La barra de herramientas Ask se instala durante la instalación de algunos programas, sobre todo gratuitos. Esta barra de herramientas espía nuestros hábitos de navegación para luego enviarnos publicidad relacionada. Además, como todas las barras de este tipo, cambia la página de inicio y el buscador predeterminado del navegador web.Para evitar que se instale en tu PC, no pases muy rápido las etapas de instalación de los programas al momento de instalarlos, puesto que en algunos programas la aceptación para instalar una barra de herramientas de un socio viene marcada por defecto. Lo que tienes que hacer es desmarcar la casilla de aceptación y leer bien las condiciones generales de uso.
Métodos para eliminar Ask
Eliminación manual
Lo primero que debes hacer es desinstalar el programa de Ask que se ha instalado en tu ordenador. Luego, debes reponer tu página de inicio y el motor de búsqueda predeterminado de tu navegador web.
Desinstalar Ask desde el Panel de control
Ve al menú Inicio > Panel de control > Programas y características (en Windows 7) o Agregar o quitar programas (en Windows XP). Ubica el icono de Ask (de color rojo), luego haz clic derecho sobre aTube Toolbar y selecciona Desinstalar. Sigue las instrucciones para completar la desinstalación.
Reponer la página de inicio
Ask cambia la página de inicio predeterminada del navegador web. El procedimiento para restituirla dependerá del navegador web que utilices.
Si usas Internet Explorer, abre la página que quieres que sea tu página de inicio, luego haz clic en Herramientas > Opciones de Internet > General. En el apartado Página principal haz clic en Usar actual y haz clic en Aceptar.
Si usas Google Chrome, dale clic al botón para personalizar y configurar el navegador, ubicado en la esquina superior derecha, y selecciona Configuración > Configuración. En la sección Al abrir el navegador, haz clic en Establecer páginas. Pega la URL de la página que quieres que sea tu página de inicio y haz clic en Aceptar.
En Firefox, abre la página que quieres que sea tu página de inicio, luego ve a Herramientas > Opciones > General. En la sección Página de inicio, haz clic en Usar página actual. Finalmente, haz clic en Aceptar.
Reponer el motor de búsqueda predeterminado
Ask puede cambiar el motor de búsqueda predeterminado que utiliza el navegador cuando se hace una búsqueda desde la barra de direcciones. Para reponer el predeterminado:
En el navegadorInternet Explorer, haz clic en Herramientas > Opciones de Internet > General. En la sección Búsqueda, haz clic en Configuración > Proveedores de búsquedas. Selecciona Bing y haz clic en el botón Predeterminado. Luego, selecciona Ask y haz clic en Quitar. Haz clic en el botón Cerrar y luego en Aceptar en la ventana que quedo abierta.
En el navegador Google Chrome, haz clic en el botón para personalizar y configurar Google Chorme, situado en la esquina superior derecha, y selecciona Configuración > Configuración. Haz clic en Administrar motores de búsqueda y, a continuación, pon el cursor sobre tu motor de búsqueda preferido y haz clic en Establecer como predeterminado. Dale clic al aspa a la derecha de search.babylon.com para quitarlo. Finalmente, haz clic en Aceptar.
En Firefox, ver aquí. Además, haz clic en el icono de Ask que se encuentra en la parte superior derecha del navegador y selecciona el motor de búsqueda de Google o el de tu preferencia. Dale clic al icono anterior y selecciona Administrar motores de búsqueda. Selecciona Ask y haz clic en Eliminar.
AdwCleaner permite eliminar de manera automática Ask y muchas otras barras de herramientas no deseadas.
Descarga AdwCleaner en tu PC. Luego, dale doble clic al archivo descargado (adwcleaner) y en la ventana del programa haz clic en Supresión:
En las ventanas que aparezcan, dale clic al botón Aceptar y espera mientras AdwCleaner elimina las barras de herramientas no deseadas.
Eliminar Ask con Toolbar Uninstaller
Toolbar Uninstaller es una herramienta que permite eliminar la barra de herramientas Ask y muchas otras.
Descarga Toolbar Uninstaller e instálalo en tu PC. Ejecuta Toolbar Uninstaller, luego en el panel de la izquierda de la interfaz del programa selecciona Ask y haz clic en el botón para pasarlo al panel de la derecha. Finalmente, haz clic en Remove y espera mientras se elimina esta barra de herramientas.
Nota: a veces esta herramienta no es muy eficaz debido a que Ask instala archivos por todo el equipo.
Eliminar Ask con Toolbar S&D
Nota: Toolbar S&D ya no es actualizado por sus desarrolladores, por lo que es mejor utilizar AdwCleaner.
Descarga Toolbar S&D (Team IDN) y guárdalo en el Escritorio. Luego, haz doble clic en el icono de Toolbar S&D para instalar el programa (en Windows Vista y 7, dale clic derecho al icono del programa y selecciona Ejecutar como administrador). Escribe S para seleccionar el idioma español y presiona Enter:
Escribe 1 para elegir la opción 1: Buscar:
Será generado un informe en C:\TB.txt. Antes de pasar a la etapa siguiente, solicita ayuda en el Foro de Virus y Seguridad; copia el informe en tu mensaje.
Ejecuta nuevamente Toolbar S&D haciendo doble clic en el icono de acceso directo (en Vista y 7, haz clic derecho sobre el icono del programa y selecciona Ejecutar como administrador). Ahora elige la opción 2 y presiona Enter. No cierres la ventana durante el proceso de eliminación y espera. Un nuevo informe será generado en la raíz. Si te fue solicitado copiar el informe en tu mensaje, entonces hazlo.
Nota: si el Escritorio no aparece, presiona simultáneamente Ctrl + Alt + Supr para abrir el Administrador de tareas. Haz clic en la pestaña Procesos, luego haz clic en Archivo y selecciona Nueva tarea (Ejecutar). Finalmente, escribe explorer.exe y presiona Enter.
Hay, por lo menos, dos enigmas, alrededor de Daniel Scioli. Uno: qué clase de presidente podría llegar a ser. Es decir, si va a ser él mismo, sea lo que sea que signifique, o va a terminar siendo un títere de la actual jefa del Estado. Y dos: si al final Cristina Fernández le va a sacar «el banquito del rincón» o la posibilidad de ser candidato. A los pocos que tuvieron la oportunidad de preguntárselo en la cara, el propio gobernador les respondió: «No esperen de mí cambios bruscos ni discursos incendiarios». ¿Y eso qué quiere decir? «Que voy a hacer las cosas de a poco. Que voy a cambiar lo que haya que cambiar, pero sin sobresaltos.»
La palabra «cambio» en boca de Scioli sólo se puede oír en privado y en voz muy baja. Sí sube el tono de voz cuando le manifiestan la posibilidad de que se transforme en una marioneta de La Cámpora y de Cristina. «No oigan lo que dicen. Miren lo que hago. La Presidenta nunca me impuso un ministro. Cuando me presionaron para que lo echara a [el ministro de Justicia, Ricardo] Casal, no cedí. Se suponía que [el vicegobernador Gabriel] Mariotto venía por todo y ahora es un compañero que trabaja para nuestro proyecto», explicó el precandidato. ¿Y cómo va a controlar a los bloques mayoritarios de diputados y senadores del Frente para la Victoria, con una clara mayoría cristinista? «Como hago en la provincia: enviando proyectos de ley muy razonables y abiertos para que los enriquezcan los legisladores de todos los partidos.»
Lo que para una buena parte de la clase política significaría más de lo mismo, para Scioli sólo representa «respeto por las instituciones y la caducidad de los mandatos». De esa forma, el gobernador explica que si llega a acceder a la presidencia, respetaría la permanencia en el cargo de la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó; el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, y el número uno de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Ricardo Echegaray. ¿En serio piensa mantener al ministro de Economía, Axel Kicillof, en su puesto, como parece desprenderse de sus últimas declaraciones públicas? Ni siquiera en privado Scioli lo da por sentado. Sólo repite como un mantra algo parecido a lo que sostienen los dirigentes de La Cámpora cada vez que hablan de la economía del país: «Pronosticaban que iba a estallar todo por los aires. Que la inflación se iba a retroalimentar y que el dólar se iba a ir a las nubes. Que la recesión se iba a profundizar, y que la caída del salario y del empleo se iba a multiplicar. ¿Y qué está pasando? Que la gente está volviendo a tener plata en el bolsillo. Que consume, sale, y si puede, se hace una escapada de fin de semana largo. Que las negociaciones paritarias terminan funcionando, más allá de las discusiones por dos puntos más o dos puntos menos. Que las cosas andan bien y que en los próximos meses van a estar mucho mejor». ¿Y si todo está tan bien para qué se necesita un nuevo presidente?, le pregunté a uno de los voceros políticos del gobernador. «Para aportar lo que les falta a la economía y a la política. Lo que Daniel llama «las dos P»: productividad y previsibilidad.»
El equipo de Scioli transita esta semana por un momento de zozobra. Teme que la Presidenta vuelva a usar la cadena nacional para criticar al gobernador y respaldar al candidato que prefiere por descarte, Florencio Randazzo. La última vez fue cuando disparó un tiro por elevación y les pidió a todos los postulantes que discutan política y no hagan pantomimas en programas de entretenimiento. «Una cosa es que lo sacuda de vez en cuando. Eso le sirve a Daniel porque lo hace aparecer como más tolerante, en contraste con Cristina. Pero otra cosa es que lo chicanee cada cinco minutos. De esa manera, ataca su liderazgo y pone en riesgo la posibilidad de una victoria final.» En el mismo equipo del gobernador conviven optimistas y pesimistas. Los primeros creen que cuanto más explícitamente la Presidenta ayude al rival de Scioli, más atractiva se va a hacer la interna del Frente para la Victoria y más votos se van a sumar al espacio para quedar a punto del triunfo en la primera vuelta. Los pesimistas aducen que, por más atractiva que se presente la interna, no hay manera de que el Frente para la Victoria supere con holgura el 40%. «Lo que puede pasar es que la ayuda de Cristina empareje la cancha y [Mauricio] Macri termine primero, por encima de Daniel, lo que para nosotros sería una mala noticia.»
Ciertos asesores de Scioli ya empezaron a trabajar para imponer la tapa del día después de las PASO. «Una cosa es que digan ganó el Frente para la Victoria, con la suma de votos de Daniel y de Florencio, y otra muy distinta es que titulen que Macri fue el candidato que más votos consiguió.» Entre quienes trabajan para Scioli, de manera directa o indirecta, además de los optimistas y los pesimistas, están los catastrofistas. No constituyen la mayoría ni son determinantes, pero su diagnóstico preocupa a los más cercanos al gobernador. Ellos creen que, al final, Cristina llamaría a Daniel a su despacho, lo miraría a los ojos y le comunicaría que no puede ser precandidato a presidente por el Frente para la Victoria, porque no representa al proyecto de manera cabal. Y que lo haría de manera fría y calculada, al filo del cierre de las listas, para que el gobernador no tenga tiempo de presentarse con otro sello o bajo el paraguas de otro partido. Le adjudican ese pronóstico catastrofista a «el Chueco» Juan Carlos Mazzón -quizás el mayor experto en armar listas de candidatos del Partido Justicialista-, que fue eyectado de su cargo en la Unidad Presidente hace un par de meses, cuando se negó a incorporar a figuras sin votos de La Cámpora en la nómina de postulantes a legisladores en la provincia de Mendoza. Para tranquilidad de quienes pretenden conservar o mejorar sus empleos, el más optimista de todos parece el mismo Daniel Scioli: «Cristina es la política más inteligente que hay en la Argentina -suele decir el gobernador-. Ella no se va a suicidar. Porque no solamente está en juego mi candidatura a presidente. Acá se pone en juego la permanencia en el poder del peronismo, de los gobernadores, de los intendentes y de quienes ocupan cargos en entes que dependen del Poder Ejecutivo».
Parece claro que Cristina Fernández va a hacer lo imposible para no terminar como Carlos Menem. Es decir: intentará acumular masa crítica, fueros, dinero y medios para evitar ser juzgada, condenada y detenida una vez que termine su mandato. Tiene una base para nada despreciable: miles de cuadros que ya penetraron en la segunda línea del Estado, y una máquina política y mediática dispuesta a transformarse en denunciante de los nuevos inquilinos del poder.
Por el cepo y la nacionalización de YPF, cayó fuerte la inversión extranjera
Por Martín Kanenguiser.
La inversión extranjera directa (IED) en la Argentina registró un estrepitoso descenso el año pasado, según la Comisión Económica para América latina (Cepal), que lo atribuyó a la nacionalización de YPF, aunque los analistas locales creen que la principal razón tiene que ver con el cepo cambiario en particular y la falta de incentivos en general.
La caída, muy superior al promedio regional, fue del 41%: de US$ 11.301 millones en 2013 a US$ 6612 millones en 2014, cifra que, según la organización de Naciones Unidas, «representa el nivel más bajo recibido desde 2009». La Cepal, que mantiene un excelente vínculo político con el Gobierno, a diferencia de otros organismos extranjeros, recordó que el pico de IED durante el kirchnerismo se produjo en 2012, con US$ 15.324 millones, mientras que el promedio 2003-2007 fue de US$ 5350 millones.
El resultado local del año pasado representó la cuarta baja más importante de la región, después de Venezuela (-88%), Bolivia (-63%) y México (-49), según el informe difundido ayer desde Santiago de Chile, que precisó que, en promedio, la caída en la región fue del 16 por ciento. Según el informe «la razón principal es la nacionalización de YPF, que tuvo lugar en 2012, pero no terminó de resolverse hasta 2014; el Gobierno pagó 5000 millones de dólares a la empresa española Repsol como compensación por la expropiación del 51% de YPF. Posteriormente, Repsol vendió el 12% que aún poseía. Dado que la mayoría de las acciones volvieron a manos argentinas, en la práctica esto supuso una entrada negativa en la balanza de pagos».
El reporte aclaró que «al margen de esta operación, la inversión extranjera directa en el país se habría mantenido en un nivel similar al de años anteriores. La mayoría de las entradas correspondieron a utilidades reinvertidas, que llegaron a 7365 millones de dólares».
Justamente esta reinversión se debe a la razón que brindaron a LA NACION los expertos para explicar la situación de las IED: solo se invierte lo que no se puede sacar del país, a través de decisiones informales o normas poco transparentes de las diferentes áreas del Gobierno.
Dentro de las 10 operaciones más grandes de desinversión registradas el año pasado por la Cepal, dos correspondieron a la Argentina: una fue la de Repsol y la otra la de Apache en el sector de gas.
Dante Sica, director de la consultora Abeceb, dijo que «más que por Repsol, la caída se debe al efecto del cepo; lo único que queda adentro es lo que no puede salir. Casi no hay flujo nuevo; algo por Chevron y poquito más». Según el experto en temas industriales, «hasta que no haya un cambio de ciclo político y se levante el cepo con una unificación cambiaria, no cambiarán estas condiciones. Y más allá de quien gane, cualquiera deberá corregir estas distorsiones, aunque después cada uno colocará su impronta en términos de shock o gradualidad».
El economista de la corriente oficialista La Gran Makro Agustín D’Attellis también admitió que «la caída tiene que ver con cuestiones vinculadas a las restricciones cambiarias y la restricción del giro de dividendos al exterior; ambas medidas se tornaron necesarias, ya que las alternativas a no implementarlas hubiesen tenido efectos peores sobre la dinámica macroeconómica, pero es importante de aquí en adelante avanzar en un esquema legal que establezca una regla con porcentajes de reinversión y posibilidad de giro de dividendos, para el flujo futuro de estas inversiones».
En tanto, el analista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Daniel Artana, aclaró que «lo relevante es que, más allá de extranjera o nacional, el nivel de inversión de la economía es baja: está en el 19% del PBI a precios constantes. En cuanto a la extranjera, en 2012 y 2013 hubo subas por reinversión de utilidades y eso perjudica la comparación con 2014». Por otra parte, opinó que «la situación cambiará solamente si el nuevo gobierno hace algo respecto del tipo de cambio, el cepo y la inflación, entre otras cuestiones relevantes».
Por su parte, el economista jefe de la consultora Ferreres & Asociados, Fausto Spotorno, sostuvo que «en el caso de inversiones y adquisiciones no hay ningún proyecto, sólo gente mirando, nada más. Para que esa situación cambie debe haber una política mucho más clara en términos de utilidades y dividendos, desregular mucho la operatoria cambiaria para facilitar la compra de empresas desde el exterior y brindar perspectivas de crecimiento económico». El economista afirmó que «hay tres sectores con mucho potencial: energía, sobre todo en gas; la minería, donde se invirtió mucho, pero que ahora requiere otra política de dividendos y utilidades y estabilidad impositiva, y el sector agropecuario, que podría estar produciendo 30% más para 2022 si se le sacaran las restricciones que tiene. Y también los bancos, si bajara la inflación».
FRENO AL INGRESO DE DIVISAS
Desplome inversor
La inversión extranjera directa (IED) en el país cayó 41% el año pasado, hasta los US$ 6612 millones, el nivel más bajo desde 2009.
Estatización y cepo
La Cepal cree que el desplome de la IED se debe a los efectos de la estatización de YPF. Pero los especialistas locales lo atribuyen al cepo cambiario, a las restricciones al giro de dividendos y a la falta de incentivos en general.
Entre los peores
El resultado representó la cuarta baja más importante de la región, después de Venezuela (-88%), Bolivia (-63%) y México (-49). El país también registró algunas de las desinversiones más grandes.
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Consiga el éxito gracias al Networking
Por Gustavo Ibáñez Padilla
La Creación sistemática de redes de contactos, también conocida como Networking, es una herramienta del marketing personal que es preciso practicar con gran regularidad. Así como un deportista profesional entrena todos los días sin excepción, así también un hombre o mujer de negocios debe incorporar nuevos contactos a su red. Es preciso ser metódicos y persistentes en nuestras prácticas de networking.
No debería sorprender que quien confía en eternizarse a través de un Centro Cultural Kirchner, que contiene una sala Néstor Kirchner, en la que se ofrece una exposición sobre Néstor Kirchner, olvide que el 25 de Mayo los argentinos recuerdan algo más que la asunción de Néstor Kirchner. O que se sirva del marco de una fiesta nacional para pedir el voto para la propia facción. Es lo que le ocurrió ayer a la Presidenta.
Esa clausura endogámica es algo más que egocentrismo. Expresa una estrategia de poder. Cristina Kirchner intenta consolidar una base social propia para seguir interviniendo en el proceso político una vez que haya dejado la Casa Rosada.
Su objetivo principal no es consagrar al sucesor. Es condicionarlo.
Pocas veces la Presidenta innovó tan poco como en su presentación de anoche. Como nunca, se repitió a sí misma. Dijo cómo quiere que sean recordadas las administraciones de ella y de su esposo: reivindicación de los derechos humanos, reestructuración de la deuda, rechazo al ALCA, construcción de escuelas, reparto de libros y computadoras. El molde de ese mensaje es conocido: «Menem lo hizo». Como todo caudillo que debe dejar el poder, no destinó sus palabras a conquistar a alguien, sino a retener a los que tiene.
Habló, como viene haciendo desde que perdió las elecciones, para «nosotros». Es decir, para los consumidores de impuestos, los que no están preocupados por la creación de la riqueza, los que dependen del Estado para seguir viviendo. Desde que se frustró la posibilidad de una nueva reelección, los demás, «ellos», ya no tienen lugar en su planteo.
Envuelta en una oratoria melodramática, volvió a fijar una posición conservadora. Denunció que la opción entre cambio y continuidad es una falacia. Todo aquel que quiere una modificación busca, según ella, una regresión. A 2001, a los 90, a la dictadura. Hay infiernos para todos los gustos.
Es un argumento conocido. El PT, en Brasil, se sirvió de él hasta el hartazgo. Los que proponen cambios pretenden, en realidad, despojar a los ciudadanos de los beneficios recibidos durante una era de bonanza. La Presidenta se limitó a esbozar esa extorsión. Decir que «cambio es el nombre del pasado», invirtiendo la fórmula de Kirchner, hubiera sido demasiado.
El enfoque que Cristina Kirchner volvió a exponer ayer plantea más dificultades a los candidatos del propio grupo que a los rivales. Para ganar las elecciones, el peronismo necesita prometer algunas mutaciones. Reducir la inflación, luchar contra la corrupción, combatir la inseguridad. Cosas por el estilo. Pero esas propuestas suponen una relativa toma de distancia de una gestión que ayer, de nuevo, quedó sacralizada. La Presidenta no puede tolerar esa herejía. Y es lógico: diferenciarse es hacer un ejercicio de la crítica. Y para ella, crítica es complot.
Perjudicado
El principal perjudicado con este enfoque proselitista es Daniel Scioli. Si el universo kirchnerista se repliega sobre los que sueñan con canonizar la experiencia de los últimos años, el gobernador de Buenos Aires corre el riesgo de que sus simpatizantes migren a otro club. Es la apuesta de Florencio Randazzo. Y no debe extrañar: es la apuesta de la Presidenta y su círculo inmediato. Las opciones que ella ha tomado en las últimas semanas corroboran ese sesgo. Los candidatos preferidos de Cristina Kirchner no fueron Daniel Filmus o Diego Bossio. Son Mariano Recalde y Aníbal Fernández. Es natural que sea así. Más que alguien que represente a la sociedad, está buscando alguien que la exprese a ella misma. Esa autorreferencialidad caudillesca se salva con una fórmula infalible: «Mi único heredero es el pueblo». Ayer la Presidenta rozó esa declaración. Muerto Kirchner y retirada ella, el destino de las políticas que hay que defender ya no depende de un líder. «Depende de ustedes». Es lo que sucede con el plan de salvación en ausencia del Mesías.
Scioli registra cada vez más esta dificultad. Y lo tiene malhumorado. La semana que pasó, por primera vez en mucho tiempo, tuvo un arranque de ira. Alguien de su máxima confianza, que solía calmar a Menem en trances similares, lo contuvo. La irritación de Scioli tiene sus motivos. No pudo viajar a Salta ni a Chaco por temor a que en los festejos por el triunfo del PJ lo abuchearan. En el caso de Salta, el que le advirtió el peligro fue el propio Juan Manuel Urtubey: «Mejor no vengas, Daniel. Te pueden hacer cualquier cosa».
Para que el paisaje se vuelva más desolador, llegaron las insinuaciones de Axel Kicillof. El martes de la semana pasada el ministro dialogó durante una hora y media con el empresario Rubén Cherñajovsky. Este gran importador de Tierra del Fuego lo había ido a visitar para exponerle las dificultades del sector por la falta de dólares. Pero, sabiendo que se trata de uno de los mejores amigos de Scioli, Kicillof dedicó casi toda la reunión a enviar un mensaje a La Plata. Fue muy explícito: «Tu amigo cree que yo ignoro los problemas. La inflación, el cepo, los buitres. Pero yo conozco todo. Tenés que explicarle que él necesita aquí, en el ministerio, alguien que entienda. Hay muchas dificultades que hay que conocer. Y tiene que ir de a poco, con gradualismo». Curiosa plasticidad la del ministro de Economía. Unos días antes se había declarado parte de un proyecto colectivo y prometió esperar que le indiquen qué se espera de él más allá de 2015.
Cherñajovsky transmitió el recado de inmediato. Y el miércoles, Scioli contestó: «Kicillof es alguien que por su experiencia puede tener lugar en cualquier gobierno». La respuesta no lo libera del dilema. ¿Cómo desairar al ministro del que depende para llegar hasta las elecciones con la provincia controlada? ¿Cómo atraer el voto independiente hablando de la continuidad de Kicillof?
Cristina Kirchner está a años luz de ese problema. En el último segmento de su discurso de ayer pidió el voto para las políticas de su gobierno. No para los candidatos de su partido. Es el núcleo de su despedida. Y hace juego con su hora inaugural. La de una presidenta que recibió el bastón de mando, primero, de su esposo, y después, de su hija. Como en el nuevo centro cultural, también en su política todo es Kirchner.
En la economía global, los países compiten a través de sus empresas, ofreciendo productos y servicios a la mejor relación precio calidad.
En ese marco, las claves para competir surgen de la combinación del costo del capital y del costo del trabajo, insertos en un “ambiente” de mayor o menor productividad.
Un ambiente más productivo, definido, en el caso del trabajo, en base a la calidad de la educación y formación de los recursos humanos, y la aceptación de las mejores prácticas laborales, se “banca” costos laborales más altos.
De la misma manera que un entorno con buena infraestructura, reglas estables, presión impositiva en línea con la rentabilidad normal de cada actividad, la maldita seguridad jurídica (poder disponer sin “sorpresas” ni expropiaciones discrecionales de lo que es legal y honestamente propio), permite bajar los costos del capital.
También resulta clave la calidad y precio de los bienes públicos que afectan a ambos, desde los servicios de justicia, seguridad, y salud, hasta la provisión de una moneda estable.
A esto hay que agregarle que cuánto más innovadores y especiales sean los bienes y servicios que se producen, es decir cuanto más diferenciación y valor agregado, mayor también el costo laboral que se le puede “cargar”.
Y digo “costo laboral” y no salario, porque a los sueldos de los trabajadores hay que sumarle los impuestos al trabajo que se pagan adicionalmente y que forman parte del costo que se incluye por el trabajo en el precio de los bienes y servicios.
Establecidas todas estas perogrulladas, se podría enunciar que la meta de cualquier sociedad democrática, debería ser maximizar el salario real que reciben sus trabajadores.
Para lo cual, por lo antedicho, hay que ser capaz de ofrecer bienes y servicios de alta calidad, bien diferenciados, innovadores y, al mejor precio posible.
Y tener un “ambiente” que minimice los costos de capital. Usted, lector/a perspicaz ya debe imaginar hacia dónde apunto. En efecto. Las negociaciones paritarias.
La Argentina es un país en dónde las políticas públicas, en general, tienden a crear las condiciones inversas a las requeridas para maximizar los ingresos de los trabajadores.
Predominan malos y caros bienes públicos. El entorno tiende a maximizar los costos de capital, en lugar de minimizarlos. Los impuestos al trabajo son altos, dada la calidad de los servicios que se reciben a cambio. La estructura impositiva, el sistema educativo, y muchos otros factores, sesgan en contra de la diferenciación y especialización de productos y servicios, etc.
Lo que antecede es una descripción general, si bien es cierto que existen honrosas y admirables excepciones. Los salarios reales, entonces, se determinan en función de todo lo expresado.
Lo que hacen representantes empresarios y dirigentes sindicales, en sus negociaciones, y el gobierno, con su intervención, en todo caso, es fijar los salarios “nominales”. Si de dicha fijación se determinan salarios “reales” por encima o por debajo de los que determinaría la economía, tarde o temprano, los salarios convergen a lo que surge de las cuestiones arriba comentadas, más allá de la “voluntad” de las partes.
La forma en que la economía “se las arregla” para que esa convergencia se produzca es bastante conocida por nosotros, devaluación, inflación, recesión, desempleo, salarios en negro (se ajusta la baja productividad eludiendo impuestos al trabajo).
Por supuesto que esta convergencia no es “automática” , y hay períodos dónde, por razones especiales, se puede mantener, por un tiempo, un salario real por encima de la productividad de la economía. (Precios altos de los commodities, ingresos de capitales, o una crisis previa, que los fijó por debajo de la productividad).
Y por supuesto, también, que las negociaciones y la intervención estatal sirven para equilibrar asimetrías de poder y evitar situaciones abusivas.
Pero lo cierto es que si la Argentina no ataca, en serio, los temas que hacen al salario real, revirtiendo la calidad de las políticas públicas e incentivando mejoras en la productividad, bajas en el costo del capital, y diferenciación e innovación en productos y servicios, no se tendrá un aumento sostenible del salario real, ni una mejora de largo plazo de la calidad de vida de los trabajadores. Como lo prueba nuestra historia pasada y el futuro corto plazo.
Manifestantes en una protesta contra Uber y Lyft organizada por un sindicato de taxistas en San Francisco. Reuters
Si quiere iniciar una discusión en compañía de personas bien educadas, simplemente declare que la “economía compartida” es una nueva forma de feudalismo o que es el futuro del trabajo y que los siervos deberían empezar a acostumbrarse.
La “economía compartida” es la mezcolanza de startups sin ninguna relación entre sí pero a menudo agrupadas, muchas originadas en Silicon Valley, cuyos servicios incluyen “compartir” autos, viviendas y otras cosas. Uber y Airbnb son los ejemplos más conocidos.
Lo primero que muchos no entienden sobre la economía compartida es que no existe tal cosa, por más generosos que seamos desde el punto de vista semántico. Cada vez más, los bienes que son “compartidos” en este tipo de economía fueron expresamente comprados para propósitos de negocios, ya sea personas que alquilan apartamentos que no pueden costear pensando que Airbnb los ayudará a cubrir la diferencia, o conductores que obtienen financiación a través de socios de servicios de viajes compartidos como Uber o Lyft para comprar un auto nuevo con el que ofrecerán esos mismos servicios.
Muchas de estas firmas, como el mercado de empleo TaskRabbit, no involucran “compartir” un bien sino mano de obra. Si TaskRabbit (donde un usuario puede contratar a alguien para que haga labores como podar el césped o hacer diligencias) forma parte de la economía compartida, también lo es cualquier trabajador. Lo único que estas empresas tienen en común es que son un mercado, aunque difieren ampliamente en la cantidad de control que les otorgan a los compradores y vendedores.
En la mente de los críticos, tal vez el mayor transgresor en la forma en que controla la fuerza laboral sea Uber. La compañía establece los precios que los conductores deben aceptar y últimamente ha adoptado el hábito de exprimir en forma unilateral a los choferes en dos formas, al reducir las tarifas que reciben por viaje y aumentar el porcentaje con el que se queda Uber.
Un comportamiento como este ha desencadenado en una retórica sobrecalentada pero no del todo inmerecida. “La verdad incómoda es que la economía compartida es un negocio de extracción de rentas del orden del intermediario más alto”, escribió Izabella Kaminska en el Financial Times.
Los defensores de empresas como Uber sostienen que permiten un trabajo relativamente bien remunerado, por encargo. Cuando se les solicitó un comentario, representantes de la empresa señalaron datos publicados que sugieren justamente eso. El informe más reciente, una colaboración entre Uber y el economista Alan Krueger, pinta un panorama bastante positivo de la capacidad de la empresa para generar empleos. Uber ha indicado que contrata 20.000 conductores nuevos al mes a nivel mundial y en este reporte asegura que en ciudades estadounidenses como Los Ángeles o Washington los conductores ganan en promedio más US$17 la hora.
Tal información, sin embargo, no refleja lo que los choferes de Uber ganan en realidad, por la simple razón de que no incluye sus gastos. Por ejemplo, una investigación de la periodista Emily Guendelsberger muestra que los conductores de Uber en Filadelfia probablemente ganan una fracción de eso. De acuerdo con la muestra ciertamente limitada de 20 choferes, incluida ella misma, la cifra ronda los US$10 por hora después de gastos.
Es más que el salario mínimo que se paga en Estados Unidos, pero está muy lejos de las aseveraciones de Uber, las cuales llegaron a niveles absurdos en mayo de 2014, cuando la empresa aseguró que el ingreso promedio de los conductores en Nueva York era de US$90.000 al año. Luego de meses de investigación, la periodista Alison Griswold no conoció absolutamente a ningún conductor en esa ciudad que ganara esa cifra.
El significado de todo esto es simple: Uber y empresas como Lyft, que es más generosa con sus conductores pero que tiene un modelo de negocios parecido, son unas máquinas extremadamente eficientes para crear puestos de trabajo prácticamente de sueldo mínimo. Uber no es un servicio de taxis, sino de empleos de baja remuneración.
Existe un acalorado debate sobre si los trabajos que proveen empresas de servicios de transporte compartido son buenos, pero datos de Uber y Lyft muestran que más de 80% de sus conductores tienen otros empleos o están buscando uno. Uber ha indicado que 51% de sus choferes están conduciendo menos de 15 horas a la semana.
Uber y muchas otras empresas de la economía compartida permiten una nueva forma de trabajo, el empleo fraccional, en el que las personas pueden sumar horas extras cuando lo necesiten. Desde el punto de vista económico, estas compañías han dicho de forma explícita que su modelo de negocios no funciona si los “conductores socios” son tratados como empleados y no como lo que son ahora, es decir contratistas independientes.
Y esto es lo último y lo más importante en lo que tanto detractores como partidarios se equivocan acerca de la economía compartida: para que siga adelante, los reguladores deben decidir si sus trabajadores son contratistas independientes o empleados.
La única forma de avanzar es algo que ha captado muy poca atención, los “contratistas dependientes”. En contraste con los contratistas independientes, los dependientes trabajan para una sola empresa con un considerable control sobre su trabajo, como en Lyft o Uber o cualquiera de un centenar de compañías. Esta categoría no existe en algunos países, pero está en legislaciones como la de Alemania, donde los contratistas dependientes reciben más protección que los independientes, pero siguen siendo distintos a los empleados de tiempo completo.
La alternativa es la posibilidad de que este tipo de compañías dejen de existir por completo, debido a una demanda colectiva que casi seguro constituiría una amenaza existencial para el negocio.
Sólo uno de cada cuatro trabajadores en el mundo tiene un empleo estable
PRECARIEDAD LABORAL
MANIFESTACION. Una de las obras más conocidas de Antonio Berni.
Un aumento de la inseguridad del empleo en el mundo desde la crisis financiera está contribuyendo a que crezca la desigualdad y se eleven los índices de pobreza, según un nuevo informe que estima que sólo la cuarta parte de los trabajadores del mundo tienen contratos permanentes.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) dijo que las otras tres cuartas partes son empleados temporarios o con contratos de corto plazo, o trabajan de modo informal, sin ningún contrato, o son autoempleados o están en empleos familiares no remunerados.
La tendencia mundial de deterioro del empleo seguro amenaza con “perpetuar un círculo vicioso de demanda global débil y creación de empleo lenta” que afecta a muchos países desde la crisis, dijo el organismo de la ONU.
En su Panorama Mundial del Empleo 2015, el organismo subrayó un aumento del empleo part time, especialmente entre las mujeres jóvenes. En la mayoría de los casos no es por elección.
La remuneración de las personas con esos tipos de contratos suele ser menor. “En algunos casos, las formas de trabajo no standard pueden ayudar a la gente a entrar en el mercado de trabajo. Pero también esas tendencias emergentes reflejan una generalización de la inseguridad que hoy afecta a muchos trabajadores en todo el mundo”, dijo el director general de la OIT, Guy Ryder.
“El paso que estamos viendo de relaciones laborales tradicionales a más formas no standard de empleo se asocia con el aumento de la desigualdad y de los índices de pobreza”, agregó Ryder.
“Más aún, estas tendencias amenazan con perpetuar el círculo vicioso de demanda global débil y creación de empleo lenta que viene caracterizando a la economía global en el período post crisis”.
La OIT observó que la cantidad de personas en empleos asalariados –en oposición a autoempleados o sin contratos– crece en el mundo, pero menos de la mitad, un 42%, son contratos estables. Los trabajadores con algún tipo de relación asalariada siguen siendo apenas la mitad del trabajo en el mundo.
En los países en desarrollo, el empleo y el salario crecen menos que antes de la crisis, mientras que en las economías avanzadas el empleo no crece y en algunos casos declina, como en el Reino Unido.
La OIT está llamando a los países a extender protecciones sociales, como pensiones y beneficios por desempleo, a trabajadores con formas menos seguras de empleo. En el mundo, sólo el 16% de autoempleados tienen plan jubilatorio, frente a 52% de los empleados. La OIT también subrayó la reactivación comparativamente más lenta del empleo de las mujeres desde el 2009 en muchas regiones.