La incursión de China en África

mayo 22, 2019

El desembarco de China en África

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DESCRIPCIÓN DEL MAPA

La entrada de China en África es, desde hace años, una variable fundamental en la estrategia global de Pekín y un cambio sustancial en el continente africano.

El Imperio del Medio, en su ascenso como potencia de primer nivel, necesita abastecerse de recursos estratégicos a gran escala, especialmente hidrocarburos y minerales. Con esta situación, China ha puesto la vista en África para lograr esos necesarios recursos, con el añadido de un sistema de negociación totalmente nuevo.

La lógica occidental para con África hasta ahora era una mezcla entre neocolonialismo y paternalismo. Distintas multinacionales tienen presencia en el continente extrayendo sus recursos, y desde los Estados las ayudas e inversiones a menudo se condicionan a avances en derechos humanos y democráticos, lo cual suele ser bastante incómodo para los numerosos regímenes autoritarios —y con elevados niveles de corrupción— del continente.

El giro de China reside en no plantear condiciones más allá de los negocios. Pekín hace una oferta clara y directa: poder explotar durante décadas yacimientos del recurso que les interese en el país de turno a cambio de importantes inversiones en el estado que les acoge. Para muchos países africanos, estas inversiones de China, que a menudo se cuantifican en miles de millones de dólares a través de infraestructuras, viviendas, escuelas, hospitales y distintos regalos a la élite del lugar, suponen un auténtico salto desarrollista que por sí mismos o con otros socios habrían tardado mucho más tiempo —y con más trabas— en alcanzar.

Este sistema, no obstante, tiene importantes contrapartidas. La dependencia comercial de muchos de sus socios africanos es muy alta, lo cual les genera una posición subordinada a los intereses de Pekín. Tal es así que, aun con una cara distinta, esta política de China también ha sido calificada de neocolonial.

Fuente: elordenmundial.com, 2019.

China en África

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Avanza la nueva Revolución industrial

mayo 6, 2019

EE.UU.: se acelera la nueva revolución industrial

Por Jorge Castro. Analista internacional.

Estados Unidos encabeza la cuarta revolución industrial con un despliegue de tecnología de última generación.

La tasa de aumento de la productividad se duplicó en 2018 en EE.UU., y trepó a +2,4% anual en el 1er trimestre de 2019, tras haber permanecido estancada en un nivel de 1% por año, o menos, entre 2009 y 2016; y esto ha ocurrido cuando la desocupación cayó a 3,7% en septiembre de 2018, la menor en 50 años, y ha estado por debajo de 4% por 17 meses consecutivos, el periodo más prolongado a la tasa más baja de la historia norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial.

Los puestos de trabajo ofrecidos al mercado superaron en más de 1 millón de unidades el total de desocupados, y la diferencia se amplía, previéndose su duplicación a fines de 2019.

Esta notable anomalía hizo que 73% de los que obtuvieron empleo en enero de este año eran previamente ajenos a la fuerza de trabajo; y muchos de ellos — quizás 15%/20% —eran ex convictos o recuperados de la drogadependencia, algo único en la historia estadounidense.

Se han creado 5.3 millones de empleos entre 2017 y 2018, y creció 5 puntos la fuerza laboral, que alcanzó a 63,2% en los últimos 3 meses, el mayor nivel en 6 años. Lo decisivo es que los salarios reales de los trabajadores han aumentado 3,2% anual, con el 10% de abajo creciendo por encima del promedio (+5% anual). Esto implica una reducción de más de 5 millones en el número de norteamericanos que recurren al subsidio del Estado para alimentarse (food stamps).

EE.UU. recibió inversiones del mundo entero por más de US$11 billones entre 2017 y 2018; y las transnacionales norteamericanas (44% del total) repatriaron US$2.4 billones en 2018 (de los US$4.2 billones que tienen en el exterior). La magnitud de este fenómeno ha modificado la direccionalidad de los capitales y del comercio internacional (UNCTAD/2018).

Por eso es que la economía estadounidense, la mayor del mundo (US$ 21.4 billones), 25% del PBI global, creció +3,5% anual en 2018, y logró un alza de +3,2% anual en el primer trimestre de 2019, más allá de todas las previsiones. EE.UU. creció 3% anual promedio, o más, por 6 trimestres consecutivos (entre el cuarto de 2017 y los primero de 2019).

La economía norteamericana se encuentra en medio de una extraordinaria revolución tecnológica e industrial. Standard & Poor´s 500 (S&P500) aumentó más de 20 puntos en los últimos 3 meses; y en forma extremadamente reveladora de la actual estructura económica, más de 90% de sus activos tienen un carácter “intangible” (patentes, marcas), con una inversión en “capital fijo” o “hundido” crecientemente irrelevante.

Una vez más, EE.UU. se adelantó al futuro, y ya está en la segunda fase de la nueva revolución industrial, centrada en el conocimiento y en el “capital humano”, no en lo “físico” o meramente tecnológico (hardware). Esto último es un valor adquirido, ampliamente disponible para todas las compañías norteamericanas.

El crecimiento anualizado de +3,2% en el primer trimestre de 2019 es la expresión acabada de la actual situación histórica-estructural estadounidense, a la cabeza de la Cuarta Revolución Industrial, al igual que ha sucedido con la segunda y la tercera.

De ahí que el dólar estadounidense haya alcanzado hace 10 días el mayor nivel de los últimos 2 años, a contar de mayo de 2017, 7 puntos por encima de las monedas de sus 7 principales competidores en la economía mundial. Sólo en un día de la semana pasada, el dólar se apreció +0,5%, lo que implica un alza de 5 puntos en una semana.

De ahí que la tasa de rendimiento de los títulos del Tesoro a 10 años cayera 3.6 puntos básicos (p.b.) y llegara a 2,498% anual, la menor en 4 meses. Como contrapartida, tanto S&P500 como NASDAQ alcanzaron el 24 de abril los mayores niveles de su historia (+2.933,7 y +8.120,8, respectivamente). S&P500 aumentó 17% en el 1er trimestre del año y 22% el NASDAQ, con el sector high tech de punta liderando ambos segmentos (+27%).

Esto coincidió con un auge de +6,4% anual en China, cuyo producto asciende a US$14.6 billones (valores constantes), con un alza del consumo en relación al PBI de 76,4%; y un sector servicios que supera en más de 10 puntos a la manufactura (56,4% vs. 44,6%).

El dato estratégico central de la República Popular es que la economía digital abarca 38% del PBI, que sería 40% en 2020, y representa un valor de US$ 6.9 billones. A través de su sistema digitalizado, transcurre en China la nueva revolución industrial, que es un inmenso ejercicio de “destrucción creadora”.

La expansión de las dos superpotencias hace que la economía mundial crezca 3,7% en 2019, igual nivel que en los últimos 3 años. Es un crecimiento coordinado y orgánico, de raíz interna, expresión de la nueva revolución industrial.

El nivel de expansión de la economía mundial es 5% anual, si se lo mide en capacidad de compra doméstica (PPP), lo que es razonable si se tiene en cuenta que más de 80% del crecimiento es por los países emergentes.

Estas son las condiciones globales en 2019, con epicentro en EE.UU., el país-frontera , cuando se acelera la Cuarta Revolución Industrial liderada por las 2 superpotencias.

Fuente: Clarín, 05/05/19.

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Estados Unidos, China y el mercado energético global

marzo 10, 2019

EE.UU. y China comparten la matriz gasífera mundial

Xi jinping y Donald Trump en una de las múltiples reuniones que tuvieron. Juntos reformularon el orden económico mundial.

Por Jorge Castro.

Exxon y Chevron prevén triplicar su producción de shale (petróleo y gas) en la Cuenca de Permian, el corazón de la industria del shale norteamericano que se extiende en el oeste de Texas y en el estado de Nuevo México; y estiman hacerlo en los próximos 3/5 años.


Cuenca de Permian

Exxon señaló que aumentará su producción de shale en la región permiana de los actuales 600.000 barriles por día a más de 1 millón en 2024, en tanto que Chevron la elevará de 650.000 barriles por día en 2019 a 900.000 barriles día (b.d.) en 2023.

Ambas compañías advirtieron que aspiran a recuperar más de 90% del shale de sus yacimientos de Texas y Nuevo México, lo que “…ocurrirá por primera vez en la historia de la industria petrolera”.

Hasta ahora, el nivel de recuperación tanto en Texas como en el resto de EE.UU. era 20%/40% del yacimiento original; y en la etapa inicial de la explosión del shale (2006/2015) alcanzaba a 30%/60% del total. El nivel de incremento de la productividad que prevén alcanzar es de más de 50% en los próximos 3/5 años.

Dos de las 5 grandes compañías petroleras del mundo – que son Exxon y Chevron – utilizarán para este esfuerzo extraordinario de productividad dispositivos de Inteligencia artificial (AI) y de Internet de las Cosas (IoT); y esto implica que se perforarán los nuevos pozos con una precisión milimétrica, al lado incluso – con una diferencia de 5/10 metros – de las viejas y declinantes perforaciones.

La tasa de retorno de las nuevas inversiones sería 30% por pozo perforado, una estimación que se realiza sobre la premisa del mantenimiento de los actuales precios del petróleo (U$S 58 / U$S 60 / barril).

Las nuevas tecnologías desatarían un alza de la productividad de 30%/40% por unidad de producción; y esto significa que las inversiones en shale de EE.UU. son rentables aún si el precio del petróleo cae a U$S 35 el barril.

La Agencia de Información Energética (EIA) de EE.UU estima que la producción petrolera norteamericana alcanzó a 12 millones de barriles diarios (b.d.) en enero de 2019; y treparía a fin de año a 12.4 millones b.d., para luego llegar a 13.2 millones b.d. en 2020.

Agrega que más de 60% del auge de la producción provendrá de la Cuenca Permiana. EE.UU. sería el mayor productor mundial de energía en 2020, por encima de Arabia Saudita y Rusia.

Correlativamente, las importaciones netas de crudo cayeron de 3.8 millones de b.d. en 2017 a 2.4 millones en 2018; y disminuirían 0.9 millones de b.d. anuales en los próximos 3 años. Al mismo tiempo, EE.UU. se tornaría un exportador neto de petróleo y gas por 1.1 millones de b.d. a partir del cuarto trimestre de 2020.

El shale ha vuelto a colocar a EE.UU. a la cabeza de la producción petrolera mundial; y es un fenómeno típicamente norteamericano de innovación absoluta, que hace 10 años prácticamente no existía.

El otro término de la ecuación energética mundial es la demanda china de gas natural bajo la forma de gas líquido o LNG. El gas representa 7% de la matriz energética de la República Popular, frente a 22% del promedio mundial; y su demanda crece 15% anual.

El objetivo de la política gasífera de la República Popular no es alcanzar el 22% promedio del mundo, sino suplantar el 60% de su producción energética originada en el uso intensivo del carbón. Este es el insumo que transforma a China en el país más polucionado del mundo.

El resultado de esta prioridad estratégica de la República Popular es un alza excepcional de las importaciones de gas líquido (LNG), con un aumento de 2 dígitos por año en el último lustro. Esto la convierte en la principal importadora de gas del mundo en 2020, dejando a Corea del Sur en un segundo lugar.

La demanda china de LNG se cuadriplicaría en los próximos 20 años y alcanzaría a 30% del total de los flujos de gas líquido del mundo. El cálculo de EIA es que el auge extraordinario de la oferta de shale estadounidense hace que 1 de cada 4 m3 de gas producido globalmente provenga de EE.UU. en 2025. Por eso es que EE.UU. fija ya el precio del gas líquido en el sistema global, y es la industria del shale la que establece la tasa estándar de retorno en el mundo.

El primer efecto de la explosión del shale norteamericano es que integrará completamente el mercado gasífero mundial en 5/10 años; y éste proceso tiene como eje a la ecuación EE.UU/China. De ahí que el acuerdo entre Donald Trump y Xi Jinping sellado en Buenos Aires el 1 de diciembre de 2018, que constituye la nueva estructura básica del poder mundial, se sustenta en una matriz energética compartida.

Señala EIA que la demanda energética china crecería más de 30% en 2040, en tanto que la de gas natural se expandiría 45% en igual período. Equivale a añadir otra China y otra India a la actual demanda global. EIA prevé que las compras de LNG norteamericano por la República Popular alcanzaría a 280.000 m3 por día en 2040, en tanto que las importaciones de petróleo superarían entonces 13 millones de b.d.

Todo gira sobre la ecuación EE.UU/China en el siglo XXI, constituida en el eje inequívoco del poder mundial.

Fuente: Clarín, 10/03/19.

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China lidera la revolución tecnológica del siglo XXI

febrero 4, 2019

China lidera el siglo XXI con el 5G y la inteligencia artificial

Por Jorge Castro.

Presentación en sociedad de nuevo smartphone 5G de Huawei. La producción en serie comienza este mes.
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El PBI per cápita de China superó US$10.000 anuales en 2018 (+8,1% anual), con un producto que alcanzó a US$13.32 billones (dólares constantes), que es el segundo del mundo después de EE.UU., y que crece entre +6,5% y +6,7% anual en los últimos 12 trimestres.

El ingreso per cápita de los 1.440 millones de chinos aumentó más de 10 veces desde 2001 (ingreso a la OMC), cuando ascendía a US$1.000 anuales. El PBI per cápita, que era US$ 272 en 1978, ha crecido más de 50 veces en los últimos 40 años.NEWSLETTERS CLARÍN

En los próximos dos años China se convertirá en un país de “altos ingresos” con US$12.235 anuales, y deja atrás la categoría de país emergente (Banco Mundial). En términos de ingreso per cápita ocupa el lugar 70 en el mundo, con un producto que es 25% del norteamericano. La brecha de convergencia con EE.UU. es más de 70%. Esto le garantiza un crecimiento semejante al actual en los próximos 15/20 años.

El boom de consumo de la República Popular (US$5.636 billones en 2018/+7,5% anual) es superior al de EE.UU. (US$ 5.529 billones/+3,3% por año). En el “Día de los Solteros” (11 de noviembre), Alibaba vendió US$1.470 millones en dos minutos, y US$31.460 millones en 24 horas, con marcas y consumidores de 230 países y regiones.

China tendrá 55,8% del total de las ventas mundiales de productos al menudeo realizadas a través de las plataformas por Internet (“e-commerce”), que treparían a 63% en 2022. Alibaba tiene 576 millones de consumidores activos, que serían 2.000 millones en 2036.

El boom de consumo en China es resultado directo del alza del ingreso per cápita en condiciones de pleno empleo, donde el ingreso “disponible” —es el que resta tras satisfacer las necesidades básicas— aumenta 15% por año.

La plataforma importadora de Alibaba —Taobao— tramitó compras del exterior por más de US$350.000 millones en 2018, representadas por 19.000 marcas de 75 países y regiones. Son ya 9 los países asiáticos en los que realiza sus pagos “on line”, incluyendo Corea del Sur, Tailandia, Malasia, Indonesia, y Japón; y ahora lo hará con el Reino Unido antes de fin de año.

La economía de escala del “e-commerce” chino supera en US$ 1.500 millones la suma de los comercios por Internet de EE.UU. y la Unión Europea; y más de 60% de los pagos se realizan en él en forma digitalizada.

El boom de consumo, cruzado con el “e-commerce”, ha convertido a China en un gigantesco laboratorio de las tecnologías más avanzadas del siglo XXI, con un despliegue extraordinario de la inteligencia artificial, la robótica, los drones y el reconocimiento facial. En el terreno de las aplicaciones, China es el líder indiscutible de la nueva revolución industrial por encima de EE.UU., la primera economía del mundo.

Ahora comenzó la revolución del 5-G. Huawei, la mayor proveedora de equipos de telecomunicaciones en el mundo, lanzará en febrero la 5ta Generación de smartphones inteligentes, dotados de un chip propio (Tiangang) capaz de soportar una banda ancha de 200 megabytes, con un peso y un tamaño reducido a la mitad. La República Popular instalómás de 4 millones de estaciones 5G en 2018, que representa 5,3 sitios por cada 15 km2. Es tres veces más que las instalaciones 5G actuales o previstas de EE.UU.

La inteligencia artificial, que es la tecnología de la época, tiene en los 5G un instrumento privilegiado. El 5G es 100 veces superior al 4G en capacidad de transferencia de la información; y ha obviado los espacios vacios entre equipos y redes. Es un salto cualitativo, no un instrumento más veloz. En los próximos 3 años, se venderían 108.2 millones de unidades 5G en el mundo (+ de 40% en China), con un crecimiento de +255% por año.

El 5G modifica la naturaleza de las plataformas digitales, que son las que encabezan el proceso de globalización en el siglo XXI, al multiplicar por 3/5/10 veces la intensidad de su utilización.

El proceso de acumulación del capitalismo se acerca a su vocación de instantaneidad a través de 5G. Por eso los negocios típicos de las plataformas digitales, ante todo la “nube” o cloud computing, crecen ahora 30% anual o más, y aumentan de US$260.000 millones en 2018 a US$410.000 millones en 2021.

El 5G opera ya en 66 países, y sus redes globales serían 110 en 2025, con una infraestructura que alcanzaría a US$265.000 millones en 2021, a contar de un valor de US$ 52.000 millones el año pasado (un crecimiento de 118% anual). El producto directo de la tecnología 5G treparía a US$5.6 billones en 2030 y el indirecto, 3 veces más.

Lo fundamental de China es lo cualitativo, no la magnitud de su PBI o el hecho de que es el país más poblado del mundo. Lo asombroso es que esto ocurra en una nación con 5.000 años de historia, en que la particularidad —el genio chino— es que estos cinco milenios no están en el pasado, sino en el presente.

Fuente: Clarín, 03/02/19.

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China emula la innovación de Estados Unidos

noviembre 25, 2018

China disputa con EE.UU. la capacidad innovadora

Por Jorge Castro.

Conectados. China el mayor porcentaje de la población conectados digitalmente.
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En los últimos 5 años se han creado en China 21.4 millones de nuevas empresas, y 15% de ellas son “start ups” de alta tecnología. En la República Popular surgen 4 millones de compañías por año y 16.600 por día.

China tiene en este momento más de 100 millones de entidades empresarias, y eran 490.000 en 1978, cuando Deng Xiaoping lanzó el proceso de apertura y vuelco al capitalismo.

El surgimiento en gran escala de nuevas empresas revela el extraordinario ejercicio de “destrucción creadora” — núcleo de la acumulación capitalista— que ha realizado la República Popular en las últimas cuatro décadas.

Se trata de la transferencia del capital y el trabajo de los sectores de escasa productividad a los de productividad más elevada, que se realiza mediante la creación de nuevos productos, servicios y mercados, la innovación.

Esta hazaña de “destrucción creadora” es protagonizada por los empresarios, figuras que se caracterizan por el nivel de riesgo que son capaces de asumir para tomar decisiones.

Esta pasión por la “destrucción creadora” era hasta ahora un atributo exclusivo de EE.UU., el rasgo específico de la excepcionalidad norteamericana. Lo notable es que algo semejante ha surgido en China, un país con 5.000 años de historia, con un sistema dominante liderado por el Partido Comunista (PCCh), tras una guerra civil que duró 20 años (1927/1949). El conocimiento histórico combina empatía e ironía, dice Henry Lefebvre.

La destrucción creativa en economía es un concepto ideado por el sociólogo alemán Werner Sombart y popularizado por el economista austriaco Joseph Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia (1942).

Lo más revelador del proceso chino es el sesgo cualitativo de su desarrollo. La economía digital alcanza a 34,5% del PBI (U$S4.3 billones), y crece 18% anual. El resultado es que 77% del alza del PBI en 2018 es obra del aumento de la productividad de todos los factores (PTF), pura innovación; y también que el producto se duplica cada 10 años: era US$5.4 billones en 2007 y trepó a US$13.9 billones en 2018.

La excepcionalidad norteamericana surge de un hecho histórico estructural: “Es el único país capitalista carente de pasado feudal”, señalaron Karl Marx y Frederik Engels en 1857. De ahí que lo esencial del capitalismo norteamericano no sea la alta tasa de crecimiento económico —5% anual en el segundo y tercer trimestre de 2018—, ni el nivel de consumo, o el poderío militar (el gasto en defensa asciende este año a US$713.000 millones), sino la profunda legitimidad de sus instituciones y el vigor de una cultura volcada hacia el futuro.

La pujanza digital de la economía china y la poderosa opinión pública que representa 804 millones de usuarios de Internet son inseparables de la honda legitimidad nacional y social de su sistema dominante, que es el fundamento de su aptitud especial para la innovación y el gusto por el riesgo.

La pasión por la “destrucción creadora” de la República Popular se despliega en plenitud en los últimos cinco años cuando enfrenta la mayor oportunidad histórica de los últimos dos siglos, que es el surgimiento de una nueva revolución industrial en el capitalismo, la cuarta en la historia del sistema.

Xi Jinping estima que el logro de la cuarta revolución industrial puede llevar a China a realizar su destino, que es convertirse en el “Imperio del Medio” del siglo XXI. “Los 5.000 años de historia china no están en el pasado, sino en el presente”, dice Hegel.

La República Popular se ha convertido en un gigantesco laboratorio de las tecnologías más avanzadas a través de un fenómeno de innovación de masas que parece fraguado por el pensamiento estratégico de Mao Tse Tung.

Esto es lo que le ha permitido a China transformarse en la otra superpotencia de la época en los últimos cinco años, y dejar atrás, en un segundo plano, su condición cuantitativa de la segunda economía del mundo.

Por eso es que disputa ahora con EE.UU. el poder mundial, convertido en sinónimo del dominio de las tecnologías más avanzadas de la nueva revolución industrial, ante todo la decisiva y que atraviesa todo el sistema, que es la inteligencia artificial. Lo cualitativo, no lo cuantitativo, ha transformado a China en una superpotencia.

En estas condiciones, tanto respecto a EE.UU. como a la República Popular, es absolutamente razonable referirse de acuerdo a lo que señalaba Oscar Wilde que “…la naturaleza imita al arte”.

China dispone en el dominio de la inteligencia artificial de una ventaja comparativa excepcional, al haberse convertido en la sociedad más digitalizada del mundo, por encima de EE.UU. Su emisión de informaciones (Big Data) es 60/70 veces superior a la norteamericana.

Los “nativos digitales” nacidos en la República Popular con posterioridad a 1990 superan ya los 300 millones de personas, y su vida cotidiana está completamente digitalizada, lo que incluye el pago de la totalidad de las transacciones a través de Internet. Atrás, como un anacronismo, ha quedado el uso de dinero en efectivo.

Hasta ahora solo EE.UU. adelantaba el futuro. Pero en los últimos cinco años China se le ha sumado.

Fuente: clarin.com, 25/11/18.


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China facilita la inversión de multinacionales norteamericanas

mayo 27, 2018

China se abre a la inversión de las multinacionales de los Estados Unidos

Por Jorge Castro.
Un operario chino revisa la impresión de circuitos para computadorras en una fábrica de Hangzhou . Para China, la alta tecnología es una prioridad y apuesta a la inversión de empresas estadounidenses.

Un operario chino revisa la impresión de circuitos para computadorras en una fábrica de Hangzhou . Para China, la alta tecnología es una prioridad y apuesta a la inversión de empresas estadounidenses.
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Lo esencial del acuerdo comercial entre EE.UU. y China es que establece un marco estructural para el comercio y las inversiones entre los dos países, centrado en la República Popular; y esto sucede cuando China se ha lanzado a un proceso de apertura de su economía y de fijación de reglas de juego favorables a la inversión extranjera (IED), básicamente norteamericana, que es el más sistemático y radicalizado de su historia, a contar de 1978 (Deng Xiaoping).

El objetivo de la República Popular es multiplicar por 2 o 3 el flujo de IED que recibió en 2017 (US$ 145.000 millones+US$100.000 millones vía Hong Kong), y hacerlo en 3 a 5 años.

Lo accesorio son las medidas tendientes a reducir/eliminar el superávit comercial con EE.UU., que ascendió a US$375.000 millones en 2017, en un intercambio bilateral de US$505.000 millones, el mayor del mundo.

usa y chinaPero lo accesorio entre EE.UU. y China tiene por necesidad dimensiones mundiales, ante todo en materia de agroalimentos. China importó US$135.000 millones de productos agrícolas estadounidenses en 2017 (+12% respecto a 2016).

Este año, debido al acuerdo, China compraría 30%/40% más de productos agrícolas de EE.UU., lo que representa US$168.000 millones/US$178.000 millones en 2018. Sólo la compra de productos frescos, todos ellos de marca, importados vía online, se multiplicarían 4 veces o más en 2018, y alcanzarían a US$15.000 millones/US$ 20.000 millones; adquiridos a través de las plataformas de Alibaba, transformadas en el principal canal de crecimiento del comercio internacional de los últimos 5 años, con un alza de 12% en 2017.

Las compras de gas líquido (LNG) alcanzarían a US$50.000 millones / US$60.000 millones, al combinarse la explosión de shale gas en EE.UU. con la decisión estratégica de sustituir el carbón por el gas natural como principal fuente energética de la República Popular (el carbón provee 60% de la energía y es el mayor responsable de la polución).

La demanda energética china crecería más de 30% en 2040, y la de gas natural se expandiría 45% en igual periodo. La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé que las compras de gas líquido norteamericanas alcanzarían a 280.000 millones de m3 en 2040, en tanto que las de petróleo superarían los 13 millones de barriles diarios.

El año pasado, las importaciones petroleras alcanzaron a 420 millones de toneladas (2.2 veces más que la producción doméstica) con un auge de 10,1% respecto a 2016; las compras de gas líquido (LNG) treparon a 95.3 millones de m3 en 2017 (+26,9% anual). El intercambio gasífero entre EE.UU. y China se ha convertido en la corriente energética central del siglo XXI.

El marco estructural de la relación entre las 2 superpotencias se establece sobre la realidad de China hoy, que es el cruce de 2 tendencias: por un lado, el boom de consumo, que alcanzó a US$6.9 billones en 2017, arrastrado por la enorme capacidad de compra de la clase media de 440 millones de personas con ingresos comparables a los norteamericanos (US$35.000/US$45.000 anuales), que crecen 14,5% por año.

Por otro, el despliegue de la economía digital (34% del PBI / +18% por año), en la que se desarrolla la nueva revolución industrial, donde China disputa la primacía con EE.UU. La economía digital ascendió a US$4.3 billones en 2017.

El sistema integrado transnacional de producción (constituido por 88.000 empresas transnacionales con 600.000 asociadas o afiliadas) es prioridad absoluta para la República Popular; y es un mecanismo en que 42% de las compañías globales, incluyendo las de alta tecnología, son norteamericanas.

China apuesta a atraer en gran escala la inversión de las transnacionales estadounidenses en los próximos 3/5 años, como respuesta a la drástica apertura de su economía y a la creación de un ambiente altamente favorable para la inversión extranjera, sin límites ni de sectores ni de propiedad.

La República Popular busca deliberadamente profundizar la integración del sistema, ante todo con la mayor y más competitiva economía del mundo, que es EE.UU.; y esta apuesta estratégica tiene lugar en el momento en que el capitalismo experimenta una nueva revolución industrial fundada en el conocimiento, en la “propiedad intelectual”.

A partir de la crisis desatada por el gobierno de Donald Trump –metafórica y erradamente denominada “guerra comercial”– EE.UU. y China han profundizado y consolidado un camino sistemático de cooperación y resolución de diferencias. La “guerra comercial” que nunca existió ha quedado atrás.

Responde a la tendencia central de la época, en la era de la integración completa del capitalismo, y también fija el rumbo estratégico del sistema global en los próximos 10/15 años.

Es de esperar que la próxima crisis, que necesariamente va a llegar, ahonde todavía más esta perspectiva de cooperación y crecimiento mundial.

Fuente: Clarín, 27/05/18.


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Estados Unidos y China: cooperación y competencia

abril 9, 2018

Las claves de la guerra comercial entre Estados Unidos y China: socios y enemigos

Los aranceles anunciados por el gigante americano y el asiático tienen poco peso en el volumen total de intercambios, pero atacan donde hacen más daño comercial o político.

Por Xavier Fontdeglòria y Sandro Pozzi.

Contenedores en un puerto en China.
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Nueva York / Pekín — Donald Trump odia el déficit comercial. En su lógica es la evidencia de que EE UU pierde en el mercado global porque compra más de lo que vende al resto del mundo. Por eso convirtió la reducción de esta brecha en un pilar central de su política económica, especialmente con China. La disparidad con el país asiático creció el año pasado en la categoría de bienes un 8%, hasta alcanzar los 375.200 millones de dólares.

usa y chinaPor eso ha empezado su guerra de aranceles contra China, pero sin lanzar toda la artillería. Según la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor´s, el arancel de EE UU puede afectar al 12% de los productos importados desde China. Al ser una disputa sobre tecnología y propiedad intelectual, añaden, podría impactar a artículos que incluyen ordenadores y teléfonos móviles. La primera reprimenda china ataca desde la carne de cerdo, frutas y vino hasta metales como tubos de acero que se compran a Estado Unidos.

“Los productos sujetos a aranceles representan en este momento una parte modesta respecto al volumen total de los intercambios”, valoran desde la agencia. Las amenazas y las listas, sin embargo, muestran cuál es la actitud de las dos potencias. Trump cree que forzando la mano logrará que China entren en razón, porque depende más del mercado de EE UU que al revés. Su objetivo es reducir el déficit en 100.000 millones.

Las claves de la guerra comercial entre Estados Unidos y China: socios y enemigos

Pekín contraataca donde puede hacer políticamente más daño al republicano en las elecciones de noviembre e incluso en 2020: las comunidades rurales. La agricultura generó más de 19.000 millones en exportaciones hacia China en 2017, con 12.360 millones solo en soja. La segunda mayor partida son aviones comerciales, con 16.260 millones, seguida por los automóviles, con 10.500 millones.

Disuadir a Washington

Estas tres categorías, precisamente, han sido la diana de la segunda ronda de aranceles anunciadas por Pekín, que entrarán en vigor en caso de que Trump acabe por oficializar esta nueva ronda de aranceles estadounidenses contra productos de alta tecnología chinos. Una lista que ha sorprendido por su contundencia. “El Gobierno chino preferiría no aplicar estas contramedidas porque tienen un coste para el país. Pero seguirá adelante con los aranceles para disuadir a Estados Unidos; China necesita dejar claro que está dispuesta a responder del mismo modo si es necesario”, explica Julian Evans-Pritchard, economista de la consultora Capital Economics.

China también es uno de los tres principales mercados para el equipamiento médico que se exporta desde EE UU, así como maquinaria industrial metales y computadoras y componentes electrónicos. La mayor economía asiática es receptora además de combustibles refinados, como el gas natural licuado, y otros derivados del petróleo, lo que explica los nervios en el sector energético, otro lobby de apoyo aTrum.

EE UU es la segunda potencia comercial del mundo. Exportó bienes por valor total de 1,55 billones en 2017. Si se incluyen los servicios, una categoría que siempre evita citar Trump porque está en superávit, ese volumen global asciende a 2,33 billones. Sin embargo, el pasado ejercicio registró importaciones que ascendieron a 2,89 billones, de las que 2,36 billones fueron en bienes.

China es el gran contribuyente a este desequilibrio. Las estadísticas del Departamento de Comercio más recientes reflejan que las importaciones de bienes chinos ascendieron el año pasado a 505.600 millones de dólares, un 9% más que en 2016. Es el mayor suministrador de bienes por delante de México y Canadá, sus socios en la zona de libre cambio en Norteamérica (Nafta).

Las compañías estadounidenses realizaron por su parte exportaciones al otro lado del Pacífico por valor de 130.400 millones. En este caso mejoraron un 12% en el año. China es el tercer destino de los bienes de compañías estadounidenses, por detrás de Canadá y México. Duplican los que van hacia Japón y Alemania. Se estima que el comercio genera unos 910.000 empleos en EE UU.

Ataque al liderazgo mundial chino

Las autoridades chinas rebajan sensiblemente la cifra de déficit que defiende Donald Trump. Según datos de las aduanas, el país asiático registró un superávit comercial de 275.810 millones de dólares frente a Estados Unidos, un desequilibrio récord en los intercambios bilaterales de mercancías, pero menor (en 100.000 millones de dólares) a lo contado por Washington. El comercio con la primera potencia mundial generó el 65% del superávit comercial chino global.

Los más de 1.300 productos identificados hasta ahora por Washington para una nueva ronda de tarifas impactan directamente en el ambicioso programa de reconversión industrial china, cuyo objetivo es convertir al país en líder mundial en alta tecnología para el año 2025. La oficina Comercio de EE UU estudia medidas adicionales elevar el arancel hasta 150.000 millones en importaciones, el 30% de los intercambios.

EE UU representa el 15% de las exportaciones globales de China. Llega de todo, especialmente electrónica y semiconductores que se consumen en masa en EE UU. Los teléfonos móviles manufacturados en fábricas chinas tuvieron un valor de 70.390 millones mientras que la factura en ordenadores fue de 45.520 millones, a la que se suman 31.610 millones en accesorios. El equipamiento para telecomunicaciones fue de 33.480 millones.

Los muebles y otros artículos para el hogar generaron 20.670 millones en importaciones mientras que los electrodomésticos rondaron los 14.150 millones, junto a 10.730 millones en televisores. Las importaciones de juguetes y productos para el deporte generaron importaciones el pasado año por valor de 26.770 millones. El sector textil, incluyendo calzado, movió 35.680 millones.

Caroline Freund, economista del Peterson Institute for International Economics, explica que el déficit no se debe solo a malos acuerdos comerciales como dice Donald Trump, sino más bien al ritmo con el que gastan los consumidores y el Gobierno estadounidense. “Si se redujera el consumo”, añade, “las importaciones caerían”. También cita que un dólar débil encarece las importaciones.

China podría negociar

El problema, según Freund, es que elevando el arancel no se resolverá el desequilibrio. Los analistas señalan que el mercado tenderá a compensarlos buscando los productos en otros países. “La decisión de Donald Trump de imponer nuevos aranceles a China no deja de ser chocante aunque sea esperada”, valora Edward Alden, experto del Council on Foreign Relations.

Pero aunque las prácticas chinas son una queja compartida, la confrontación crea un nuevo escenario. El miedo es que el choque provoque una ruptura que dañe las relaciones entre las dos potencias, amenace el crecimiento y la estabilidad financiera. El riesgo de una guerra comercial, según el BBVA, “es bajo” y ven la maniobra de Trump como una “táctica” negociadora.

En la misma línea se expresa el profesor Xu Bin, de la escuela de negocios CEIBS, que confía en que ambos países encontrarán una solución negociada y evitarán un conflicto comercial a gran escala. “Estoy seguro de que el año que viene el déficit comercial se reducirá; China está dispuesta a hacer esfuerzos para que así sea. Pekín puede comprometerse a acuerdos que no afecten directamente a sus exportaciones hacia EE UU, desde aumentar su volumen de importaciones a animar a sus empresas a producir en suelo estadounidense”, sostiene.

Fuente: elpais.com, 09/04/18.

USA y China comercio 2018


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China consolida el crecimiento económico de sus habitantes

marzo 31, 2018

La prioridad del gigante asiático ya no es la seguridad alimentaria

El gobierno chino la considera garantizada por su producción de alimentos y los granos de Sudamérica. Ahora, la meta es el alza sistemática de los ingresos de su población.

Por Jorge Castro.

En la República Popular se implantó un sistema intensivo de subsidios para promover la utilización de insumos agrícolas.

En la República Popular se implantó un sistema intensivo de subsidios para promover la utilización de insumos agrícolas.
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China es el mayor productor y consumidor de alimentos del mundo. Produjo 680 millones de toneladas de granos e importó 120 millones para la alimentación animal (en primer lugar soja por 90 millones de toneladas) en 2017.

Significa que toda modificación en la seguridad alimentaria china afecta las tendencias del mercado mundial. China es el centro y eje de la demanda global: allí se forjan las pautas del comercio agroalimentario en el siglo XXI.

Lo fundamental que ocurre en la República Popular es que en 3 años desaparece la pobreza extrema, en su totalidad de carácter rural. Restan 30 millones de pobres, después de que fueron 810 millones en 1980.

china bandera botonEn los últimos 5 años, 68 millones de campesinos pobres han dejado de serlo, y serían 10 millones que abandonarían esa condición en 2018. El resultado es que la diferencia en los ingresos de China ha comenzado a reducirse, con un alza del PBI per cápita rural que crece por encima del urbano (a un ritmo del 8,5% anual en las regiones agrícolas versus un 7,4% en las ciudades).

Recíprocamente, el consumo doméstico de agroalimentos aumenta sostenidamente, porque la población rural destina una parte mayor de sus ingresos a la alimentación que la urbana.

A partir de 2007, ha cambiado drásticamente la política agrícola china. La prioridad no es ahora la seguridad alimentaria –a la que consideran garantizada por la producción interna más las importaciones de soja y maíz del Hemisferio Americano-; y ha sido sustituida por la búsqueda del alza sistemática de los ingresos reales (dentro de esta tendencia hay que colocar el proceso en marcha de reducción de la pobreza).

Por eso se eliminaron todo tipo de impuestos agrícolas en 2004/2006 (una novedad absoluta en los 5.000 años de historia china). Además, se implantó un sistema intensivo de subsidios para el uso de insumos agrícolas (fertilizantes, combustibles, maquinaria agrícola, semillas de última generación etc); y se estableció un mecanismo de aseguramiento que cubre todos los riesgos de la producción agroalimentaria.

A ese efecto, se creó un “Fondo Agrícola” de 300.000 millones de dólares por 5 años, que ha sido renovado con posterioridad. También se inauguró un sistema de seguridad social que cubre a los 1.340 millones de habitantes, y en primer lugar al 40% que todavía mantiene una condición rural.

Los cambios institucionales –nuevo “Régimen Agrícola” de 2011- canalizan esta tendencia a aumentar los ingresos reales del campesinado por encima del promedio nacional, esencialmente urbano.

Esto sucede, cuando se acelera la migración interna del campo a las ciudades (la población urbana asciende ya a 58,6% del total y treparía a 65% en 2025).

Más de 40% de la producción agroalimentaria en China se realiza ahora a través de grandes unidades productivas con la tecnología más avanzada y usualmente de capital trasnacional.

El corto y largo plazo tienden a coincidir en el agro chino. El primero lleva hacia el aumento de la productividad y de los ingresos reales de un número cada vez más reducido de campesinos; y el segundo empuja a China a utilizar de una manera más adecuada y eficente sus limitados recursos agrícolas, ante todo tierra y agua.

Esta es la tendencia de fondo del agro de la República Popular, que conviene seguir de cerca desde la Región Centro por el peso decisivo que el gigante asiático tiene en la demanda global de alimentos.

Fuente: Clarín, 31/03/18.


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China crece con las manufacturas de alto valor

febrero 18, 2018

El centro de la estrategia china de desarrollo son las manufacturas

Por Jorge Castro.
El centro de la estrategia china de desarrollo son las manufacturas

La gran apuesta de la economía china es avanzar en procesos de automatización y robotización. En la fábrica de Toyota ,por ejemplo, ya hay 760 robots que se ocupan del 96% del proceso de producción.
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El núcleo de la estrategia de desarrollo china está centrado en la industria manufacturera de alta tecnología, en la economía real. De ahí que canalice la mayor parte de las nuevas inversiones hacia el sector industrial y utilice, para ello, recursos provenientes de la economía virtual, encabezados por los del comercio por Internet (e-commerce), que crece 26% por año y es arrastrado por un boom del consumo doméstico que alcanzó a US$6,4 billones en 2017, que serían US$10,2 billones en 2022, el nivel de EE.UU. hoy.

china bandera botonEsta prioridad estratégica se revela en que los créditos para la industria high tech aumentaron 11,34% en 2017 y alcanzaron a US$2,2 billones, en tanto que la inversión de punta en startups de alta tecnología (+56% por año) llegó a US$77.000 millones en los últimos 12 meses (el nivel de EE.UU.).

La inversión extranjera en la industria high tech logró un récord histórico de US$180.000 millones en 2017, y acarreó la creación de 35.652 nuevos establecimientos (greenfield).

La industria high tech creció 10% en 2017, 4 puntos por arriba de la actividad manufacturera en su conjunto, mientras que sus ganancias aumentaron 16,1% anual, 10 puntos más que el resto de la producción manufacturera.

Lo que sucede en la República Popular es un extraordinario ejercicio de “destrucción creadora”, el traslado de la inversión desde los sectores de escasa productividad a los de productividad más elevada.

En los últimos 5 años se han creado en China 21,4 millones de nuevas empresas, más de 4 millones por año, 16.600 por día. Es un experimento único en la historia del capitalismo, que coloca a la República Popular en la vanguardia de la nueva revolución industrial.

Para eso cuenta con una ventaja estratégica decisiva, que es el volumen de información (Big Data) que produce, y que es 60 veces superior al de EE.UU. Esa ventaja surge de disponer de 756 millones de usuarios de Internet, el doble que EE.UU. y la Unión Europea sumados.

Esto es lo que ha convertido a la República Popular en un gigantesco laboratorio viviente de las tecnologías más avanzadas, ante todo Inteligencia artificial (AI); y esto ocurre en el terreno crucial de las innovaciones (nuevos productos, servicios, negocios), no en el de los descubrimientos (inventos), que es el mismo en EE.UU. y en China.

Lo mismo sucede con los robots. El mercado robótico crece 30% anual en China (+17% en el mundo), y representa 69% de las ventas globales, con 35% de las patentes internacionales originadas en la labor de científicos chinos.

Hay que agregar el desarrollo de la “Internet de las Cosas” (IoT), que es un sistema cibernético integrado que vincula a través de chips inteligentes a la sociedad, la naturaleza y los individuos. El mercado chino de IoT ascendió a US$193.000 millones en 2015 y treparía a US$361.000 millones en 2020. Las conexiones inteligentes alcanzaron a 80 millones en 2015 y superarían 360 millones 5 años después.

Este sistema cibernético integrado agregaría al PBI chino —solo en la manufactura— US$736.000 millones en 2030. El mismo sistema abarcó en EE.UU. 40 millones de chips inteligentes en 2015, que serían 150 millones en 2020.

Las patentes internacionales aumentaron 17,4% por año desde 2007, las publicaciones científicas crecieron 22,9% anual, los graduados en ciencias duras eran 1.337.000 en 2002 y alcanzaron 6.081.600 en 2012 (+16,4% anual), en tanto los PhD en física y matemáticas se elevaron 6 veces (eran 80.800 en 2002 y llegaron a 486.500 en 2012).

La celeridad de la “destrucción creadora” se mide por el aumento de la productividad de todos los factores (PTF); y 77% del alza del PBI en 2017 fue obra de la PTF (ese porcentaje ascendió 20% del auge del PBI entre 2000 y 2009).

China dispone de una población de unos 300 millones de personas con niveles de ingresos comparables a los norteamericanos (US$35.000/ US$45.000 anuales), pero que tienen una actitud innovadora, de vuelco al futuro, y una cultura digital superior a la de EE.UU.

Lo que importa en la República Popular es el camino, no las etapas de su extraordinaria trayectoria. Por eso no hay que esperar lo que viene después para ver lo que puede suceder, porque el futuro ya es presente en 300 millones de chinos apasionados por la innovación, que serán 400 millones en 2020 y 1.000 millones en 2030. Para ellos, el futuro ya llegó: está aquí.

Fuente: Clarín, 18/02/18.


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USA, China y la nueva geopolítica del shale gas

noviembre 26, 2017

La nueva geopolítica del shale gas

Por Jorge Castro.

La nueva geopolítica del shale gas

Una perforación de shale gas en Waynesburg (Estados Unidos), que es el líder mundial en esta tecnología.
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La Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que la producción de shale gas de EE.UU. aumentaría más de 8 millones de barriles diarios entre 2010 y 2025; y que la consecuencia sería que más de 80% del alza de la oferta energética mundial provendría de fuentes norteamericanas en este periodo.

La previsión de IEA muestra la siguiente secuencia: EE.UU. tendría una producción petrolera total de 16,9 millones de barriles diarios en 2025; y se elevaría a 13 millones de b/d la suma de crudo, condensados (refinados), y gas natural líquido (LNG).

“EE.UU. es el líder indiscutible de la provisión de petróleo y gas en el mundo en las próximas décadas”, afirma IEA. La explosión del shale estadounidense “… ha superado todos los récords históricos, y ha dejado atrás las mayores experiencias de Arabia Saudita en los megacampos de Ghawar, así como los logros soviéticos de los superyacimientos siberianos de la década del 60”.

Hay que ubicar la previsión de IEA en el siguiente contexto: la demanda energética mundial crecería más de 30% en 2040 y la de gas natural más de 45% — “…el equivalente a añadir otra China y otra India a la actual demanda global”— ; y el precio del petróleo se mantendría en los niveles actuales (US$ 50/ US$ 60/ barril) en este período.

La Agencia Internacional señala que los 2 millones de automotores eléctricos que recorren las rutas del mundo hoy serían 50 millones en 2025 y más de 300 millones en 2040, sin descartar la posibilidad de que esta cifra se triplique para entonces.

La energía renovable (solar/eólica), que cubre actualmente 5% de la oferta energética mundial, treparía a 40% en 2040 y atraería más de las dos terceras partes de la inversión energética global de los próximos 25 años.

China es la clave de estas previsiones. Para enfrentar el crecimiento excepcional de la demanda eléctrica, obra de los requerimientos de la nueva clase media constituida por más de 300 millones de personas con niveles de ingresos comparables a los norteamericanos (US$35.000/US$45.000 anuales), la República Popular necesitaría agregar a su actual producción un sistema generador de electricidad que equivalga “…al parque norteamericano de hoy, e India otro semejante al tamaño de la Unión Europea (UE)”. Solo el sistema de frío que necesita construir China en 2040 excedería la demanda total de electricidad de la economía japonesa hoy.

La política de Xi Jinping ha modificado la demanda energética de la República Popular, y ha sustituido en forma acelerada la provisión de carbón como principal fuente energética por el consumo de gas natural y la energía renovable. El cambio de matriz productiva con un sesgo favorable a los servicios y a la alta productividad ha reducido el auge de la demanda energética, que ahora crece solo 1% por año hasta 2040 (comparada con el alza de8% anual que experimentó entre 2000 y 2012).

Aun así, respondería por más de 30% del incremento de la demanda mundial de gas en este período; y las importaciones de gas líquido (LNG) alcanzarían a 280.000 millones de m3 en 2040, al tiempo que superarían 13 millones de barriles por día (m/b/d) las compras netas de petróleo en el exterior.

La revolución del shale en EE.UU. ha devenido en una potencia exportadora extraordinaria de gas líquido (LNG). Por eso proliferan en la economía norteamericana las inversiones en la industria petroquímica y en general en las actividades manufactureras energo-intensivas.

Hay un nuevo centro de poder mundial surgido del acuerdo entre EE.UU. y China resuelto por los presidentes Xi Jinping y Donald Trump en Palm Beach, Florida (6/7 de abril de 2017), consolidado y profundizado en la visita de Estado del mandatario estadounidense a Beijing hace 15 días, en que se firmaron transacciones entre empresas de los 2 países por US$253.500 millones.

El eje de este acuerdo histórico entre las 2 superpotencias de la época es la explosión del shale estadounidense bajo la forma de gas líquido (LNG). Hoy el shale norteamericano expresa toda la cadena integrada de valor LNG: producción, transporte, distribución, financiamiento, e inclusive la actividad manufacturera de las nuevas industrias de alta intensidad energética.

Las exportaciones de shale líquido a China, que se multiplicarían por 3 en los próximos 2 años, según lo pactado por Trump y Xi Jinping en Beijing, constituyen el principal instrumento para reducir (eliminar) el superávit comercial de la República Popular con EE.UU., que es el objetivo absolutamente excluyente del mandatario estadounidense.

El aumento de las compras de LNG norteamericano por China implicaría una reducción de ese superávit comercial de 30% en 2020 y de más de 50% en 2025.

usa y chinaHay en marcha en el mundo una nueva geopolítica del gas natural en el siglo XXI; y este acontecimiento crucial sirve como fundamento e impulso a una nueva configuración bipolar del sistema de poder mundial que están llevando a cabo EE.UU. y China, el nuevo eje de la historia global.

Fuente: Clarín, 26/11/17.

 


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