Los robots colaborativos llegan a las fábricas
noviembre 12, 2016
Los robots ‘colaborativos’ llegan a las fábricas
Empresas como Whirlpool, Boeing y GM están remodelando sus plantas con máquinas que pueden detener sus labores si una persona tropieza con ellas.

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MARION, Ohio, EE.UU. — Un nuevo empleado ha conquistado el corazón del personal de la planta de Whirlpool Corp. en esta localidad: se trata de un robot llamado Chappy.
Los empleados de la fábrica de secadoras de ropa dicen que se han encariñado con estos robots programables con un solo brazo que han asumido algunas tareas repetitivas, trabajando en concierto con sus colegas humanos. Este robot, que tomó el nombre de la operaria humana cuyas labores heredó, saca fotografías de los productos para buscar defectos.
“Si puedo conseguir algo de ayuda para hacer mi trabajo, estoy totalmente a favor”, dice Karen “Chappy” Beidler, que ahora tiene tiempo para concentrarse en revisar y arreglar las conexiones de cableado. “Es la tecnología ayudando a la mano de obra humana, una combinación imbatible”.
Whirlpool y otras empresas están remodelando sus plantas en torno a los “robots colaborativos” que pueden detener sus labores si una persona tropieza con ellos. Esa precaución les permite operar en espacios reducidos con poca o ninguna barrera protectora.
En la fábrica de General Motors Co. en Lake Orion, Michigan, los robots colaborativos apilan neumáticos de repuesto y aplican pegamento caliente en los modelos Chevrolet Sonic y Buick Verano. En la planta de la automotriz alemana BMW AG en Spartanburg, Carolina del Sur, ayudan a instalar puertas y parabrisas. En una planta del fabricante de aviones estadounidense Boeing Co. en Australia alisan partes remachadas de los 787, algo que pronto podrían hacer en una fábrica de Charleston, Carolina del Sur.
Los economistas atribuyen el descenso a largo plazo de los puestos de trabajo en el sector manufacturero de Estados Unidos en parte a la automatización, pero las empresas aseguran que la tendencia más reciente en automatización está más dirigida a mejorar la seguridad y aumentar la productividad que a recortar empleos.
Al ayudar a los fabricantes a aumentar la eficiencia, dicen los ejecutivos, los robots permiten que las fábricas de EE.UU. sean más competitivas frente a las de países con salarios más bajos. Si costos más bajos se traducen en más ventas, las empresas se podrían expandir y crear más empleos que requieren una mano de obra más calificada.
Los fabricantes de América del Norte instalaron más de 28.000 robots el año pasado, según la Asociación de Industrias Robóticas. Los robots colaborativos representan apenas una fracción del total, pero dicha organización sectorial planea hacer un seguimiento de sus ventas conforme compañías como Fanuc Corp. y Yaskawa Electric Corp. lancen nuevos modelos. ABI Research predice que el mercado de robots colaborativos ascenderá a más de US$1.000 millones en 2020, frente a US$95 millones en ventas mundiales el año pasado.
En el año transcurrido desde que empezó a comercializarlos, Fanuc América ha vendido menos de 100 robots, indica Rick Maxwell, su director de ingeniería, quien proyecta que las ventas de estos robots colaborativos podría crecer significativamente. “Hay una tremenda cantidad de interés” en el mercado, afirma.
Jeff Burnstein, presidente de la organización de robots, dice que las máquinas ayudan a los fabricantes estadounidenses a competir contra mano de obra más barata en el extranjero, pero agrega que también tienen límites. No son tan fuertes como los robots más grandes y puesto que se mueven más lentamente para no amenazar la seguridad de sus colaboradores humanos, no siempre son tan eficientes.
“Hay muchas aplicaciones para las que no son adecuados”, reconoce Burnstein.
Panther Global Technologies, un fabricante de cigüeñales, motosierras y componentes para herramientas de patio domiciliado en Wixom, Michigan, utiliza los nuevos robots para aumentar la eficiencia de su planta estadounidense. El próximo año, una década después de haber despedido a gran parte de su fuerza laboral en EE.UU. y trasladar su producción al extranjero, la empresa planea cerrar una de sus dos plantas en China y repatriar unos 40 empleos.
“Sin ellos [los robots colaborativos] habría sido imposible”, afirma el presidente ejecutivo de Panther, Don Leith.
El fabricante danés Universal Robots vende robots de un brazo por hasta $45.000. Estas máquinas pueden trabajar durante todo el día, tomando el lugar de los trabajadores en tres turnos. Cada empleado humano de producción gana un promedio de US$36.220 al año, sin incluir horas extras, prestaciones de salud y otros beneficios, según el Departamento de Trabajo de EE.UU. Las empresas también dicen que los robots generan ahorros de costos porque aplican materiales como el pegamento de manera más eficiente.
Los ejecutivos añaden que los robots liberan a los trabajadores de tareas monótonas y exigentes que pueden provocar lesiones. Los trabajadores de fábrica son los que tienen más probabilidades de sufrir accidentes laborales a causa de movimientos repetitivos, según el Departamento de Trabajo de EE.UU.
“Hay ciertamente un beneficio de productividad, pero estamos viendo múltiples beneficios adicionales”, dice Jim Keppler,vicepresidente de cadena de suministro integrada y calidad para América del Norte. El ejecutivo no quiso decir cuántos costos han reducido los robots.
Keppler señala que los trabajadores serán reasignados a medida que nuevos robots asuman algunas de sus tareas. Whirlpool ha visto ahorros de mano de obra y otros beneficios, pero Keppler recalca los robots colaborativos no pueden hacerlo todo. “Estos robots nunca van a reemplazar a nuestra fuerza laboral”, asevera.
En la fábrica de Whirlpool en Marion, ocho robots colaborativos ayudan a 2.200 empleados a producir alrededor de 18.000 máquinas secadoras al día. Además de revisar los aparatos para detectar posibles averías, mueven los tambores grandes, instalan los motores y prueban las trampas de pelusa.
Los líderes de la fábrica de secadoras de Whirlpool evalúan más de 40 labores que los robots colaborativos podrían hacer. “Ahora mismo estamos rascando la superficie”, observa Keppler.
Fuente: The Wall Street Journal, 10/11/16.
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Alibaba incluiría productos argentinos en su plataforma
noviembre 12, 2016
Alibaba estudia incluir productos argentinos en su plataforma
Eso evaluó el vicepresidente de la plataforma de comercio electrónico, Dongwei Shi, con el embajador de Argentina en China, Diego Guelar.

El vicepresidente de Alibaba, Dongwei Shi, evaluó con el embajador de Argentina en China, Diego Guelar, la posibilidad de incluir productos argentinos en la plataforma china de comercio electrónico.
Ambos se reunieron en la ciudad sureña de Shenzhen, donde Alibaba celebra desde ayer unas jornadas de descuento conocida como el «Día del Soltero», equiparable al «Black Friday» de EE.UU.
«Alibaba constituye una herramienta extraordinaria, que abre un sinfín de oportunidades para productos nacionales en este creciente y demandante mercado», afirmó Guelar tras su encuentro hoy con Shi.
El gigante del comercio electrónico chino batió un nuevo récord, al llegar a los 91.200 millones de yuanes (US$ 13.400 millones) en el Día del Soltero, mucho más que lo registrado el año pasado.
Alibaba superó a Walmart y es la principal compañía de ventas minoristas.
«Estamos trabajando para que la oferta exportable argentina de mayor valor agregado encuentre nuevos canales que permitan alcanzar con mayor eficacia al consumidor chino», sostuvo Guelar.
El diplomático aseguró que «los niveles de venta inéditos que tuvieron lugar en esta edición del ‘Doble 11’ (como también se conoce al Día del Soltero, por celebrarse el 11 de noviembre) reflejan el nivel de hiperconsumo que está alcanzando la economía china«.
Además, Guelar y Shi avanzaron en los detalles de la agenda para la visita que el presidente de la empresa, Jack Ma, hará a la Argentina en enero.
Fuente: Clarín, 11/11/16.
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Tucker: un hombre y su sueño – Película de Francis Ford Coppola (1988)
noviembre 11, 2016
Video
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Tucker: un hombre y su sueño es una película estadounidense de 1988, dirigida por Francis Ford Coppola y protagonizada por Jeff Bridges, Joan Allen y Martin Landau.
Galardonada con importantes premios cinematográficos, la película está basada en la biografía de Preston Tucker, empresario y diseñador de automóviles estadounidense.
Argumento: En 1948, un joven ingeniero estadounidense, Preston Tucker (Jeff Bridges) concibe un automóvil de tecnología revolucionaria y bajo costo, al que bautiza con su apellido.
Las tres grandes empresas fabricantes de automóviles General Motors, Chrysler y Ford se unen para oponerse legalmente al proyecto de Tucker, pero él está decidido a no dejarse atropellar por ellas y lucha por construir cincuenta ejemplares de su modelo, para poder presentarlos ante el tribunal.
Título original: Tucker: The Man and His Dream.
Fuente: Wikipedia, 2016.
Hábitos indispensables para ser millonario
noviembre 10, 2016
Buenos Hábitos:
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1. Estudiar
2. Fijar Metas
3. Planificar
4. Hacer Networking
5. Llevar un Diario
6. Hacer ejercicio
7. Descansar
8. Pensar en Positivo
9. Practicar
10. Formar un Equipo
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Fuente: Ediciones EP, 10/11/16.
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Estados Unidos, Argentina, Trump y Macri
noviembre 10, 2016
También en EE.UU. se cansaron un poco de los progres y el estatismo
Por Guillrmo Kohan.
Contra todos los pronósticos de los encuestadores. Contra el círculo rojo de la mayoría de los medios de comunicación. Contra la voluntad del Papa Francisco. Finalmente se dio el tremendo batacazo en Estados Unidos y ganó Donald Trump, el que no podía ganar. Por poco margen en la cantidad de votos, con el país dividido, muy parecido al triunfo de Mauricio Macri en la Argentina hace casi un año. Así como Cristina Kirchner resultó la madre de la derrota del oficialismo en 2015; también Barack Obama carga desde ayer con el mismo destino. En la última semana de la elección, llamó al electorado a votar por «mi tercer mandato».
Es obvio que las comparaciones son odiosas, y efectivamente hay enormes diferencias entre los colectivos sociales que acompañaron con el voto a Trump el martes en USA, y a Macri hace un año en Argentina. Sobre todo en los sectores de centro izquierda no peronistas, que no solo votaron por el ex presidente de Boca en las presidenciales, sino que también lo acompañaron en la ciudad de Buenos Aires en tanto la alternativa fuera el kirchnerismo. También Trump se beneficio del rechazo y cansancio de amplios sectores del electorado norteamericano a la figura de Barack Obama y lo que representaba: cada vez más impuestos, más regulaciones estatales en la economía, privilegios para las cúpulas sindicales y dirigentes sociales, un falso progresismo que terminó beneficiando con cargos y presupuesto estatal a los dirigentes más que a las minorías oprimidas que supuestamente representan. Y todo a cargo de las empresas y trabajadores del sector privado, que pagan la cuenta con impuestos cada vez más agobiantes.
Conviene apuntar que además de todas las barbaridades que se dijeron en los medios contra el ahora presidente electo, el que ganó el martes fue quien prometió bajar los impuestos a la clase media, a los trabajadores, y a las empresas que dan trabajo. Ganó el que prometió retirar al Estado de las regulaciones cada vez mayores contra la actividad económica.
Hasta Wall Street se comportó finalmente ayer al revés que los pronósticos más alarmistas: los mercados fueron una fiesta al final del día, con gran recuperación de los sectores económicos tradicionales de la economía norteamericana: bancos, laboratorios, construcción, armamentos, telecomunicaciones, entre otros, fueron los que más brillaron en los mercados.
Comenzaron a moderarse las expectativas tan negativas que se habían formulado durante la campaña electoral contra Trump en términos financieros. No parece lógico que un empresario que quiere recuperar el empleo y la actividad de las fábricas en Estados Unidos opte por fortalecer mucho al dólar con las tasas de interés en alza. Sería alentar con atraso cambiario las importaciones de todo el mundo a los Estados Unidos. El último republicano que pisó la Casa Blanca, George Bush Jr., asumió con el dólar a 0,80 contra el euro, y lo devaluó 100% hasta 1,60. La gran Duhalde, pero administrado de a poco.
Más interesante resulta volver la mirada a una realidad que se mencionó hace meses en esta columna, que otra vez parece volver a confirmarse. A Donald Trump, por lo visto, le va mejor en la calle que en la TV. No lo quieren la mayoría de los periodistas y lo detestan la mayoría de los artistas y los intelectuales. No alcanzó el homenaje al progresismo norteamericano que se intentó con el Premio Nobel a Bob Dylan para tumbar a Trump. Igual ganó
Lección interesante para el gobierno de Mauricio Macri, en particular para quienes le recomiendan disfrazarse de progresista para asegurar el apoyo de la opinión pública y no enfrentar al establishment políticamente correcto de los medios y la dirigencia política local. Con ingredientes que colocan el caso más en tono de comedia que de tragedia.
En la carrera por medir quién es más progre y menos empresario en el Gabinete, quedó en falsa escuadra hasta la canciller Susana Malcorra, quien hasta ahora conducía con gran profesionalidad la gestión menos culposa de la era Macri. En política exterior, la gestión Macri no es gradual, es claramente opuesta a lo que venía de la era K. Aún así, y con el resultado puesto, igual la ministra argentina se manifestó en público apenada por la derrota de Hillary. Semejante gafe no se la hubieran perdonado en las Naciones Unidas.
Agenda cargada le toca también a otro de los representantes del ala progre del Gabinete, el ministro Prat Gay, quien también se jugó a fondo por los demócratas, sin medir que ahora tendrá que ir a pedirles su salvación a los republicanos. Necesita que se mantenga el crédito externo tan fluido para financiar el déficit. Y que la administración Trump colabore con la Argentina en las cuestiones de información financiera para garantizar el éxito del blanqueo. Recalculando el camino, actualizando de apuro el GPS.
Fuente: cronista.com, 10/11/16.
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Los riesgos de un ciberataque
noviembre 9, 2016
EE.UU. no está preparado para un ciberataque
Expertos de seguridad sugieren cómo fortalecer las defensas de la nación contra los hackers.

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El reciente ciberataque que noqueó más de 1.200 sitios web fue una advertencia. Los expertos dicen que si un ataque similar, o incluso más grande, fuera lanzado mañana, el país sería impotente para prevenirlo.
Nadie parece saber quien estuvo detrás del ataque, que fue lanzado por un “botnet” de miles de aparatos conectados a internet. El Departmento de Seguridad Nacional de EE.UU. no cree que el culpable fuera otro país.
Esto parece un alivio, pero en realidad es una noticia aún más terrible: ya no hace falta un gobierno o un hábil hacker para que internet se vuelva inaccesible para millones de personas. Cualquiera puede comprar la capacidad para hacer tal daño por menos de US$1.000.
Las países o los hackers más sofisticados son capaces de hacer cosas peores, según los expertos en cibersecuridad. Y el poder disuasorio de la amenaza de un contraatque cibernético o físico parece no ser suficiente.
Se cree que Estados Unidos empleó armas cibernéticas para paralizar el programa de enriquecimiento de combustible nuclear de Irán y que lanzó un dron para matar a un hacker que se cree que está trabajando con el Estado islámico. Más recientemente, el gobierno de Obama prometió tomar represalias contra Rusia por hackear cuentas de correo electrónico de estadounidenses prominentes.
El Pentágono tiene un cibercomando con capacidades defensivas y cada vez más ofensivas. Pero el almirante retirado James Stavridis, ex comandante supremo aliado de la OTAN, dice que es un equipo de “rejunte” de personal de otras ramas militares.
“Fundamentalmente [lo cibernético] no es diferente de aire, mar o tierra”, dice Stavridis, ahora decano de la Facultad de Derecho y Diplomacia Fletcher de la Universidad Tufts. “Es un lugar. Y allí vamos a tener preocupaciones de seguridad nacional”.
Eso significa que el país debería crear una “fuerza cibernética” y nombrar un director de ciberseguridad, tal como nombró un director de inteligencia nacional luego del 11 de septiembre, dice Stavridis. Tal fuerza sería capaz de responder no sólo a los ataques contra el gobierno y fuerzas armadas de Estados Unidos, sino también contra ciudadanos de ese país, sus empresas e infraestructura.
Un portavoz del Departamento de Defensa dice que las respuestas a los ataques cibernéticos necesitan abarcar “los sectores público y privado en todos los niveles”, como describe en una directiva reciente de la Casa Blanca. En la mayoría de los casos, dice el portavoz, el Pentágono no debería estar involucrado, a menos que un ataque represente un “daño demostrable a la seguridad nacional o intereses fundamentales” de Estados Unidos, como la economía, las relaciones exteriores o la salud pública.
Al mismo tiempo, los organismos estadounidenses de seguridad están a punto de expandir su autoridad para ingresar a computadoras sospechosas de estar involucradas en un ciberataque u otro crimen. Los cambios propuestos a la poco conocida Regla 41 de las Reglas Federales de Procedimiento Penal entrarán en vigencia el 1 de diciembre, a menos que el Congreso las bloquee. Las nuevas reglas permitirán a un juez emitir una orden que permita a los agentes bloquear o inhabilitar cualquier computadora, ya sea un servidor web de una empresa privada o un televisor inteligente en su sala de estar.
Las líneas entre el ejército y los organismos locales de seguridad pueden difuminarse, porque los ataques pueden tomar muchas formas. Consideremos el caso de un ataque contra computadoras estadounidenses lanzado por terroristas que operan en el extranjero.
Si le asusta la idea de cibercomandos financiados por el Pentágono que empleen armas desarrolladas por la NSA, o agentes del FBI infiltrándose y atacando computadoras, usted no está solo. El jueves, un grupo bipartidista de legisladores escribió a la Fiscal General Loretta Lynch para expresar su preocupación por el cambio a la Regla 41.
Los expertos en seguridad con los que hablé sugirieron varias alternativas para mejorar las ciberdefensas de Estados Unidos.
Dave Aitel, director ejecutivo de la empresa de seguridad cibernética Immunity Inc. y asesor técnico del Departamento de Comercio, dice que los legisladores podrían considerar autorizar a las víctimas a “hackear” a los atacantes. Pero esto presentaría sus propios desafíos, requiriendo cambios al derecho internacional y nuevos acuerdos entre países, para que la retribución de una empresa privada contra un atacante en cualquier parte del mundo no sea interpretada como un acto de guerra.
Para abordar los problemas planteados por el reciente ataque de botnet, algunas personas han sugerido nuevas reglas para los dispositivos conectados a internet.
Las agencias reguladoras federales tienen una autoridad limitada en este ámbito. La Comisión Federal de Comercio en general responde sólo después de un incidente, aunque puede exigir a las empresas que hagan un llamado a reparación de sus productos y contraten auditores externos. El senador Mark Warner sugirió que la Comisión Federal de Comunicaciones examine la seguridad de los productos conectados a internet antes de que sean puestos a la venta. Incluso si se adoptan, eso no afectaría a los dispositivos fabricados y utilizados fuera de Estados Unidos. Tampoco las nuevas normas remediarían los millones de dispositivos vulnerables conectados a internet que ya están en uso.
Jeremiah Grossman, jefe de estrategia de seguridad de Sentinel One Inc., dice que los fabricantes de dispositivos deberían tener responsabilidad legal por los daños causados por dispositivos inseguros. Eso permitiría a Netflix Inc., por ejemplo, demandar a Hangzhou Xiongmai Technology Co., fabricante de muchas de las cámaras conectadas a Internet usadas en el reciente ataque que interrumpió el servicio de Netflix.
Al fin de cuentas, todas las propuestas para un internet mejor defendido parecen inadecuadas. Se prestan para una extralimitación de funciones del gobierno, el ciber-vigilantismo o la ineficacia.
Sin embargo, tal vez no tengamos elección. Los expertos en seguridad consideran que un “ciber-9/11” es inevitable. Al igual que con los atentados del 11 de septiembre, algunos expertos piensan que se necesitará una calamidad así de grande para que las agencias gubernamentales y el sector privado cooperen hacia una respuesta eficaz.
Solo podemos suponer cómo sería ese ciber 9/11. Los expertos están especialmente preocupados por los sistemas de control industrial, muchos diseñados hace décadas y luego conectados a internet. El Departamento de Justicia en marzo acusó a siete iraníes de presuntamente hackear los controles de una represa cerca de la ciudad de Nueva York, entre otros crímenes.
Le pregunté a Jim Gillespie, cuya firma Grey Matter Systems asegura sistemas de control industrial, qué parte de la infraestructura de Estados Unidos le preocupa más. “Personalmente, estoy más preocupado por la industria del agua”, dijo.
Fuente: The Wall Street Journal, 07/11/16.
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La victoria de Donald Trump
noviembre 9, 2016
Trump gana la presidencia de EE.UU. en un final sorpresivo
El candidato republicano superó las expectativas en las áreas rurales y en algunos condados de clase trabajadora.

La carrera presidencial de Estados Unidos cerró el martes con un final para el infarto que marcó la victoria del republicano Donald Trump frente a su rival demócrata, Hillary Clinton.
Aunque la mayoría de las encuestas mostraron a Clinton con una ventaja hasta el día de las elecciones, Trump superó las expectativas en las áreas rurales y algunos condados de clase trabajadora en muchos estados del país. El republicano consiguió tres grandes triunfos en estados clave: en Ohio, un estado donde su mensaje de populismo económico fue acogido, y en Florida y en Carolina del Norte, dos estados ferozmente disputados por ambos nominados.
Clinton logró victorias en Virginia y Colorado, dos estados reñidos en los que esperaba ganar. Sin embargo, Virginia, el hogar de su candidato a vicepresidente, Tim Kaine, estuvo disputado hasta el final.
Los resultados tan ajustados no fueron proyectados por los sondeos. Las elecciones proporcionaron una oportunidad histórica para los estadounidenses: elegir a la primera mujer presidenta en la historia de EE.UU., que tomaría la batuta del primer presidente afroamericano de la nación, o elegir a un novato político con la promesa de un cambio radical.
El próximo presidente se enfrenta a una nación profundamente dividida. Ambos candidatos fueron vistos negativamente por una mayoría de votantes, según las encuestas. Para muchos, los comicios presidenciales fueron considerados como una elección entre el menor de dos males.
Craig Joerres, de 50 años, de Waukesha, Wisconsin, dijo que necesitaba un whisky antes de votar el martes. “Ha sido una temporada electoral muy estresante”, aseguró. “Ambos tenían mucho odio”. Joerres señaló que votó por Trump para sacudir a Washington.
Liliana Sánchez, de 29 años, dijo que votó por Clinton, en parte, porque se sentía repugnada por Trump.
Unos 130 millones de estadounidenses votaron en la que ha sido una de las elecciones más impredecibles de la historia moderna. En juego no sólo estaba la presidencia, sino una vacante en la Corte Suprema de Justicia, así como el control del Senado.
Hasta mediados de octubre, los dos candidatos y sus aliados gastaron alrededor de US$1.400 millones en operaciones de campaña y publicidad para persuadir a los votantes estadounidenses.
Tanto Clinton como Trump votaron el martes por la mañana en su estado, Nueva York, después de un frenético fin de campaña que abarcó Nuevo Hampshire, Nevada, Florida y Michigan.
La campaña presidencial presentó a los votantes con un contraste de visiones, tanto sobre el estado de la nación como hacia dónde debería dirigirse.
Trump habló de un país en declive, agobiado por la inmigración ilegal, los malos tratados comerciales y las amenazas terroristas. El republicano calificó a Clinton como “corrupta”, pidió recortes de impuestos y prometió revocar la ley de salud del presidente Barack Obama.
El empresario de Nueva York dijo que construiría un muro a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México y enviaría a los que viven en EE.UU. sin permiso a sus países de origen.
Aun si no hubiera ganado, Trump habría dejado su propio sello en la historia política. Movilizó a millones de votantes con un contundente desafío al statu quo y dio voz a los agravios económicos y políticos de una clase media norteamericana.
Esos son sentimientos que han estado germinando durante años, pero surgieron con sorprendente fuerza con Trump, que fue desestimado como una celebridad de televisión cuando anunció por primera vez lo que parecía una candidatura quijotesca.
Fuente: The Wall Street Journal, 09/11/16.
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Donald Trump ganó las elecciones en USA
noviembre 9, 2016
Trump es el presidente electo norteamericano
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El populismo amenaza a la globalización
noviembre 8, 2016
El populismo amenaza el avance de la globalización
Los defensores del libre comercio creen que el verdadero problema es que si bien EE.UU. se beneficia del libre comercio y la inmigración, una minoría de trabajadores que sale perjudicada les echa la culpa a los extranjeros.

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“Más allá del desenlace de las elecciones estadounidenses”, había dicho el inversionista de capital de riesgo Peter Thiel en Washington la semana pasada, “lo que (Donald) Trump representa no es una locura y no va a desaparecer”.
En lo que se refiere a la globalización, Thiel, quien donó a la campaña del candidato republicano, es muy probable que tenga razón. Trump es una figura muy peculiar, pero su antipatía hacia el libre comercio y el aumento de la inmigración no lo son.
Se trata, más bien, de sentimientos que también comparten, hasta cierto punto, muchos de los estadounidenses que propulsaron a Bernie Sanders, senador de Vermont, al segundo lugar en las primarias del Partido Demócrata así como los británicos que votaron en junio a favor de abandonar la Unión Europea, un proceso conocido como brexit. También hay que sumar el ascenso de los partidos populistas en Europa. Hillary Clinton podría haberse manifestado en contra del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) negociado por 12 países pero que aún no se ratifica, para derrotar a Sanders en las primarias, pero es improbable que cambie de postura. ¿Por qué dedicar escaso capital político a un tratado que buena parte de su partido desprecia?
En opinión de los partidarios de la globalización, para salvarla hay que entender los motivos detrás de las críticas. Muchos populistas creen que se trata de un juego de suma cero —es decir, que la victoria de uno se produce a costa de otro— que Estados Unidos está perdiendo. “La inmensa magnitud del déficit comercial de EE.UU. muestra que algo salió muy mal”, sostuvo Thiel. En realidad, se equivoca. EE.UU. ha registrado una de las tasas de crecimiento más dinámicas entre los países desarrollados desde 1990, a pesar de ese déficit, mientras que Japón ha tenido una de las expansiones más anémicas pese a su superávit comercial.

Los defensores del libre comercio creen que el verdadero problema es que si bien, en términos generales, EE.UU. se beneficia del libre comercio y la inmigración, una minoría de trabajadores que sale perjudicada les echa la culpa a los extranjeros y se vuelca hacia políticos como Trump. Su receta es ayudar a que esa minoría haga una transición a mejores empleos, algo en lo que EE.UU. gasta muy poco.
Esto, sin embargo, quizás no sea un antídoto contra el populismo. El impacto económico del libre comercio se exagera con facilidad. Las barreras comerciales han caído paulatinamente, lo que significa que los beneficios de una liberalización incremental son bastante acotados, una de las razones por las que la cantidad de tratados comerciales ha estado disminuyendo. Dos estudios concluyen que el TPP aumentaría el Producto Interno Bruto estadounidense entre 0,2% y 0,5%, un efecto positivo pero muy modesto. Las ganancias que obtienen Canadá y la Unión Europea de su reciente pacto comercial son igual de magras.
Además, la oposición a la globalización dista de ser un tema principalmente económico. “Se trata de la ecuanimidad, la pérdida de control y la pérdida de credibilidad de las élites. Pretender otra cosa perjudica la causa del comercio”, escribió recientemente Dani Rodrik, economista de la Universidad de Harvard, quien desde hace tiempo ha sido escéptico de los beneficios de la globalización.
Tratados como el TPP intentan imponer las mismas reglas de juego para las empresas multinacionales en asuntos como la resolución de disputas con los gobiernos, la regulación de productos y protección de la propiedad intelectual. Los populistas de izquierda consideran que esto equivale a una renuncia de la soberanía nacional a los intereses de las grandes corporaciones.
Lori Wallach, del grupo de izquierda Public Interest, y Jared Bernstein, ex asesor económico del vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, propusieron hace poco que los acuerdos a los que llegue el país debieran de ahora en adelante eliminar los mecanismos para resolver disputas entre gobiernos e inversionistas, límites a las regulaciones internas de un país y otras medidas que favorecen a las empresas.
Esto podría aplacar algunas críticas provenientes desde la izquierda. En realidad, Canadá y la UE hicieron concesiones similares para superar la oposición de la región belga de Valonia al pacto. Sin embargo, también deja poco margen para seguir liberalizando más allá de los aranceles, que ya son bastante bajos. Reducir las negociaciones a sólo esos aspectos en EE.UU. probablemente no concitaría el apoyo de las empresas y los republicanos.
En el caso del populismo de derecha, la inmigración es una mayor preocupación que el libre comercio. No obstante, sus preocupaciones también van más allá del bolsillo. A muchos les molesta el cambio cultural, la presión sobre los servicios públicos y la incapacidad para controlar el ingreso de extranjeros a sus países. Como señala un artículo de The Wall Street Journal, el respaldo a Trump fue más fuerte en los condados donde la población de inmigrantes ha aumentado con más fuerza, aunque el desempleo esté en baja.
En el Reino Unido, el apoyo al Brexit fue más fuerte en las regiones que experimentaron los mayores aumentos de la población de inmigrantes, según un análisis de Monica Langella y Alan Manning, de la London School of Economics. El desempleo no tuvo ningún efecto.
De modo que un crecimiento más acelerado de los salarios no reducirá los ataques populistas contra la inmigración. Lo que puede ayudar son políticas migratorias más en sintonía con la capacidad de absorción del país y las necesidades de sus trabajadores. Canadá respalda la inmigración legal y elige candidatos por sus destrezas lingüísticas y laborales mientras que mantiene a un mínimo el ingreso de indocumentados. En EE.UU., un acuerdo para legalizar a los indocumentados deberá aplacar las dudas de los escépticos al asegurarles que habrá severos controles sobre la inmigración ilegal.
Una amplia mayoría del público sigue pensando que el libre comercio y la inmigración son fenómenos positivos. La mala noticia para los globalizadores es que los populistas de derecha e izquierda que no comparten esa opinión están en condiciones de detener el proceso. Al contemplar los obstáculos que enfrentaba el pacto entre Canadá y la UE hace unas semanas, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y ex primer ministro de Polonia, no escondió su preocupación: “Puede ser el último acuerdo de libre comercio”, señaló.
Fuente: The Wall Street Journal, 08/11/16.
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Las elecciones en USA despejarán el horizonte
noviembre 8, 2016
Tras el voto en EE.UU., se despejarían los nubarrones económicos
La incertidumbre política puede generar un entorno donde prima la cautela y las empresas aplazan sus inversiones y contrataciones.

La impredecibilidad podría seguir presente una vez que se sepa la identidad del próximo ocupante de la Casa Blanca. Las divisiones podrían entorpecer el funcionamiento del Congreso y los partidos políticos estadounidenses. El próximo presidente podría tener problemas para armar su gabinete o sacar adelante su agenda luego de una elección donde las propuestas específicas brillaron por su ausencia.
Los economistas creen que esta clase de incertidumbre política puede perjudicar la economía al generar un entorno donde prima la cautela y las empresas aplazan sus inversiones y contrataciones.
La buena noticia, sin embargo, es que el día de las elecciones ha sido históricamente el momento de mayor daño y que, con el correr de los meses, la ansiedad y las nuevas incertidumbres cederán poco a poco.
Aunque el mercado laboral ha sido estable este año y los aumentos de salarios se han acelerado, las empresas han reducido su inversión y la bolsa acumula una caída de cerca de 5% desde agosto. Muchos economistas atribuyen parte de la responsabilidad a la falta de certeza electoral.
“La incertidumbre sobre las políticas está en su nivel máximo en este momento de la elección”, dice Kevin Hassett, economista del centro de estudios de tendencia conservadora American Enterprise Institute, quien ha tratado de cuantificar esta incertidumbre en recientes elecciones.

Tal vez el indicador más conocido de incertidumbre sobre la política económica sea el de tres economistas de distintas universidades, Steven Davis, Nicholas Bloom yScott Baker. Su Índice de Incertidumbre de Política Económica normalmente sube en los años electorales y alcanza su apogeo cerca de los comicios, según la investigación de Hassett.
Este efecto se refleja en los mercados financieros. La relación precio-ganancias de las empresas que componen el índice S&P 500 habitualmente cae de cara a las elecciones y vuelve a subir unos seis meses después de la votación. La relación precio-ganancias ha bajado durante los últimos tres meses.
La brecha entre los bonos corporativos y los bonos del Tesoro, que se amplía cuando los inversionistas se ponen nerviosos por las perspectivas de las compañías, a menudo aumenta poco antes de las elecciones. En el pasado, ha demorado más en reducirse, cerca de nueve meses en promedio, pero luego se contrae.
No hay ninguna garantía de que este ciclo electoral no será completamente distinto. Se trata, después de todo, de promedios, no leyes de la naturaleza. Muchas de las bolas de cristal que predijeron que esta elección seguiría los patrones de las anteriores han quedado hechas pedazos. No obstante, incluso en un año con candidatos muy poco populares en una época de polarización, con visiones opuestas del país, hay motivos para pensar que los viejos patrones persistirán.
“Solamente porque alguien es electo no quiere decir que habrá cambios importantes de política si continuamos en un clima de estancamiento”, afirma Ken Esch, socio de PricewaterhouseCoopers. Numerosas empresas, señala, se han vuelto insensibles a las turbulencias políticas.
PricewaterhouseCoopers ha sondeado durante 21 años a las empresas privadas sobre su optimismo y sus niveles de incertidumbre. El indicador ya es más alto que en las vísperas de elecciones previas. La incertidumbre, sin embargo, luego se reduce una vez que pasa la elección, con una salvedad. Fue en 2000, cuando la elección terminó en manos de la Corte Suprema. Es ahora recordada como la era de la burbuja puntocom, pero una reciente nota de Andrew Hunter, economista jefe de Capital Economics para Estados Unidos, sostiene que el caos electoral también produjo daño económico. “El declive más general durante ese período es parcialmente atribuible a la incertidumbre”, señaló.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es que, si el momento de máximo daño es ahora, las cifras económicas correspondientes a este período no estarán completamente claras hasta dentro de unos meses. El informe del Producto Interno Bruto en el cuarto trimestre, por ejemplo, incluye una buena parte del lapso previo a la elección. Los datos del primer trimestre completo postelección no estarán disponibles hasta abril.
Esto ayuda a explicar por qué los efectos de la incertidumbre han tendido a diluirse paulatinamente, en lugar del día después de las elecciones. Será tentador considerar la reacción de la bolsa el miércoles como prueba del impacto de los comicios en la economía, pero normalmente los efectos económicos demorarán más en ser claros.
Considere el efecto de esta incertidumbre en las empresas. Nigel Travis, presidente ejecutivo de Dunkin’ Brands Group Inc., manifestó el mes pasado en una conferencia telefónica con inversionistas que se había reunido con personas interesadas en abrir una franquicia de Dunkin’ Donuts. “Les dije: ‘Van a inaugurar un local este año. ¿Por qué no dos?’. Su respuesta fue: ‘Incertidumbre, regulación, no sabemos si van a subir el sueldo mínimo’. Hay mucha incertidumbre”.
Al menos una parte puede empezar a ceder el miércoles.
Fuente: The Wall Street Journal, 07/11/16.
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