Las trabas a las importaciones en Argentina

marzo 26, 2012 · Imprimir este artículo

Importaciones

Por Enrique Szewach

 

Empecemos con una obviedad conceptual. Si los socios comerciales de la Argentina, le pidieran a nuestro país, lo mismo que nosotros les reclamamos a ellos, es decir que igualen sus importaciones a nuestras exportaciones, la Argentina, en lugar de tener superávit comercial, tendría un saldo “cero”.

Dicho de otra manera, si los representantes de los países con los que somos superavitarios en el comercio, viajaran en una misión  a nuestro país a exigir que importemos más, el resultado sería que desaparecería nuestro excedente comercial. Lo que prueba lo absurdo de la pretensión argentina.

Eso no quita que sea bienvenido todo intento de abrir nuevos mercados y negociar menores trabas a nuestros productos, pero esa es una acción  para “desplazar” a otros proveedores.

Pedirle a un país que nos compre más, es pedirle que deje de comprarle a otro, o que deje de producir internamente lo que nos compraría y ello requiere que nuestros productos sean mejores, o más baratos, o ambas cosas, y que se eliminen, con reciprocidad, subsidios, barreras arancelarias, sanitarias, etc.

Pero, ello tiene más que ver con los negocios sectoriales que con los desequilibrios de la balanza comercial.

Porque, como ya le conté más de una vez, todo desequilibrio en contra de la balanza comercial externa, es un tema macroeconómico,  de gasto interno excediendo la producción. Cuando se gasta más de lo que se produce internamente, se importa la diferencia.

Después, de qué país en particular se importa, depende de la geografía, de los arreglos comerciales y arancelarios, del tipo de productos, de las ventajas competitivas de cada país, etc.

El gobierno busca sustituir producción importada por producción interna, sin bajar el nivel de consumo.

Pero lo cierto es que, como no hay, en general, capacidad ociosa, para aumentar la producción interna, hace falta invertir, y la inversión, insisto, si no hay capacidad ociosa, también requiere importar maquinaria, insumos, etc.

Y si hay alguna capacidad ociosa, es porque el producto importado es más barato o de mejor calidad, de manera que al prohibirlo, los precios locales suben o la calidad  empeora (o ambas).

En otras palabras, si hay que bajar las importaciones, en un país cuya industria está trabajando a pleno, hay que bajar el consumo. Si se quiere mantener el nivel de consumo, sólo se logra aumentar los precios, lo que afecta el poder de compra y, finalmente,  baja el consumo.

O se produce un cambio en  la composición de lo que se importa. Se sustituyen los productos, pero no el total.

Por lo tanto, como el gobierno está siendo “efectivo” en el control de importaciones, por ahora, o el consumo se está desacelerando en algún lado, o se están desacumulando, rápidamente, stocks previos.

Obviamente, había otro camino. En lugar de actuar sobre las “cantidades”, se podría haber actuado sobre los “precios”, modificando el tipo de cambio, haciendo más caras las importaciones, bajando el consumo de esta manera.

Pero estamos ante un gobierno que considera más “popular” racionar por cantidades que por precios. Dado que, en teoría, cuando se raciona por precio, los que más tienen sufren menos que los que no pueden pagar esos precios.

Si no puede haber “superconsumo para todos”, entonces, “superconsumo para nadie”.

Sin embargo, en la práctica, los que pueden, consiguen igual los productos –viajando al exterior, o pagando sobreprecios- y el ajuste del consumo es siempre de los que menos tienen.

Ajuste que implica menos generación de empleo y  menos crecimiento del salario real.

Por supuesto, la única sustitución de importaciones “neta” que se podría hacer es la de gas y, se podría producir petróleo para exportar y financiar la importación de combustibles, dado que las refinerías locales están a pleno.

Pero, para ello, hace falta incrementar los precios con los que se remunera al productor local, cosa que el gobierno rechaza.

En este contexto, el crecimiento interno se irá resintiendo, y el uso del Banco Central para financiar gasto público e incentivar la demanda, repito, en pleno empleo, y con la importación limitada, solo tiene efecto sobre los precios.

En síntesis, el éxito del control de importaciones, es el fracaso de la política de incentivar el consumo sin haber generado condiciones para una expansión genuina y sustentable de la oferta local.
Fuente: Perfil, 22/03/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar

 

Guillermo Moreno brazo ejecutor de las “políticas” de Cristina Kirchner

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