Alemania y China, ganadoras de la globalización

agosto 22, 2017 · Imprimir este artículo

Alemania y China, ganadoras de la globalización

Por Jorge Castro.Alemania y China, ganadoras de la globalización

Valiente. Merkel incorporó 1,2 millones de refugiados al trabajo alemán.
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Alemania trasladó más de 1/3 de sus líneas de producción manufactureras a Europa Oriental a partir de 2003 (4% del producto por año); y estableció allí 3.500 plantas en operaciones y creó más de 650.000 puestos de trabajo.

Alemania banderaLo hizo sobre todo en la industria automotriz y en la de componentes electrónicos así como en la de maquinaria pesada de alta tecnología. El objetivo de este éxodo estructural fue aprovechar las ventajas comparativas surgidas de los menores costos laborales de esa región (1/3 o 1/5 de los alemanes). Europa del Este (Polonia, Hungría, República Checa) ocupa en relación a Alemania un papel similar en la economía mundial al que tienen Canadá y México respecto a EE.UU.

El dato característico de la producción manufacturera alemana es que es la mayor del mundo referida al producto (25% del PBI). En el proceso de globalización (1991/2008), Alemania ha sido la única potencia manufacturera que no ha experimentado un agudo proceso de desindustrialización como el que sufrió EE.UU. y el resto de Europa. Por el contrario, experimentó un extraordinario impulso hiperindustrializador.

Como parte del mismo movimiento geopolítico hacia el Este, la República Federal desató un proceso doméstico de reducción de los costos laborales (aumento por debajo de la productividad), a través de las reformas Hartz dispuestas por el gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder (1998/2005).

A partir de allí, Alemania comenzó a exportar productos cada vez más competitivos fuera de Europa y orientó estratégicamente las ventas hacia los grandes mercados emergentes de Asia (China e India en primer lugar).

El siguiente paso consistió en el traslado de las líneas de producción – ante todo automotrices – hacia los países asiáticos. Volkswagen, la mayor empresa automotriz del mundo, produce y vende hoy en China más vehículos que en Europa.

Desde entonces, las exportaciones automotrices a la República Popular se han multiplicado en valor 18 veces, mientras que las ventas de maquinaria pesada de alta tecnología a India crecieron por un múltiplo de 8.

Por eso, en los 7 años previos a la crisis financiera internacional 2008/2009, las exportaciones de Alemania Federal crecieron 76%, 20 puntos por encima del mejor desempeño del resto de Europa (Holanda).

El resultado de esta proeza exportadora fue que Alemania obtuvo el mayor superávit de cuenta corriente del mundo en 2016 (US$297.000 millones), más de 8% del producto, y por encima de China en términos absolutos. El Deutsche Bank prevé que la RFA duplicaría el superávit de cuenta corriente en los próximos 20 años, debido a la superior productividad de sus exportaciones manufactureras.

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Toda la transformación (reducción de costos) y el notable crecimiento de las exportaciones alemanas tienen un carácter estructural: se produjeron por el lado de la oferta, no de la demanda. Este extraordinario proceso de expansión de la productividad ocurrió antes de 2008, tras haber absorbido y reestructurado a la antigua Alemania del Este (RDA), con un costo de transferencias verdaderamente asombroso que alcanzó a US$1,5 billones a contar de 1990 (reunificación alemana).

Este proceso de ajuste y reestructuración de un país de 16 millones de habitantes exigió la eliminación de más de 8.000 compañías industriales, con una planta de 4,1 millones de trabajadores, en un plazo de 15 años. El sistema industrial de la RDA era obsoleto en términos tecnológicos, altamente contaminante y completamente incapaz de crear valor.

La tasa de desocupación de Alemania alcanzó a 4,3% en 2016 (1/3 del promedio europeo), en tanto que sus exportaciones treparon a US$1,3 billones (+50% del PBI) y representaron 9% de las ventas globales. Las exportaciones manufactureras alemanas son las segundas del mundo después de las chinas.

La República Federal ha sido inequívocamente una de las dos grandes ganadoras de la globalización (la otra es China); y la razón de fondo de este logro histórico ha sido su notable aptitud para adecuarse a las nuevas condiciones globales.

La última muestra de esta especial capacidad alemana para innovar y ajustarse a lo nuevo fue la decisión de la canciller Angela Merkel –tomada con el pleno respaldo de la opinión pública– de incorporar a su fuerza de trabajo más de 1,2 millones de refugiados sirios, revirtiendo así, en un sentido ascendente, la curva particularmente negativa de su población, debido al proceso de envejecimiento generalizado, que es el segundo mayor del mundo después de Japón.

La fuerza de trabajo de la RFA pierde 350.000 trabajadores por año, lo que significa que contará con 1,8 millones de trabajadores menos en 2030, que serían 3,9 millones de operarios que desaparecerían en 2050 por el efecto combinado de la biología y el envejecimiento poblacional.

Alemania es uno de los grandes pueblos de la historia, cuyos infortunios son a la medida de su grandeza, y para él, el destino no es lo irreversible necesariamente.

Fuente: Clarín, 20/08/17.


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