, la gran mayoría no leyó ni a los autores que defienden, ni siquiera a los resúmenes de divulgación. El combo se transmite de forma oral, o en el mejor de los casos, mediante un video de YouTube.

En las décadas del sesenta y setenta las discusiones de la izquierda eran más conceptuales: se debatía la estrategia política electoral versus la posibilidad de la lucha armada, discutían entre los apoyos entre la Unión Soviética o China, opinaban sobre las estrategias de coyuntura política sobre alianzas estratégicas y discutían espacios de poder para la difusión de las ideas, desde las iglesias hasta las universidades. Hoy, es absolutamente predecible lo que un joven de izquierda puede decir para defender a Nicolás Maduro o al régimen cubano: la desinformación de los medios de la derecha, el bloqueo y la presión de Estados Unidos, las supuestas mejoras inexistentes de los más necesitados. Todo es predecible. Todo es un bostezo.

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Ricardo López Murphy suele recordar en sus conferencias que, en sus años de estudiante, un joven dirigente maoísta solía criticar enfáticamente la conformación voluntaria de las parejas. Su teoría era que los atributos físicos eran una de las principales fuentes de desigualdad, por lo que un ente centralizado en nombre de la justicia distributiva, debería dedicarse a otorgar las parejas por sorteo. Más allá de lo delirante de la propuesta, sin dudas que la discusión con personajes de esta índole harían mucho más entretenido el debate.

Del lado de los liberales, más allá del respaldo empírico del éxito de los modelos de las sociedades abiertas, nuestros debates son apasionantes. Aunque solemos caer en el error de “hablarles a los nuestros” cuando comunicamos ideas, nuestras discusiones son interesantes y acaloradas. El anarquismo de mercado versus el minarquismo, el aborto, la religión, austríacos contra monetaristas, las estrategias políticas, etcétera. La lista de discrepancias incluso se amplía a diario. Difícilmente por estas horas dos liberales argentinos no mantengan una acalorada discusión sobre la influencia del mediático Javier Milei en la televisión.

Si una persona pasa cerca de dos liberales discutiendo, seguramente piense que el debate es entre dos enemigos conceptuales, dado el nivel de intensidad de la cuestión.  Más allá de acordar en el 95% de las cosas, es cuestión de sentar en una mesa a un grupo de liberales para que el 5% de diferencias aflore, monopolizando la discusión y que se genere un interesante debate.

Sin embargo, la pobreza conceptual de los jóvenes socialistas y la amplitud de los liberales, habla mejor de ellos aunque parezca paradójico. Aunque no cuentan con herramientas argumentativas, tengan la evidencia empírica en contra y no se les caiga una idea original, siguen siendo la cultura dominante y su radio de influencia es más efectivo dentro del mayoritario espectro no ideológico. Esta situación nos obliga a ser más eficientes y remontar una lucha, que aunque contemos con mejores armas, todavía la vamos perdiendo.

Fuente: es.panampost.com, 2018.


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