Argentina: Cómo saber si un profesional tiene un título legal

julio 31, 2019

Medidas de seguridad implementadas por el Estado para asegurar la validez de los títulos universitarios


La falsificación de títulos oficiales es un delito expandido a nivel mundial, incluso la UNESCO estimaba, hace una década atrás, que existían cerca de 800 universidades ficticias en el mundo que operaban a través de Internet. En Argentina, el Gobierno Nacional diseñó medidas de seguridad que permiten corroborar fehacientemente la veracidad de un título universitario.

Cómo saber si un profesional tiene un título legal

Cualquier empresa, organismo o ciudadano podrá consultar si un graduado tiene el título que dice portar a través del botón “registro público de graduados” alojado en la web del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, en la sección de trámites y servicios, (una base de datos pública de acceso online en el que se encuentran registrados todos los egresados de universidades públicas y privadas de Argentina desde 2012 en adelante y los títulos extranjeros convalidados desde 2010). Sólo ingresando el nombre y apellido o DNI del profesional, cualquier persona podrá chequear la veracidad del diploma, la institución que lo expidió y la fecha de graduación.

“Esta etapa permite incorporar a la sociedad a un proceso que antes era solamente entre universidades y el ministerio, permitiendo conocer la situación de los profesionales en nuestro país”, expresó Paulo Falcón, director nacional de Gestión y Fiscalización Universitaria del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación.

Cómo son los pasos para certificar un diploma

A partir de 2018, la legalización de títulos universitarios se realiza íntegramente de manera digital a través del sitio web del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, en la sección de trámites y servicios, accediendo al botón “legalización de títulos universitarios”. Este procedimiento otorga seguridad y celeridad al trámite de certificación permitiendo, además, que el graduado pueda controlar el estado de su certificación. El procedimiento cuenta con tres etapas. La primera es la carga de datos y la emisión de la solicitud de certificación, que realizan las instituciones universitarias una vez que el estudiante rinde la última materia. Los datos pueden ser importados directamente desde los sistemas de información de las propias universidades, lo que permite una reducción del tiempo y errores de carga.

Estos datos son cotejados por la Dirección Nacional de Gestión y Fiscalización Universitaria que, con el uso de tecnología cruzará automáticamente los datos enviados por la universidad con otros sistemas (RENAPER, SIPES, SIU-Araucano). De esta evaluación puede surgir la aprobación o la necesidad de subsanar alguna información errónea. Una vez aprobado el trámite, quedarán a disposición de la institución solicitante las etiquetas correspondientes al diploma y al certificado analítico para su impresión. Al finalizar, se incorpora el título expedido al registro público de graduados universitarios y a través de un código QR impreso en el diploma se podrá realizar una consulta directa.

Sobre este punto Falcón explicó que “el sistema anterior sólo certificaba firmas sin control alguno. En cambio, este procedimiento incorpora seguridad tanto en la certificación del recorrido académico como en la transparencia”.

Toda persona, instituciones o empresas pueden ingresar al registro público de graduados, que es de acceso gratuito para verificar mediante el escaneo del código o ingresando los datos de la persona que figura en el diploma o certificado si se trata de un egresado cuyo título ha sido expedido legalmente. Dentro de la base de consulta figuran egresados desde el 2012 en adelante y titulaciones universitarias extranjeras convalidadas desde el 2011.

Herramientas para controlar la validez de los títulos antes de comenzar una carrera

Por otro lado, antes de iniciar sus estudios universitarios, el estudiante puede consultar si la carrera elegida cuenta con título oficial y validez nacional en el buscador de títulos oficiales a través de su botón en la sección de trámites y servicios de la página web del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología.

Sin embargo, como en el sitio sólo están incluidos los títulos nacionales, el hecho de que una carrera no aparezca en este sitio no implica necesariamente que su título sea falso, sino que, en algunos casos, puede tener validez sólo provincial o no ser una titulación universitaria. También puede suceder que su validez nacional se encuentre en trámite con el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación.

títulos universitarios

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¿Estás pensando en falsificar un título? Pues lee esto

¿Estás tentado de falsificar un título que no tienes?, ¿te cuesta encontrar trabajo, pero no quieres seguir estudiando? Te contamos cuáles pueden ser las consecuencias de hacer algo así.

Falsificar

Si acabamos de graduarnos y no tenemos mucha (o ninguna) experiencia laboral que mostrar en nuestro CV, puede parecernos tentador «maquillarlo» ligeramente aumentando nuestras calificaciones o directamente inventarnos algún curso extra o posgrado que realmente no hayamos hecho o terminado para conseguir trabajo con mayor facilidad.

Si te estás preguntando si es bueno hacer algo así, si merece la pena el riesgo a cambio de conseguir un buen empleo antes que tus competidores, la única respuesta que podemos darte es un tajante no. Ni se te ocurra.

Evaluación de costes y beneficios

Es posible que la falta de empleo nos esté llevando a la desesperación y estemos dándole vueltas a la idea de engordar nuestro CV o de adquirir algún título falsificado. Durante este proceso de toma de decisiones debemos evaluar con mucha atención los costes y beneficios que podría tener para nosotros hacer algo así.

Beneficios:

  1. Podríamos acceder más rápidamente a un empleo.
  2. Nos diferenciaríamos de nuestros competidores.
  3. Podríamos optar a un puesto de mayor responsabilidad.
  4. Podríamos conseguir un sueldo más elevado.

Costes:

  1. Si nos pillan, nuestro trabajo se irá al garete. Mentir en el currículo supone despido procedente sin derecho a indemnización.
  2. Nuestra reputación de mentirosos podrá ser conocida por otros contratadores y nos costará más conseguir un buen empleo en nuestro sector.
  3. Si tenemos un mínimo de conciencia, nos sentiremos mal por haber hecho trampa y haber perjudicado a otros que se merecían el puesto más que nosotros.
  4. Nuestra autoestima bajará porque en el fondo sabremos que no somos válidos para el puesto.
  5. Dependiendo del nivel de la mentira, podremos incurrir en un delito de falsedad documental, que conlleva una pena de prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses.
  6. Si además estamos trabajando como funcionarios públicos, la pena por falsedad documental es de tres a seis años de prisión, multa de seis a veinticuatro meses e inhabilitación especial de dos a seis años.

Es evidente que mentir en nuestro currículo o falsificar títulos no compensa en absoluto.

Agravio comparativo

Hay personas que trabajan muy duro. Hay personas que sacan su carrera con notas brillantes y al mismo tiempo se matan a trabajar para poder costearse sus gastos e incluso los de su familia. Hay personas que apartan sus ganas de salir, de divertirse y de disfrutar con sus amigos para poder optar a un buen trabajo en el futuro. Hay personas que vienen de familias en las que no han tenido un acceso a la cultura y que han tenido que esforzarse el triple que los demás. Todas esas personas constantes, luchadoras y trabajadoras merecen conseguir los frutos de su esfuerzo y, cuando alguien se atreve a falsificar sus títulos oficiales y miente en su currículo está, a veces sin pensar y a veces de forma consciente, robando el esfuerzo y el trabajo de otros en su propio beneficio, y eso es execrable.

El poder de los poderosos

Cuando personas poderosas o influyentes falsean sus currículos, no solo están haciendo daño a sus competidores, además están dando un ejemplo nefasto y perjudicando la confianza de los ciudadanos en el sistema. Hay un velo de impunidad que oscurece los tejemanejes de las clases sociales altas, pero ese velo es cada vez más fino y poco a poco la gente va viendo la verdadera cara de algunas personalidades y luchan para que ese mal hacer tenga sus días contados.

Hasta cierto punto es lógico que los poderosos se hayan sentido intocables para hacer y deshacer a su antojo; todas nuestras leyes y costumbres se han creado de arriba hacia abajo como una forma de control de los que están arriba hacia los que están abajo, pero eso no significa que alcanzar un puesto de poder sea una carta blanca para delinquir. Se debe exigir una ética intachable a las personalidades públicas de todos estamentos y países para que puedan ejercer sus responsabilidades siendo consecuentes con lo que exigen a los demás. Y para exigir esa ética a los que están arriba también nosotros debemos ser consecuentes con nuestros propios actos.

Fuente: etitulo.com

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Buenos Aires, entre las 25 mejores ciudades del mundo para estudiar

mayo 9, 2018

Ranking QS: Buenos Aires, entre las 25 mejores ciudades del mundo para estudiar

La UBA, con sede en la Ciudad, está ubicada entre las 75 mejores instituciones educativas del mundo
La UBA, con sede en la Ciudad, está ubicada entre las 75 mejores instituciones educativas del mundo.
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La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ubicó entre las 25 mejores ciudades del mundo para que estudiantes extranjeros puedan desarrollar su vida académica, según un ranking internacional elaborado por la consultora Quacquarelli Symonds (QS).

A través de este listado, la ciudad avanzó 17 puestos respecto del año anterior y se ubicó en el lugar 25. De esta forma, además, se mantuvo por quinto año consecutivo como la favorita en América Latina y ya es la preferida en Iberoamérica. «La capital de la Argentina es una ciudad dinámica con oportunidades cada vez mayores para estudiantes y graduados internacionales», remarcó el documento de QS al justificar su posición actual.

Las categorías tomadas en cuenta para el análisis son la calidad y cantidad de universidades, la variedad y mixtura de estudiantes, el costo de vida, la facilidad para adquirir empleo y las posibilidades para quedarse en la ciudad una vez finalizado los estudios.

Además, desde el año pasado se realiza una encuesta llamada «Student View» por medio de la cual estudiantes y recién graduados informan y exponen las cualidades educativas según su experiencia. Durante el 2017, la Ciudad recibió más de 50.000 estudiantes extranjeros para realizar tanto carreras como cursos cortos.

Iniciativas para extranjeros

Por su parte, el Gobierno porteño impulsa y fomenta a través de distintos programas como «Study Buenos Aires» el arribo de alumnos de todo el mundo a la ciudad ofreciendo beneficios para el lapso de su estadía.

«Las universidades argentinas son reconocidas a nivel mundial por la calidad de sus graduados», destacó QS, que situó a nueve casas de estudios, tanto porteñas como bonaerenses, entre las mejores latinoamericanas. En este punto la UBA, con sede en la Ciudad, es la institución educativa ubicada en el puesto 75 del mundo.

Otras instituciones presentes en el análisis

Otras de las instituciones que forman parte del análisis para calificar el nivel educativo de Argentina son la Universidad Austral; Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA); Universidad de Belgrano; Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA); Universidad de Palermo (UP); Universidad de San Andrés; Universidad Torcuato Di Tella; y Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

El escalafón lo lidera Londres, seguido por Tokyo y Montreal. Participan del ranking todas aquellas ciudades del mundo que cuenten con una población mayor a 250.000 habitantes y tengan al menos dos universidades. En esta oportunidad la estadística se realizó en base a 125 países.

Fuente: La Nación, 09/05/18.

UBA ciudad universitaria pabellón


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La importancia de la Universidad

diciembre 14, 2014

Transmitir sabiduría, esa noble tarea de la universidad

Por Juan Carlos de Pablo.

El próximo miércoles 17 se cumplirán 50 años del día en que obtuve el título de licenciado en Economía, en la Universidad Católica Argentina. Como explico en Bodas de oro profesionales: pasión, oficio y dedicación, de economista me «recibí» mucho tiempo después. Estudié economía porque Guillermo Lladó, el contador con quien trabajaba, me lo sugirió; estudié en la UCA porque era católica, vespertina y muy barata.

A propósito de este aniversario, entrevisté al argentino Francisco Emilio Valsecchi (1907-1992), profesor de microeconomía, decano y vicerrector de esa universidad. También enseñó en la UBA. Muy didáctico, sostenía que «los profesores jóvenes enseñan más de lo que saben; los profesores adultos enseñan sólo lo que saben; en tanto que los profesores ancianos sólo enseñan lo que los alumnos necesitan aprender». Entre 1970 y 1972 se desempeñó como embajador argentino ante los Países Bajos. Fue biografiado por María Cecilia Díaz en Francisco Valsecchi: riqueza, hombre y sociedad, publicado en 2014. La economía como disciplina científica, en su honor, fue publicado por Raúl Macchi.

-¿Cómo llegó a la economía?

-Me doctoré en Ciencias Económicas en la Universidad Luigi Bocconi, de Milán. Regresé de Italia para incorporarme a la empresa familiar, pero era 1929 y quebró el negocio, dedicado a la importación. Entonces me volqué a la docencia, al tiempo que me hice cargo del secretariado económico-social de la Acción Católica, para sistematizar y divulgar estudios, normas y reflexiones sobre la cuestión social.

-La UCA no nació de la nada.

-Efectivamente. Muchos de los profesores que usted tuvo nos conocíamos de la Escuela de Economía de los Cursos de Cultura Católica, que dirigí. La UCA abrió sus puertas en 1958, cuando se eliminó el monopolio estatal en materia de educación superior. A propósito: cuando en 1989 me entrevistó en Momento económico, a su camada la felicité por su coraje, porque cuando ingresaron a la universidad todavía nadie se había graduado.

-La UCA arrancó bien artesanal.

-Ocurre con frecuencia. Hacíamos todo a pulmón, dictábamos clases en edificios prestados, etcétera. Quienes hoy concurren a las instalaciones de Puerto Madero no pueden imaginar aquellas carencias. Las cuales, naturalmente, eran suplidas con esfuerzo personal y entusiasmo. Me encanta esa expresión que dice «éramos pobres, pero no lo sabíamos». Los alumnos no se deben dejar impresionar por la «hotelería», la clave de una universidad radica en los profesores, los alumnos, la biblioteca, el laboratorio, etcétera, no en el gimnasio y la cafetería.

-Quienes estudiamos a comienzos de la década de 1960 sufrimos el choque entre los profesores que recién regresaban de estudiar en el exterior, deslumbrados con los gráficos y las ecuaciones, y quienes destacaban la importancia de la historia y las instituciones.

-¿Cómo que sufrieron? Se enriquecieron, querrá decir. En la UCA de entonces, como el resto de las universidades, convivían profesores que tenían diferente preparación, experiencia, etcétera. Esta heterogeneidad a ustedes los tiene que haber nutrido. Luego, en la vida profesional, cada uno reflexionó sobre lo que había visto y leído en la universidad, formando las polémicas parte de los gratos recuerdos, que nunca deberían afectar las relaciones personales.

-Si en 1929 el negocio familiar no hubiera quebrado, tanto la UCA como la UBA se hubieran perdido su valioso aporte docente…

-Los ejercicios de historia contrafáctica siempre hay que tomarlos con pinzas, pero ahora que usted lo plantea, sinceramente no me veo cómodamente instalado en una oficina, organizando la importación y venta de productos. Muy probablemente hubiera comenzado a enseñar, a tiempo parcial, hasta que en algún momento hubiera enfrentado al resto de mi familia, diciéndoles que ellos siguieran con el negocio, que yo me volcaría a la docencia. Y ya que estamos imaginando, cabe pensar que cuando escucharon esto, pensando en el negocio, mis parientes hubieran respirado aliviados.

-Don Francisco, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 14/12/14.

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