Lo barato sale caro cuando se calcula mal

junio 26, 2011 · Imprimir este artículo

Lo barato sale caro cuando se calcula mal
Por Juan Carlos De Pablo

Las lámparas de bajo consumo utilizan muchos más y peores recursos que las lámparas inventadas por Edison», afirmó Federico A. Nazar en Carta de lectores de La Nación el 8 de junio pasado (ver abajo el texto completo), «porque son más caras, la mayor inversión no se recupera, utilizan más energía cuando se computan el proceso de fabricación y el de desecho, y encima contienen mercurio, un elemento altamente tóxico y volátil».

Para entender más sobre esta cuestión entrevisté al norteamericano Lester B. Lave (1939-2011), profesor en la Universidad Carnegie Mellon y pionero de los estudios sobre medio ambiente. A comienzos de la década de 1970, con ayuda de su alumno Eugene Seskin, utilizando técnicas estadísticas analizó el impacto de la polución del aire sobre el aumento de la tasa de mortalidad en las ciudades de Estados Unidos.

-Usted propuso analizar las alternativas según la evaluación del ciclo vital. ¿Cuál es la idea?

-Una muy simple, pero que con frecuencia se ignora. Que para evaluar alternativas hay que tener en cuenta todos los beneficios, pero también todos los costos.

-Deme un ejemplo.

-En la década de 1990, con Chris Hendrickson y Francis Mc Michael, analicé la adopción (por parte de California) de coches eléctricos que utilizarían baterías con ácido de plomo. Aplicando la técnica de la evaluación del ciclo vital, mostramos que el reciclado de las referidas baterías arrojaría más plomo al medio ambiente que si los autos quemaran gasolina.

-Usted está en contra del progreso.

-De ninguna manera. Estoy en contra de empeorar las cosas cuando, porque no se hace bien el análisis, se cree que se las está mejorando. Mi método de análisis en todo caso fuerza a que quien introduce un nuevo producto, o un nuevo proceso, no solamente haga más económico su uso, sino también el propio proceso de fabricación y la disposición del bien, una vez que finalizó su vida útil.

-Mientras lo escucho, pienso en las actividades mineras.

-Que generan enormes debates entre quienes se benefician por los servicios que demanda la actividad y aquellos que les prestan atención a los productos utilizados para extraer los minerales. Discusión que nunca se tiene que plantear como «blanco o negro» y que con frecuencia, lamentablemente, se vuelve tan pasional y politizada que los argumentos técnicos apenas si se escuchan.

-¿Es usted tan drástico en el caso de las lamparitas?

-No lo estudié, de modo que no puedo opinar en concreto. Pero el planteo realizado por Nazar es un caso nítido de la utilización de mi enfoque. Sería bueno que quienes están en condiciones técnicas de hacerlo revisen sus estimaciones y sus cálculos para ver si es cierto lo que dice. Y si es cierto, sería deseable que las autoridades tuvieran el coraje de dar marcha atrás con la prohibición que afecta a las lámparas «de alto consumo».

-Que decidan los consumidores.

-Pero en este caso tenemos que tener en cuenta que cada uno de nosotros, cuando tiene que comprar una lamparita, piensa en cuánto le cuesta y cuánto le dura cada una de las alternativas, y también cuánto consume de electricidad cada una de ellas.

-¿Y?

-Pero esto no es todo. Porque como en el caso de las estufas de cuarzo y las otras, cuando quien consume energía paga por ella una ínfima parte de lo que cuesta generarla, transmitirla y distribuirla, se inclinará por una alternativa que utilizará muchos recursos. Encima de lo cual, el costo del tratamiento de los desechos recae sobre la comunidad porque el costo para cada uno de nosotros termina cuando tira el producto a la basura.

-Ahora estoy confundido.

-No veo por qué. Todo lo que digo es que, como dice el refrán: «Lo barato sale caro», cuando tanto los consumidores como las autoridades no hacen bien las cuentas. Estamos ante de un caso en el cual cada uno de nosotros y las autoridades tienen que actuar en forma conjunta para que se elija la alternativa que verdaderamente utiliza menos y mejores recursos.

-Don Lester, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 26/06/11.

Juan Carlos De Pablo
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Cartas de Lectores. La Nación, 08/06/11.

Lámparas

Señor Director:

«Además del efecto cancerígeno, es increíble que llamen de bajo consumo a focos que cuestan más de siete veces más que los comunes (incandescentes), no sólo porque a lo largo de su vida útil es imposible recuperar el mayor costo (análisis de valor presente neto), sino que si se mide la cantidad de energía empleada desde la obtención de materias primas hasta su disposición, el costo energético es varias veces superior a las bombitas comunes. También se omite que la vida útil es notoriamente inferior a la publicitada en un uso normal porque cada encendido la reduce.

«A esto se le suma que al contener mercurio, un elemento altamente tóxico y que también es volátil, con el tiempo la Argentina estaría importando toneladas de tóxico (más de 40 millones de foquitos por año), que no será tratado y que contaminará las napas, sin contar con accidentes dentro del hogar.

«La irracional prohibición totalitaria de la lámpara inventada por Edison tiene otro costado: el Gobierno y el Congreso han cerrado con una fábrica una fuente de trabajo genuina que exportaba millones de dólares, perjudicando la balanza comercial y dejado en la calle a cientos de trabajadores.

«Llama la atención que ni Greenpeace (promotor notorio de la prohibición), ni las asociaciones de consumidores (excepto la Liga de Amas de Casa), ni el sindicato, ni el Gobierno, ni congresistas han querido hacer algo respecto de estos reclamos. ¿Tanto nos cuesta reconocer el error?

«Pongo a disposición de quien quiera los datos científicos que avala esto. En nombre del pueblo argentino, solicitamos un levantamiento inmediato de la prohibición dictatorial.»

Prof. Federico A. Nazar
DNI 20.537.480
[email protected]

 

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