Monterrey anticipa la ruptura del NAFTA

enero 28, 2017 · Imprimir este artículo

Monterrey anticipa los efectos en México de la ruptura del Nafta

Por Robbie Whelan.
Cerro de la Campana, un vecindario de Monterrey.
Cerro de la Campana, un vecindario de Monterrey.
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MONTERREY, México — La carretera que va desde el aeropuerto al centro de esta ciudad industrial está poblada de fábricas y depósitos con nombres de empresas estadounidenses que fabrican algunos de los productos más reconocidos del mundo: las lavadoras de Whirlpool Corp., las galletas de Mondelēz International Inc. y los cosméticos de Mary Kay Inc.

mexico bandera mapaEn un parque industrial en las afueras de la ciudad que alberga instalaciones de General Electric Co. y DuPont Co., una calle se llama Avenida Nafta y otra Boulevard TLC, la sigla del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que abarca a Estados Unidos, Canadá y México.

Una avalancha de inversiones ligadas al Nafta ayudó a convertir a Monterrey en la capital mexicana del libre comercio, permitiendo que decenas de miles de trabajadores accedieran a la clase media y enriqueciendo a las poderosas familias empresariales. En estos días, las personas a ambos extremos de la economía tratan de determinar sus próximos pasos en momentos en que Donald Trump, el nuevo presidente de EE.UU., parece dispuesto a cumplir sus promesas de renegociar el Nafta y erigir un muro entre ambos países.

El jueves en la mañana, sin ir más lejos, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, canceló una visita a EE.UU. prevista para la próxima semana luego de que Trump intensificara la presión para que México financiara el muro que pretende construir en la frontera.

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“El libre comercio es crucial para el crecimiento de México”, dice Alberto de Armas, presidente del capítulo de Monterrey de la Cámara Americana de Comercio de México, un organismo que defiende el intercambio comercial. “Cuando llegué a Monterrey en los años 80, era una ciudad dormida. Lo único que había eran fábricas de vidrio, cementos y cerveza. Ahora, puede asistir a la ópera”.

Aunque una serie de políticos estadounidenses, desde Trump al senador demócrata Bernie Sanders, han atribuido al Nafta y al libre comercio en general las pérdidas de empleos en EE.UU., el pacto comercial ha transformado a las exportaciones en el motor de la economía mexicana. Nafta contribuyó al desarrollo de vastas zonas del país, ayudó a poner fin a los altibajos crónicos de la economía y propició un auge de la inversión impulsada por las empresas del país vecino. La inversión extranjera directa se quintuplicó. El mayor empleador privado de México es la cadena minorista Wal-Mart Stores Inc.

Un trabajador en una planta de ensamblaje de Kia Motor en Pesquería, México.
Un trabajador en una planta de ensamblaje de Kia Motor en Pesquería, México.
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El ascenso de Trump es considerado en México como la mayor amenaza proveniente de EE.UU. desde la Primera Guerra Mundial, cuando tropas estadounidenses ocuparon brevemente la ciudad de Veracruz. También trastorna seis décadas de política estadounidense que colocó la estabilidad de México como una prioridad.

El peso ha caído cerca de 13% desde la elección mientras que la inversión extranjera directa, que ya había retrocedido 23% interanual en los nueve primeros meses de 2016, se ha paralizado desde el triunfo de Trump.

Los economistas sondeados por el banco mexicano Citibanamex redujeron el viernes su pronóstico de crecimiento para este año de 1,7% a 1,5%. También revisaron al alza sus previsiones de inflación y de alzas de las tasas de interés.

Los empresarios mexicanos intentan atenuar el impacto. Hace unos días, medio centenar de ejecutivos de las principales compañías del país se reunieron en privado en Ciudad de México con Luis Videgaray, el secretario de Relaciones Exteriores. El objetivo era buscar formas de relacionarse con el gobierno de Trump, una tarea que le ha sido delegada a Videgaray, quien se desempeñó como secretario de Hacienda antes de renunciar en septiembre tras las críticas provocadas por la visita de Trump a México en medio de la campaña electoral.

Los empresarios le sugirieron a Videgaray proponer que el acuerdo añada reglas de origen más estrictas, lo que exigiría que los productos fabricados en México tengan niveles más altos de componentes norteamericanos para que ingresen a EE.UU. sin aranceles. Algunas automotrices como Mazda Motor Corp., por ejemplo, importan motores directamente de Japón y ensamblan un vehículo en México que luego es exportado a EE.UU. Bajo las nuevas normas, estos autos podrían tener que pagar un arancel a menos que los motores sean fabricados en la región.

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Reglas de origen más estrictas inclinarían la balanza hacia un mayor contenido de EE.UU., pero también elevarían los costos y reducirían la competitividad de la región frente a la del resto del mundo, dicen los partidarios del libre comercio. El funcionario aprobó la estrategia y dijo que parecía la táctica de negociación “más lógica”, según varios ejecutivos que asistieron al encuentro. La oficina de Videgaray, que se ha reunido con representantes del gobierno de Trump en Washington esta semana, no respondió a llamadas en busca de comentario.

Aunque buena parte de la población mexicana sigue sumida en la pobreza, algunas zonas se han empezado a desarrollar gracias al libre comercio. La economía de Nuevo León, donde está Monterrey, creció 67% entre 2004 y mediados de 2016, según el gobierno mexicano, un promedio anual de más de 4%.

Los 12 estados mexicanos más dependientes de los sectores exportadores gobernados por el Nafta, aglomerados en la frontera con EE.UU. y la región central donde se ubica la industria automotriz conocida como El Bajío, experimentaron una expansión anual promedio de 3,7% desde 2004, según un análisis de The Wall Street Journal a partir de datos oficiales. En cambio, los 20 estados que no dependen del Nafta promediaron un crecimiento anual de 2,8% desde 2003.

Planta de Whirlpool en Monterrey, México.
Planta de Whirlpool en Monterrey, México.
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Aunque el Nafta se pueda renegociar de una forma que beneficie a todos, México podría tener por delante un camino lleno de baches tomando en cuenta las críticas de Trump contra las empresas que tratan de abrir una planta en el país. Las preocupaciones adquirieron un tono cercano al pánico en las últimas semanas cuando Ford Motor Co. canceló la construcción de una planta de ensamblaje de US$1.600 millones en la ciudad industrial de San Luis Potosí tras los ataques de Trump. Un poco antes, Carrier Corp. había adoptado una medida semejante. Una importante cadena estadounidense de artículos para la construcción y equipamiento del hogar, suspendió sus planes de expansión en México ante las preocupaciones por la publicidad negativa que recibiría, indicaron fuentes cercanas.

Algunos en México creen que cuesta imaginar a una compañía estadounidense anunciando una nueva fábrica en el país en un futuro cercano. “No contamos con información nueva sobre inversiones en plantas desde las elecciones en EE.UU.”, dice Ricardo Cantú, presidente de Index Nuevo León, una asociación de exportadores.

El presidente ejecutivo de Fiat Chrysler Automobiles señaló que el fabricante podría retirarse de México si el gobierno de Trump cumple su promesa de imponer aranceles a los autos importados. En las últimas semanas, el mandatario estadounidense ha atacado a General Motors Co., Toyota Motor Corp. y BMW AG a raíz de sus inversiones en México.

Los mexicanos están consternados y se han vuelto cada vez más enardecidos. Un gobierno estatal, un gobierno municipal y varias empresas mexicanas reaccionaron al anuncio de Ford lanzando su propio boicot de los productos de la automotriz.

Si el Nafta fuera desechado por completo, la relación comercial entre EE.UU. y México volvería regirse por las normas de la Organización Mundial del Comercio, dicen los expertos. Ello probablemente resultaría en aranceles promedio de sólo 5% para los productos que México envíe a su vecino del norte. El impacto sería ligeramente peor para los bienes estadounidenses que se dirigen al sur, ya que el antiguo acuerdo de la OMC permitió un cierto proteccionismo por parte de México.

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No obstante, el impacto sobre el clima de inversión sería difícil de predecir. El Nafta consagró protecciones legales para las empresas estadounidenses que invierten en México contra regulaciones punitivas o confiscaciones. También estableció un mecanismo para resolver quejas.

Incluso más preocupante para la élite de Monterrey son otros posibles aranceles de importación que están siendo analizados en EE.UU. Los republicanos de la Cámara de Representantes han lanzado la idea de un “impuesto de ajuste fronterizo” que privaría a las empresas estadounidenses de una exención de impuestos a los bienes importados. “La idea de un impuesto fronterizo es un problema enorme”, dijo Enrique Zambrano Benítez, presidente ejecutivo de Grupo Proeza, un holding que controla la siderúrgica Metalsa, un gran proveedor de las automotrices con sede en Monterrey.

Zambrano dijo que si ese impuesto se aplica, su firma probablemente trasladaría parte de su producción mexicana a sus cinco plantas estadounidenses y compraría más materias primas de los productores de EE.UU., lo que daría lugar a despidos en México. Esa situación, advirtió, probablemente forzaría a su firma a cobrar precios más altos en EE.UU.

Stabilit S.A. de C.V., una empresa de materiales de construcción, dijo que tal impuesto podría obligar a despedir a cientos de trabajadores mexicanos y a centrarse más en la venta a clientes en México, Europa y Asia, según el presidente de la compañía, Fernando Canales Clariond, que fue secretario de Economía y de Energía de México y es parte de una tercera generación de industriales.

Canales dijo que la compañía gasta cerca de US$350 millones al año en materias primas, incluyendo grandes compras de resinas plásticas y fibra de vidrio de empresas estadounidenses como PPG Industries Inc. Imponer un arancel de frontera significaría la pérdida de muchos empleos en las fábricas de EE.UU., advirtió.

Con seis grandes fabricantes de vehículos industriales, camiones y autos y más de 200 proveedores de primer nivel, Nuevo León, y en especial Monterrey, es un importante centro económico para el sector automotor mexicano. Unas 84.000 personas trabajan en la industria automotriz local, lo que representa un tercio de cada dólar de ventas obtenido de las exportaciones, según Manuel Montoya Ortega, jefe de una asociación local del sector. “Estos son los trabajos más formales y más estables de la región, desde posiciones de fábrica hasta diseñadores e ingenieros”, dijo Montoya. “Todo el mundo está muy preocupado”.

Para Monterrey, la acogida del libre comercio y del Nafta no vino naturalmente. Durante décadas, México tuvo una economía cerrada y muchas de las grandes firmas nacionales eran de Monterrey. Cuando se negoció el Nafta en 1993, muchas empresas en la ciudad pensaron que simplemente desaparecerían ante el asedio de las compañías estadounidenses.

No todo el mundo en México piensa que el libre comercio ha sido un éxito rotundo. Según el Banco Mundial, el crecimiento anual del PIB de México desde 1994, el año en que entró en vigor el Nafta, ha promediado 2,57%, en comparación con el 4,18% anual de las dos décadas previas, cuando México realizó importantes hallazgos de petróleo.

El crecimiento de los salarios también ha sido inferior a lo que los promotores del Nafta esperaban, en parte debido a un auge de ingreso de jóvenes mexicanos a la fuerza laboral en los noventa y principios de la década de 2000. Los salarios diarios promedio en dólares han subido apenas 18% desde 2000, a US$16,70 al día, según estadísticas oficiales. Decenas de miles de pequeños agricultores se vieron obligados a encontrar empleo después de que el Nafta los expusiera a la competencia de las granjas industriales de EE.UU., más proclives al uso de la tecnología.

El Nafta “no ha sido una bala de plata”, dijo Fernando Turner, secretario de desarrollo económico de Nuevo León y propietario de Katcon Global, fabricante de sistemas de escape para automóviles.

A pesar de las reservas, pocos en México piensan que el país habría estado mejor sin el pacto comercial. El Nafta y la apertura comercial, en general, introdujeron la competencia en una economía que estuvo cerrada por décadas, con monopolios públicos y privados que hacían productos de baja calidad a precios no competitivos.

Canales, cuya familia gestionaba el conglomerado Industrias de Monterrey S.A., cuenta que antes del Nafta el acero galvanizado producido en México era tan endeble que se rompía bajo la presión de las estampadoras. Sólo después de que los mercados se abrieron a la competencia estadounidense, la calidad de los productos de su negocio familiar mejoró.

“Viví el período de fronteras cerradas de México, y los productos que teníamos eran pésimos”, reconoce. “Recuerdo haberme preocupado cuando empezó el Nafta, pensando cómo podríamos competir con los productores de acero estadounidenses. Mi tío solía decirme: ‘Cuando te vayas a la cama, ruega por tu compañía, pero ruega más por tus competidores, porque la buena competencia es la mejor presión que una empresa puede pedir”.

La fábrica de Metalsa en Apodaca, un suburbio de Monterrey, ofrece una visión de cómo el libre comercio ha ayudado a apoyar la creación de una fuerza laboral obrera. La planta emplea unas 3.600 personas y produce al año cerca de 680.000 plataformas de acero para las camionetas Dodge Ram, Toyota Tundra y Toyota Tacoma. Compra el 56% del acero y otros componentes para producir el chasis de camiones a proveedores mexicanos, 21% a proveedores de EE.UU., y 22% a empresas asiáticas.

Alexander Calderón, de 46 años, hijo de un agricultor en una zona rural del estado de Veracruz, comenzó a trabajar en Metalsa en la soldadura de plataformas para camionetas de Chrysler en 1993, con un sueldo mensual inicial de 600 pesos, unos US$194 en aquel momento. Ahora gana 40.000 pesos al mes, US$1.860, como supervisor en la división de hidroformado de acero de la planta, es propietario de una casa en Guadalupe, un suburbio de Monterrey, y envió a su hijo mayor a estudiar contabilidad en la universidad pública de Nuevo León. “En mi caso, realmente comencé a notar el desarrollo de las industrias aquí en los últimos 15 años cuando las empresas de otros países vinieron. Ahí es cuando mi salario empezó a subir “, dijo Calderón. “Se ha vuelto muy competitivo”.

La mayoría de los trabajadores de la planta de Metalsa ganan mucho menos, pero sus vidas han mejorado. Alfredo Treviño, de 30 años, ha trabajado en la compañía por 11 años, y ha visto crecer su salario de 50 pesos, o US$13,76 al día, a 360 pesos, o US$16,74. Dedica alrededor de un cuarto de su sueldo a la hipoteca de la casa de dos dormitorios que comparte con su esposa y dos hijos. El Volkswagen Lupo hatchback que compró en 2005 está pagado. “En mi círculo, todo el mundo tiene una casa y un auto”, dijo Treviño.

Fuente: The Wall Street Journal, 26/01/17.


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