La importancia de enseñar Ciencias

enero 17, 2020 · Imprimir este artículo

¿En qué consiste enseñar ciencias?

Por José Sellés-Martínez.

El Galpón de las Ciencias. Despertar vocaciones científicas, el mayor «semillero» para el desarrollo del país.

En 1883, T. H. Huxley se lamentaba de que la literatura se enseñara como si fuera una ciencia, reduciéndola a las reglas ortográficas y gramaticales, y en contrapartida, la ciencia se enseñara como si fuera un poema, recitándola de memoria. La situación no ha variado mucho desde entonces y los estudiantes secundarios, a pesar de contar con una importante carga horaria dedicada a las matemáticas, la física, la química y la biología, terminan sus estudios con muy pocos conocimientos sobre las mismas. Esto es particularmente grave en tanto se sabe que las oportunidades de mejores puestos de trabajo son cada vez más dependientes de los conocimientos y habilidades vinculadas a las ciencias.

En primer lugar debe destacarse que enseñar ciencia no es enseñar fórmulas. Reducir la enseñanza de las ciencias a la retención memorística de fórmulas que resuelven determinados problemas es uno de los errores capitales en la educación. No es frecuente que un docente se detenga a explicar cuáles fueron los razonamientos y las observaciones que permitieron desarrollar la fórmula que resuelve un problema determinado. Sin embargo, esto es primordial para que la educación científica logre sus objetivos.Newsletters Clarín Alberto y Cristina

Comprender el proceso de reflexión y experimentación que llevó a establecer de qué parámetros depende una variable y en qué grado influye cada uno de ellos en la fórmula que los relaciona es lo que contribuye al aprendizaje, no la repetición memorística de la fórmula. Esto, permitirá, además, recordarla con mayor facilidad. Dejará de ser una poesía escrita en un idioma extraño, que se recita por fonética, para comprenderse su significado.

Enseñar ciencia es enseñar por qué cada fórmula es como es y cómo se llegó a ella; la fórmula en sí es secundaria. Una vez descubierta, sólo sirve para resolver una situación que ya ha dejado de ser un problema científico y se ha reducido a un mero reemplazo matemático de términos, de los cuales algunos son datos y otros incógnitas que se resuelven con un simple pasaje de términos.

En segundo lugar puede señalarse que muchas veces se olvida que la historia de la ciencia también es parte de la ciencia. Lamentablemente la poca historia de la ciencia que suele citarse está vinculada a su relación con temas sociales y no al trabajo del investigador. Galileo es más recordado por su enfrentamiento con la iglesia que por sus métodos de trabajo.

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Newton es recordado por una anécdota (además falsa) que refiere que fue la caída de una manzana sobre su cabeza lo que le llevó a explorar el concepto de la atracción gravitatoria y no por la forma en que encaró la resolución de problemas. Enseñar cómo se hace la ciencia y qué sienten y cómo reaccionan los científicos cuando llegan a resultados innovadores o cuando sus experimentos fracasan también es enseñar ciencia.

Una tercera actitud que influye negativamente en la formación científica de los ciudadanos es la tendencia a dejar de lado el uso de métodos manuales y tecnologías analógicas y su reemplazo indiscriminado por métodos digitales. Se desprecian métodos tradicionales porque los programas de computadora hacen todo más rápido y lo presentan de modo más atractivo.

Sin embargo, la función pedagógica de ciertos métodos “tecnológicamente anacrónicos” no es reemplazada con el uso indiscriminado de las tecnologías modernas que funcionan como “cajas negras”. La tecnología no tiene el mismo papel en la educación que en la vida cotidiana y esto parece ser olvidado cuando se exige a las escuelas una modernización tecnológica que no está acompañada por la capacitación para el uso sensato de la misma.

El desarrollo de un país va de la mano de su desarrollo científico y tecnológico. Formar científicos e ingenieros que generen nuevos conocimientos que, a su vez, produzcan avances tecnológicos que permitan, por ejemplo, la comercialización de nuevas patentes es un requisito ineludible para el progreso genuino. Es necesario, por lo tanto despertar vocaciones científicas que nutran a las universidades de estudiantes pertrechados con las habilidades, conocimientos e inquietudes necesarios para esa etapa. En una adecuada enseñanza de las ciencias a nivel secundario está la clave del éxito y del fracaso.

José Sellés-Martínez es profesor del Departamento de Ciencias Geológicas, FCEyN – UBA.

Fuente: Clarín, 17/01/20.

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