El impacto de la Inteligencia Artificial

Marzo 19, 2017 · Imprimir este artículo

Quién podrá ganar y quién perder frente a la inteligencia artificial

La revolución digital destruye más puestos de los que crea. Las tareas artísticas y las que requieren empatía tienen más chance de sobrevivir.

Por Patricio O’Gorman.

inteligencia artificialLa automatización resultante del encuentro entre la inteligencia artificial (IA) y la tecnología es una amenaza real y tangible para muchos empleos actuales. La revolución digital está siendo marcadamente distinta a las previas; mientras que éstas destruían empleo atado a la tecnología anterior, creaban mucho más empleo atado a la nueva. En esta instancia digital, el efecto reemplazo es potencialmente más alto. Y la mayoría de las personas que se quedan desempleadas carecen de recursos para adaptarse y competir con máquinas y software que ni siquiera se toman feriados o vacaciones. Este año en un foro laboral en Davos se estimó que la robótica, la IA y la nanotecnología desecharán 5 millones de empleos para el 2020 en el mundo, aunque crearán otros 2,1 millones nuevos, alrededor de habilidades como matemáticas, arquitectura e ingeniería.

La ola digital apunta a los empleos administrativos simples, que no requieren criterios sofisticados de decisión, pero también a tareas complejas como la revisión de imágenes médicas de alta resolución para detectar patologías y también revisiones contractuales de alta complejidad.

Un estudio de la firma 24/7 Wall Street que analizó proyecciones del Bureau of Labor Statistics en EE.UU. establece que entre las profesiones más afectadas están los operadores telefónicos, analistas estadísticos, agentes de viaje y operadores de plantas gráficas. Los operadores telefónicos tendrían la caída más grande, de aproximadamente 42% entre 2014 y 2024 en Estados Unidos.

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Otro estudio de mediados del 2015 de NPR indica que telemarketers, cajeros y choferes tienen una probabilidad superior al 97% de desaparecer en los próximos 10 años. Las disciplinas más valoradas en el futuro tienen mucho que ver con lo “humano”. De este modo, algunas ocupaciones de “menor riesgo” son trabajadores en salud mental y abuso de drogas, terapistas ocupacionales, dentistas y nutricionistas, todos con chances de desaparecer inferiores al 0,4%, según el mismo estudio.

Las fuerzas de seguridad también estarían a salvo de ser reemplazadas masivamente. Los empleos menos afectados se relacionan con las habilidades sociales y las tareas que requieren un enfoque basado en la empatía y cooperación, habilidades de muy difícil replicabilidad en las máquinas.

Sin darnos cuenta, ya hemos dejado entrar a los algoritmos a nuestras vidas laborales (LinkedIn), transporte diario (Waze), entretenimiento (Netflix), compra (Amazon) e inclusive los llevamos a la cama (Tinder, Happn).

A tal punto llega la intromisión de la tecnología que Yuval Noah Hakari, en su más reciente obra “Homo Deus”, habla no sólo de la potencial pérdida del empleo sino de la pérdida de individualismo y libertad al ceder una parte representativa de nuestras elecciones a las máquinas. Si no fuera así … ¿Cuántos de nosotros nos animamos a “contradecir” a Waze y tomar un camino alternativo al que nos sugiere? Son capaces de entender dónde hemos comprado y ofrecernos redimir puntos de programas de fidelidad luego de hacer la compra, cosa que elimina la necesidad de tener presente la batería de promos a la que estamos expuestos. Este tipo de acciones es relativamente simple, pero muestra cómo pequeños esfuerzos tecnológicos pueden resultar en grandes ventajas bien valoradas por los clientes.

Las estadísticas muestran que en los últimos años, pasamos más tiempo en prácticamente la misma cantidad de apps, lo cual implica que no estamos dispuestos a “trabajar de más” para una empresa, sino que el cliente empieza a esperar un retorno automático por parte de la empresa. Amazon está testeando un piloto de su tienda AmazonGo sin empleados, ni personal de atención al cliente ni cajeros ni nada.

El usuario se identifica a través de su cuenta de Amazon de su smartphone, y una batería de sensores y cámaras hace el resto, debitando nuestra cuenta al salir. Ni siquiera debemos pasar por el supervisor de las cajas de autoservicio: las cámaras registran los movimientos de mercadería de manera tal que eliminan la necesidad de controles. Nuevamente, ¿no es una pérdida de tiempo colocar los ítems en el carro de compras del supermercado, retirarlos para escanearlos, volver a colocarlos para llevarlos al auto y luego volver a retirarlos para almacenarlos en nuestras heladeras o alacenas? Amazon promete reducir esos tiempos de ineficiencia a través de un proceso fluido, con la mínima intromisión posible de parte de la empresa. Es un principio de minimalismo muchas veces presente en sitios web; que no requieren intervención humana a menos que ésta sea realmente indispensable. Las implicancias de estas tendencias son muchas, profundas y no siempre agradables. Resulta casi una obviedad a esta altura decir que el empleo se verá al menos afectado.

En el mejor de los casos, las personas que resulten redundantes en un proceso de automatización podrán re-entrenarse en otras tareas; aunque vale aclarar que esto implica necesariamente un esfuerzo de capacitación y reubicación que no todas las empresas podrán brindar y no todos los empleados aceptarán. En el caso extremo de un aumento masivo del desempleo estructural, Bill Gates, Stephen Hawking y Elon Musk mencionan diversas alternativas, tales como el impuesto al robot e instauración de un régimen de Ingreso Básico Universal sin una contraprestación laboral. Estas ideas son bastante disruptivas y están siendo estudiadas (e inclusive probadas) con minuciosidad, ya que muchos gobiernos reconocen que la tendencia hacia la automatización es prácticamente irreversible.

Quizá podamos aspirar a una Argentina donde gracias a la tecnología no tengamos que tolerar piquetes, paros o cortes de ruta –algo que en estos días sería bienvenido por cualquier porteño. Todos tendríamos un ingreso asegurado sin depender de una actividad específica, al menos hasta que los robots organicen su sindicato y nos corten Internet.

—Patricio O’Gorman, consultor en innovación de negocios digitales.

Fuente: Clarín, 19/03/17.

Más información:

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