Dudas sobre Blockchain

febrero 22, 2019 · Imprimir este artículo

Cuestionando la cadena de bloques

IMAGE: Tumisu - Pixabay

Durante los últimos años, la cadena de bloques o blockchain ha sido una promesa incuestionable. Partiendo del aparentemente simple principio de que podemos asegurar la inviolabilidad de una transacción distribuyendo su proceso y almacenaje en muchos dispositivos y proporcionando una prueba de su registro obtenida y fijada con un sello de tiempo mediante criptografía, el paper original del desconocido (o desconocida, o desconocidos) Satoshi Nakamoto se convirtió en una de esas obras elevadas a la categoría de los modernos incunables, algo que automáticamente muchos vimos como la solución perfecta, matemática y computacionalmente elegante, y adecuada para todo tipo de sistemas transaccionales.

De la noche a la mañana, y tras el pequeño precio que había que pagar para llegar a entender su mecanismo y funcionamiento, blockchain se convirtió en el nuevo mantra, en el término incontestable, en lo que había que tener en todo proyecto para dotarlo automáticamente de atractivo, en la solución universal. Pero… ¿y si no fuera así? ¿Y si, como en tantas otras ocasiones, una tecnología prometedora sigue el conocido patrón del hype cycle y, tras alcanzar el pico de las expectativas sobredimensionadas, resultase que no es capaz de superar la prueba de una adopción masiva? ¿Podemos cuestionarnos blockchain sin miedo a parecer unos ignorantes o unos tecnófobos?

El conocido tweet de Vint Cerf en julio del pasado 2018 con un diagrama de flujo unívoco que afirma que nadie necesita blockchain debería llevarnos a pensar, y no necesariamente sobre la falacia de autoridad. Las reservas de Vint venían ya de algunos años antes, y el tiempo y la reflexión no habían logrado matizarlas en absoluto, más bien lo contrario.

El pasado 6 de febrero, otra figura legendaria en el ámbito de la seguridad, Bruce Schneier, publicaba un artículo en Wired titulado There’s no good reason to trust blockchain technology, con muchísimo más nivel de detalle que las críticas de Vint, y con una separación mucho más clara entre la base tecnológica como tal, blockchain, y algunas de sus implementaciones concretas como bitcoin. Según Schneier, el concepto de confianza en la cadena de bloques no estaba tan meridianamente claro como algunos pretendían, y además, el algoritmo de consenso era el más caro e ineficiente que habíamos visto en la historia de la humanidad.

En efecto, los usos de cadenas de bloques públicas hasta el momento han desembocado en aberraciones energéticas como la que subyace bajo las especulativas explosiones en popularidad de las criptomonedas, en donde prácticamente el único escenario mínimamente esperanzador tiene que ver con Vitalik Buterin y la posibilidad – o mejor, la necesidad – de reducir el consumo de energía de los mecanismos transaccionales de ethereum en nada menos que un 99%. Pero más allá del consumo energético, que de por sí supondría ya un freno importantísimo a la adopción masiva, resulta que además, Schneier está en lo cierto en lo referente al mecanismo de confianza, y las frases hechas del tipo “in crypto we trust”“in math we trust” o “in code we trust” son simplemente eso, frases hechas que quedan muy bonitas, pero detrás de las cuales se esconde una realidad evidente: las cadenas de bloques, como todo, también tienen vulnerabilidades que pueden ser explotadas.

Lectura recomendada:  Joseph Stiglitz contra el bitcoin

El resultado de este progresivo cuestionamiento es evidente: en las listas elaboradas por los analistas sobre las tendencias tecnológicas de 2019, la cadena de bloques brilla por su ausencia. Esto, como tal, no quiere decir nada: ni los analistas son infalibles, ni la tecnología es un hit parade. Pero indudablemente, el hecho refleja un cuestionamiento que hasta el momento, en toda la fase de comprensión y en la primera de aplicación de la tecnología de la cadena de bloques que hemos vivido, no había tenido prácticamente lugar. Estamos pasando de un cuestionamiento derivado del “no lo entiendo”, a uno motivado por el “ya lo he entendido, y no me parece interesante”, sea “porque gasta mucho”, “porque el algoritmo de consenso es demencialmente ineficiente”, o “porque el concepto de confianza no es seguro”.

¿Suponen este tipo de problemas una enmienda a la totalidad? Muy posiblemente no, muchos de los elementos, como el de la distribución del registro, la prueba criptográfica o el propio concepto de consenso, tengan seguramente mucho desarrollo que aprovechar en el futuro. Pero en su estado actual, todo indica que la tecnología de la cadena de bloques como tal podría no estar lista para un proceso de adopción masivo, que forzar esa adopción podría tener consecuencias poco recomendables, y que no es suficiente un paperaparentemente brillante y de origen misterioso para poner en marcha un proceso que cambie el mundo tal y como lo conocemos.

De ser una de las tecnologías consideradas clave para el futuro y la solución aparentemente natural y definitiva para todos los sistemas transaccionales, la cadena de bloques está entrando en una nueva fase, en un abismo de desilusión del que no siempre se puede salir. Suficiente como para que algunas compañías que se estaban planteando lanzarse a desarrollos sobre esta tecnología se los replanteen, para que el desmesurado interés inicial se enfríe o para que algunos sean conscientes de que a la tecnología de la cadena de bloques, posiblemente, le hagan falta algunos hervores más.

Fuente: enriquedans.com, 22/02/19.

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