El dinero en perspectiva

junio 23, 2017

Todo el dinero del mundo

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invertir no es un juego de azar

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PELIGRO: El BCRA apunta a eliminar el dinero en efectivo

abril 27, 2016

Sturzenegger apunta a una bancarización al estilo sueco

En ese país ya casi no usan monedas ni billetes; inquietud por la apreciación del peso.

Por Javier Blanco.
El presidente del BCRA, Federico Sturzenegger
El presidente del BCRA, Federico Sturzenegger.

BCRAEl presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger, se comprometió ayer a avanzar hacia una mayor bancarización y reveló estar manejando al respecto una agenda de «implementación gradual», que comenzó con la puesta en práctica de las cajas de ahorro gratuitas, pero será tan «ambiciosa» que abrevará en la experiencia sueca.

La definición sorprendió en una economía con casi un tercio de sus operaciones en negro, pero deja bien en claro su nivel de objetivos: Suecia es el país con menor nivel de uso de efectivo del mundo.

Comentario de EconomiaPersonal.com.ar:
Es un enorme peligro eliminar el dinero en efectivo, podemos literalmente vernos inmersos en un mundo orwelliano donde los gobiernos puedan controlar literalmente cada compra, transacción, y movimiento económico, de cada persona.

big brotherSturzenegger disertó ayer en un seminario del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Buenos Aires. Allí ratificó que el objetivo principal de su mandato es lograr que la inflación «sucumba definitivamente».

Además, volvió a reiterar que no avanzará en el «reacomodamiento de su política monetaria», en el sentido de auspiciar una baja en las tasas, hasta no terminar de ponderar «cuán sostenido, definitivo y claro es el proceso de desaceleración» de la inflación que dice haber detectado durante abril. «Excluyendo los precios regulados», aclaró.

Pero las definiciones más novedosas las dio cuando se refirió a los problemas que enfrenta para evitar una apreciación cambiaria y cuando se atrevió a mirar más allá.

En el primer caso dijo estar lidiando con el problema que implica convivir con un «exceso de dólares». «Tratar evitar una apreciación del peso por la vía monetaria no es una opción, porque genera emisión y, a la postre, inflación», dijo, en relación a su resistencia a comprar reservas con ese fin. Pero admitió que tampoco es bueno que el tipo de cambio lo defina el flujo de capitales. «No quiero que pase porque dos tipos en una oficina en Wall Street decidan que ahora es momento de invertir en Argentina. Quiero que el peso se aprecie cuando tengamos un boom exportador», proclamó, aunque no dio pistas sobre las herramientas a que apelaría para lograrlo.

police stateMás adelante, fue incluso más allá. Fue cuando comentó al auditorio que mantiene contacto fluído con Stefan Ingves, su par del Riksbank (Banco Central de Suecia). «Hoy estamos recibiendo su asesoramiento personal», dijo. La mención constituye toda una definición: Suecia ya es caso de estudio en el mundo como el país que ha desterrado el uso del efectivo.

Actualmente, los billetes y las monedas representan apenas un 2% del circulante total en esa economía, donde menos del 20% de las transacciones se cancelan con efectivo, frente a un promedio del 75% en el resto del mundo, según la agencia Euromonitor.

Y en los últimos años se ha multiplicado el número de suecos que ni siquiera usan tarjetas de crédito o débito para hacer los pagos más cotidianos, sino que ya los realizan por medio de aplicaciones móviles. Incluso la mitad de sus bancos ni siquiera manejan efectivo ni aceptan depósitos cash. Ese escenario se ve muy lejano para la Argentina, pero peor sería no proponérselo.

Fuente: lanacion.com.ar, 27/04/16.


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El futuro del dinero

agosto 23, 2014

El futuro del dinero.
Por Ajay Banga.

La forma en la que paguemos por las cosas en el futuro impulsará una mayor igualdad y oportunidades.

Al cumplirse el quincuagésimo aniversario de The Wall Street Journal, la Feria Mundial tenía lugar en Nueva York y su tema dominante era «El mundo del mañana». El presidente de Estados Unidos Franklin Roosevelt habló de la necesidad de romper las barreras entre las naciones. El centenario de The Wall Street Journal se celebró en 1989, un año marcado por la caída del Muro de Berlín, uno de los acontecimientos más icónicos de la historia moderna.

Cabe preguntarse, ¿qué tiene esto que ver con el futuro del dinero?

El futuro del dinero no tendrá que ver con el efectivo o la forma que adopte. El futuro del dinero y del comercio estará ligado a romper las barreras y ampliar el acceso a cada vez más personas, tanto a nivel geográfico como de ingresos. La razón es que con el sistema de pago adecuado y nuevas innovaciones, la forma en que pagamos por lo que consumimos impulsará una mayor igualdad de oportunidades en la sociedad.

El futuro del dinero ayudará a hacer realidad una mayor inclusión financiera y a levantar a quienes han quedado al margen. Es un futuro donde la mitad de la población adulta del planeta, unos 2.500 millones de personas, ya no está excluida de los servicios financieros y donde más personas tendrán un documento de identidad y podrán hacer lo que muchos de nosotros damos por descontado, pagar una cuenta, ahorrar para un imprevisto, endeudarse bajo condiciones razonables. Esto ocurrirá no porque tengan más, sino porque podrán acceder a más.

Más igualitario

Ya estamos observando un declive del uso del dinero en la forma de efectivo y cheques y un alza del uso de los pagos electrónicos. No hay que olvidar que recién estamos al comienzo de este camino y que 85% de las transacciones minoristas del mundo se siguen haciendo en efectivo y cheques. Es una trayectoria que nos conduce a un mundo de mayor igualdad e inclusión financiera.

Entonces, ¿qué nos depara el futuro?

La seguridad se ubica en pleno centro de cualquier solución. Hay algunas realidades ineludibles acerca de las personas y el dinero que nunca cambiarán. La gente quiere saber que su dinero está en un lugar seguro y accesible. No importa si el dinero en cuestión adopta la forma de un billete, una tarjeta o una billetera digital.

Otro factor imprescindible es la confianza de los consumidores y los comerciantes en la tecnología. Esto ya involucra innovaciones como tarjetas con chips, billeteras móviles y digitales además del uso de la biometría como escáneres de huellas digitales y retinas para aumentar la seguridad y reducir el fraude.

Esa tecnología también debe beneficiar a los consumidores y las empresas, transformando el comercio y los pagos desde el intercambio de valor a la creación de valor. No sólo se trata de impulsar el valor monetario, sino también el valor social.

Y eso representa una oportunidad significativa que tenemos enfrente: superar el desafío de la exclusión en todo el mundo, en los países desarrollados y en desarrollo por igual.

El cambio se lleva a cabo gracias al tránsito desde un mundo dominado por el efectivo a uno que va más allá del efectivo y ofrece acceso sin considerar el nivel de ingresos, el género o la ubicación. Un estudio realizado por la Fundación de Bill y Melinda Gates y McKinsey & Co. halló que en los países donde más de 70% de las personas pueden pagar en forma digital, la inclusión financiera supera 85%.

Las semillas del cambio

El futuro se construye sobre el uso de las tecnologías correctas adaptadas para el mercado local. La inclusión financiera es impulsada por una red que conecta estas tecnologías y plataformas con el fin de ayudar a que la economía crezca de maneras más equitativa, sostenible e inclusiva. Expande la clase media, genera igualdad de oportunidades, aumenta la movilidad social y económica y reduce la desigualdad en los ingresos.

Esto no pasará de la noche a la mañana ni será una solución rápida. Se concretará gracias la robusta alianza entre el sector público y el privado. El sector público aportará la regulación y creará un entorno propicio para los negocios. El sector privado se encargará de la ejecución.

Hoy ya estamos viendo las semillas de esto. En países como Kenia y Egipto, los teléfonos celulares son herramientas financieras invaluables que conectan a las personas al comercio y les permiten enviar y recibir dinero. Millones de sudafricanos reciben sus prestaciones sociales en tarjetas de débito con tecnología biométrica incorporada.

Así es como una sociedad cumplirá las promesas de la economía global.

Dinero y propósito

¿Cómo luce el futuro del dinero? Habrá mayores oportunidades porque se han eliminado los límites de la moneda física. Los adelantos tecnológicos abrirán la puerta a un potencial sin precedentes para el crecimiento económico y la productividad. Tendremos una economía global más digna de ese nombre porque estaremos más conectados en forma digital y dependeremos menos del efectivo. Los consumidores contarán con el acceso y la capacidad de comprar lo que quieran y cuando lo quieran. Las cadenas minoristas y los comerciantes podrán personalizar sus bienes y servicios, mejorar sus relaciones con los clientes y expandir sus negocios.

El dramaturgo griego Sófocles escribió que «hay muchas maravillas en el mundo, pero nada es más admirable que el hombre». Lo que era válido entonces, lo sigue siendo hoy y lo seguirá siendo en los próximos 125 años. El futuro del dinero, sin importar su forma, debe tener un propósito humano, un propósito vinculado a un mayor acceso y menores barreras para más personas.

Ajay Banga es el presidente ejecutivo de MasterCard.

Fuente: The Wall Street Journal, 08/07/14.

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¡ATENCIÓN! – Nota del Editor:

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¿Llegó la hora de tirar el efectivo a la basura?

febrero 18, 2012

¿Llegó la hora de tirar el efectivo a la basura?

Por David Wolman

 

En la economía moderna no hay ateos. Puede que alguien no tenga a Dios o a Buda en su vida, pero sí tendrá mucha fe… en el dinero. No me refiero a la adoración del dinero en el sentido de que la codicia es algo bueno, sino a la fe en su valor. Su confianza en él depende de la de todos los demás, lo que significa que nuestra fe en el valor del dinero es finalmente sobre la confianza mutua, o por lo menos una alucinación compartida.

El dinero en efectivo, ya sea en billetes o monedas, nos ayuda a mantener ese pensamiento mágico. Es real en la medida que uno puede sostenerlo, olerlo y quiera lavarse las manos después de manipularlo. A través de su uso en forma de efectivo, llegamos a entender la poderosa tecnología de la civilización que representa el dinero.

Pero, ¿necesitamos todavía el efectivo? En una época en la que los libros, películas y música transmutan su forma de átomos a bits, los billetes y las cada vez más costosas monedas metálicas se ven como objetos de una historia análoga. Últimamente, pareciera que las únicas personas que llevan dinero en efectivo son los aspirantes a terroristas, funcionarios gubernamentales corruptos, narcotraficantes, ladrones de bancos, evasores de impuestos, falsificadores y jóvenes ricos que compran sus bolsitas de marihuana en la universidad.

A pesar de que las predicciones sobre el fin del efectivo son tan antiguas como las tarjetas de créditos, una serie de acontecimientos conspira contra el dinero físico como nunca antes: la desconfianza en las monedas nacionales, nuevas herramientas de pago, la ansiedad acerca de la deuda pública, el triunfo de los teléfonos celulares, monedas alternativas innovadoras, las preocupaciones medioambientales y una creciente evidencia de que el dinero en efectivo es más perjudicial para los miles de millones de personas que no lo tienen en abundancia.

Cuanto más pobre sea alguien, mayores se vuelven los costos y riesgos de tener dinero en efectivo. Cualquier conocido podría pedirle dinero prestado o robarle los ahorros duramente ganados. O también, un incendio o desastre natural podría terminar con sus escasas reservas de efectivo. Y puede que tenga que viajar horas o días a zonas rurales para entregar o recibir el dinero en efectivo de un pariente.

En las grandes ciudades, el dinero, en su mayor parte, ya se ha convertido en forma de unos y ceros en alguna computadora remota. Si por casualidad necesita dinero en efectivo, puede ir al cajero automático más cercano. De lo contrario, utiliza una tarjeta de crédito o débito, o tal vez alguna nueva tecnología, como Google Wallet o PayPal Mobile.

Mientras que nosotros podemos saltar del dinero en papel al electrónico a nuestro antojo, los pobres están atrapados con el efectivo. El problema es que nunca ha sido rentable poner sucursales bancarias en los barrios o los pueblos donde viven los pobres.

Teniendo en cuenta que los teléfonos están en todas partes, la tecnología móvil se está promocionando como una solución para ofrecer servicios financieros a los cerca de 1.000 millones de personas en el mundo que ya poseen un teléfono celular, pero no una cuenta bancaria. Los modelos varían, pero, en esencia, el dinero móvil es el almacenamiento electrónico o la transferencia de valores a través del teléfono. Para la banca móvil, la idea es hacer posible que casi cualquier persona abra y use una cuenta de ahorros de bajo costo y haga transacciones a través de una red de comerciantes asociados. Promotores como el Banco Mundial y la Fundación Gates ya están invirtiendo fuertemente en esta área.

Otra innovación prometedora es la que tiene que ver con la NFC (por Near Field Communication), una tecnología de comunicación inalámbrica. Con una pequeña antena dentro de un dispositivo digital, como un teléfono móvil, se puede transmitir la información de pago hacia un lector o el teléfono móvil de otra persona. Se espera que para 2014, las transacciones realizadas a través de conexiones inalámbricas de teléfonos alcancen un total de US$1,13 billones (millones de millones) en todo el mundo.

El golpe final podría venir también de innovadores de divisas. Las monedas alternativas son sorprendentemente comunes y van mucho más allá de los clásicos ejemplos como los billetes de Disney (utilizados en sus parques de diversiones) y las millas de aerolíneas. Hoy en día hay versiones locales en distintos lugares de EE.UU., como Ithaca, estado de Nueva York, y BerkShare, en Massachusetts, y otras en línea, como los créditos de Facebook.

¿Es posible que mañana, o en cinco años, tiremos el efectivo a la basura? No. La actividad económica que depende de él aún es significativa. El efectivo es útil si su niñera no acepta PayPal o si quiere comer en un pequeño restaurante que sólo acepta efectivo.

La idea no es hacer la vida más difícil para aquellos que dependen de transacciones modestas, es examinar el efectivo ya que ha pasado siglos sin ser ni siquiera blanco de críticas. Una mirada en detalle a la larga historia del dinero en efectivo, sus costos actuales y la inundación de las tecnologías emergentes sugiere que puede que estemos al borde de una revolución monetaria.

—David Wolman es autor del libro ‘The End of Money’, publicado la semana pasada en EE.UU.
Fuente: The Wall Street Journal, 17/02/12.

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The End of Money

For ages, money has meant little metal disks and rectangular slips of paper. Yet the usefulness of physical money—to say nothing of its value—is coming under fire as never before. Intrigued by the distinct possibility that cash will soon disappear, author and Wired contributing editor David Wolman sets out to investigate the future of money…and how it will affect your wallet.

Wolman begins his journey by deciding to shun cash for an entire year—a surprisingly successful experiment (with a couple of notable exceptions). He then ventures forth to find people and technologies that illuminate the road ahead. In Honolulu, he drinks Mai Tais with Bernard von NotHaus, a convicted counterfeiter and alternative-currency evangelist whom government prosecutors have labeled a domestic terrorist. In Tokyo, he sneaks a peek at the latest anti-counterfeiting wizardry, while puzzling over the fact that banknote forgers depend on society’s addiction to cash. In a downtrodden Oregon town, he mingles with obsessive coin collectors—the people who are supposed to love cash the most, yet don’t. And in rural Georgia, he examines why some people feel the end of cash is Armageddon’s warm-up act. After stops at the Digital Money Forum in London and Iceland’s central bank, Wolman flies to Delhi, where he sees first-hand how cash penalizes the poor more than anyone—and how mobile technologies promise to change that.

Told with verve and wit, The End of Money explores an aspect of our daily lives so fundamental that we rarely stop to think about it. You’ll never look at a dollar bill the same again.

Advance Praise for The End of Money

“A world with different and new money will be a different and new world.  We are headed there more rapidly than most suppose.  The lives of citizens and central bankers alike will be profoundly altered.  This book should be read by everyone who cares and that should be almost everyone.”

—Lawrence H. Summers, President Emeritus of Harvard University, former Secretary of the United States Department of the Treasury, and Charles W. Eliot University Professor at Harvard’s Kennedy School of Government.

 

“Cash is a mystifying artifact of a bygone era. It’s inefficient, inconvenient and downright dirty—yet we still have wallets full of it. But not for much longer. Over the next few years, money will change more than it has for centuries. David Wolman’s globetrotting exploration tells how, with riveting anecdotes and insights into the past and future of payment.”

—Chris Anderson, Editor in Chief of Wired magazine and author of The Long Tail and Free: The Future of a Radical Price

 

“Gather up your 25 rectangles of colored cotton fiber and assorted scrap metal plugs and put them down on the bookstore counter, my friends.  This is the sharpest, most amazingly well-researched and fascinating book to come along in a very large while.  Especially stunning chapter on counterfeiting, past (fake wampum!) and present (North Korean supernotes!). Read this book and you will understand how the world works and where it is headed, and why a culture perched on the brink of cashlessness is still minting pennies.”

—Mary Roach, author of Stiff and Packing for Mars

 

“Say what you will about sophisticated financial instruments like credit default swaps and collateralized mortgage obligations. Our biggest financial blind spot may be the cold, hard cash in our pockets. David Wolman uncovers the hidden costs of coins and currency in this entertaining and eye-opening book that will appeal to anyone with a pocketbook.”

—Daniel H. Pink, author of Drive and A Whole New Mind

 

“Alternating between in-depth reporting and personal rumination, Wired contributing editor Wolman tries to figure out what a cashless society would mean and whether it is an idea whose time has come…He has plenty of thoughts about what could replace physical money, but he is wise enough to understand that he cannot imagine all of the unexpected outcomes. An intriguing book on a topic that many readers have always taken for granted: the cash in their purses and wallets.”

—Kirkus Reviews

 

Fuente: http://www.david-wolman.com/p/books_16.html

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