Estados Unidos y China: tensa integración

noviembre 20, 2021 · Imprimir este artículo

Estados Unidos y China: una integración financiera millonaria que esconde tensiones

En el momento en que la competencia entre las dos superpotencias adquiere características de conflictividad exacerbada, la tendencia de fondo es una integración superior entre las dos mayores economías del mundo.

Por Jorge Castro. Analista internacional.

Estados Unidos y China: una integración financiera millonaria que esconde tensiones

China hace una fuerte apuesta por el desarrollo tecnológico para ampliar su capacidad productiva en el ámbito de la Cuarta Revolución Industrial.

Boston Consulting Group estima que los activos financieros de la República Popular de China tenían una valuación de US$ 18,9 billones en 2020, lo que revela un crecimiento de 10% respecto al año anterior.

A su vez, Goldman Sachs sostiene que esos activos, medidos en capacidad de inversión, valdrían más de US$ 70 billones en 2030, tres veces más que el actual producto norteamericano (U$S 21,9 billones/25% del PBI global).

El mayor banco de inversión de Wall Street realiza esta apreciación sobre la base de una población de 1.440 millones de habitantes, con un ingreso per cápita que ascendería a US$ 20.000 anuales en una década, encabezada por una clase media integrada hoy por 440 millones de personas con ingresos comparables a los estadounidenses (US$ 35.000/45.000 anuales), que se duplicaría en 10/15 años, y llegaría a unos 850 millones de consumidores e inversores del más alto nivel de gasto del mundo.

Por eso lo previsible es ahora que, en el momento en que la competencia estratégica entre las dos superpotencias adquiere características de conflictividad exacerbada, la tendencia de fondo sea una integración cualitativamente superior entre las dos mayores economías del mundo, donde el dato estratégico central es que ambas son parte de un sistema global absolutamente integrado por la revolución de la técnica, y donde se compite primordialmente a través de una superior capacidad de innovación y productividad.

Este es un sistema hipercapitalista, solo que su aspecto fundamental no es más ni el capital, ni el trabajo, sino el conocimiento; y que por eso – suprema ironía – trasciende sus límites históricos, y adquiere una naturaleza estrictamente post-capitalista.

El capitalismo del siglo XXI expande sus límites a través de sus crisis, que son rupturas y recuperaciones, como la que acaba de experimentar en 2020 y 2021 provocada por la pandemia del coronavirus.

Por eso es que se ha producido un vuelco de los grandes bancos y fondos de inversión de Wall Street hacia el mercado chino, que ha sido completamente desregulado y abierto por el gobierno de Beijing.

Creció muy fuerte la inversión extranjera, sobre todo la que llegó de los Estados Unidos.

Creció muy fuerte la inversión extranjera, sobre todo la que llegó de los Estados Unidos.

Así, este año, JP Morgan se transformó en el primer fondo mutual 100% extranjero del mercado de capitales de la República Popular; y Goldman Sachs, en alianza con ICBC – uno de los cuatro principales bancos estatales chinos -, con US$ 6,6 billones de capitalización y más de 740 millones de usuarios, se ha convertido en el mayor protagonista de sus mercados bursátiles, que son los segundos del mundo (US$ 18,4 billones), después de los de EE.UU. (US$ 34 billones).

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El año pasado ingresaron al mercado chino más de US$ 120.000 millones de capitales extranjeros, primordialmente norteamericanos, destinados a la compra de bonos y acciones de las empresas que cotizan en Shanghai, Shenzhen, y Hong Kong, una cifra que se duplicaría en los próximos 2 años.

El resultado ha sido que las inversiones extranjeras en activos en renminbi ascendieron a US$ 1,1 billones en septiembre de este año, más de la mitad provenientes de EE.UU., lo que significa que han aumentado 7 veces desde el último trimestre de 2020.

Este fenómeno constituye una extraordinaria manifestación de confianza en las perspectivas de la República Popular, y en general en sus instituciones estatales.

Es un rasgo que se acentúa cuando el mercado chino experimenta una crisis de liquidez desatada por EverGrande, la segunda mayor constructora y desarrolladora de la República Popular; y cuando el gobierno chino ha tomado drásticas medidas antimonopolio contra las dos principales plataformas digitales (Alibaba y Tencent); y cuando, por último, el sistema experimenta una profunda reorientación estratégica denominada “Prosperidad Compartida”, basada en la multiplicación de oportunidades y en la mejora general de las condiciones cualitativas de vida, que es exactamente lo contrario del igualitarismo.

China tiene en este momento más billonarios en dólares que EE.UU (2.296 vs. 1.450); y las principales entidades de sus mercados financieros han resultado ser en este momento los titanes de Wall Street. “La verdad se viste usualmente de paradoja”adujo Gilbert K. Chesterton; y ahora la República Popular fundada por Mao TseTung el 1 de octubre de 1949 en la plaza Tiananmen, se ha convertido en el “Oro de California” de nuestra época para los grandes capitales estadounidenses.

Una nota a pie de página, y sin carácter de conclusión: aun en estas condiciones de integración profunda e irreversible, ¿puede haber un choque bélico entre China y EE.UU.? Y la respuesta es: sí puede haberlo si se trata de Taiwán, si el gobierno separatista de la Isla, auspiciado por el poder norteamericano, comete un error de cálculo sobre lo que significa para la República Popular completar el ciclo de reunificación nacional y rechazo sistemático a la época de humillación impuesta por los grandes países europeos y Japón que comenzó en la “Guerra del Opio” de 1840.

Se trata de China, el Imperio del Medio, que vuelve a la ubicación histórica central que tuvo hasta el siglo XVIII, en las condiciones de potencia global capitalista del siglo XXI.

Fuente: clarin.com, 20/11/21

Jorge Castro, analista internacional.
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