Con o sin el euro, Europa deberá redefinirse

mayo 29, 2012 · Imprimir este artículo

Con el euro o sin él, Europa deberá repensar su juego

Por Alan Wheatley.

 

LONDRES- La apertura de un tramo de ruta a ninguna parte la semana pasada en el nordeste de España, con un costo de 37 millones de euros, es una metáfora inevitable de lo que sucede con el euro: un ambicioso proyecto concebido en mejores tiempos y que ahora parece a punto de descarrilarse.

Debido a la cuantiosa deuda española, las autoridades no tuvieron los recursos para terminar la ruta, pero inauguraron un tramo de seis kilómetros cerca de Lleida para impedir, por lo menos, que se transforme en una pista para correr picadas de auto.

Es que el euro no está dando ninguna alegría. Tal vez esa ruta española se complete algún día, pero por el momento es un recordatorio más de que Europa ha vivido por encima de sus posibilidades.

En ese sentido, las desventuras del euro son mayormente irrelevantes. Con moneda única o sin ella, Europa tendrá que arremangarse la camisa. Los verdaderos grandes desafíos que enfrenta el estándar de vida europeo provienen de la globalización, del cambio tecnológico y del envejecimiento poblacional.

En otras palabras, si Europa quiere tener infraestructura de primer nivel y un Estado de bienestar abarcador sin seguir acumulando deuda, los gobiernos deberán cambiar los hábitos laborales para generar un crecimiento que impulse la recaudación.

Sin embargo, la respuesta de Europa, con sus planificadores políticos preocupados por la imparable crisis monetaria, ha sido tardía. Y mientras tanto, el resto del mundo, especialmente Asia, sigue avanzando.

El auge de China, la India, Brasil y Turquía le asesta a Europa un doble golpe. Son países capaces de producir más barato, firmando así el acta de defunción de muchas industrias europeas de mano de obra intensiva, y manteniendo al mismo tiempo los salarios a raya. Sin embargo, debido a sus necesidades energéticas y de materias primas, los mercados emergentes hacen aumentar los costos de producción en el continente europeo.

El resultado es una contracción del ingreso real que Europa -y Estados Unidos- fueron capaces de esconder durante mucho tiempo, contrayendo deuda. Eso se terminó.

Andy Xie, un economista independiente de China, dijo que la única salida de los países europeos que no tienen ventajas competitivas es trabajar más y gastar menos. Por el contrario, si lo que quieren es seguir viviendo como vivieron hasta ahora, no tendrán más remedio que aplicar reformas laborales y desregular el mercado de trabajo.

El índice de desocupación juvenil en Alemania en marzo fue del 7,9%, el más bajo de los 27 países de la Unión Europea, una insignificancia comparada con la misma tasa en Grecia y España, que ya superó el 51 por ciento.

Ese aumento se debió, en parte, a los recortes presupuestarios que exigió la crisis del euro. Pero Marc Chandler, economista de Brown Brothers Harriman, de Nueva York, dice que, de todos modos, la globalización habría terminado por exprimir a las economías más elementales y periféricas del sur europeo.

Desafíos

Se trata de uno de los desafíos que Europa tiene que enfrentar. El uso de computadoras se sumó al «efecto China» para eliminar ingentes cantidades de trabajos tradicionales, desde los empleados bancarios hasta los torneros. Al mismo tiempo hicieron eclosión los servicios que exigen mayor preparación, con la consecuente valorización de quienes se capacitaron en nuevas tecnologías.

Pero un informe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que agrupa a los países más desarrollados, dice que uno de cada cinco jóvenes abandona la escuela sin haber completado siquiera el secundario. Y la mayoría de las veces los adultos no reciben la ayuda que les permita recapacitarse y reinsertarse en el mercado. Por ejemplo, Inglaterra que, al igual que Estados Unidos, tiene un irreductible índice de desempleo juvenil que no baja del 20 por ciento.

Paul Sissons, de la Fundación Trabajo, un grupo de estudios de Londres, dice que en 2011 sólo el 8% de los británicos de entre 16 y 24 años trabajó en la industria manufacturera, mientras que en 1981 ese índice se ubicaba en el 24%. La industria de servicios tomó la posta, pero los jóvenes no están adquiriendo la capacitación necesaria, como las habilidades comunicativas o de trabajo en equipo.

Otro de los problemas que Europa deberá enfrentar, con el euro o sin él, es el rápido envejecimiento de su población. La crisis de la eurozona tiene al menos la virtud de obligar a los políticos a proponer formas de solucionar el problema de la creciente carga de las jubilaciones y de la atención de la salud de la tercera edad.

«Estamos atravesando una transición demográfica de enormes proporciones que se suma a la crisis de la deuda debido a su impacto sobre la pirámide poblacional, así como sobre los niveles de crecimiento y de todo aquello que es sustentable y estable a largo plazo en términos de gasto público», dijo Edward Hugh, un economista que vive cerca de Barcelona.
Traducción de Jaime Arrambide .
Fuente: La Nación, 29/05/12.

 

Lectura recomendada:  La caída del euro

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